CAP en dos tiempos, Ilusión y desengaño

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Cartel de la película de Carlos Oteyza, CAP en dos intentos (2016)

Tuve ayer la oportunidad de ver CAP en dos intentos (2016), extraordinario documental de Carlos Oteyza, el mismo director que hizo Tiempos de Dictadura (2912). En esta nueva obra, en la que Oteyza también es autor de un guión impecable, se muestran aspectos de la democracia que en tiempos de anomia, caos y totalitarismo como el que vivimos hemos olvidado. Académicos y políticos como Oswaldo Álvarez Paz, Carlos Blanco, Eduardo Fernández, Arístides Hospedales, Terry Karl, Moisés Naím, Miguel Rodríguez, entre otros, narran, comentan y analizan, las dos gestiones presidenciales de Carlos Andrés Pérez (1922-2010).

El documental argumenta que hubo en Carlos Andrés Pérez un intento de redimir durante su segunda gestión como Presidente de Venezuela (1989-1993) los errores cometidos durante su primera administración (1973-1978), aquella que prometía conducirnos a la Gran Venezuela pero que se topó, por buena y mala fortuna, justo al inicio del período, con un boom petrolero que incrementó súbitamente los ingresos en divisas del país.

Ese proyecto de modernización de la economía (y de la sociedad) que CAP impulsó durante su segundo período como presidente de Venezuela, y al que denominó El Gran Viraje, tenía el handicap de que amenazaba posiciones de poder y privilegios de múltiples actores (empresarios, empleados, sindicatos, políticos, ciudadanos en general) de la sociedad venezolana. De modo que muy temprano, los actores afectados iniciaron actos de resistencia a la implantación del proyecto modernizador. El Caracazo (que ocurrió los días 27 y 28 de febrero de 1989) no puede contabilizarse como uno de estos actos. No sólo porque el alza de los precios de la gasolina que presuntamente disparó ese estallido social no era significativa, sino porque no había habido tiempo para que el pueblo empezara a sufrir los rigores del programa de ajustes asociado al proyecto modernizador. El Caracazo ocurrió a menos de un mes de la fastuosa toma de posesión de CAP en febrero de 1989. Este detalle el documental lo señala. Aun cuando al principio el objetivo de quienes protestaban era sólo impedir o retrasar la implantación del proyecto de CAP, al final (luego de las dos intentonas de golpe de Estado ocurridas en 1992), los actos de resistencia derivaron en un reclamo de renuncia que se concretó en la figura de un juicio por corrupción que produjo la destitución de CAP en 1993.

Una voz clave para entender ciertos aspectos técnicos de la lógica político-económica subyacente a las consecuencias del boom petrolero que afectó a CAP durante su primera gestión es la de Terry Karl, profesora de la Universidad de Stanford. Con base en un estudio de los casos de Venezuela, Irán, Nigeria, Argelia e Indonesia, Karl examina en su libro The Paradox of Plenty (1997), las peculiares instituciones de distribución de renta petrolera que emergen en los petro Estados y las implicaciones culturales, éticas, económicas y políticas. Karl sugiere que de algún modo CAP fue una víctima de esta lógica perversa que ayuda a entender por qué al petróleo se ha llamado excremento del diablo.

El documental muestra a CAP como un hombre con una personalidad fuerte y algunos rasgos de megalomanía. Pero muestra también que su personalidad no le impidió ser un demócrata. El documental ayuda entonces a distinguir entre una personalidad con delirios de grandeza como la que tenía CAP y la de un autócrata. Casi paradójicamente, los actos y palabras a ratos efectistas y egocéntricos de CAP, no le impidieron promover un proceso de desconcentración de poder que dejó a su gobierno casi aislado, con un mínimo de apoyos políticos. Esto le facilitó a los conspiradores de izquierda y derecha (los siniestros notables, los militares de izquierda) sabotear el proyecto modernizador. Lo que no previeron es que este sabotaje iba a abonar el terreno para el avance gradual del régimen autocrático que todos conocemos y todavía sufrimos. Cuando le llegó la hora, CAP acató sin objeción los mandatos de los poderes que lo juzgaron. Sabemos que éste no ha sido el caso de los dos líderes que han gobernado este país en los últimos 18 años.

Vale la pena prestarle atención a una de las frases finales de Moíses Naím (protagonista muy cercano de la segunda administración por haber sido Ministro de Fomento de CAP durante unos seis meses. Naím dice algo como: Es posible que no hayamos comunicado eficazmente lo que queríamos hacer. Los costos que íbamos a asumir los diferentes actores antes de que la economía de mercado que queríamos implantar comenzara a funcionar. Pero mirando retrospectivamente, estoy convencido de que quizá no hay ninguna retórica capaz de persuadir a esos actores, inmersos en una cultura rentista como la nuestra, de que valía la pena asumir los costos de un cambio como el propuesto.

Como espectador, uno sale del documental con algo de tristeza por lo que Venezuela pudo ser y no fue. Por las oportunidades perdidas; por el potencial derrochado. Por intuir que los venezolanos somos víctimas de las consecuencias perversas de ser ricos en ese recurso natural no renovable que es el petróleo. Pero se sale también con un conocimiento más profundo de nuestra historia, y de las complejidades de la personalidad democrática. Es éste un conocimiento que podría ayudarnos como pueblo (y como electores) a discriminar entre los líderes que necesitamos para restaurar la democracia y los que podrían una vez más ponerla en riesgo o destruirla.Se sale finalmente con la idea vaga de que hubo en CAP, debajo se su compleja personalidad, un sino fatídico. La esperanza que creó el boom petrolero de los 70s fue desconstruida por la crisis de la deuda durante la primera gestión. La ilusión de un pueblo que esperaba recibir riqueza fácil para reeditar la abundancia pasada, fue desconstruida por el desengaño que tuvo al sufrir los rigores de los ajustes asociados al proyecto de apertura a los mercados internacionales. Un electorado que se sintió, primero desilusionado, y una década más tarde engañado, eligió al final el fácil camino del populismo. Ese populismo que nos ha traído hasta esta pesadilla que todavía vivimos.

 

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