Pensamiento gnóstico en Juan Liscano (1915-2015)

Juan Liscano (foto: Alejandro Camacho)

Juan Liscano (foto: Alejandro Camacho)

En “Tlön Uqbar Orbis Tertius”, célebre cuento de Jorge Luis Borges, se hace referencia a la fantástica región de Uqbar a partir del momento en que Borges el narrador acompañado de su amigo el escritor Adolfo Bioy Casares, advierte un espejo colocado al final de un corredor y le parece monstruoso. Entonces Bioy comenta que a los habitantes de Uqbar, los espejos y la cópula les eran abominables porque multiplican el número de los hombres. A los pocos días, luego de buscar en su biblioteca el apócrifo tomo de la Anglo American Cyclopaedia, Bioy le lleva a su amigo un ejemplar del tomo en que se encuentra el artículo sobre Uqbar. La cita que había hecho Bioy era bastante correcta. El texto de la Enciclopedia decía: Para uno de esos gnósticos, el visible universo era una ilusión o (más precisamente) un sofisma. Los espejos y la paternidad son abominables (mirrors and fatherhood are hateful) porque lo multiplican y lo divulgan. Esta referencia de Borges a los heresiarcas gnósticos, y otras refencias a esta herejía que hace en su obra, no lo convierten en un intelectual gnóstico. Y sin embargo, es obvio que a Borges la tesis de que el mundo físico, y junto con él los seres humanos fueron el resultado (indirecto), no de un acto omnisciente digno de imitar sino de un acto realizado sin visibilidad de consecuencias, permea su obra y su vida.

I

No existe una visión canónica del modo como los gnósticos veían el mundo. La ausencia de una iglesia con el poder para normar las creencias, sancionando cuáles eran válidas y cuáles podía ser catalogadas como herejía, permitió que proliferaran mútiples narrativas, que diferían unas de otras en sólo algunos detalles. Sin embargo en ese corpus de textos y creencias que en la actualidad se denomina gnosticismo, hay puntos comunes. En todo caso, lo que conocemos sobre los gnósticos ha llegado a nosotros a través de tres clases de fuentes: 1. las obras de apologetas cristianos como Ireneo de Lyon (autor de Contra las Herejías) o Hipólito de Roma (autor de Philosophumena o Refutación de todas las herejías), quienes se preocuparon de describir minuciosamente las creencias de cada corrientes gnóstica para desmentirlas con no menor acuciosidad; 2. Tres códices antiguos (el Askew, el Berlin, el Bruce) que contenían los únicos textos gnósticos no escritos por apologétas cristianos; y 3. La Biblioteca de Nag Hammadi, descubierta fortuitamente en 1945 en el Alto Egipto y que constituye la principal fuente de textos gnósticos en la actualidad. Está compuesta por 13 códices antiguos encuadernados en cuero que contienen alrededor de 50 textos gnósticos. Entre éstos, los más importantes son el Evangelio de Tomás, el Evangelio Apócrifo de Juan, el Apocalipsis de Pablo, entre otros.

Una idea común a diversas corrientes gnósticas es la creencia en que el mundo físico fue el producto (más bien el engendro) de una suerte de pecado original asociado al deseo incestuoso de Sophia (Sabiduría), una de las doce hipóstasis del Ser Supremo, de unirse con su creador, amo y señor del Pleroma (término que designaba a un espacio inmaterial primigenio). Aunque algunas versiones dicen que Sophia sólo tuvo la intención de crear algo de manera independiente de la totalidad divina (mediante una suerte de partenogénesis espiritual), otras cuentan que en ese tiempo primigenio Sophia consumó un acto incestuoso con el Ser Supremo y que de éste nació, prematuramente y defectuoso, un engendro llamado Ialdabaoth, aquel al que muchos textos gnósticos han llamado el Demiurgo. A éste se le atribuye la creación del mundo físico, de la cual sería su amo incuestionable. El demiurgo sería también la fuente del mal, elemento ausente del mundo espiritual. Es posible que ese carácter maligno se derive del velo de ignorancia que cubría la conciencia del demiurgo, quien ignoraba la identidad de su madre, su naturaleza espiritual y la naturaleza inmaterial del Pleroma. Esta ignorancia explicaría su creencia en que a él nadie lo ha creado; en que es creador y no creado. Y sin embargo, a pesar de que para el demiurgo y los seres que éste crea en el mundo físico el Universo inmaterial primigenio se comporta como una caja negra sin comunicación o lazo alguno con el mundo espiritual, algunas variantes de la herejía gnóstica explicaban que en el mundo físico había quedado encapsulada una porción de aquel Universo inmaterial. Algunos aclaran que Sophia se las arregló para introducir una porción de espiritualidad en el mundo físico para que ésta actuase como un elemento redentor. Esto explicaría la creencia de algunos gnósticos en que una vida de riguroso ascetismo les permitiría recuperar (reencontrar y liberar) dentro de sus cuerpos físicos de carne y hueso esta porción espiritual y de este modo acceder al conocimiento y el espíritu. Esta creencia estaría sustentada en frases como ésta, que es atribuida a Jesús en el Evangelio de Tomás: Si sacas afuera lo que está dentro de ti, aquello que sacas te salvará; si no sacas lo que está dentro de ti, aquello que no sacas te destruirá.

II

Juan Liscano (1915-2001) fue un escritor venezolano cuyo centenario se cumplió el pasado 7 de julio. Muchos recuerdan a Liscano por su obra poética. Otros lo hacen por su trabajo de registro y estudio de la tradición folclórica venezolana o por su trabajo como promotor cultural (fue miembro de la comisión fundadora del Consejo Nacional de Cultura y Director de Monteávila). Menos personas en cambio recuerdan al Liscano ensayista. Liscano escribió ensayos sobre literatura y sobre folclore que han sido bastante difundidos. Pero sus ensayos sobre el mundo contemporáneo, que reunidos constituyen una suerte de crítica de la cultura Occidental, y tratan temas clave tales como: nuestro lugar en el universo, nuestra relación con Dios, nuestra relación con el ambiente, con la tecnología, etc., éstos son menos conocidos(1).

En La Tentación del Caos, 1993 (2) libro emblemático de sus ensayos tardíos, Liscano desarrolla argumentos de crítica al capitalismo, de las consecuencias nefastas de este sistema sobre el ambiente, de los riesgos de que ese deterioro ambiental sean irreversibles y conjuren el apocalipsis. Otro tema relacionado con los anteriores, pero en el ámbito de lo individual y no de lo social, es la relación del hombre con el espíritu. Liscano se preguntará de muchas formas si esa relación, en Occidente (a lo largo de la historia), y en el mundo contemporáneo, ha estado mediada, impedida o facilitada por la relación sexual entre el hombre y la mujer. Sostengo en lo que sigue que la forma como Liscano plantea estos temas, los problemas y aspectos negativos que identifica asociados a ellos, y las soluciones que propone o solo sugiere, son la expresión y la consecuencia de haber adoptado una visión gnóstica del mundo, el ser humano y su relación con lo divino.

Una de las primeras consecuencias de la visión gnóstica en el pensamiento de Liscano es su horror borgiano a la reproducción, a la multiplicación de los seres y las cosas. Es un horror que lo acerca de algún modo a las ideas neomalthusianas expuestas en obras como Límites al Crecimiento, Primer Informe al Club de Roma (1972), la cual fue una de las obras sobre las que se sostuvo un temprano discurso ambientalista que censuraba al capitalismo por incentivar en empresas y estados una conducta global de despilfarro de recursos naturales no renovables que conducirían a la humanidad al apocalípsis. Este horror, esta fobia de Liscano a la multiplicación de las cosas pareciera sustentar en parte su aversión a la modernidad (cuya contraparte era su interés en rescatar y preservar la tradición, a la que quizás veía como un pasaje a un mundo pretérito más vacío (de gente y de cosas), menos sobrepoblado, menos apocalíptico. Le producían temor (y aborrecimiento) lo que él llamaba la pasta de las cosas, metáfora que utilizaba para referirse al proceso permanente de creación de nuevas formas, nuevas funciones, nuevos productos, nuevos usos, nuevas necesidades. De algún modo la suya era una rebelión contra el capitalismo. Pues la innovación y la invención, que se hallan en el origen de todo ese proceso son dinámicas esenciales a este sistema económico. Hablando de Roquentin, el personaje de la novela La Náusea, de Jean Paul Sartre, Liscano escribe en un capítulo de La Tentación del Caos: …tiene la visión de “la pasta de las cosas”, “abundancia sobrecogedora” de las cosas deslizándose inconscientes hacia el río de la existencia, la multiplicidad ahoga como la sobrepoblación, como la multitud, la masa, la producción en cremallera indetenible (pp 119.120).

Otra consecuencia del pensamiento gnóstico en Liscano es interpretar el personalismo como una perversión, propia de la modernidad, del romanticismo y de la postmodernidad, que coloca al individuo en el centro del mundo y de las cosas. El personalismo tendría sus raíces, según Liscano, en la tradición judeo-cristiana, que centra la conexión con Dios en Jesús, un hombre cuya naturaleza es divina. Liscano tenía la esperanza (y en esto seguro que estaba inspirado por Jung) en que el ingreso en la Era de Acuario, llevaría a la humanidad a abandonar su amor a un Dios semejante al hombre y a comenzar a amar a un Dios (Espíritu) “inabordable, impronunciable, inmaterial, intuido por los gnósticos del siglo I, y tapado a lo largo de dos mil años de la Era Cristiana por la figura creciente de Jesús, cada vez menos divinal y más humanado. (p. 101). Lo contrario de esta visión personalista lo podíamos encontrar—nos recuerda Liscano—, en el gnosticismo herético de los dos primeros siglos del cristianismo, que concebía a Dios como abstracción irreductible, “luz sin medida, sin mezcla y santa, pura e inexpresable, indefectible,…sin calidad ni cantidad, …etc. Tal visión difiere enteramente de Jesús y de Jehová, divinidades personalizadas.

Pudiera no ser coincidencial que Liscano piense que el ingreso de la humanidad en la Era de Acuario, anticipado con ansia por el psicólogo Carl Jung, esté asociada a una mayor simpatía de la humanidad hacia las ideas del gnosticismo. Éste fue una de las religiones que Jung estudió en profundidad, pensaba que los gnósticos eran verdaderos visionarios que en sus textos describían experiencias internas de desarrollo espiritual y personal. Robert Segal, uno de los académicos que ha estudiado el interés de Jung en el gnosticismo, afirma que éste consideraba que su psicología era una contraparte contemporánea del gnosticismo.(3)

Se puede también advertir un enfoque gnóstico en los comentarios de Liscano sobre la relación sexual entre el hombre y la mujer. Centrar la relación sexual en la función reproductiva (multiplicando así el número de los hombres), lo que de algún modo fue propio del cristianismo, no es una práctica consistente con una visión gnóstica del mundo y de la vida humana. Liscano alega que el amor cortés y los trovadores fueron un fenómeno inspirado por el catarismo (ambos nacen en el Languedoc). Este argumento lo habría defendido Denis de Rougemont en su obra El Amor y Occidente, quien habría identificado elementos de la ética cátara (movimiento religioso derivado del gnosticismo que fue luego declarado herejía y la gran mayoría de sus practicantes exterminados durante la Cruzada contra los Albigenses, promovida por Inocencio III, entre 1209 y 1244) en el amor cortés. Algunos de estos elementos serían: negación del mundo, de la carnalidad, del matrimonio, de la reproducción, y su asombrosa ascesis, la cual entre los puros [los cátaros], no tenía otra finalidad que la endura, es decir el morir. El cristianismo ofrecía la salvación, pero en el mundo, en la comunión de los fieles, en el matrimonio sacramental. De allí su fuerza pero también su flaqueza, sus concesiones al poder temporal. Esa lectura de Liscano del amor cortés, la extiende a la literatura contemporánea. “Hoy en día, la literatura regresa a la vision gnóstica y cátara: el mundo es el infierno y en él no hay lugar para el amor” (p. 137).

III

Aun cuando el presente texto se ha centrado en los ensayos recogidos en La Tentación del Caos, que es ejemplo de un texto de su época tardía, la poesía tardía de Liscano no estuvo exenta de ideas gnósticas. Por ejemplo, en Sola Evidencia (4), libro que reune poemas escritos entre 1996 y 1998, uno de los tres epígrafes es la cita de Génesis I, 28 en la que Yahvé exhorta a la humanidad a multiplicarse y dominar la Tierra y toda la vida animal y vegetal que contiene. Esta admonición divina, a la que Liscano culpa de cierta parte del descontrolado demográfico y sus consecuencias en el ambiente, es una clara alusión a sus ideas gnósticas. Como lo es el poema “Rebelión”, incluido en el libro citado, cuyos dos primeros versos dicen: Yahvé no fue Dios sino demiurgo del Edén/Fingió la Creación. La referencia gnóstica en este poema es directa.

IV

Conocí a Juan Liscano el día que cumplí siete años. Recibí de regalo, enviado por su chófer, un libro de la serie Time Life titulado El Universo. Ese día no me di cuenta de que él y yo cumplíamos años el mismo día. Juan me había enviado ese libro porque mi padre, Baica Dávalos, diagramador y escritor, trabajó con él durante varios años en Zona Franca, la revista de literatura e ideas que fundó. Aunque nunca dejaron de quererse y respetarse, la amistad entre Juan y mi padre no fue estable. A ratos estuvieron muy cercanos. Otros ratos se alejaban. Pero cada vez que se reencontraron, el intercambio de ideas durante esos dias, semanas o meses, era apasionante. En todo caso, esa amistad me dio la oportunidad de conocer, admirar y apreciar desde muy cerca a Juan Liscano. Cuando mi padre murió en 1983, no heredé esa amistad pero sí la cercanía y la confianza como para visitarlo en algunas ocasiones y escucharlo discurrir durante un par de horas sobre algún tema importante que en ese momento le estuviera rondando la cabeza. Juan hablaba como si estuviera escribiendo un ensayo. Y si necesitaba precisión, iba a su biblioteca y hallaba rápido el libro, y dentro de éste la referencia que buscaba. Recuerdo que una de esas conversaciones derivó de repente hacia el tema de los gnósticos. Me dijo en aquella ocasión: Los gnósticos y los cristianos convivieron fraternalmente en el siglo I de Nuestra Era. Gnósticos como Simón Mago, citado en el Nuevo Testamento, un hombre del que se dice que hacía milagros y que incluso cuentan que podía volar, llegaron a ser tan reverenciados como Jesús. Pero el Cristianismo, por su retórica, por sus ideas, logró aliarse con el Imperio Romano y esto fue determinante para su supervivencia. Al mismo tiempo, los que no eran cristianos, como los gnósticos, fueron declarados herejes y perseguidos. Y por ahí continuó. Y al final, casi una hora después, a modo de conclusión me dice, me he preguntado en varias ocasiones qué hubiera sido de Occidente si la religión que concretara esa alianza con el Imperio Romano hubiese sido el gnosticismo.

Al recordar esa conversación, me pregunto, ¿esperaría Liscano que uno comparta su proyecto de hacer una lectura gnóstica del mundo? ¿O sus esfuerzos por difundir el pensamiento gnóstico formaban parte de su rol como miembro del grupo de personas que señalan el camino? En el capítulo “Renovación”, de La Tentación del Caos, Liscano escribe: hay quienes ponen en el camino y hay quienes lo emprenden. Yo soy de los primeros y acepto con estoicismo mi prisión interior. Soy capaz de sentir lo que escribió Gerard de Nerval sobre sí mismo: Trabajo y alumbro en el dolor, me alimento de mi propia sustancia y no me renuevo (p. 113). Loable la tarea de iluminación del camino para los otros que asume este intelectual y loable su humildad. Quizá su tarea de difusión del pensamiento gnóstico apuntaba a esto, a poner en el camino.

En lo personal, pienso que el pensamiento gnóstico podría ayudarnos a encontrar respuestas a algunas de las preguntas que solemos formularnos con poca esperanza de contestarlas. La idea de que el mundo fue creado por un demiurgo diferente del Ser Supremo podría explicarnos el origen del mal. Pero además, el gnosticismo puede ayudarnos de otro modo si, como pensaba Carl Jung, algunos de los textos gnósticos (como los de la biblioteca de Nag Hammadi) relatan experiencias interiores. Leer tales textos podría orientarnos en nuestro propio viaje de conocimiento interno. O, como creo que le funcionaron a Borges, podrían ayudarnos a construir todo un nuevo modelo escritural. Un modo original y personal de hacer ficción. Funcionar como dispositivo para estimular nuestra imaginación. De cualquier modo, invito a los lectores a descubrir la riqueza de la visión gnóstica del mundo y a formularse con ayuda de esta visión algunas de las preguntas con las que Juan debe haber soñado más de una noche.

(1) David de Los Reyes ha publicado un texto muy completo e interesante sobre el pensamiento de Juan Liscano a propósito de su centenario en su blog Filosofía Clínica. Ver el texto aqui.

(2) Las citas al ensayo de Juan Liscano se refieren a: La Tentación del Caos (1993), Caracas: Alfadil Ediciones

(3) El libro más importante de Robert Segal sobre el gnosticismo en Jung es: Carl G. Jung, The Gnostic Jung: Selections From The Writings of C.G. Jung and His Critics (1992), Edited by Robert A. Segal, Princeton: Princeton University Press

(4) Este libro de poemas está recogido en la publicación de su Obra Poética Completa (1939-1999), publicada en 2007 en Caracas por la Fundación para la Cultura Urbana. La obra tiene un prólogo de Rafael Arráiz Lucca que sugiero leer a quienes deseen iniciarse en su poesía.

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