Kim Jong-un y su vocación por el apocalipsis

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No pareciera ser uno de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. Carece de cualquiera de los rasgos que a uno le infundirían el respeto que nos infunde la iconografía que ha representado a estas figuras de la tradición cristiana. Pero quizás en la intimidad de los recintos que habita el joven líder Kim Jong-un, el temible dictador de Corea del Norte, se mira de frente en el espejo y, en lugar de ver su sobresaliente barriga, se siente con la hidalguía suficiente como para montar  el aterrador Caballo Rojo, aquel que simboliza la guerra en el Apocalipsis. No es un jinete del Apocalipsis pero igual Occidente no termina de creer, quizás no quiere creer, que este joven que comanda un ejército de 1.1 millones de soldados puede ser una amenaza seria a la paz mundial. Sin embargo, aun cuando pensar lo impensable es un ejercicio que algunos sienten inútil, este caso parece diferente. Algo aprecian los conocedores, en la retórica de este líder megalómano, que les hace pensar que pudiera atreverse a hacer algo de lo que que promete hacer. No quedarse en las palabras, las amenazas, el ruido de sables. Algunos analistas dicen que este líder puede ser inestable, y que eso lo hace impredecible; otros como James Clapper, Director de Inteligencia Nacional (USA), declaró durante otra interpelación ante el Congreso que el sñor Kim era: “impetuoso” y que eso lo hacía impredecible. Clapper agrega que el padre de Kim, podía tener una retórica provocativa pero terminaba retractadose. Esto último no es algo que su hijo haya mostrado todavía. Y esta inestabilidad se hace terriblemente peligrosa cuando se toma en cuenta lo que ha revelado recientemente un informe de la Defense Intelligence Agency (DIA), del cual se ha dado a conocer al público un segmento que ha sido desclasificado. En éste se establece con confianza moderada que Corea del Norte tiene actualmente armas capaces de ser adaptadas para su lanzamiento a un mísil balístico. Lo que no especifica el segmento publicado es el alcance de los misiles en los que podrían adaptarse esas bombas. Sin embargo, agrega el informe, la confiabilidad es baja.” Esta información es suficiente para producir un escalofrío.

A propósito de una de las tempranas entradas a este blog, la que trataba sobre ese maravilloso acto poético del artista Yves Klein recogido en la obra Le Saut dans le Vide (el Salto en el Vacío), he reflexionado sobre cómo y cuándo, un ser racional o una nación, cuyos habitantes se supone que son seres racionales, deciden arrojarse al vacío. No me refiero a la interpretación poética o mística de este acto, que para el artista es un camino al conocimiento de la levedad. Ésta es la que realiza el artista francés y fue registrada en la célebre foto de Harry Schunk. Me refiero a la interpretación realista y prosaica de ese acto de arrojarse al vacío, la que está regida plenamente por las leyes de la gravedad y que por tanto no persigue la levedad.

Por ejemplo, es esta versión grave y prosaica del salto al vacío, la que interpretan los lemmings cuando se arrojan a un torrente fluvial que los ahoga en minutos. Es también semejante, este acto de suicidio de los lemmings, la que perpetra una nación como la Alemania de Hitler, cuando siguió a ciegas a un líder que se lanzó de bruces a la más tenebrosa oscuridad.

Lo que Hitler tenía, y lo que líderes como Chávez tomaron de Hitler, fue la construcción de una cultura del odio.  Porque el odio forma el vacío de la gravedad de un modo análogo a como las nubes y el espacio forman un vacío de la levedad. Es trágico en el discurso del odio que elude hablar o saber de justicia y de paz porque ambas le son antagónicas y lo combaten hasta erradicarlo. Al odio le es ajeno el concepto de cierre de una querella judicial que se produce con la sentencia. Porque no es justicia lo que persigue la cultura del odio sino venganza perpetuada y recurrente, teñida de un toque de Sísifo. Una venganza que alcanza una cima (un máximo) y luego rueda cuesta abajo, como si fuera una piedra, para volver a repetir el mismo ciclo en un tiempo futuro. O una venganza con un sabor al castigo que le imponene a Prometeo, porque muerde y devora el hígado de los presuntos victimarios por la noche y deja luego que ese hígado renazca para volverlo a morder con sus voraces y feroces fauces al día siguiente. Una y otra vez en un eterno retorno perpetra esta venganza. Porque ésa es la única lógica consistente con un verbo de odio como el del nazismo, que alimentaba insaciable, una y otra vez, el odio, en lugar de buscar una solución y con ella la paz y la armonía social. En realidad la llamada solución final nunca fue tal cosa, porque esa cultura siempre iba a identificar nuevas categorías sociales a las que había que odiar y, por tanto, que exterminar como se hizo con los judíos, gitanos, y otros. Este odio sostenido se prolonga hasta que el regimen desaparece porque el pueblo despierta, sale de la caverna platoniana (sic) en la que ha estado preso o, por el contrario, hasta que el regimen y su pueblo enceguecido, arrastrado o contaminado por ese odio, e ignorante de cómo inmunizarse contra su ponzoña, se arrojan juntos en el vacío apocalíptico de una conflagración, de un acto inmenso de autodestrucción, de absoluta y absurda irracionalidad. Y al hacerlo, en el caso de un Kim Jong-un, pueden poner en riesgo el equilibrio (frágil) de toda una región e, incluso del mundo.

Súbitamente, Occidente se encuentra, en la actual crisis con Corea del Norte, ante el peculiar caso de un pueblo que se ha aproximado peligrosamente al borde de un abismo y está (o representa el papel para parecer que está) a punto de arrojarse al vacío . Digo súbitamente porque Occidente no quería leer este acto, liderado por el joven Kim Jong-un, nieto e hijo de tiranos, con este marco de salto al vacío. Lo quería leer como declaraciones que tenían objetivos geopolíticos estratégicos y plenamente racionales realizadas por un jugador de ajedrez, que juega anunciando en voz alta sus jugadas. Pero de repente, durante estos últimos días, Estados Unidos, Corea del Sur y sus aliados, se han dado cuenta de que el joven dictador actúa de acuerdo con una lógica que no entienden. Porque, ¿cómo se puede comprender el suicidio de una nación? ¿Cómo entender un acto de provocación del apocalipsis? ¿Que clase de objetivos maximiza el contendor?¿ Qué persigue?

Luego de dos mil años después de que Cristo diseminara su mensaje de amor, aún nos cuesta practicarlo y saber cómo se diseñan valores, sistemas de gobierno e instituciones, consistentes con el amor que no limiten el libre albedrío, aquello que tanto protegiera Jesús cuando fue tentado en el desierto por el demonio. ¿O no es la libertad, esa libertad que Jesús deseaba para el hombre, aquello que el Gran Inquisidor le reclama a Jesús en ese relato fantástico que Dostoievski inserta en Los Hermanos Karamazov? Lo que nos queda del discurso del Gran Inquisidor, es que si Jesús demostraba al mundo con su magia que era el Hijo de Dios, que tenía poderes inconmensurables, el hombre no lo iba luego a seguir libremente por fe y amor sino por temor y temblor. Por eso le dejó al hombre la duda y la libertad.

Y sin embargo, ocupados a los largo de estos dos mil años, pensando cómo traducir del mejor modo posible, ese mandamiento del amor, cómo insertarlo en nuestros valores, instituciones, sistemas de gobierno (por supuesto, siempre ayudados con la razón), hemos olvidado la otra tarea que teníamos pendiente: evitar que el odio permeara la esfera pública, y contaminara los valores, las instituciones, los sistemas de gobierno. Kim Jong-un no es irracional. Es un patético producto de un sistema contaminado por el odio (por supuesto ayudado por técnicas de lavado de cerebro) que pudiera arrojarse al vacío (y arrastrar a su pueblo a ese vacío) porque el odio es grave, oscuro, restrictivo del mismo modo que el amor es leve, luminoso y libre.

Y concluyo esta reflexión con la traducción de la opinión del ex embajador del Reino Unido en Corea del Norte, John Everard, publicada en el diario The Independent, el pasado 8 de abril: Corea del Norte nació como un monstruo. (…) Fue creada por oficiales del Ejército Soviético que no parecen haber tenido idea alguna sobre cómo se funda un Estado. Ellos convirtieron a Kim Il-sung en un líder. Pero cuando se dieron cuenta de que no infundía suficiente respecto en su gente, construyeron alrededor de él un culto stalinista a la personalidad, de manera que el país terminó siendo gobernado por un rey dios, parecido a los antiguos reyes de Corea (los que reinaban antes de la ocupación japonesa).”

Notas

Recomiendo seguir por twitter a Steve Herman(@W7VOA),  jefe y corresponsal de la Voz de América en la Oficina del Noreste de Asia, quien cubre asuntos en Corea y Japón. Es una fuente de información actualizada y objetiva de la crisis con Corea del Norte.

El Informe que dice que Corea del Norte puede tener la capacidad de adaptar un dispostivo nuclear a un misil fue presentado por Doug Lamborn, representante republicano de Colorado, durante una interpelación que le hiciera el Congreso durante el día de hoy, 11 de abril. Se puede revisar directamente la nota que publica el Secretario de Prensa del Departamento de Defensa de Estados Unidos pinchando aquí.

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