Notas a “Sobre la violencia” de Hannah Arendt, 5

arendtpic

Hannah Arendt

En esta quinta entrega de las notas sobre la violencia en Arendt, se presentan tres ideas que la autora desarrolla en su ensayo. La primera describe la clase de solidaridad que buscan construir los que perpetran la violencia y las estrategias a las que recurren para fortalecer esta solidaridad. La segunda se refiere a los argumentos que han planteado algunos filósofos de la violencia, que se han inspirado en metáforas orgánicas que equiparan las nociones de vida y violencia (Nietzsche, Bergson). La tercera se refiere a las restricciones que crean las sociedades actuales para que los ciudadanos normales, aquellos que no poseen necesariamente grandes capacidades para la acción o el liderazgo, actúen. La violencia podría ser una consecuencia de la frustración de esos seres que desean hacer (crear, participar, decidir) y no lo logran.

Lo colectivo, los actos irrevocables

De acuerdo con Hannah Arendt, un fenómeno presente con mucha frecuencia en los procesos imbuidos de violencia es la dilución del individualismo (la desaparición de los actos individuales) y su transformación en lo colectivo. Esto permite que emerja la coherencia de grupo: se siente con mayor intensidad, y resulta ser un vínculo más fuerte, aunque menos duradero, que todo lazo de amistad, civil o privado. En todas las empresas al margen de la ley, sean criminales o políticas, el grupo requerirá para su propia seguridad “que cada individuo lleve a cabo algún “acto irrevocable”, para que rompa de una vez por todas sus vínculos con la sociedad respetable, antes de ser admitido en la comunidad de la violencia. Pero una vez admitido, ese hombre se sentirá fascinado por una violencia que enlaza a los hombres, ya que cada individuo constituye un lazo violento de una larga cadena, parte de un gran organismo de la violencia que ha surgido. (p 60).

En Venezuela, a lo largo de los últimos años, hemos sido testigos de cómo líderes del régimen han perpetrado u ordenado perpetrar a sus subordinados (funcionarios, fuerzas policiales o militares) series de abominables actos irrevocables, a los que entiendo como: violaciones a la Constitución, a la ley, a los códigos morales, o a los códigos que rigen la conducta de los seres civilizados. Los actos irrevocables sería aquéllos de los que nos abstenemos de cometer son pena de perder la distinción con las barbarie. Importante es que hay actos irrevocables que son palabras. Ha habido sentencias del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) en la Venezuela actual que pueden ser catalogadas de acto irrevocable. Tal es el caso de las 18 dictadas por el TSJ, entre el 30 de diciembre de 2015 y el 21 de julio de 2016, que estuvieron dirigidas a sabotear o coartar las acciones de la Asamblea Nacional, que es un poder cuyos miembros fueron elegidos con la legitimidad de más de 12 millones de electores.

Uno supone que la conciencia de haber cometido tales actos no deja dormir tranquilo al que lo perpetra. Y sin embargo, quizá para cualquiera de ellos saber que los otros han cometido actos iguales o peores que ellos, que no están solos en esas conductas (reprobables, criminales, bárbaras…) es lo único que los sostiene. Digo esto pero intuyo que, en paralelo con esta complicidad solidaria en la violencia, la lealtad a toda prueba (que se aprecia también como una absoluta falta de autocrítica) que uno advierte en esos funcionarios, que se deduce de sus declaraciones a los medios (donde defienden posiciones o decisiones técnica y moralmente cuestionables cada vez menos creíbles o verosímiles con frases cínicas, mentiras, calumnias, y ocultamiento de información), debe estar reforzada por una transferencia de grandes cantidades de dinero proveniente del erario público a sus bolsillos. Es posible que la lealtad esté también reforzada, en casos específicos, con amenazas claras y contundentes. Una mezcla sabia de premios en metálico y promesas de violencia futura. No obstante, también intuyo que esta solidaridad de la violencia es frágil y efímera. ¿Fueron los actos irrevocables, alguno de los cuales no conocemos todavía, los que contribuyeron a que se conformara ese cuerpo compacto de jerarcas del régimen de cuyas acciones violentas hemos sido testigos durante estos 17 años? Muchos signos indican que aquel cuerpo percibido otrora como monolítico, con el declive del régimen, con el desencanto y desconfianza con respecto a su capacidad de cumplir las promesas que hizo a la población, se ha comenzado a resquebrajar y a mostrar sus fisuras.

Las metáforas orgánicas

La tranquilidad no es una manifestación de falta de vida o de decadencia? No es de suponer pues que la acción violenta es prerrogativa de la juventud: los que están plenamente vivos? No podría decirse que alabar la violencia es alabar la vida? Así pues, la violencia había sido alabada como manifestación de una fuerza vital, y específicamente como manifestación creadora, mucho antes de que Konrad Lorenz descubriera la función de la agresión como promotora de vida en el reino animal.

El protagonista de esta violencia vivificante y transformadora de la sociedad debía ser, según Sorel, el obrero. Con el cambio tecnológico y desarrollo económico de la sociedad, se encontró que el obrero al mejorar su nivel de vida abandona su papel de revolucionario. Arendt dice también que cuando Fanon habla de la locura creadora presente en la tradición violenta su pensamiento encaja en esta tradición de metáforas orgánicas. Esto hace a Arendt abominar de ellas porque piensa que exaltan la violencia y buscan justificarla en términos de que son fuente de inspiración y creatividad. (p. 67).

Poder hacer, impotencia ciudadana, y violencia

Son interesantes las observaciones de Arendt de que la burocracia y las dificultades que ésta les impone a los ciudadanos para actuar y contribuir a la transformación y renovación sociales pueden ser incentivos para la violencia. En general, una ciudadanía frustrada, que se vea recurrentemente limitada en sus posibilidades de hacer (porque las reglas y estructura burocráticas lo dificultan o impiden), podrá elegir la violencia o, en su defecto (en comicios), a aquellos líderes que ella piense pueden darle oportunidades a ésta. Lo malo es que a la ciudadanía le resulta más fácil hacer predicciones correctas sobre quién va a adoptar conductas violentas que sobre quién va a crear oportunidades para que la ciudadanía tenga más oportunidades de hacer. Arendt dice: “gran parte de la glorificación actual de la violencia encuentra su causa en la frustración de la facultad de acción en el mundo moderno.” (p. 74)

El ensayo de Arendt concluye con lo que puede ser su apreciación más importante: cada disminución del poder contribuye a una invitación abierta a la violencia. Y eso ocurre porque quienes tienen el poder y sienten que se desliza de sus manos, sean el gobierno o los gobernados, siempre han tenido dificultad en resistir la tentación de sustituirlo por la violencia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s