Retamas, iguanas y pelícanos

Pelícanos en peñero,1, Puerto La Cruz, marzo 2013

Pelícanos en peñero,1, Puerto La Cruz, marzo 2013

En la selección de las imágenes que captan nuestra atención y decidimos fotografiar, opera un mecanismo semejante al que aquel enigmático escritor Isidore Lucien Ducasse (a.k.a. Conde de Lautremont) describió cuando definió el surrealismo: un arte construido sobre encuentros fortuitos y caprichosos, como aquellos que reunen al paraguas y la máquina de coser sobre una mesa de operaciones. Y pienso, en un paréntesis de lo que concierne a esta entrada, cómo el cambio técnico y otros eventos, podrían hacer que estos tres objetos, el paraguas, la máquina de coser, y la mesa de operaciones, caigan en desuso, se extingan, y desaparezcan de la memoria de la gente común, quedando solo como piezas de colección de museos virtuales, o como objeto de estudio de los arqueólogos de la cultura.

Imagino con terror ese dia futuro en el que un paraguas se haga innecesario. ¿Ocurriría esto a causa de que una impensable hecatombe nuclear (un temor con el que vivieron millones durante la Guerra Fría y que ha regresado) pudiera haber convertido a los paseos o caminatas al aire libre en actividades prohibidas, capaces de intoxicarnos fatalmente si respirasemos el aire libre durante breves minutos? ¿O pudieran más bien los paraguas hacerse prescindibles a causa de que las calles de las ciudades que habitamos sean asoladas por un grado extremo, y cientos de veces peor que el actual, de violencia urbana escalofriante? O será que tal cosa podría ocurrir si la capa de ozono, que preocupa solo a ratos al hombre en la actualidad, llegase a adelagazarse tanto y de manera tan extensa en el futuro, que se hiciese imposible salir a caminar al aire libre sin la protección de un traje especial que nos proteja de esas radiaciones letales (frente al cual un paraguas podría ser inútil como pantalla antiradiación, a no ser que estuviera fabricado en plomo, cosa que lo haría inmanejable)?.

Y si los paraguas se extinguen, ¿estaría el surrealismo mismo amenazado de extinción? ¿Será que éste pertenecía a una época que la realidad quiere superar? Se afirma que esta corriente artística nace inspirada por el descubrimiento que hace Freud del inconsciente.No reniego de esta hipotesis tan probable. Pero no se si se podría negar que la ciudad moderna, la metrópoli, sus bulevares, sus habitantes, y sobretodo quienes a diario la recorren, jugaron un papel clave en famliarizar al hombre común, aquel que era menos reflexivo, con la idea de que las cosas más improbable se pueden encontrar en los espacios públicos urbanos de estas ciudades. Consideremos una ciudad emblemática como París. Si es cierto que la renovación urbana que hizo el Baron de Hausmann buscaba modernizarla haciendo sus espacios más racionales, su trazado más dotado de orden, líneas rectas y simetría, sus caminos menos meándricos (se suprimieron callejones de trazados irregulares), al crear los bulevares, creó también unos espacios ideales para que el azar, y sus misteriosas consecuencias, actuara sobre los ciudadanos. Pienso en el paseante (vestido como flâneur) que tanto sedujera a Baudelaire y más tarde, a Walter Benjamin. Este escritor concibe al  flâneur como el protagonista ubicuo de su opera magna inconclusa, El Libro de los Pasajes. Lo concibe como uaquel individuo que recorre fascinado y a la vez melancólico los bulevares parisinos. Imagino a esos flaneurs recorriendo esos bulevares equipados con sus paraguas para protegerse de la lluvia, o del sol en verano. Imagino los cruces y choques fortuitos, inesperados, azarosos, improbables, propios de un surrealismo lautremontiano, entre las miradas de los paseantes en esos bulevares. Puedo imaginar los roces, principalmente de las telas de los vestidos de las señoras y señoritas, o las de los trajes de los caballeros; puedo imaginar los ruidos producidos por esos roces casi cinematográficamente. Y ocasionalmente ocurría la magia y el azar hacía que se encontraran los dorsos de dos manos, o de una mano con la piel del codo de un brazo femenino desnudo en una mañana de verano. Y esos roces podían o no ser complemento de un cruce eléctrico de miradas. Y en todo esto, todos esos encuentros fortuitos que el azar propiciaba en un solo día, había una premonición de la literatura de Breton, o de la plástica de Magritte, Ernst, De Chirico, Dalí.  Y creo que había, y hay todavía en el espacio público que ha nacido al abrigo de la ciudad moderna, una estrategia para conjurar el azar, y combinarlo con la necesidad, el destino y la Providencia. Lo que es otra forma de concebir el surrealismo.  En suma, sostengo que en medio de ese acto cotidiano de arrojarse dentro del azar, era fácil que se gestara el surrealismo algunos años más tarde (El primer Manifiesto Surrealista redactado por André Breton, data de 1924).

En la actualidad, es la cámara y no el paraguas la mejor arma para producir, provocar, prevenir o modular el choque de las miradas. Y a veces ni siquiera son miradas las que busca tu mirada (que se oculta ahí detrás de la cámara) sino solo objetos cuya forma elusiva quieres captar. Porque quieres retener un balance de luces y sombras. O un desequilibrio. O simplemente, quieres retener algo que te parece que es bello.

Y si me analizo, siento que uno acude a lo visual como una estrategia para escapar de otras clase de estímulos que en la densidad creciente de las ciudades pueden ser fatigantes, asfixiantes, agresivos, violentos. Con temor, uno ya no camina o lo hace menos en la ciudad moderna. Lo hace solo en lugares predefinidos y seguros y así la calidad del azar disminuye. El encuentro insólito se hace menos probable. Y quieres huir de las calles por culpa del ruido estridente y permanente de las motos, que han proliferado como hormigas en una ciudad como Caracas. O quieres huir de la amenaza también permanente, y con picos a lo largo de la semana, del secuestro y otros crímenes. Quieres escapar de esa clase de estímulos y no se te ocurre mejor manera de hacerlo que persiguiendo ese choque de tu mirada con una forma que te engancha de un modo siempre momentáneo, en una experiencia que tiene no poco de epifanía.

Y todo lo anterior para decir que tres de esos objetos o cuerpos sobre los que mi mirada cayó (durante los días que estuve paseando por los alrededores del Cerro El Morro, en Puerto La Cruz, durante las vacaciones de Semana Santa), fueron: una especie de árbol curioso por lo verde de su tronco y sus ramas que es conocido como retama o palo verde y cuyo nombre científico es Parkinsonia aculeata, una serie de iguanas que descansaban sobre ramas de árboles y varios pelícanos.

Lo sorprendente de los pelícanos y las iguanas, todos los que aparecen en esas fotos tomadas entre las 5 y las 5 y 45 pm, posados elegantes los primeros, o casi colgadas despatarradas sobre ramas retorcidas de árboles resecos las segundas, era ese modo fijo con el que unos y otras fijaban la vista hacia el poniente, hacia el sol que descendía sobre el horizonte. Y aquí antropomorfizo, y les atribuyo una melancolía por la partida de la luz durante (quizás), horas que son más largas para ellos que para nosotros.

Y abajo comparto algunas imágenes de estos dos animales y este árbol.

Seto de retamas en flor, El Morro, Puerto La Cruz, marzo 2013

Seto de retamas en flor, El Morro, Puerto La Cruz, marzo 2013

Flores y vainas de la retama, El Morro, Puerto La cruz, marzo 2013

Flores y vainas de la retama, El Morro, Puerto La cruz, marzo 2013

Flor de la retama, El Morro, Puerto La Cruz, marzo de 2013

Flor de la retama, El Morro, Puerto La Cruz, marzo de 2013

Pelícanos miran el sol al atardecer sobre un árbol. El Morro, Puerto La Cruz, marzo 2013

Pelícanos miran el sol al atardecer sobre un árbol. El Morro, Puerto La Cruz, marzo 2013

Pelícano a punto de despegar de un árbol en El Morro, Puerto La Cruz, marzo 2013

Pelícano a punto de despegar de un árbol en El Morro, Puerto La Cruz, marzo 2013

Pelícanos mirando el sol al atradecer en El Morro, Puerto La Cruz, marzo de 2013

Pelícanos mirando el sol al atradecer en El Morro, Puerto La Cruz, marzo de 2013

Pelícano que se acerca a un peñero. Puerto La Cruz, marzo de 2013

Pelícano que se acerca a un peñero. Puerto La Cruz, marzo de 2013

Iguana al sol al atardecer sobre rama de un árbol, El Morro, Puerto La Cruz, marzo 2013

Iguana al sol al atardecer sobre rama de un árbol, El Morro, Puerto La Cruz, marzo 2013

Iguana mirando el atardecer desde El Morro, Puerto La Cruz, marzo 2013

Iguana mirando el atardecer desde El Morro, Puerto La Cruz, marzo 2013

Iguana mirando el sol del atardecer desde el Morro, Puerto La Cruz, marzo 2013

Iguana mirando el sol del atardecer desde el Morro, Puerto La Cruz, marzo 2013

Iguana sobre rama de árbol, con la cabeza hacia el solo del atardecer, El Morro, Puerto La Cruz, marzo 2013

Iguana sobre rama de árbol, con la cabeza hacia el sol del atardecer, El Morro, Puerto La Cruz, marzo 2013

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