Cloud Atlas (2012), Algunas implicaciones narrativas de la reencarnación

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Cloud Atlas, es una película compleja y original dirigida por los hermanos Andy y Lana Wachoski, acompañados por Tom Tykwer, que me seduce por la mezcla de ambición y toma de riesgo que encuentro en Cloud Atlas (2012). Me gusta esa forma que eligieron sus directores de explorar y experimentar con el formato cinematográfico, empujando sus potencialidades narrativas hasta los límites de lo posible. Y sin embargo, las nominaciones a premios cinematográficos importantes fueron casi nulas. No es una película que le ha interesado demasiado a los críticos; aunque estoy seguro de que con el tiempo se convertirá en una película de culto, de aquéllas que la gente recuerda: por lo diferente que es de las otras películas que han visto, por el modo particular que elige para contar una trama de historias entretejidas, o por la multiplicidad de preguntas que engendra.

Cloud Atlas narra seis historias entrelazadas que ocurren en seis tiempos y lugares distintos. En la novela homónima escrita por el novelista británico David Mitchell (dos veces candidato a ganar el Booker Prize, el premio literario más prestigioso del Reino Unido), las seis historias se presentan primero en orden cronológico y luego en el orden inverso, y el autor las vincula de modo que cada historia es leída, escuchada u observada por el personaje principal de la historia siguiente. La primera historia comienza en un barco que navega en el Pacífico Sur en 1849 y la última en el archipiélago de Hawai en el año 2321, en un  tiempo post-apocalíptico.

La película comienza con una escena en la que un anciano, que el espectador reconoce como Tom Hanks, narra con una voz pausada y como si arrastrara las palabras, con los ojos mirando hacia su memoria, quizás con plena lucidez recuerda hechos que ocurrieron mucho tiempo atrás. Y pasamos de inmediato a una escena en las Islas Chatham en el Pacífico Sur en el año 1849, cuando Adam Ewing (Jim Sturgess), quien es un abogado norteamericano que llega a esas islas para cerrar un acuerdo comercial, súbita y fortuitamente, se convierte en testigo de la terrible paliza que le están dando a Autua, un esclavo negro. La emoción de presenciar este sufrimiento lo hace desvanecerse. Más adelante, Autua, quien viaja como polizón en el mismo barco que Ewing con destino a San Francisco, sale de su escondite y le pide a Ewing que por favor lo ayude, que su vida depende de ello. Ewing escribirá un libro sobre ese viaje (The Pacific Journal) en el que casi muere envenenado por el siniestro doctor Henry Goose (Tom Hanks). En la segunda historia, los hechos ocurren en 1936. Mientras trabaja como amanuense residente en la casa del ilustre compositor escocés Vyvyan Ayrs, en Edinburgo, el joven músico inglés Robert Frobisher (Ben Wishaw), se consigue por casualidad una copia de la mitad del libro escrito por Ewing, que capta inmediatamente su interés y lo lee con pasión en la habitacion que le han asignado en la residencia de Ayrs. Su vida durante este tiempo en Edinburgo se la narra en una serie de cartas a su amante Rufus Sixmith (James D´Arcy), estudiante de física en la Universidad de Cambridge. También le cuenta a éste que en el resto del tiempo libre que le deja su trabajo compone su obra maestra, The Cloud Atlas Sextet. La tercera historia ocurre en 1973 en San Francisco, donde la periodista Luisa Rey (Halle Berry), conoce por pura casualidad, cuando se queda encerrada en un ascensor durante unos minutos, a un Sixmith envejecido a quien casi no reconocemos. Rey no logra impedir que asesinen al físico pero sí logra hacerse con el paquete de cartas que le enviara años atrás su amante Frobisher y se entera así de la historia de este músico, lo cual la anima a buscar el álbum con la pieza de Frobisher hasta que lo halla en una tienda de esa ciudad. Por otra casualidad, en la cuarta historia, el editor británico Timothy Cavendish (Jim Broadbent), se entera en el año 2012 de la historia de Luisa Rey cuando lee en un tren un manuscrito titulado Half lives, The first Luisa Rey Mistery, que se lo ha enviado un tal Javier Gómez, quien en 1973 era un adolescente que apareció junto a Luisa en un par de escenas. Cavendish, escapando de sus perseguidores (los familiares de un autor que ha saltado a la fama luego de convertirse en asesino), es enviado sin él saberlo, a pasar el resto de su vida en una institución de salud mental en la que su poderoso hermano Denholme Cavendish (Hugh Grant) ha hecho arreglos para que se quede retenido. Pero Timothy logra escaparse y su terrible experiencia, que la escribe como fragmento autobiográfico, se convierte en una película (The Ghastly Ordeal of Timothy Cavendish). De algún modo, el fragmento de una escena de esa película lo verán por casualidad un par de compañeras de trabajo que en el Seúl del año 2144, que se ha convertido en una distopía futurista, trabajan como fabricantes (clones) esclavas en Papa Song, una empresa de comida rápida. Nos enteramos de que Sonmi-451 (Doona Bae) y Yoona-939 (Zhou Xun) han visto ese fragmento porque la primera lo cuenta durante un interrogatorio que tiene lugar antes de su ejecución. También nos enteramos de que durante el tiempo que Sonmi fue libre, amó a Hae Joo, quien la liberó de su trabajo esclavizante en Papa Song. Sonmi luego ha reconocido en ella una capacidad para la profecía. Parece ser una predestinada muy semejante a Neo (Keanu Reeves), aquel programador que deviene en redentor en la trilogía Matrix. No parece breve la influencia de Sonmi si consideramos que en el año 2321, en algún lugar de Hawai, en un tiempo post-apocalíptico, Zachry, un hombre primitivo vestido con ropas y accesorios étnicos (que ha visto cómo su cuñado y otros compañeros fueron asesinados por  los sanguinarios Kona, una tribu que habita en el otro extremo de la isla),  y la gente de su tribu reverencian a Sonmi como a una diosa. Es Zachry el narrador de esta última historia, la única que es oral, no está registrada en ningún formato y que se titula: Sloosha’s Crossin’ an’ Ev’rythin’ After. Y será gracias a el orison de Meronym (un dispositivo de grabación futurista), el miembro de los Prescientes que llega del otro lado del mundo a pasar un tiempo con Zachry y su gente, como Zachry se enterará de la historia de Sonmi-451 cuyo título es: An Orison of Sonmi-451. Hay un epílogo o séptima historia, que no está ubicado con precisión en el tiempo y que uno supone tiene lugar muchos años después de la sexta historia. Desde ese tiempo ubicado en el futuro muy lejano, el anciano Tom Hanks de la primera escena, habla—ahora nos damos cuenta—con las palabras de un sabio; como un ser que ha logrado purificarse a lo largo de sucesivas encarnaciones y que está consciente de ello gracias a que posee conocimiento de sus vidas pasadas.

En la película, las seis historias no son contadas en orden cronológico directo o inverso sino que—como si estuviéramos viendo el timeline de una cuenta de twitter que sigue a múltiples contadores de historias mínimas—se presentan, uno detrás del otro de modo sucesivo, fragmentos de cada una de las historias. Así, el espectador avanza casi al mismo tiempo en las seis historias. Ésta es una estructura narrativa muy demandante que le exige al espectador cambiar con agilidad el foco de atención de una historia a la otra constantemente. De un modo semejante a como el cibernauta típico navega de una página web a otra, de una plataforma de redes sociales a la otra, sin quedarse en ningún sitio más de algunos minutos, el espectador de Cloud Atlas tiene que cambiar su atención cada dos o tres minutos para conectar el nuevo fragmento de una de las seis historias con el fragmento precedente de esa misma historia.

Uno de los elementos que construye la originalidad de Cloud Atlas (de ambos, el libro y la película) es que la historia está narrada desde una perspectiva consistente con la creencia en la reencarnación (un alma puede encarnar una y otra vez, a lo largo de los siglos, en múltiples cuerpos) y la creencia en las leyes del karma, que establece que los actos buenos y malos que realizamos en una vida tienen consecuencias en vidas futuras, de modo que nuestras reencarnaciones están vinculadas causalmente unas con otras. Al introducir la posibilidad de la reencarnación en la logica narrativa, es posible explorar temas como la identidad desde una nueva perspectiva. Al suponer que los personajes de una novela son almas eternas, cuyos actos están entrelazados causalmente a lo largo de los siglos, aun si cambian de nombre, sexo o profesión, se le hace necesario al novelista (autor), configurar dos clases de identidades. Por un lado, debe ser capaz de crear una identidad inmanente o trascendente, la que permitiría reconocer a un alma de otra y estaría caracterizada por un conjunto de rasgos sutiles, elusivos, complejos, difíciles de analizar. Por el otro, deberá construir la identidad de sus personajes en el sentido convencional, la cual estará definida por un conjunto de rasgos físicos y atributos de personalidad moldeados por las circunstancias espacio-temporales. La creencia en la reencarnación da origen entonces a una proliferación de identidades que enriquece y hace más compleja la trama narrativa. En la película la que llamamos identidad inmanente o propia del alma es el actor, a quien reconocemos debajo de los cambios que crean las encarnaciones, las cuales alteran los nombres, los oficios e intereses, las costumbres y maneras de comportarse. Gracias a un trabajo excepcional y laborioso de maquillaje, se hacen verosímiles las metamorfosis que produce la migracion del alma de un cuerpo al otro. Y con más o menos facilidad reconocemos a un Tom Hanks, o a una Halle Berry, o a Hugh Grant, debajo de las múltiples caras y personalidades que éstos y otros actores toman a lo largo de las múltiples encarnaciones y reencarnaciones. Ese conjunto de rasgos que definen el rostro de cada actor y que nos permiten reconocerlos se configuran como los rasgos inmanentes e invariantes. Como si en el rostro residieran aquellos rasgos propios del alma y no del cuerpo.

Por otra parte, en el nivel de las acciones, para lograr la consistencia con la reencarnación y las leyes del karma, el espectador se da cuenta de que en una medida importante las circunstancias que experimenta un personaje están vinculadas o son consecuencia de decisiones tomadas en vidas precedentes. Así, la creencia en la reencarnación sostendría que el infortunio aparentemente gratuito o injusto se explica cuando éste se entiende como consecuencia de un acto cometido en una vida precedente que lo habría engendrado. El autor (los guionistas), juegan también con la idea de que las almas, al reencarnarse, una y otra vez, lo hacen de un modo menos caprichoso de lo que uno podría esperar. De modo que el buen observador podría identificar elementos constantes que se repiten en el entorno y vidas de cada alma. Por ejemplo, las almas están destinadas a encontrar gente afín a ellas a las que reconocen por algún rasgo mínimo aunque conspicuo como cuando Sixmith se da cuenta de que Luisa Rey, con quien conversa durante los minutos que se ha quedado atrapado con ella en el ascensor, tiene una marca de nacimiento idéntica a la que tenía su amante, el músico Robert Frobisher: un lunar con la forma de un cometa. ¿Quiere el autor que pensemos que Luisa Rey es la encarnación de Frobisher, quien intenta decirle algo importante a quien fuera su amante en otra vida aunque ninguno de ambos sepa eso? ¿O se trata solo de que almas que viajan juntas a lo largo de los sigloas y las múltiples vidas se reconocen sin saberlo gracias a indicios tales como la presencia de rasgos físicos específicos? El acucioso espectador seguro encontrará muchos otros elementos aparte del lunar con forma de cometa. Es como si los autores de Cloud Atlas (texto y película) nos repitieran que los eventos de sincronicidad junguiana son la consecuencia de relaciones de afinidad muy fuerte (simpatía) entre las almas.

Disgresión sobre la identidad

Regreso al aspecto de la identidad como un concepto psicológico y no metafísico. Cloud Atlas desconstruye de múltiples maneras el concepto de identidad. Ésta se comprende fácilmente cuando hablamos (o contamos) una vida que tenga una duración de entre sesenta y noventa años. Más allá de ese período de tiempo, las ideas de identidad y de individuo, comienzan a perder sentido práctico. Pienso en Orlando, el enigmático personaje de la novela homónima de Virginia Woolf, que vive unos cinco siglos. En algún momento, de una manera súbita, Orlando—quien ha nacido hombre—se convierte en mujer, por un mecanismo que la novelista no se preocupa de explicar. Si se avanza en la lectura de esa biografía ficcional, se aprecia que el cambio de sexo no es la única crisis de identidad que experimenta Orlando. Ésta se va deteriorando gradualmente según avanza la novela hasta que en las páginas finales la crisis de identidad alcanza un clímax. Orlando sólo es capaz de mantener la conciencia e ilusión de que es un individuo gracias a que logra contener la fuerza centrífuga con la que las decenas de fragmentos de su yo luchan por cobrar autonomía y vida propia. Pienso también, en la crisis de identidad que debe haber experimentado y superado eventualmente de modo exitoso Larry Wachoski, quien era hombre cuando dirigió películas como la trilogía Matrix (The Matrix, 1999; The Matrix Reloaded, 2003; The Matrix Revolutions, 2003) junto con su hermano Andy y que, en algún momento, comienza a evolucionar hasta completar la transición que lo convierte en Lana Wachoski, una irreverente mujer. Lo mismo que le pasa a Orlando, le sucede a Tiresias aquel mitológico adivino ciego nacido en Tebas. Según algunas versiones la diosa Hera lo convirtió en mujer y, pasados unos años, lo regresó a su condición de hombre. El mito no habla de las crisis de identidad que debe haber sufrido Tiresias como consecuencia de esas transformaciones, pero uno pudiera pensar que no deben haber sido poco significativas. Esta película nos ayuda a pensar que la identidad puede ser una ilusión y que algunas crisis producen cambios drásticos en ella que crean el peligro de que se desmorone esa ilusión.

Saliendo de la psicología y regresando a la metafísica, pudiera ser, como sostienen algunos maestros místicos o religiosos, que todos los seres humanos seamos parte de un único ser que, en algún instante de su vida eterna, porque se sentía solo y deseaba conocer la fuerza del amor, engendró la multiplicidad, disgregó su ser en miles de millones de fragmentos, sin desconectarlos del todo, y  permitió que cada fragmento olvidara su origen y se diferenciara de otros, adquiriendo características propias. Si ése es el caso, nuestra identidad sería prescindible e ilusoria porque la verdad sería que, debajo de decenas de pieles, o restos de pieles dejados por el paso de eones, poseemos sólo la identidad del Ser Supremo. Es probable entonces que la identidad sea como un traje o un rol, con el que podemos jugar por un rato a ser alguien, un policía, un emperador (espero que casi extintos), un soldado o un gurú. Pero luego, seguro nos daremos cuenta, al final de nuestra vida o luego de pasar por muchas vidas, cuando hayamos logrado escapar del Samsara o rueda de las reencarnaciones, que esa identidad, y otras que hayamos podido tener, no eran más que metáforas de la escalera a la que se refiere Wittgenstein hacia el final del Tractatus, un instrumento para lograr un fin que hay que arrojar a un lado para continuar el camino de retorno hacia algún lugar, allá arriba, para formar una sola cosa con aquello que la engendró.

 

4 comentarios en “Cloud Atlas (2012), Algunas implicaciones narrativas de la reencarnación

  1. Cloud Atlas es una sinfonía para los sentidos la cual no es facil de comprender en su totalidad a primera instancia. Como película característica de los hermanos Wachoski, trata de un trama del inconsciente colectivo donde nuestras mentes juegan con nosotros.

    Quizás, debido a la complejidad de la trama, la audiencia general no logró captar su hermoso atractivo y perdió puntos para los premios y tristemente muchos críticos, quienes cayeron en la trampa.

    Estoy de acuerdo contigo en el tema de la reencarnación que evidentemente se presenció durante el largo de la película, y lo bello es que la influencia del karma afectaba el futuro de esas personas. Se puede apreciar mas en los personajes de Tom Hanks donde no todas sus reencarnaciones fueren de carácter bondadoso, en algunos casos fueron codiciosos e inclusive totalmente sicópata. Esto es un indicio de que es cada persona quien escoge su propio destino que lo aleja o acerca a la felicidad.

    A pesar de la conexión entre las historias que es a través de la tradición escrita, tambien está involucrado el destino. A mi parecer, dos almas están unidas sin importar las condiciones de su encuentro. Este elemento se notó en todos los personajes involucrados de la película.

    Brevemente puedo concluir que es una película icónica de nuestra generación y de la historia del cine la cual es meritoria y merece ser estudiada para poder ver las bellas características de la metafísica y aquello que todos los seres humanos anhelamos, que es el amor.

  2. Bueno ¿donde empezar? La película me gustó mas al principio que al final, tenia interés en conocer cual era la conexión real (la importante) entre todas las historias, al final no existió tal.

    Hay dos cosas que no entendí, y no es porque la película sea muy compleja para mi, es que simplemente no la explican: 1. ¿que significan los lunares con forma de estrella fugaz? y 2 ¿que significa que los actores hagan varios papeles?

    Por lo visto tu tampoco lo entendiste: primero dices “La creencia en la reencarnación da origen entonces a una proliferación de identidades que enriquece y hace más compleja la trama narrativa. En la película la que llamamos identidad inmanente o propia del alma es el actor, a quien reconocemos debajo de los cambios que crean las encarnaciones”. Osea, dices que los personajes que están interpretados por el mismo actor son varias encarnaciones de una misma alma, lo dices claramente como estando seguro de ello, pero luego sugieres que Luisa Rey es la reencarnación de Robert Frobisher.

    Dando mi opinión sobre la película, pues… me gustó, me parece que merece ser mas famosa de lo que es a pesar de que algunas actuaciones no son muy buenas y la diferencia de las historias hace que sea muy fácil que a alguien le gusten ciertas historias sí y ciertas no y ciertas lo dejen indifrente. Por ejemplo, a mi me aburrió la historia del viejo desde que lo meten en el asilo, y me fue difícil soportar la historia de Sonmi por lo cursi. De todos modos leeré el libro para enterarme de lo que no entendía (las 2 cuestiones de arriba y la sociedad del año 2144).

    PD: Cuando estaba viendo la película le mencioné a un amigo que uno de los directores se había hecho cambio de sexo, él empezó a discutir porque decía que eso no era cambio de sexo en realidad, que solo era mutilarse el pene y yo le discutí que independientemente de que fuera mujer o no la operación tenía ese nombre cambio de sexo, en realidad la discusión fue por el tono intolerante con el que lo dijo, aunque yo no piense que en realidad esas operaciones cambien el sexo, los hombres son hombres y las mujeres son mujers, es algo que va mas allá de hormonas y de genitales. Pero por el lado contrario a mi amigo estás tu diciendo “en algún momento, comienza a evolucionar hasta completar la transición que lo convierte en Lana Wachoski, una irreverente mujer”, por alguna razón me disgusta esta frase ¿será porque utilizas la palabra “evolucionar”? no sé, me hace querer decirte… bueno, ya sabes, él no es realmente un mujer, se hizo la operación de cambio de sexo, pero no es una mujer.

    • Lo de los actores que interpreten a varios personajes es porque es la misma alma en todos ellos a lo largo de las diferentes épocas. Y lo de que Robert Frobisher se reencarne en Luisa Rey no le quita verdad a lo anterior, ya que el que hace de asesino en San Francisco pasa a ser una mujer en Londres y luego de nuevo hombre en NeoSeul y en la isla.

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