A pleno sol en riberas de Caracas

(a propósito de Guaire y Caracas ciudad de agua)

Cuando he viajado por ciudades europeas, con frecuencia me sorprendió ese hábito de la gente de lanzarse a tomar sol con pasión, cada vez que amanecía un día de cielos azules y soleados. Recuerdo en particular una mañana en Londres, cerca del observatorio, en Greenwich Park, uno de esos parques cubiertos de grandes superficies verdes de grama. Por todas partes, hacia donde uno mirara, estaba lleno de hombres y mujeres tomando sol; sobre todo mujeres. Muchachas jóvenes y señoras tumbadas boca abajo, boca arriba las más osadas, sobre la grama, o sobre alguna manta o toalla, o sentadas las mayores, tomando sol con ropa ligera o muy escotada, e incluso algunas que se habían quedado en sostén o traje de baño. Y los niños y las niñas, desnudos o casi sin ropa, jugando y corriendo de un lado a otro. Todo un frenesí alrededor del sol.

París

Playa de París a la ribera del Sena

Playa de París a la ribera del Sena

Hace cosa de cinco años, el alcalde de París, Bertrand Delanoe, fue el promotor de la idea de hacer playas en París para que los parisinos no tuviesen que salir de la ciudad durante el verano. Con este propósito, llevó decenas de toneladas de arena que dispuso sobre las riberas del Sena. El verano de 2008, con este mismo propósito, la alcaldía de París cerró la via expresa entre el Pont des Artes y Pont Sully y, durante cuatro días la cubrió con 1860 metros cuadrados de arena, grama y decks de madera, dispuso sobre las playas formadas allí cerca de 200 sillas de deck, decenas de palmeras y hamacas, varios bebederos, cinco cafés y dos áreas para picnic. El resultado de esto fueron tres y medio kilómetros de playas de arena y decks, entreverados con áreas cubiertas de grama a lo largo del Sena. Todo un inesperado oasis tropical con una vista de París que le confería un toque surreal a la escena. Los tradicionalistas y conservadores pueden haber protestado por sentir que la instalación (o escenografía, según se prefiera) violaba el estilo, el espíritu o la estética de una ciudad que desde hace siglos es modelo de belleza, arte y cultura para Occidente. Sin embargo, esta instalación definitivamente postmoderna, lúdica y leve, en tanto que es cien por ciento removible y reversible, amplía el repertorio de posibilidades que ofrecía la ciudad de París hasta ese momento. Les ofreció a los parisinos y turistas una opción nueva; y eso es algo que uno debería celebrar: que en un mundo con decrecientes grados de libertad, haya quienes decidan ampliar los grados de libertad del espacio público urbano. Este puede pensarse que es el punto de vista de los ciudadanos. Creo que es otro tema el hablar de los méritos artísticos o estéticos de este tipo de proyectos.

Caracas

Playa Altamira (foto cortesía de Cultura Chacao)

Playa Altamira (foto cortesía de Cultura Chacao)

Todo lo anterior para decir que en Caracas, de un modo sincronístico, coincidieron en días pasados, dos eventos que replican aquí ese frenesí del amor al sol y que tienen también como resultado una ampliación del repertorio de opciones espaciales (reales o imaginarias) de la ciudad de Caracas. Me refiero a la exposición de fotografías Guaire, de Amada Granado que se inauguró el pasado 12 de marzo; y el proyecto Caracas Ciudad de Agua, organizado por Cultura Chacao, que creó una playa en la plaza Francia durante los días 21 y 22 de marzo pasados.

Guaire
Quizás la foto que más me sorprendió de la serie Guaire fue la señora en traje de baño, tomando sol en la tumbona, de lo más tranquila, leyendo una revista como si nada (o como si todo: como si quisiera decir tantas cosas que su mensaje satura al receptor), ahí mismo en la ribera del Guaire. Pienso al vuelo en algunas de esas múltiples y no todas contradictorias lecturas: Caracas como ciudad de ciudadanos con sentidos anestesiados incapaces de percibir (y en consecuencia responder a ello) la contaminación visual, material y moral que los acosa hasta el hundimiento (un poco como los músicos del Titanic o aquellos personajes inocentes e incrédulos de El Jardín de los Finzi-Contini): sólo eso explicaría que tomen sol o se bañen a la orilla de ese río sin darse cuenta realmente de dónde están; otra lectura: la de que habitamos una ciudad surrealista, en la que todo puede ocurrir. Ya no sobre la mesa de operaciones como hubiera dicho el Conde de Lautremont, sino a la ribera del Guaire. O leerla como una consecuencia posible de la verdadera revolución, aquella que mirada desde el Poder es leída (paradójicamente) como contrarevolucionaria porque es absolutamente autónoma e incontrolable; o pensar que Caracas es una ciudad de importadores y consumidores de cualquier cosa: gadgets, trapos, trastos, admíniculos y dispositivos varios, cultura y creencias; sin que nadie dedique tiempo y recursos para aprender a usar lo que se importa (o a darse cuenta de que ello es inusable): no se puede tomar sol a la ribera del Guaire como si éste fuese el Támesis o el Sena; o simplemente remitirnos a la idea de que Caracas es una ciudad de utopistas de autopista (por aquello de que muchas riberas del Guaire quedan debajo de las autopistas); o una ciudad de visionarios (de la Caracas del futuro); o simplemente que la serie es una metáfora surreal de nuestra idosincrasia.

Caracas ciudad de agua
La imagen en este caso es menos estremecedora. Alrededor de la plaza que todos hemos visto y vivido como en un tránsito apurado (con la excepción de la fiesta de Fin de Año), alrededor de su espejo de agua, nace una perecedera y fascinante playa con arena blanca, tumbonas, y juguetes, en la que los pasantes pueden descansar plácidamente con sus niños a pleno sol, leyendo un libro o la prensa del día. Si detrás de todas esas lecturas, en Guaire prevalece un eco de crítica social, ciudad de agua tiene un espíritu complaciente en tanto que le entrega o construye para los ciudadanos un espacio de ocio, de juego, de contemplación, de imaginación de otra ciudad: propone un modelo de orden futuro de la ciudad. Playa Altamira desaparecerá, pero el recuerdo, la experiencia quedará registrada en memorias y fotos de los que estuvieron allí. Y sin embargo, algo que definitivamente tienen en común los dos proyectos es su irreverencia, su capacidad de estremecer un orden urbano, que es a su vez modelo de un orden social. Es esto lo que vincula a ambos proyectos con célebres pintas subversivas del mayo francés: “debajo del asfalto la playa”. A su modo, cada uno de esos proyectos parafraseaba esa imagen. Y eso es suficiente. Que haya gente en la ciudad que se ocupe de entregarle a ciudadanos, que han sido espectadores o participantes de esos eventos, una idea, un proyecto que incremente los grados de libertad de los que vivimos en esta ciudad es motivo de celebración. Que destape, devele, descubra, debajo del asfalto, alrededor del espejo de agua, a la ribera del Guaire, debajo, a la orilla o en el centro de donde sea, en medio de esta caótica y soprendente ciudad, nuevos espacios y nuevos usos para esos espacios. Quizás hacer eso es un modo de imaginar una ciudad distinta.

6 comentarios en “A pleno sol en riberas de Caracas

  1. En mi comentario anterior, me refería al Río Guaire en Las Mercedes. Eliminen el estacionamiento y creen un balneario con tumbonas y sombrillas, quioscos de refrescos y empanadas, abierto siete días a la semana, para que las personas que trabajan en Las Mercedes tomen sol al mediodía y se relajen. Y las familias vayan los domingos en traje de baño. Sería ideal terminaran de sanear el Guaire, olería mejor, por lo menos.

  2. Pingback: “Guaire” por Amada Granado, exposición y charla | Notinews.mobi

  3. Me parece excelente la idea de la playa en la plaza. Ojalá y la gente tuviera la iniciativa de construir lugares de socializacion con un twist positivo en la sociedad. Sobretodo cuando la gente vive en una constante paranoia uno del otro; sería interesante ver a un malandro tomarse un dia de descanso y compartir con el ciudadano y asi reflexionar y saber qué es lo que significa estar relajado en la ciudad.

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