El Volcán 1, sol y sombras sobre Caracas

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En una ocasión en que conversaba con Piero Maria Castiglioni, arquitecto italiano (sobrino de los famosos Achille y Pier Giacomo Castiglioni, quienes  diseñaron la icónica lámpara <em>Arco</em> en 1962), experto en iluminación, que estaba de visita en Caracas (publicamos una nota sobre él en la edición19 de la revista GP), éste me decía que el bosque era el lugar en el que la iluminación era ideal. “Es la luz que encuentro más bella para el hombre; porque en el bosque hay fuertes contrastes, no hay homogeneidad, hay un contrapunteo entre luces y sombras. Y es que la homogeneidad es un sinónimo de monotonía, y ésta genera ansiedad y no tranquilidad”. Desde la subida hacia el Volcán, colina situada en el sureste de Caracas, en el municipio El Hatillo, se puede disfrutar de una de las mejores vistas de Caracas. Y lo que actúa como complemento perfecto de esta vista de la ciudad es que uno puede admirar la belleza siempre cambiante del cerro El Ávila, montaña que se erige a lo largo del lindero norte de Caracas como una muralla protectora contra los eventos climáticos extremos (en ocasiones, a alguna hora del atardecer, he creído distinguir en el contorno de esta montaña la forma de una mujer embarazada que se apresta a parir, en otros momentos más prosaicos y lúdicos, el contorno del cerro me ha recordado a aquella boa de El Principito que se había devorado a un elefante). Pero así como el contorno de la montaña puede ser: boa, madre o incluso águila a punto de alzar el vuelo, las faldas de la montaña no son menos cambiantes. Cambian sus colores a lo largo del día y según avanza el año (por ejemplo, porque florece el capín melao, una de las gramíneas más conspicuas que crecen en las colinas que rodean a la ciudad); dibujan sus sombras figuras fantasmales que mutan a lo largo del dia, creando la ilusión de que sobrevolaran leves sobre los valles y ensenadas que definen el relieve de esas laderas, es el efecto de una luz del sol (cuyo ángulo de incidencia varía a lo largo del día) modulada por las nubes.

Sin embargo, sé que este aspecto proteico de El Ávila es de muchos conocida. Basta mirar la diversidad de versiones que han hecho de este cerro los pintores que lo han retratado obsesivamente (desde Cabré a Campos Biscardi). Este aspecto se aprecia muy bien desde El Volcán, pero también se puede apreciar desde otros sitios de Caracas. En cambio, solo desde esta colina, y otras contadas colinas con una altura comparable a El Volcán, localizadas en el sureste de la ciudad (porque agregan a la vista que te ofrecen de Caracas la vista mágica del Ávila), es posible recorrer con un rápido giro horizontal de la vista la casi totalidad de la longitud de Caracas, que ha crecido desde su centro original en lo que es hoy el Casco Antiguo, principalmente hacia los extremos occidental y oriental. Y al ver la ciudad puede uno descubrir que en esos días nublados la iluminación que recibe la ciudad está lejos de ser homogénea.

Hice referencia a Castiglioni y su idea de la iluminación que produce la luz del sol al filtrarse a través de la canopia del bosque, creando esa distribución siempre cambiante y poco predecible de luces y sombras (éstas últimas se pueden mover continuamente por efecto del viento), porque las nubes, cuando cubren irregularmente la ciudad, y no son totalmente compactas, pueden actuar de un modo análogo a como lo hace la canopia en el bosque y crea runa iluminación heterogénea, parcelada, sobre la ciudad. Y así, uno puede encontrar al mirar la ciudad algunas  áreas perfectamente delimitadas que parecen haber sido iluminadas teatral y dramáticamente. Y de tal manera se enfocan esos haces de luz solar sobre algunas áreas de la ciudad, que al mirarlas se tiene la impresión de estar viendo el escenario de un teatro.E incluso uno espera que de las ventanas de las casas y edificios (encima de los cuales caen los rayos del sol por hoyos que se forman en las nubes) asomen la cara o el torso completo alguno de sus ocupantes y declamen un poema de Eugenio Montejo. Uno podría igual esperar ver la representación de la escena final de Doña Bárbara en la terraza de uno de los edificios enigmáticamente iluminados. Y es que esta luz filtrada por la <em>canopia</em> (techo) de nubes de la ciudad parcialmente nublada, convierte a áreas seleccionadas de la ciudad en escenarios, crea actos, que forman parte de historias que todos o nadie han escrito. En esto reside parte de la belleza de esta luz azarosamente distribuida sobre la ciudad. Es literaria, plástica, dramática o incluso trágica. Pero siempre hermosa.

O pudiera ser mística. E interpretar nosotros estas luces enfocadas en parcelas delimitadas, como alegoría de los actos de un Dios cuya lógica nunca la comprenderemos pero que sabemos que para mantener el balance en el mundo, Éste hace sombra sobre unos y sobre otros hace la luz, de un modo semejante a como rigen las Parcas el destino de los hombres, como eligen éstas el lugar y hora de de su muerte.

Y aquí abajo comparto alguna vistas de esta serie de escenarios teatrales que edifican para nosotros las nubes y el sol sobre la ciudad.

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Esta foto tomada el 28 de febrero de 2013, muestra ese modo sinuoso como el sol baña algunas áreas de Petare y otros sectores populares del municipio Sucre, ubicado en el extremo este de la ciudad.

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La foto muestra una parte del municipio Chacao. LO que le da ese carácter tenebroso es la penumbra en que se ecuentran las laderas de la montaña, presumo que por un cúmulo de nubes en él área centro norte de la ciudad, y el contraste de esa oscuridad con la luz que baña los edificios.

La foto muestra una parte del municipio Sucre. Lo  que le da ese carácter tenebroso a la imagen son los contrastes entre, por un lado, la penumbra en que se encuentran las laderas de El Ávila oscurecidas por densas nubes justo arriba, en él nordeste de la ciudad junto al cerro, y por el otro,  la intensa luz solar que baña los edificios.

En esta imagen lo que se ve desde El Volcán, mirando casi perpendicularmente, es parte del municpio Chacao. Son conspicuos la serie de edificios masivos entre Parque Cristal y el Caracas Palace en Altamira, que conformanun límite inferior al casco de edificios de este municipio. Aquí no hay gran heterogeneidad porque ese dia no estaba particularmente nublado. De hecho las laderas de El Ávila se disitnguen bien en su relieve. Esta foto no sigue el patrón del resto. Pero me pareció interesante y la incluí.

En esta imagen lo que se ve desde El Volcán, mirando casi perpendicularmente, es parte del municipio Chacao. Es conspicua la fila de edificios masivos entre Parque Cristal, en Los Palos Grandes, y el Caracas Palace, en Altamira, que conforman un límite inferior (por el sur del municipio Chacao) de los edificios de este municipio. En la foto no veo gran heterogeneidad en la iluminación porque ese dia no estaba nublado. De hecho las laderas de El Ávila se disitnguen bien en su relieve. Aunque la foto no sigue el patrón del resto, me pareció interesante y la incluí.

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