Notas a “Sobre la violencia” de Hannah Arendt, 2

HannahArendt4

 

Hannah Arendt

 

 

En esta segunda entrega de notas sobre el ensayo de Hannah Arendt Sobre la violencia (1970) extraigo y hago comentarios sobre tres ideas de la filósofa sobre el tema. En primer lugar, ella examina las relaciones de este concepto con el de poder, concluyendo que son conceptos que guardan una relación inversa, cuando uno crece el otro decrece y viceversa. En segundo lugar, define por oposición cinco conceptos comúnmente utilizados para referirse a aspectos distintos de la dominación. Uno de estos conceptos es el poder que, de acuerdo con Arendt, siempre implica una comunidad de seres humanos. Sin ella éste no se puede concebir. En tercer lugar Arendt, con base en su argumento de que el poder es un concepto que se refiere a un grupo o comunidad, alega que en la sociedad cuando el poder se ha erosionado hasta un punto crítico, el mejor lugar para encontrarlo es en el espacio público. Allí deberán acudir los que quieran conquistarlo. Sea el régimen (que lo detentaba) o los que lo adversan y quizá contribuyeron a erosionarlo.

Violencia y poder, 1

La violencia no es sino la manifestación más flagrante del poder. Toda política es una lucha por el poder: el tipo extremo de la política es la violencia. (C. Wright Mills). Ésta es una idea que resuena con la definición de Weber del Estado: “el imperio del hombre sobre el hombre basado en los medios de una violencia legítima, o supuestamente legítima. (p. 34)

La reflexión de Arendt indaga si poder y violencia son la misma cosa o dos cosas distintas. Cita a Alexander Passerin dÉntreves quien distingue también entre estos dos conceptos arguyendo que el poder es una violencia mitigada. Debemos decidir si, y en qué sentido, el “poder” se puede distinguir de la “fuerza”, si queremos descubrir cómo el uso de la fuerza según la ley cambia la cualidad de la fuerza misma,…” (p. 36)

El poder y los otros

Arendt sostiene que el poder tiene una necesidad de la sociedad. “Hasta el tirano que domina contra todos, necesita de ayudantes en la cuestión de la violencia, (aunque sean pocos). La fuerza de la opinión, es decir, el poder del gobierno, depende de grandes multitudes y está “en proporción al número de hombres con que está asociada”. De modo que la tiranía como descubrió Montesquieu, es la forma de gobierno más violenta y menos poderosa. Por cierto una de las distinciones más obvias entre poder y violencia es que el poder siempre requiere de mucha gente, mientras que la violencia puede prescindir de ella, hasta cierto punto porque depende de implementos. Un gobierno de la mayoría sin distinciones legales…puede ser formidable en cuanto a supresión de minorías y muy eficaz en sofocar a la disidencia, sin recurrir en ningún momento a la violencia. Pero eso no quiere decir que poder y violencia sean la misma cosa”. (p 39)

Aquí hay una referencia tácita a la obra de Elias Canetti Masa y Poder, en la que el supuesto de base es la propiedad que tiene la masa (humana) de conferir y fundar el poder.

Poder, poderío, fuerza, autoridad, y violencia son palabras que indican los medios que usa el hombre para dominar a su prójimo. Arendt define a unos en función de los otros y su relación con la dominación.

Poder: Capacidad humana no solo de actuar sino de actuar de concierto. El poder no es nunca propiedad de un individuo. Pertenece al grupo y existe mientras éste no se desintegra. (p. 41).

El poderío se refiere, en cambio, inequívocamente a algo único a una entidad individual: es la propiedad inherente a un objeto o persona, y aunque se manifieste en relación a otros objetos o personas y pertenece a su carácter, sigue siendo en esencia independiente de ellas.

La fuerza. Aunque la usamos como sinónimo de la violencia, debiera reservarse para la fuerza de la naturaleza o la fuerza de las circunstancias. Arendt piensa que este concepto designa la energía desatada por movimiento físicos o sociales y es algo por tanto independiente del albedrío, la razón y las decisiones humanas.

La autoridad es un concepto elusivo. Un puesto puede investirse de ella (Iglesia, Senado romano, padres). Su contraseña es el reconocimiento indiscutido por parte de aquellos a quienes se les exige obediencia; no se necesita ni coerción ni persuasión. Mantener la autoridad requiere del respeto hacia la persona o hacia el cargo. El mayor enemigo de ésta es el desprecio y la menor manera de minarla es la risa. (pp 42-43)

La violencia, se distingue por su carácter instrumental. En términos fenomenológicos se aproxima más al poderío ya que los implementos de la violencia…se diseñan y emplean a fin de multiplicar la fuerza natural hasta llegar a sustituirla en la etapa final de su desarrollo.

El poder en la calle

Al desintegrarse el poder, las revoluciones son posibles pero no necesarias. Conocemos muchos casos en que un régimen del todo impotente ha podido continuar Muchas veces la desintegración se hace manifiesta sólo en una confrontación directa. Aún así, cuando el poder ya está en la calle, se necesita de un grupo de hombres preparados para aprovechar la eventualidad y asumir las responsabilidades.” (p. 46)

¿Hemos llegado a este punto en Venezuela? ¿Podemos identificar al poder ya en la calle? ¿O solo vemos en ella colas, miseria, enfermedades y muerte? ¿Busca el régimen maquiavélicamente minar ese poder que ya está en la calle (o a punto de llegar a ella) promoviendo criminalmente el hambre, las enfermedades, la miseria, la violencia con el fin de minarlo, restándole poderío, capacidad de organización, optimismo, confianza en la victoria de sus actos o en su capacidad de reemplazarlo por un poder más legítimo? En todo caso, la probabilidad de una confrontación directa que desafíe al régimen y ponga en evidencia el grado en que éste carece de poder se reduce a diario a causa de que el actor capaz de asumir esa confrontación está sumido en la necesidad y no dedicado a planear una estrategia para desplazar a este régimen desempoderado. Y sin embargo, aún si el hambre y otros factores que engendran y agravan la necesidad no catalizan necesariamente movimientos sociales, es muy poco probable que el régimen recupere el poder perdido (gane legitimidad) si cambia el estado de cosas en el futuro próximo (subiendo dramáticamente los precios del petróleo, por ejemplo). Lo que significa que si el régimen no es sustituido, la violencia no se reducirá sino que, por el contrario, crecerá y se propagará con el paso del tiempo.

El poder es la esencia de todo gobierno pero la violencia no lo es. Por naturaleza la violencia es instrumental: como todos los medios precisa de la dirección y la justificación que proporciona el fin que persigue. Pero el poder no es instrumental. Aun cuando podría decirse que es un medio para: promover la felicidad o para realizar la sociedad sin clases. No es lo mismo legitimidad y justificación. El poder puede ser legítimo pero no necesita justificarse. La violencia sí precisa de la justificación. La legitimidad se basa en un llamamiento al pasado. La justificación en un fin siempre futuro: Se justifica el sometimiento (a menudo asociado al sacrificio más o menos grande) que se le pide hacer a una sociedad para que se conduzca de acuerdo con un conjunto de valores, reglas y políticas implantadas por determinado gobierno con base en una promesa futura de mejora relativa o de felicidad absoluta. La violencia puede ser justificable pero nunca legítima.

“El resultado del enfrentamiento entre el poder y la violencia no admite dudas…El dominio de la violencia pura aparece cuando el poder se está perdiendo…” (49).

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