Apuntes al margen de la escasez

Durante los últimos días, frente a comercios de electrodomésticos en Caracas y otras ciudades del interior, la gente ha hecho colas de varias horas para poder comprar bienes a precios muy por debajo de lo que se han vendido durante el último trimestre. Esta conducta de la gente ha sido una respuesta a las declaraciones del presidente Nicolás Maduro quien ha ordenado que los propietarios de esos comercios vendan hasta que los anaqueles queden vacíos. Este tipo de declaraciones pueden ser interpretadas por los violents y oportunistas radicales como una instigación a la violencia, y una legitimación de saqueos generalizados (éstos han ocurrido pero han sido puntuales). Ya hoy, miércoles 13 de noviembre cuando escribo este prefacio, parece haber una tendencia a que regrese la calma turbulenta en medio de la que hemos vivido durante los últimos 15 años. Es preciso que todos nos demos cuenta de que, aún en medio del caos y la turbulencia, encontremos tiempo para reflexionar sobre lo que estamos viviendo y con base en ello hacer lo correcto. En estos tiempos, cada decisión que tomemos puede tener consecuencias crísticas para el futuro. Las notas aisladas que hago abajo han sido inspiradas por estas circunstancias. 

 

He escrito antes sobre  la escasez. Fue en el año 2010 cuando una larga sequía produjo una severa crisis de agua y electricidad en Venezuela. Vivimos en la actualidad nuevos tiempos de escasez, pero ésta es diferente y más compleja. En aquélla las razones de nuestra situación las teníamos que buscar, principalmente en la naturaleza y en decisiones pasadas de los responsables de las políticas públicas. En la presente crisis de escasez, las causas han sido más bien la consecuencias de una sucesión de decisiones incorrectas tomadas por el Estado, la mayoría de las cuales se derivan o están asociadas a un empeño en continuar la implantación de un modelo económico-político que ha mostrado tener consecuencias perversas en las naciones en que se ha implantado. El socialismo real no ha mostrado ser un modelo que produzca prosperidad.

Correr hacia el abismo

La decisión de cambiar el modelo por parte del regimen no se deriva de forma natural de la experiencia de una crisis como la que vivimos actualmente en Venezuela, la cual se expresa en aspectos tan disímiles como: la fuga de cerebros, los crecientes porcentajes de escasez en decenas de rubros, equivalentes a los de tiempos de guerra en otros países, los cada vez peores indicadores de crimen y violencia en las principales ciudades del país, o la generalizada corrupción de los funcionarios públicos, y en particular de los que son más cercanos a los jerarcas del regimen. Una ciega persistencia asociada a la voluntad del regimen de mantenerse en el poder le impide modificar sus políticas y, menos aún, cambiar el modelo. Por el contrario, aceleran y profundizan la implantación del modelo que tiene en sus bases, como uno de sus axiomas, el control de la economía. Reemplazar la mano invisible del mercado por la mano visible y, según han demostrado estos 15 años pasados, con frecuencia fácilmente corruptible, de funcionarios públicos. Multiplicar la discrecionalidad de los funcionarios en cada vez más areas de política. Producir una brevísima felicidad ciudadana con voluntad humana en lugar de hacerlo regulando sutil pero firmemente las fuerzas autónomas del mercado. Esta terquedad, esta falta de lucidez arrastra a toda la nación hacia el abismo.

El terror al mercado, el delirio del control

Reconozco que la institución del mercado (su autonomía, su lógica interna, sus respuestas no siempre triviales a las decisiones que toman los gobernantes y  funcionarios) asusta a los funcionarios de este regimen. No lo comprenden.Y lo aborrecen porque es autónomo, porque no es susceptible de regulación por decreto. Es como si les hubieran dado como manual para gobernar un libro de filosofía kantiana escrito en finlandés. Pudieran aceptar que el mercado falla y diseñar políticas para corregir esto. Los mercados son objetos susceptibles de regulación mediante una combinación de instituciones bien diseñadas y sofisticados instrumentos de política. Lo que es imposible es controlar eficazmente a la totalidad de la población de un país en la actualidad (ver el post sobre el concepto de juggernaut). Pero eso no es algo que entiende el regimen que  trata de reemplazar cada mercado existente en la economía, por una institución controladora. Exterminio de mercados. El regimen quiere personas (con almas quizá piensa para sus adentros, y corazón) que tomen las decisiones de política que tomarían los mercados de modo impersonal. Y por eso la tendencia a la hipertrofia del Estado. Pero es una empresa inútil porque, dentro de la lógica del control, los funcionarios son también ciudadanos cuyas tareas y, en general, vida, deberían también ser reguladas, controladas y planificadas por un aparato estatal que se coloque encima de éstos y asi ad infinitum. O quizá espera el regimen que acudan en su auxilio robots, los que son máquinas con menos corazón que los mercados. Y quizá hasta más peligrosas.

Sembrar el terror, Tolstoi, las familias felices, las poblaciones aterrorizadas

Cabe también imaginar que el regimen desea que los ciudadanos vivan aterrorizados. Y que sea el terror, cuya lógica produce una psicología más simple en el ser humano, lo que facilite la predicción  y modelaje de los gobernados a los que se podrá entonces controlar más fácil y eficazmente. Las decisiones y conducta de quienes temen son más parecidas entre sí, podría decir un lector que parafraseara a Tolstoi dentro del regimen, por aquella frase con que comienza Anna Karenina: Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada. No obstante esa afirmación , lo que puede ser verdad en la escala familiar deja de serlo cuando la escala se amplía para incluir la población de una nación. En ésta, las sociedades felices pueden serlo por múltiples razones y por ello la conducta de sus ciudadanos puede ser más diversa y menos predecible. En cambio es menor el número de factores que la motivan, y por tanto más fácil de explicar, una población infeliz. Pero lo dramático es que son aún más fáciles de explicar (y de predecir su conducta) las poblaciones infelices que viven con temor. Por tanto, es más viable un modelo basado en el control cuando se implanta en una sociead de ciudadanos aterrorizados.

Culpas y culpables versus causas y responsables

Frente a determinado problema de política, nuestra historia y cultura nos han entrenado mejor para encontrar culpas y culpables que para identificar causas y actores relacionados con éste. Cuando se buscan culpables es más fácil definirnos a nosotros mismos como las víctimas inocentes de determinados actos viles que como los culpables de tales actos. Cuando se buscan causas se define una situación de mayor incertidumbre. Es una posición filosófica que nos convierte en parte del problema. Debemos determinar nuestra responsabilidad pasada así como los cambios que deberemos hacer en el statu quo para corregir o superar el problema. Y no siempre es fácil o posible conocer con antelación dónde o cómo quedaremos nosotros al final de ese diagnóstico. Siempre hay como un velo de ignorancia semejante al concebido por Rawls en su teoría de la justicia. Finalmente, cuando se buscan causas y responsabilidades de una multiplicidad de actores, se parte de la premisa de que es necesaria la convivencia pacífica de todos dentro de un ambiente en el que impere la ley. Gracias a la justicia, se definen penas y sanciones, se llevan a cabo procesos transparentes, se hacen sentencias de acuerdo con leyes imparciales. Pero todos, ciudadanos, jueces y culpables deberán convivir en paz. Cuando se buscan culpas y culpables (antes que las causas) se parte de la premisa de que las víctimas inocentes son seres esencialmente buenos que merecen salvarse sin importar qué clase de responsabilidad hayan tenido en la creación del problema. Porque la mera condición de víctima redime al culpable y lo exime de responsabilidades. Y la mera condición de culpable segrega, condena y es semilla de su futura obliteración. Porque no es la justicia lo que busca la víctima sino la venganza. Y la mejor venganza, la más eficaz, la que otorga las mayores rentas políticas es la venganza que ejecuta elpueblo (o contempla con anuencia y satisfacción) contra aquel a quien se designa como su enemigo interno (e.g. en la obra de Ibsen Un Enemigo del Pueblo, el doctor Stockmann, quien descubre que el balneario está contaminado es designado enemigo del pueblo, en nuestra sociedad actual, el usurero que vende con un margen inaceptable de ganancia es, para el actual regimen, un enemigo, debe obedecer el margen de ganancia que fije la autoridad o sufrir las consecuencias; durante la Segunda Presidencia de Rafael Caldera, los banqueros fueron construidos como enemigos internos). El problema con esta segunda clase de razonamiento es que en una sociedad compleja como la contemporánea siempre aparecen nuevos problemas de política, y esto hace que prolifere el repertorio de categorías de enemigos internos continuamente y con ellos los de clases de culpables. Así por ejemplo, hasta el momento este regimen (en una suerte de taxonomía borgiana) ha definido de manera explícita o tácita como enemigos internos a lolargo de los pasados 15 años a: los empresarios, los oligarcas, los comerciantes, los medios, los opositores, los estudiantes, los que manifiestan en la calle, los de piel muy blanca, los judíos, los que aman la libertad, los que son de naturaleza desobediente, los que son demasiado morales como para dejarse sobornar por los chantajes que inventan sus jerarcas, los que son tan inmorales y codiciosos como los más poderosos jerarcas del regimen hasta el punto de que compiten en poder y decadencia moral con ellos, los que miran al futuro y el muy largo plazo (aquel que Sir John Maynard Keynes aborrecía), los que aman evolucionar y aborrecen o se cansan de revolucionar, como las manecillas de un reloj o como los planetas en el sistema copernicano, etc.

Revolución versus evolución

Hago un paréntesis disgresivo en esto de contrastar la idea de evolución (de origen darwiniano y verdaderamente revolucionaria en algún momento) con la de revolución, que constituye en su acepción más común el giro alrededor de un eje fijo. Los revolucionarios que evolucionan terminan por darse cuenta, por mecanismos del tipo reducción al absurdo, que el regimen que gobierna Venezuela no ha evolucionado en 15 años y que por tanto no puede llamarse revolucionario. Recicla sus líderes, importa y reempaca sus ideas, repite sus políticas y sus errores. Gatopardianamente, revoluciona para quedarse quieto sin sufrir cambio alguno, amarrado a un punto fijo del que no sabe cómo desprenderse, o quizá, no quiere desprenderse porque le conviene para perpetuarse en el poder. Es una mano cerrada que ha olvidado cómo extender sus dedos. Y este quietismo lo  oxida, lo enquista, lo hace ideológicamente incoherente y cínico, moralmente débil y corrupto, y económicamente perverso. Sus políticas poseen una perversión que no ayuda a la justicia distributiva en el mediano y largo plazos y que representa una afrenta radical contra la justicia intergeneracional. Los que creen revolucionar, lo que realmente hacen, lo único que han aprendido a hacer, durante estos años, es a dar vueltas como diminutos planetas alrededor de una luminaria que puede estar simbolizada por eso que llaman el comandante. Hay un movimiento circular pero parsimonioso en ellos. No hay cambios. Solo acumulación y crecimiento inmoral, corrupto, vergonzoso y crematístico de su patrimonio gracias a haber declarado su adhesion a ideas absurdas y peligrosas. Por eso los jerarcas hallan como perfectamente coherente con el espíritu del regimen un término tan estacionario y quietista como la palabra supremo. Supremos pueden ser el comandante o la felicidad. Pero lo supremo es aristotélico. Es fijo, rígido, estacionario, antirevolucionario. Lo supremo tiene olor a guardado, a naftalina, a rancio, a formol. Acumula polillas, moho, grasa y polvo. Lo supremo aspira a estar grabado o tallado en mármol, en concreto, en acero, en iridio o en una resina espacial y nanotecnológica incluso cuando es muy moderno y minimalista. Lo evolucionario y evolutivo, en cambio, cambia. Es ágil, es leve, es inasible, se desvanece en el aire. Pudiera llegar a pulverizarse. A estallar. Pudiera ser de nuevo, más rápido que la mayoría de nosotros (un poco como James Dean o Amy Winehouse), polvo cósmico, polvo de estrellas. Su forma es compleja o imposible como la escalera de Penrose y las demás obras de Escher. No aspira al poder pero el poder tampoco puede nada contra éste. Y en ello reside su carácter revolucionario. Que es resistencia en lugar de ser poder. Su simple existencia constituye un desafío al statu quo y la mejor inteligencia. Lo evolucionario y evolutivo es entonces desobediente, desafiante, irreverente, contestatario, lúdico.

Socialismo para la sociedad del espectáculo, espectáculos para el socialismo del siglo 21

Entender el socialismo del siglo 21 como un estadio intermedio de la sociedad del espectáculo. Recordar el auge que cobró el espectáculo durante la decadencia del Imperio Romano con la cultura de los gladiadores, las arenas para la lucha, el Coliseo, el disfrute eufórico del populacho cuando contemplaba esas luchas a muerte, etc. Y el presente, pensar en esta pobre revolución venezolana que quedó atrapada (como diría Jung) en el arquetipo de la Reina Bruja de Blancanieves. Veo en ella vanidad por encima de su codicia, la que hasta ahora parecía inagotable. Sueña el jerarca máximo con sustituir el espejito al que recurrentemente aquella Reina Bruja le preguntaba si todavía era la más bella, por la serie interminable de pantallas planas de plasma surcoreano o chino (importadas por comerciantes usureros y codiciosos con dolares preferenciales y que fueron luego justicieramente restituidas en acto heróico del regimen poara el glorioso pueblo venezolano). El regimen y sus jerarcas parecen anhelar que esas pantallas les sirvan para la amplificación y diseminación de su populista, vano y banal discurso una vez que sean colocadas en el seno de millones de hogares venezolanos que entonces estarán dotados con la capacidad para reproducir simultáneamente, gracias a cadenas de radio y tv.

El bigote en hd, los diminutos artrópodos

Aqui una imagen inspirada por David Lynch y por ese ideal de revolución audiovisual del siglo veintiuno que goza con el espectáculo. El delirio de lograr que, idiotizados y quietos, persudadidos de las bondades justicialistas y justicieras del regimen, los millones de gobernados disfruten de la contemplación de la postmoderna arena de plasma digital donde, cual solemne emperador, diga sus discursos el supremo y todos callen y escuchen atentos. Sin que ninguno se dé cuenta de que, mudos y quietos, muchos de los gobernados se esfuerzan por divisar en la imagen que aparece en sus pantallas 3D de ultra alta resolución, equipados como están con controles remotos de última generación que pueden hacer zoom con un dedo sobre cualquier punto de la pantalla, qué drama sucede en el interior del bigote negro del supremo (en el momento justo en que las venas del cuello y frente del supremo hablante estallan de furia y tensión anti-imperial), hacia dónde arrastran unos mínimos artrópodos, con esfuerzo supremo y total concentración, mícroscópicas motas de polvo magenta por un camino sembrado de oscuros obstáculos.

 

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