Kundera, Villeneuve y la belleza de la barbarie

Escribe Milan Kundera en Testamentos Traicionados: “Desde siempre odio profunda, violentamente, a aquellos que quieren encontrar en una obra de arte una actitud (política, filosófica, religiosa, etc.), en lugar de encontrar en ella una intención de conocer, de comprender, de captar este o aquel aspecto de la realidad. La música, antes de Stavinski, nunca supo dar una forma grande a los ritos bárbaros. No se sabía imaginarlos musicalmente. Lo cual quiere decir: No se sabía imaginar la belleza de la barbarie. Sin su belleza, esa barbarie seguiría siendo incomprensible. (Señalo: para conocer a fondo este o aquel fenómeno hay que comprender su belleza, real o potencial.) Decir que un rito sangriento posee belleza es un escándalo, insoportable, inaceptable. Sin embargo, sin comprender este escándalo, sin ir hasta el final en este escándalo, poca cosa puede comprenderse del hombre.” (p. 100)

He escrito las dos entradas anteriores en este blog, breves reseñas sobre dos obras del cineasta canadiense Denis Villeneuve (el corto Next Floor, y el  largometraje Prisoners), con la intención de mostrar cómo un acercamiento inquietante a escenas que retratan las pasiones y emociones más bajas y decadentes del ser humano (cierta gula indiferente a los ritmos del mundo en Next Floor, cierta intención de buscar la verdad que, legitimada en el propio dolor, puede estar asociada a actos de una crueldad extrema y radical en Prisoners) nos puede obligar a reflexionar sobre aspectos de la realidad que podemos haber evitado deliberadamente, o que, por el modo que conducimos nuestra vida, puede ser muy improbable que lleguemos a estar en contacto con ellos.

He calificado las obras de Villeneuve como de crudeza humanista porque: 1. La proximidad inquietante hasta donde este cineasta nos conduce como testigos o espectadores de ese aspecto brutal, bárbaro o cruel, de la realidad la despoja de todo ornato y nos la muestra cruda y desnuda; y 2. Quéramoslo o no, al colocarnos a una distancia tan próxima a aquel hecho estremecedor que Villeneuve narra desapasionado con impecable esmero fotográfico, esa experiencia fuerza (inspira) en nosotros una empatía con los seres humanos que sufren y sienten, a menudo de forma desgarradora, aquello que han hecho o que han experimentado como víctimas pero, en ocasiones, con frecuencia, también como victimarios. De este modo se amplía nuestra comprensión de lo humano.

Un elemento adicional al que no me he referido en mis textos, y al que se refiere la cita de Kundera es el de la belleza del acto bárbaro, cruel, violento. La estética de Villeneuve no exalta la violencia por la violencia. Creo que más bien ésta examina lo humano (la más amplia gama de lo humano) en su complejidad y matices, asumiendo los riesgos que esta clase de  narración le presenta al creador.

 

Milan Kundera (1993) Los Testamentos Traicionados, Barcelona: Tusquets, 303 pp

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