Kapuscinski sobre Heródoto, Xerxes y el destino

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Ryszard Kapuscinski (1932-2007) es aquel célebre periodista polaco, que tantos conocieron por ser una honesto y siempre curioso viajero incansable, capaz de empatizar en minutos con quienes se cruzaban en su camino, durante alguno de sus cientos de viajes. Lo recordamos por haber escrito obras tan memorables como El Sha o la Desmesura del Poder (crónica sobre Mohamed Reza Phalevi), El Emperador (crónica sobre Haile Selassie) o El Imperio (crónica sobre la caída de la Unión Soviética) o esa suerte de mínimo manuel de ética práctica para periodistas titulado Los cínicos no sirven para este oficio (y yo creo que tampoco sirven para muchos otros oficios, aun si un signo de estos tiempos es el cinismo).

En 2007, el mismo año en que falleció, se publicó una de sus últimas crónicas,  Viajes con Heródoto, obra que le rinde tributo a ese gran historiador de la antigüedad que fue Heródoto (484-425 a.C.), cuyos libros lo acompañaron a lo largo de su vida, en sus viajes por los cinco continentes. Leí este libro hace unos meses y no lo comenté en este blog. Pero en este momento, cuando Venezuela vive una situación de incertidumbre dentro de la que se vislumbran: posibilidades de un cambio radical de rumbo, o incluso de una transición, hay una historia en ese libro que quiero compartir con los lectores. La historia que voy a contar, que es una versión de la que cuenta Kapuscinski quien, a su vez, versiona a Heródoto, habla  del destino, ese concepto antiguo que casi hemos olvidado, de un modo semejante a cómo hemos hecho lo mismo con el concepto de tragedia. Asocio estos dos conceptos porque a menudo hay un elemento trágico en el destino a causa de que, quienes reconocen su existencia, se ven forzados a concluir que el libre albedrío (supuesto sobre el que se basa nuestra idea de racionalidad: el libre albedrío es condición necesaria aunque no suficiente de racionalidad) es una ilusión y que el hombre es un esclavo del destino. Por tanto, si el hombre no persigue lo que le dicta su razón sino lo que una fuerza superior le dicta, es posible que el resultado de sus actos sea negativo e, incluso, fatal para él y los que lo rodean.

Pero hablo de destino porque es en estos momentos críticos para Venezuela (país sumido en la incertidumbre sobre lo que le sucede a su presidente Hugo Chávez, a quien se presume severamente incapacitado para continuar gobernando), en los que una decisión puede determinar el curso futuro de la historia de esta nación durante las próximas décadas, años, los hombres pudieran pensar que las cosas siguen cursos inexorables que no se pueden torcer y  a veces eso no es así. Me explico. Si un hombre poderoso está destinado a caer, inevitablemente va a terminar cayendo. No importa las decisiones que tome él o quienes lo rodean para evitar aquello que, súbitamente le parece inexorable a él mismo y todos los demás, sus amigos y enemigos, o quienes lo adversan políticamente. Si sobre ese hombre se apoya un regimen, todo el aparato que funda los cimientos de ese regimen también caerán con él, si ése es el destino.

En la obra citada, Kapuscinski nos cuenta la historia de cómo uno de los hombres más poderosos del mundo antiguo, Xerxes el Grande (circa 519-465 a.C), emperador de Persia, marchó un dia en busca de un destino fatídico que no pudo eludir. En dos capítulos de su libro, Kapuscinski narra y comenta la versión que Heródoto hace de esta historia. Ésta comienza con la convocatoria que hace Xerxes en la ciudad de Susa, capital del imperio, a una asamblea de los líderes persas luego de escuchar las razones que le ha dado su primo Mardonio para iniciar una guerra con Atenas y Esparta, dos estados que todavía se resistían a su insaciable voluntad de poder. Ante los hombres reunidos en esa asamblea, Xerxes justifica esa guerra. Al concluir su intervención, todos callan, nadie osa contradecirlo por temor a que Xerxes lo mande a matar de algún  modo terrible. Pero hay un hombre que no le teme y pide la palabra. Se trata de Artabano, hermano de su padre Darío y, por tanto, tio de Xerxes. Artabano le recomienda prudencia y le desaconseja iniciar esa guerra; le ruega que por favor reflexione profundamente sobre esa decisión y sus posibles consecuencias. Pero Xerxes no lo escucha. Lo acusa de cobarde y disuelve la asamblea. Sin embargo, al llegar la noche Xerxes está lleno de dudas y al cabo de unas horas cambia de opinión y decide que no iniciará esa guerra. Entonces se duerme y en un sueño se le aparece un ser que lo conmina a no cambiar de opinión y hacer la guerra con los griegos. “Manté el curso de la acción que decidiste durante el dia”, le pide la aparición. Pero Xerxes no le hace caso a esa advertencia y al dia siguiente vuelve a convocar a la asamblea y le comunica su decisión de no hacer la guerra con los griegos. Al llegar la noche, una vez más se le aparece la misma figura y lo amenaza, pronostica que su poder mermará dramáticamente si no va a la guerra. Aterrorizado por la nueva aparición de esa figura, Xerxes manda a llamar a Artabano y le cuenta lo que le sucede. Artabano trata de calmar a Xerxes. Pero cuando, a instancias del emperador, se pone las prendas del rey y se acuesta en el lecho real, es a él a quien se le aparece la temida figura y le comunica el mismo mensaje: Debes aconsejarle a tu sobrino Xerxes que le haga la guerra a los griegos. Artabano se despierta de este sueño y le dice a Xerxes que ha cambiado de opinión, que considera que lo mejor es hacerle la guerra a los griegos.

Muchos conocen el resto de esta historia.Xerxes se convence finalmente, contra todos sus temores, que debe salir a combatir a los griegos.  Luego de reunir un ejército que Heródoto estima debía estar compuesto por cinco millones de hombres, y de haber concluido dos puentes sobre el Helesponto, Xerxes decide que está listo para marchar sobre sus enemigos griegos. Aún antes de iniciar la marcha, le ocurren algunas desgracias, como por ejemplo que una tormenta destruye los puentes que él había ordenado construir  sobre el Helesponto. Superado este problema, Xerxes inicia su marcha magna hacia el Peloponeso, que cruza Tracia, Macedonia, Tesalia y llega a las Termópilas, estrecho paso que debe franquear para tener acceso a Atenas. Pero es entonces cuando ocurre lo improbable. El espartano Leonidas, al frente de un contingente de 300 hombres, le cierra el paso. Y ninguno de los recios espartanos parece tenerle miedo a la muerte.  Y aunque mueren todos, gracias a un traidor que le muestra a los persas un camino entre las montañas que les permite rodear a Leonidas y matarlos a todos (menos uno), antes de que esto ocurra ellos habrán infligido miles de bajas a los guerreros persas. El valor y la gloria no se quedan con Xerxes, sino con Leonidas y sus valientes espartanos. Y luego de esta batalla, Xerxes perderá todas las batallas hasta que quizás deprimido (eso piensa Kapuscinski), decide la retirada (teme que los griegos destruyan los puentes y se quede atrapado en Europa), y regresa sin pena ni gloria a Susa. Durante los años que le quedan de vida,Xerxes  sólo se ocupará de asuntos domésticos y desmanes con mujeres hasta morir asesinado en esa ciudad, a los 56 años, por Artabano, el comandante de su guardia de seguridad.

La conclusión de Kapuscinski sobre esta historia y el rigor irracional del destino es la siguiente:

“…el hombre no tiene libre albedrío. El es portador de su destino al que lleva como a su codigo genético. Él debe ir y hacer lo que el destino ordene. La predestinación es el Ser Supremo, una Fuerza Cósmica Causal omnipresente que todo lo abarca. Nadie está por encima de ella, ni el Rey de Reyes ni siquiera los dioses mismos. Y esta es la razñon por la que la apariciómn que visita a Xerxes no tiene la figura de un dios. Uno puede negociar con un dios, uno puede desobedecerlo, e incluso engañarlo; con el destino, nada de ello es posible. Éste es anónimo y amorfo, carece de nombre o de rasgos que lo distingan, todolo que hace es advertir, mandar, amenazar. (…) Con su destino inmutablemente inscrito, el hombre solo tiene que leer el guión y actuarlo fielmente, punto por punto. Sio interpreta erróneamente, o si intenta alterarlo, entonces el fantasma del destino se aparece, alprincipio para agitar su dedo, pero si persiste en no escucharlo, la traerá mala fortuna y un severo castigo. (…) La condición para la supervivencia es, por lo tanto, la humildad frente al destino propio.”(p. 195-196)

No es mi propósito sacar conclusiones sobre qué lecciones uno puede derivar de la historia primero contada por Heródoto que Kapuscinski vuelve a contarnos para los hombres de este tiempo, que hemos olvidado, abandonado, destruido, asesinado, no sólo a nuestros dioses, tal como advertía Jung, sino también el hecho de que las cosas se repiten ( como si fueran los fragmentos de un guión) y que debemos ser capaces de aprender de la historia (sobre todo ahora, cuándo estamos a punto de ser testigos de una de esas repeticiones). Para predecir y acertar. O quizás solo para saber que no podemos hacer nada ante la inexorabilidad de algunas cosas.

Hybris

Hay otro aspecto que Heródoto considera importante y que Kapuscinski advierte que es tan vigente ahora como lo era en tiempos de este historiador. Es un concepto relacionado con la noción griega de hybris. Y está relacionado con la respuesta que le da Solón a Creso cuando éste le pregunta si él ha visto a alguien que sea más feliz que todos los hombres. Solón no puede responder, le dice a Creso, hasta que sepa que esa persona que se presume feliz haya muerto. Porque: “Es necesario considerar el fin de todo, …y ver cómo resultan las cosas, porque los dioses a menudo ofrecen prosperidad a los hombres, pero luego los destruyen terrible y totalmente“. (p. 86). Si la hybris es esa cima gloriosa que pueden tocar algunos hombres (mujeres), ella puede ser también el pico desde el que se inicie la caída. Un descenso ordenado por los dioses.

Me parece interesante este modo de un periodista polaco de leer la historia contemporánea recurriendo a conceptos usados por los antiguos para explicarse el sentido de la historia y los cambios aparentemente disruptivos en el curso de las cosas que suceden a ciertas decisiones tomadas por los protagonistas de la historia. ¿Tenemos en los tiempos actuales alguna manera de explicarnos científicamente conceptos como el de destino o de némesis? ¿O permanecen aún éstos más allá de nuestra comprensión racional de las cosas?.

Como dije al principio, esta nota no es una reseña del libro de Kapuscinski, quien nos entrega una lectura muy rica y amplia de las lecciones que Heródoto, en tanto que historiador y también, de algún modo, en tanto que periodista, nos lega sobre lo que él pensaba eran leyes de la historia. El libro también incluye notas autobiográficas del autor sobre sus viajes a India, China, y algunos lugares de África que hacen a este libro escencial para todos aquellos a los que les interese la vida y obra de este genial periodista.

Mi edición de Kapuscinski:

Travels with Herodotus, (2008)

Ryszard Kapuscinski

New York: Vintage

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