“Cloud computing” y la pérdida de las memorias locales

(foto: Image by © Royalty-Free/Corbis)

Durante miles de años el Homo sapiens ha dejado huellas y marcas duraderas en el lugar que habita. Ese acto de dejar huellas pudiera estar asociado a conductas instintivas de defensa del territorio, comunes a múltiples especies de animales superiores como peces, aves y mamíferos. La territorialidad también está presente en algunas especies de hormigas, abejas y caracoles marinos. El deseo de dejar una marca en donde se vive pudiera también estar asociado con el de ser recordado, que es una variante del deseo de perdurar, de pasar por el mundo dejando alguna huella, aunque sea en la pared de la casa que habitamos.

Son ejemplos prehistóricos de esas marcas que hacen los seres humanos, los dibujos rupestres encontrados en las paredes de las cuevas de Lascaux (que datan del Magdaleniense, circa 15.000 años a.C.) o Altamira (que datan del Neolítico, circa 10.000 años a.C.). De más reciente data son los petroglifos, dibujos y símbolos grabados en piedras, que han sido hallados en casi todos los continentes con excepción de la Antártida. O los jeroglíficos egipcios, inscritos en las paredes de templos y pirámides. En éstos la huella principal es el edificio. Pero lo que completa el sentido de ese monumento y lo atribuye a un ritual o a una práctica, lo que define con mayor precisión quiénes eran sus usuarios o propietarios, son los jeroglígicos, una de las más tempranas formas de escritura que, además de inscribirse sobre papiros se grababan sobre la piedra de edificios egipcios. De este modo jugaban un papel en la adscripción de carácter local a un texto. No se trataba de papiros transados como bienes de comercio y luego transportados de un lugar a otro (primitivos textos viajeros), sino de textos que se quedaban ahí donde fueron producidos, inscritos sobre la piedra, en el mismo lugar, durante siglos. Eran textos que ayudaban a recordar a aquellos que los escribieron, su identidad, lo que pensaban, hacían y soñaban.

El archivo como marca duradera

Otra clase de huellas dejadas por el hombre en el lugar que habitaba son los archivos. El concepto de archivo se refiere al conjunto de documentos producidos o recibidos a lo largo del tiempo por una: persona, familia o institución. Pero se puede hablar del archivo de un edificio, casa o monumento cuando se hace referencia al conjunto de documentos (planos, memos, cartas, informes de expertos, dibujos, fotos, videos, etc) que registran la historia de ese edificio, la de sus ampliaciones, modificaciones, remodelaciones; la de sus usos, la de la sucesión de sus propietarios, etc. El archivo no es una marca duradera en la piedra, pero pertenece a ella y es muy probable que la obra (edificio, casa, monumento) sea depósito de ese archivo.

El archivo y la colección

Y ahora me alejo del edificio, de la obra en cuanto estructura, y pienso en la casa en cuanto hogar de una familia. No importa cuán incipiente o poco estructurado sea éste, es posible que quienes constituyen el hogar y habitan circunstancialmente una casa o apartamento posean un archivo. Y designo con este término al conjunto de documentos que han recibido o producido los miembros de una familia a lo largo de los años, y con ayuda del cual se puede reconstruir la historia de esa familia. Pudieran formar parte del archivo de una familia: cartas, fotos, videos, recortes de periódicos, facturas, estados de cuenta, recibos de pago, òrdenes de compra, etc.

Otro elemento que puede formar parte del archivo de una persona o familia, en cuanto que puede ser usado para reconstruir la historia de esa persona o familia son sus colecciones, puesto que éstas son un reflejo de sus aficiones por clases específicas de objetos: piedras y minerales, insectos o mariposas, estampillas, libros, cuadros, registros de piezas musicales, registros de videos, botellas de vino, etc.

La historia de la arquitectura nos enseña que cada cultura aprendió a designar con nombres específicos los lugares de la casa donde se almacenaban cada una de estas colecciones: bodega, enoteca, hemeroteca, videoteca, pinacoteca, biblioteca, etc. Me detengo en esta última por su contribución a la continuidad y diseminación de la cultura. Las bibliotecas han representado una amenaza para el Poder autocrático, porque representan un punto desde el cual es posible cuestionar el modo omnímodo y monológico con que éste prefiere contar la historia. Quizás ésa es la razón por la cual la incineración de bibliotecas es una afición común de tiranos y emperadores. Pero lo que me importa de las bibliotecas es su relación permanente con lo local y, más específicamente, con un hogar, con una familia, o con una persona, que hayan sido usuarios o propietarios de la biblioteca. De modo que las colecciones, así como los archivos, y las marcas aisladas, han sido modos de los seres humanos de dejar una huella en la casa, edificio o lugar que habitan. Los archivos y colecciones pueden ser perecederos; algunss marcas pueden ser duraderas o casi perennes.

Al llegar a esta etapa de mi brevísimo relato de la historia de nuestras relaciones, en tanto que individuos o comunidades, con lo local, con un territorio geográfico específico y la obra que ha sido construida en éste, quiero señalar cómo esta historia que ha andado a lo largo de un hilo que ha evolucionado lentamente a lo largo de siglos, está a punto de cambiar radicalmente.

Upload de lo local a la nube no local

La práctica creciente (promovida por corporaciones de tecnología) de migrar la información desde dispositivos de procesamiento y almacenamiento de información localizados en el hogar o la oficina hacia la red (la computación de nube), representa un proceso de recentralización del almacenamiento y administración de la información que crea un punto de quiebre en la tendencia milenaria que hemos descrito antes.

La generalización del cloud computing revierte el sentido de autonomía creciente que había estado asociado a la descentralización del manejo y procesamiento de la información que produjo la aparición del computador personal. Éste le otorgó a personas e instituciones una nueva autonomía (una de las razones por las que la humanidad adora y recuerda a Steve Jobs), al permitirles asumir la función de procesamiento y administración de información que no podían realizar en la época de los computadores centrales. En este sentido, el computador personal tuvo un impacto equivalente al que tuvo Martin Lutero aquel día de 1517 cuando clavó en la puerta de la Iglesia de Wittenberg, sus 95 tesis, en las que, entre otras cosas, esbozaba su doctrina de la salvación por la fe, sin intermediarios. Éste acto fue uno de los grandes instantes de incremento de la autonomía individual en la historia de la Humanidad. Que estuvo amplificado por ese nuevo descubrimiento que fue la imprenta. Algo muy semejante ocurrió con el computador personal (¿amplificado por la internet?). La combinación de los computadores personales con la internet configuró una plataforma ideal para apalancar la difusion de ideas, proyectos, productos o servicios de individuos creativos y de emprendedores a los lugares más remotos del mundo en los que hubiera servicios de internet.

En la actualidad, el proceso de descentralización y creciente libertad de los clientes, que era consistente con la escencia del capitalismo dentro de una sociedad democrática, ha comenzado a revertirse. El individuo, una vez más, comienza a delegar masivamente en las manos de grandes corporaciones sus prerrogativas, recientemente adquiridas, de control sobre la información que produce, se trate ésta de: fotos, textos, videos, bases de datos públicas o confidenciales, o aplicaciones. Este acto de delegación convierte a las grandes corporaciones en tácitas fideicomisarias de información personal, comunitaria o institucional. Las grandes corporaciones almacenan luego esta información en Data Center ultrareforzados que son como bunkers informáticos, construidos a prueba de bombas atomicas, en el Círculo Polar Ártico, quizás debajo de decenas de metros bajo la superficie. Y nos prometen que nuestra información estará segura. Nosotros sentimos un alivio al pensar que en algún lugar existen esa suerte de Arcas de Noé resguardadas por un Gran Vigilante (ya no Gran Hermano) de nuestra memoria, y que si llegase a ocurrir un holocausto global (pandemia, catástrofe natural, etc), o uno de proporciones más limitadas, que arrase con los archivos físicos o informáticos almacenados en discos duros locales, esos bunkers de información tendrán un respaldo. En ellos estará almacenada la información que nos permitirá, a los sobrevivientes, recuperar la memoria de un individuo, una comunidad, o toda la humanidad. Y sin embargo, podría también ocurrir que incluso esos bunkers sean vulnerados en su integridad o funcionalidad por una catátrofe natural o por el ataque de un grupo de superhackers. Y en ese caso, la delegación de la responsabilidad de almacenamiento de información en la nube sería la causa de una tragedia de proporciones inimaginables en materia de pérdida de nuestra memoria individual, comunitaria o global.

La otra implicación de esta migración de archivos e información hacia la red desde dispositivos localizados en el hogar o la oficina es la pérdida del carácter local y espacial (físico) de los archivos de memoria gráfica y escrita. La casa y la oficina, y dentro de estos grandes espacios, las bibliotecas, discotecas, hemerotecas, eran espacios físicos en los que se almacenaba, recuperaba y administraban archivos de información de toda clase. Ahora, esos lugares son despojados de ese sentido mnemónico de ser loci de la memoria. Se extinguen las bibliotecas; lo hacen lenta e inexorablemente, con cada año que se alcanza un nuevo record de ventas en el share de libros digitales versus impresos. ¿Será el media room el espacio que reemplace a las bibliotecas en los hogares? ¿Funcionará eficazmente un media room como lo hizo durante siglos la biblioteca, como un espacio para: el estudio, la lectura, la reflexión o la conversación interpersonal o, simplemente, para guardar, y ocasionalmente revisar con atención total y en silencio, la colección de cuadernos en los que un ancestro pudo haber escrito sus memorias decenas de años en el pasado. Las bibliotecas fueron los corazones de los hogares en épocas en las que las sociedades apreciaban la cultura y la educación por encima de (o al menos tanto como) otra clase de bienes. En la actualidad ese corazón cultural doméstico en el que de una mirada (o varias si se trataba de múltiples estanterías distribuidas por toda una casa) podías revisar los intereses culturales de tu anfitrión y establecer rápido conexiones y empatías con éste, o formarte una idea sobre su perfil de preferencias literarias, está en peligro de extinción. El mundo que deseamos es uno en el que la tecnología no reduzca su diversidad sino que lo enriquezca. Un mundo en el que la convivencia cordial y la interacción interpersonal enriquecedora sean propiciados y no lo contrario por la tecnología. Un mundo en el que cada uno sea libre de elegir la tecnología que satisfaga mejor sus expectativas, para así encontrar la fórmula óptima de distribución de sus archivos de información entre medios no digitales (libros, revistas impresas) y medios digitales, entre opciones de administración local y opciones de administración online en la nube.

Todavía es temprano para comenzar a ofrecer las respuestas. Todavía es el tiempo de formularnos nuevas preguntas. Porque una cosa es cierta, la tecnología puede salvarnos, ayudarnos de múltiples maneras a que nuestra vida sea más fácil, o más feliz, pero no podemos evitar problematizarla, con lo que me refiero a: anticipar con minuciosidad la serie de nuevos problemas, costos, efectos negativos que puede tener cada innovación técnica antes de que salga al mercado. Antes de que cause los problemas que hemos visualizado o anticipado como ciudadanos, tecnófilos o tecnófobos.

Por lo pronto me pregunto de qué modo podemos aprovechar las ventajas que nos traerá la computación de nube, sobretodo a la clase de nómadas postmodernos a quienes les da la oportunidad de moverse a sus anchas por este mundo globalizado sin perder su memoria viajera, no local sino virtual.

Otro que estaría feliz de contar con el abanico de posibilidades que ofrece la computación de nube sería el escritor británico Bruce Chatwin, quien fue un defensor a ultranza del nomadismo, y en uno de sus libros sostuvo la tesis de que éste era la condición natural del ser humano (ver por ejemplo Anatomy of restlessness).

Finalmente, es posible que haya escrito este post desde un punto de vista muy personal, el de un nativo del signo de Cáncer que, a semejanza de lo que hacen los cangrejos ermitaños, llevan su casa a cuestas, como tratando de decir que, ni siquiera cuando se desplazan están dispuesto a abandonar su vínculo con el territorio (en realidad estos crustáceos usan las conchas de caracoles muertos para proteger su abdomen, más blando que el de otros cangrejos, de predadores y otras amenazas externas). Esta territorialidad me mueve seguramente a resistir esta tecnología que nos promete ayudarnos a movernos más fácilmente por el mundo.

2 comentarios en ““Cloud computing” y la pérdida de las memorias locales

  1. Hola Lorenzo, muy interesante todo el blog, llegué acá buscando información sobre el Parque del Este. Yo pienso que “cloud computing” nos deja vulnerables con respecto a nuestra privacidad. El hecho de que esa información está guardada y “protegida” en otro lugar, me hace pensar que no solo nosotros tendremos acceso a ella. Ya yo tengo mi paranoia con pensar que alguien pueda entrar a través de la red a mi computadora sin permiso y ver mis archivos, lo comparo con alguien que entra en nuestra casa y se pone a abrir gavetas, revisar todo, ver que comes, que tienes etc.…y así controlarte. Saber que nuestros archivos están por ahí “guardados” no me da confianza. Esto ya está sucediendo poco a poco y me da terror de que un día despertaremos con que todo tendrá que estar en el “cloud” y de que las PC no tendrán un disco duro y no podremos sino almacenar todo en la bendita nube que es de una fulana compañía, de que no sea una opción sino una obligación.

  2. Definitivamente, la nube tiene muchas ventajas, es accesible desde todas partes donde hay acceso a Internet, no pesa, no ocupa espacio, no es vulnerable al hurto, tampoco a los incendios o a los terremotos, no pierdes información ni te espían porque todo está respaldado y además encriptado. Todo esto partiendo del supuesto de que es una compañía seria la que la administra y hay muchas detrás de ese mercado. La he estado usando con mi iPad y no me puedo quejar. Tengo acceso a mis documentos donde quiera que esté.
    Claro, si mi información es verdaderamente crucial e importante para acabar con el mundo, no faltará un Guasón que la quiera ver y usar.
    Pero yo no tengo más que mis escritos y trabajos que -a nadie mas que a mí- interesan. Que viva La NUBE!

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