Transatlántico de Gombrowicz, Una defensa de la Filiatria

Imagen

—¡Al diablo con el Padre y con la Patria! —masculló—¡El hijo, el hijo es lo único que interesa! ¿Para qué sirve la Patria? No es mejor la Filiatria? Sustituye la Patria con la Filiatria y verás lo que es bueno!

Witold Gombrowicz, Transatlántico

 

Transatlántico es la última novela que escribe el escritor polaco Witold Gombrowicz. Ésta comienza con un dato autobiográfico: la llegada de Gombrowicz a Buenos Aires, el 21 de agosto de 1939, a bordo del Chrory, barco que había partido veinte días atrás de Gydnia, Polonia. Solo nueve días más tarde, el 1 de septiembre de 1939, Alemania invadía Polonia y comenzaba la Segunda Guerra Mundial. En octubre de 1939, Polonia se rindió a la ocupación nazi. Estos acontecimientos constituían malos augurios para los polacos y Witold decidió quedarse en Argentina indefinidamente (los últimos años de su vida, desde 1963 cuando llega a Berlín hasta su muerte en 1969, los pasa entre Alemania y Francia. Transtlántico, que tiene como telón de fondo las dramáticas circunstancias que vivió Polonia ese año de 1939, narra las aventuras del joven escritor Witold Gombrowicz (el protagonista de la novela se llama igual que el autor y al igual que él es un escritor polaco) quien se vé obligado a encontrar un medio de sustento para ganarse la vida. Con ese propósito, Witold (el personaje) entra en contacto con varios compatriotas y algunos argentinos. Está decidido a ampliar su red de contactos hasta que alguno de ellos le ofrezca empleo. Comienza por un amigo y compatriota que lo introducirá a los diversos personajes que conforman la colonia polaca en Argentina, comenzando por los reprentantes diplomáticos de esta nación. En este proceso teñido de un magnífico sentido del humor, Witold conoce por azar a Gonzalo, a quien describe así: “…era un hombre de alta estatura, Moreno, fuerte, de rostro nada feo, hasta bastante noble…Sin embargo, sus labios eran rojos. Tenía, repito, los labios Rojos, pintados de Rojo, Encarnados. Y con aquellos Labios Rojos Caminaba, Caminaba, Caminaba.” (p. 49).

Gonzalo, personaje ambiguo de ideas y deseos retorcidos (a los ojos de Witold) posee sin embargo un poderoso encanto (no necesariamente vinculado a su formidable riqueza) que hace que la novela gire al su alrededor. Pero Gonzalo sabe cómo disimular su riqueza. Y para pasar inadvertido y que sus empleados crean que él es pobre igual que ellos, duerme en su casa de la ciudad en el cuarto de la servidumbre y viste como uno de sus empleados. Cuando sale de su casa, Gonzalo dedica su tiempo a perseguir y seducir, en los parques, plazas y avenidas de Buenos Aires, a hermosos jóvenes. Hasta que un día, en que anda en compañía de Witold, su corazón y su cuerpo quedan prendados del joven Ignacy. Éste casi no habla durante la novela. Pasa como desfilando por las diversas escenas de la novela como si fuera un bello señuelo que motiva al entusiasta y apasionado Gonzalo para que idee repetidas estratagemas para seducirlo. El padre de Ignacy, Tomasz, hombre de carácter severo y valores conservadores, evoluciona a lo largo de la novela, desde una posición intransigente que rechaza la mera existencia de un hombre tan pervertido como Gonzalo (hasta el punto de retarlo a un absurdo duelo cuando se entera de que aspira a cortejar a su hijo Ignacy), a ser su huésped de honor en la lujosa casa que posee Gonzalo en el campo, una vez que el supuesto duelo ha concluido (sin que los duelistas se enteren de que solo se dispararon balas de salva, gracias a ingeniosas previsiones de los padrinos para protegerles sus vidas). Acompañan a estos cuatro personajes, como si fueran actores de reparto, los compatriotas de Witold, los empresarios Ciumkala, Pyckal y el Barón (que en algún momento de la novela le ofrecieronun puesto a Witold en su fábrica), el contable Grzegorz, el Ministro Plenipotenciario, y los demás ilustres miembros de la misión diplomática polaca, junto a otros distinguidos representantes de la colonia polaca en Argentina.

En Transatlántico, se narra en paralelo al desarrollo de la trama delirante que protagonizan Witold y sus amigos, la pulverización gradual de la idea de Patria. Gombrowicz emprende en la novela un ataque contra conceptos como Patria y Tradición a los que embate con una prosa irreverente que baja del pedestal los valores sobre los que se construyó la tradición polaca, que ignora los códigos de uso de las mayúsculas en el lenguaje (las usa arbitrariamente en la novela), o que estira hasta sus límites el significado de las palabras (la novela plantea formidables problemas de traducción por su excesivo uso de neologismos. Es como un masajeo el que hace Witold a es alengua que no hablan en el mundo mucho más de 50 millones de personas.  Quizás para comunicarle a su nación (en la que estuvieron prohibidos sus libros durante décadas) que debía abrirse al mundo, olvidar un poco su orgullo por las hazañas de sus antepasados, y permitir que los polacos gozaran de una manera más libre y ligera de los placeres que les ofrece la vida y la cultura. Pero cabe la posibildiad de que Gombrowicz buscara también recordarle a Polonia que le debe entregar con generosidad, a Europa y el resto del mundo, las originales obras de  arte y literatura que forman parte de lo que se conoce como la cultura polaca.

Hacia la mitad de la novela, Gonzalo hace una apología de su amor por Ignacy y acuña durante su discurso la palabra Filiatria, que de ahí en adelante quedará resonando, uno piensa que contra su voluntad, en la cabeza de Witold. Gonzalo opone la idea cómica, de raíces licenciosas y libidinosas, de Filiatria a la idea solemne, épica y rimbombante de Patria. Durante el resto de la novela, la Filiatria, que al principio suena como una noción absurda, de tanto reverberar, va ganando espacio en la cabeza de Witold (“…de pronto me asaltó aquella “Filiatria” y comenzó a zumbarme en torno a la nariz como un mosca fastidiosa, me cosquilleó como el rapé, hasta que de nuevo me acometió una risa loca. Filiatria!, Filiatria! Qué tonto era aquello, qué demente, pero si no era otra cosa que una pura locura!, p. 75).

En el espacio de esta absurda y delirante trama novelesca, la Filiatria constituye un recurso lingüístico dirigido a minar la gravedad y solemnidad de la idea de Patria. Witold muestra un poco en son de broma que la Patria pudiera llegar a legitimar un filicidio. Tomasz le confiesa a Witold que se ha propuesto asesinar a su hijo para impedir que se lance en los brazos de Gonzalo. Lo que ignora Tomasz es que Ignacy corresponde sutilmente, en sus lances y avances, a Horacio, sirviente de Gonzalo en su casa de campo y a quien claramente le gusta Ignacy. A la absurda transgresión  del filicidio, Witold (el novelista), opone la no menos absurda transgresión del parricidio. Gonzalo le confiesa a Witold (el personaje) que él va a ayudar a que Ignacy asesine a su padre y cometa parricidio. Ello es una consecuencia lógica de su celebración de la Filiatria. Si la patria es la tierra de los padres, la filiatria es la de los hijos. Si la patria es la tierra del pasado y de la Historia, la filiatria lo es del futuro y la imaginación. Si la patria legitima el filicidio (al alentar a hijos a que combatan por sus ancestros defendiendo la tierra de sus padres), la filiatria pudiera igualmente legitimar el parricidio en pro de la felicidad de las generaciones futuras. Pero la filiatria, por estar impregnada de futuro, de juventud, casi de infancia más que de adolescencia, es alocada y dislocada, y corre el riesgo de enrarecerse y aligerarse, de disersarse hasta desvanecerse. Y de algún modo esta transformación ocurre en la novela. Al final, todos los conflictos, odios y rencores entre grandes y chicos, o entre esclavos de las convenciones y amantes de los efebos y la libertad se pulverizan, en un océano de carcajadas.

Y transcribo las últimas líneas de este final de la novela al que hallo impregnado de una alegría incontenible y peligrosamente contagiosa que disuelve todo rencor y aligera y enrarece hasta convertirlas en polvo cósmico a las ideas de Patria y Filiatria: ¡Cómo Bumeaban! Al fin se tranquilizaron un poco. Pero de pronto, uno aquí, otro allá; primero uno, luego otro, y de pronto eran ya tres o cuatro, o cinco, Bam, Bum, Bam, Bum, Bumbameaban de tanto Reírse, Explotaban, caían, se abrazaban unos a otros, se Tambaleaban, y ora con voz fina, ora con voz ronca, se mecían juntos, y uno a otro, Bum, Bum, ay, rugían, rugían de tanto Bumear. Y entonces de risa en risa, riendo, Bum; riendo, bam, bum, Bumbameaban…”

Vigencia de Gombrowicz. La nación se cae. Secuestran y personalizan las instituciones y no solo a las personas. La economía está minada. La moral desmantelada. Pero el régimen persistente y tercamente se propone comunicar una idea vacía (que no logra sustentar y hacer verosímil) de fuerza masculina. Una idea de coherencia e integridad territoriales de un territorio asaltado y violado en cámara lenta por otros Estados delante de todos, obscenamente. Se empeña en vender una idea de paternidad a una población huérfana y engañada. A una población que el mismo régimen habituó a ser comprada con pan, plasma y oropel porque con la fe y el conocimiento ni siquiera volteaba a mirarlos. Un régimen que traiciona sus ideas al prostituir y arrojar (como a gladiadores a los leones) a sus más fieles e inocentes seguidores a los valores enlodados  del peor consumismo. Y luego espera que alguien crea sus mentiras de que abona la Patria cuando es el que ha liderado su asesinato. Parricidio que solo ha sucedido a decenas de miles de parricidios y matricidios (¿cuántos padres han sido asesinados durante estos 15 años, cuántas madres lo han sido?). Pero al régimen solo le preocupa las mayúsculas. El Magnicidio y el Parricidio. ¿Y por qué no hacer una apología de la Matria? ¿No es más noble la tierra de la Madre? ¿No se tendría más miedo de traicionarla? ¿No le tendrían más respeto? ¿O no se trata de tierra sino de corazones y almas? ¿Y de cuerpos que debemos tratar que tengan la mejor vida posible mientras viven en este mundo? Es una cuestión de énfasis. No va a cambiar nada porque el discurso se enfoque en el cuerpo, en el alma o en el corazón. Pero ayudará a que no se pierda de vista que se trata de seres humanos y no de conceptos vacíos. De cáscaras. 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s