Notas a “Sobre la violencia” de Hannah Arendt, y 6

En esta sexta y última entrega de las serie de notas a un ensayo de Hannah Arendt sobre la violencia, se hacen algunas consideraciones finales sobre este fenómeno. Que son preliminares porque nada final se puede decir ni pensar sobre un tema tan complejo.

I

Antes que nada quiero observar que Arendt en el ensayo que hemos comentado en las pasadas cinco entradas, no se ocupa de explicar toda manifestación de violencia que pueda ocurrir en el mundo. Así, Arendt reserva el término fuerza para la violencia ejercida por la naturaleza. Es decir, aquella cometida no por un ser vivo dotado de intención sino por la dinámica del Universo. Para la violencia se requeriría un acto y no un evento. Y para los actos un ser inteligente con conciencia de las consecuencias de éstos. La fuerza sería ciega. Y por eso no intencional. Sólo una visión teleológica del universo  vería intenciones (por ejemplo en un Creador o en el Maligno) donde hubo sólo fuerzas actuando solas en contra o a favor de otras fuerzas. En el lenguaje de Arendt, los eventos catastróficos, incluso aquellos cargados con gran poder destructivo, como podría ser la erupción de un volcán, no serían violentos sino fuertes o poderosos. Sería las fuerzas y no la violencia, alineadas, en contactos tangenciales, o en oposición frontal y brutal, las que son propias de la naturaleza. Sería la violencia lo que es propio del hombre.

II

Esa distinción es importante pero no agota la reflexión sobre nuestra idea de violencia. Hay un componente de fuerza en el terrorismo. Éste se nos presenta como una violencia que parece querer emular a (disfrazarse de) una catástrofe natural en lo poco predecible de su ocurrencia, lo azaroso de sus consecuencias. Pienso en ese acto de terrorismo brutal y bárbaro perpetrado la noche del 14 de julio por el tunecino de 31 años que se había radicalizado antes de decidir arrollar con un camión a decenas de personas en el Boulevard des Anglais en Niza, Francia. Esa violencia suicida del yihadista emula a una catástrofe natural. Aun cuando muy a menudo creemos que pudiéramos haber predicho e impedido ese acto y nos culpamos por ello. Pero esto es ilusorio y culparnos sería injusto. Porque no obstante el fortalecimiento exponencial de las capacidades predictivas gracias a poderosos algoritmos y computadoras, (capaces de señalarnos probabilidades que se acercan a la certeza acerca de cuándo y dónde puede tener lugar un acto terrorista), sólo retrospectivamente, una vez que el acto se ha perpetrado y sus consecuencias trágicas las conocemos todos, pensamos ilusamente que se pudo haber previsto e impedido ese acto. Desafortunadamente, parecemos condenados a sufrir cierto nivel de terrorismo. Sobretodo por culpa de efectos de propagación de esa conducta (la de la matanza masiva) por mecanismos que la emulan o que introducen variaciones. Por ejemplo, la evidencia recogida hasta la fecha por los servicios de inteligencia, sugiere que el ataque reciente ocurrido en Munich fue cometido por un lobo solitario, que en su vida diaria era un ávido jugado de videojuegos que sufría de depresión y ansiedad. Lo terrible es que en el mundo hay millones de jugadores ávidos de videojuegos violentos. Y que la complejidad y proliferación de fuentes de incertidumbre en el mundo actual son responsables del incremento a diario del número de personas que sufren de ansiedad y depresión. De modo que no es fácil estimar (con miras a tomar medidas preventivas) las probabilidades de que individuos no musulmanes no simpatizantes del yihadismo se radicalicen o emulen una conducta radical cuando caen en una depresión.

Lo trágico es que los actos de violencia perpetrados por esos lobos solitarios se propagan como un virus que hubiese infectado un salón de espejos. Éste es el caso de las atrocidades cometidas el pasado lunes 25 de julio por Satoshi Uematsu, antiguo empleado en un centro para discapacitados localizado en la ciudad de Sagamihara, a unos 40 kilómetros al suroeste de Tokio. Satoshi ingresó violentamente en esta institución rompiendo una de las ventanas con un martillo y, armado con un lote de cuchillos, asesinó a 19 discapacitados e hirió a otras 25 en lo que se ha considerado la peor matanza en Japón desde la Segunda Guerra Mundial. Es terrible que al margen de consideraciones políticas, o religiosas, la violencia haya irrumpido fatídicamente en ese poblado japonés y sembrado el dolor y la muerte. Sin razones. De una forma totalmente gratuita. De nuevo, saber a posteriori que el victimario aborrecía a los discapacitados y se identificaba con la eutanasia, ni lo exime de culpa ni explica su acto atroz. Retrospectivamente se intenta explicar estos actos pero ninguna de estas explicaciones posee valor predictivo. A no ser que pensemos que nuestra sociedad, desde Japón, hasta Alemania, desde Niza hasta Caracas, está muy mal encaminada y que solamente un cambio radical en la organización de ellas, pudiera prevenir que las cosas empeoren.

III

Quizá la violencia, la aislada y no la que se ejerce desde el poder, no es un tema de causas sino de sentido (sobre lo que significa la vida) y de conciencia de ( ignorancia sobre) las consecuencias de borrar de la tierra a un ser humano. Quizá todo acto de violencia individual conjuga la ignorancia sobre ese sentido y una arrogancia que cree infundadamente conocer las consecuencias de borrar de la tierra a un ser humano.

De modo que en cada acto terrorista (que en la actualidad se ha convertido en paradigma de la violencia individual) al final, lo único no azaroso son la fecha y el lugar. El terremoto o el tsunami, el incendio o el deslave, pueden ocurrir en Japón, Chile, China o Venezuela. Este acto terrorista ocurrió en Francia el día en que se celebraba la toma de la Bastilla, efeméride que marca el inicio de la Revolución Francesa. Fecha en la que por primera vez se proclamaron los valores de la República, libertad, igualdad, fraternidad, que luego de convirtieron en lema de esa revolución. El terrorismo del fundamentalismo islámico se convierte entonces en una violencia en la que sólo tienen sentido el espacio y el tiempo. Lo demás no importa. No es explicable ni justificable ni comprensible.

Occidente sabe que al decidir luchar contra el terrorismo enfrentará riesgos importantes porque, para combatirlo eficazmente, podría tener que abandonar valores y principios civiles que ha conquistado con mucho esfuerzo a lo largo de siglos. No podemos emular al terrorista y derivar en la barbarie. Pero tampoco podemos permitir que esa violencia bárbara se repita o multiplique. Podríamos estar tentados a recurrir—para protegernos éticamente de ese coqueteo con la barbarie—, a las ideas de Arendt sobre el mal radical. Actualizar su argumento de la necesidad de los actos irracionales movidos por la indignación para cortar de tajo la violencia bárbara planeada racionalmente. Pero Arendt es clara al respecto. No hay modo de elegir la violencia sin que el mundo civilizado nos juzgue y, eventualmente, nos condene. Si no a una muerte en la horca como aquélla a la que condenan a Billy Budd (por haber ejercido una violencia elemental), sí a una sentencia severa.

IV

En cuanto a la violencia que hemos visto florecer en Venezuela durante los últimos años, proceso que ocurre a una tasa muy superior a la de otros países, el régimen no parece haber tenido interés en erradicarla o frenar su crecimiento y propagación. En principio porque durante gran parte de los 17 años que ha gobernado, consideró que los beneficios que derivaba de esa violencia eran mayores que los costos. Luego cuando esta ecuación cambió, su capacidad para regular esa violencia o dirigirla contra los enemigos de la revolución se deterioró sensiblemente. Otros factores que favorecieron el auge y propagación de la violencia en el país son: la debilidad y desmantelamiento del andamiaje institucional necesario para lograr el control eficaz de la violencia. Esto permite que en las regiones con la mayor debilidad institucional del país (más propensas a la anarquía), bandas, pranes y delincuentes más o menos organizados asuman el control y se instituya la ley del más fuerte. Esta lógica se verá reforzada por la severa crisis económica y el auge de la necesidad. Otros dos factores de peso que han contribuido con la violencia actual han sido: la agudización de una problemática familiar y social que aunque ya existía se ha visto agravada de múltiples maneras (una idea débil o nula de familia); y la pobreza y alcance limitado de los programas de formación religiosa o valores éticos.

Están también: la narrativa de odio hacia grupos socio-demográficos específicos difundida por el régimen a través de su red de medios comunitarios; la promoción de fuerzas paramilitares para que defiendan al régimen de los intentos de destruir o detener el avance del proceso revolucionario e, incluso, la puesta en marcha de planes de represión de la oposición ejecutados por cuerpos policiales y militares constituidos a los que la revolución ha buscado secuestrar.

De modo que lo que es una única cifra anual de muertes violentas no discrimina entre las que son producto directo o indirecto del régimen, y las que lo son de una problemática más compleja cuya gravedad, sólo indirectamente y en parte, se puede atribuir a los valores, ideas o políticas propagadas pasiva y activamente por el régimen.

V

En suma, en Venezuela la población es víctima de una violencia ejercida deliberadamente por un régimen que la ha elegido como estrategia para compensar su poder perdido, y que propagó un discurso que buscaba legitimarla. La población es también víctima de una violencia ubicua que parece estar potenciada por el caos, por una anarquía que crea o refuerza la ilusión (en el victimario potencial o real) de que el régimen no tiene capacidad de vigilancia y defensa de la ciudadanía porque: no tiene capacidad institucional, escasea la inteligencia, escasean o están mal preparados los policías, o porque están entrenados, no para impedir que la violencia se produzca o se propague sino para impedir que la oposición mine al régimen. Así, con frecuencia los ciudadanos son testigos de que las fuerzas policiales y del orden público como la Guardia Nacional no defienden el orden de la la sociedad sino más bien la estabilidad del régimen. Es posible que la orden que se les haya dado no sea la de propagar la violencia sino la de impedir a toda costa que las acciones de la disidencia sean eficaces.

Está también esa violencia que la ejercen los más fuertes contra los más débiles por razones de necesidad, para lograr que los más débiles se conviertan en medios para ellos ser menos dependientes de un entorno que les ofrece a todos cada día menos oportunidades para la libertad. En suma, es un problema complejo éste de la violencia. Y resolverlo no significa erradicarla del todo. Porque como dice Chantal Mouffe (quien de algún modo refuerza las ideas que Hannah Arendt desarrolla en el ensayo analizado) cierto grado de violencia, motivada por un impulso irracional más que por una reflexión racional, pudiera ser necesaria en una sociedad democrática, pluralista, libre y justa para defenderla del autoritarismo.

Esto último se relaciona con la reflexión de Chantal Mouffe sobre el nivel de violencia que podemos aspirar tenga una sociedad. Desde un punto de políticas públicas no se debiera aspirar (y no solamente por razones de costos marginales crecientes) a un nivel cero de violencia) en la sociedad. O al menos a un nivel de violencia diferente del que según el argumento de Weber un Estado constitucionalmente fundado está legítimamente autorizado a ejercer en cuanto que es el único actor que detenta el monopolio de la violencia). Según Mouffe un objetivo de cero violencia (no Estatal) no debiera formularse porque, si algún conjunto de políticas muy eficaces previniera que un nivel mínimo de violencia emerja en una sociedad, ésta podría perder el potencial para luchar contra los intentos autoritarios. Contra los cuales, en algunas ocasiones, sólo una estrategia que implique actos violentos, podría ser eficaz.

Nota: Haciendo click puede descargar PDF del texto completo, que compila los seis posts sobre la violencia en Hannah Arendt:   Arendt6  

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s