A proposito de OWS, protestas en Occidente, Notas preliminares

El pasado 17 de septiembre, un grupo de jóvenes norteamericanos descontentos con las políticas económicas y lo que describen como corrupción de funcionarios públicos, quienes parecen trabajar para contribuir con el logro de objetivos de las grandes corporaciones y grupos financieros, en lugar de hacerlo para lograr el Bien de los ciudadanos, salieron a la calle en New York y decidieron acampar en Zuccotti Park, en Manhattan, un parque privado cercano a Wall Street. Y ya llevan unas seis semanas en ese mismo lugar.

Conocido ahora por el acrónimo OWS, este movimiento de protesta tiene como sus antecedentes más recientes: 1. el movimiento español de los Indignados, que al tiempo que hizo campamentos en la plaza Sol de Madrid, pedía mayor democracia y terminar con la corrupción de funcionarios públicos y gobernantes; y 2. las protestas que empezaron a comienzos de 2011 en varias naciones árabes y que reclamaban: derechos humanos, libertad y democracia, agrupadas posteriormente bajo el nombre de Primavera Árabe. Hoy sabemos que estas protestas fueron eficaces para terminar con décadas de gobiernos dictatoriales en Egipto, Túnez o Libia. Pero también sabemos que el camino hacia la construcción de naciones en la que sus ciudadanos puedan convivir pacíficamente dentro de una pluralidad de etnias, creencias religiosas, y actitudes hacia la modernidad, es largo, difícil y requiere todavía de un arduo trabajo.

En Estados Unidos los diversos movimientos de protesta nacidos o inspirados por el fenómeno OWS de NY, declaran que son una respuesta a la frustración, descontento o cansancio con una política que no escucha sus demandas y sólo trabaja para el beneficio de los poderosos o de los que más tienen. Entre los factores que originan ese patrón de descontento se cuentan, entre otros:

1. Apoyo gubernamental a instituciones financieras quebradas

La decisión que tomara el Gobierno de Estados Unidos de apoyar a algunas instituciones financieras que a finales de 2008, estaban al borde de la quiebra (Lehman Brothers, Fanny Mae, Freddie Mac, entre otras), aprobando una transferencia de cientos de miles de millones de US dólares para salvarlas de una quiebra segura. Muchos ciudadanos hubieran querido ver cómo estas instituciones que constituyen el corazón del capitalismo norteamericano sufrían las consecuencias de sus decisiones tal como las deben sufrir en una escala miles de veces menor los ciudadanos. Podemos presumir que hubo consideraciones sobre las consecuencias de largo plazo y alcance global que se producirían como consecuencia de esas quiebra si no se apoyaba a las instituciones financieras en crisis aguda. Consecuencias negativas que hubieran causado costos mucho mayores para la ciudadanía y los Estados. Se podría entonces alegar que este tipo de decisiones son un ejemplo de los casos en los que los Gobiernos actúan de acuerdo con una racionalidad global y de Largo Plazo que está fuera del alcance de los ciudadanos, que se puede presumir actúan de acuerdo con una racionalidad individual de corto o mediano plazo. Pero, me pregunto, ¿es este argumento creíble?. ¿No es acaso más fácil creer que decisiones de este tipo (no consistentes con la lógica capitalista) responden a chantajes y otras clases de presiones ejercidas por agentes mucho más poderosos que ciudadanos escasa o nada organizados?.

1.1. Sensación de injusticia

Por otra parte, un artículo escrito por Thomas Friedman en el NYT se enfoca en otro aspecto de la rabia y malestar que desató en los ciudadanos la conducta del Gobierno norteamericano apoyando a algunas instituciones financieras. Sin tener en cuenta que algunas de ellas habían realizado manejos financieros que estavieron al margen de la ética y de la ley. Por ejemplo, Friedman cuenta cómo Citigroup tuvo que pagar una multa de 285 millones de US dólares para convenir en un caso en el que se concluyó que esta institución, por un lado había vendido instrumentos financieros basura, y por el otro había apostado millones de dólares a que el precio de éstos se iba a desplomar. Lo sorprendente del pago de esta multa, dice Friedman, es que no hubo reconocimiento explícito de que el banco o sus funcionarios hubiesen incurrido en alguna mala praxis. Este es el tipo de hechos que construyen la impunidad y alimentan en la ciudadanía la sensación de que reina la injusticia. Una sensación con la que no se puede construir una sociedad sostenible.

2. Desigualdad económica

Es posible que la ciudadanía no esté todo el tiempo conciente de la situación económica de todos y cada uno de los grupos sociodemográficos que constituyen la sociedad. Es decir, el grado de desigualdad económica de una sociedad en un instante del tiempo es una construcción estadística y por tanto abstracta. Pero los ciudadanos pueden tener percepciones (más o menos erradas) de la situación de diversos parámetros sociales, económicos, politicos. Y lo que perciben puede causarles malestar o lo contrario. Lo cierto es que datos estadísticos estilizados sugieren que durante los últimos años la desigualdad ha empeorado en Estados Unidos. Por ejemplo, se una reportado una elevada tasa de desempleo entre los jóvenes recien graduados de bachillerato, que alcanza 21.6 por ciento, así como en los menores de 25 años, que alcanza 9.6 por ciento. Respecto a la desigualdad económica propiamente dicha, la evidencia sugiere que antes de la recesión de 2008, el 1 por ciento superior de los hogares recibía 23 por ciento del ingreso total (lo que constituye la mayor participación en el ingreso total desde 1928), éste es un porcentaje mucho mayor al 10 por ciento del ingreso que recibía este mismo 1 por ciento en la cima, durante la década de los 70´s del siglo pasado. Un editorial reciente del NYT dice que no se tienen cifras actuales, luego de la recesión. Sin embargo, se estima que la distribución del ingreso debe haber empeorado desde entonces. Estas cifras, y otras más, relacionadas con demandas insatisfechas en otros sectores de política, sólo dibujan aspectos deshilvanados de una sensación general de descontento en una nación en la que los ciudadanos piensan que los políticos no representan sus intereses sino los de las corporaciones lo que significa (también) que estos movimientos de protesta parecen señalar que existe actualmente una crisis de la democracia representativa. Esta consideración deberá conducir a preguntarse sobre quién o quiénes asumirán la tarea de reformar o rediseñar la democracia.

    (Este tipo de críticas pueden ser peligrosas para las democracias liberales. De hecho, una de las más demoledoras críticas al parlamentarismo y la democracia representativa fue realizada por el jurista alemán Carl Schmitt, varias de cuyas ideas eran consistentes con la filosofía e instituciones de la Alemania Nazi y la dictadura que implantaron Hitler y sus adláteres. Ver el próximo post en este blog donde se hace una nota sobre este tema)

En las protestas y manifestaciones que aquí nos ocupan, los analistas consideran que los manifestantes parecen tener objetivos poco claros, insuficientemente explícitos, poco realistas y poco prácticos. Con base en esta apreciación, uno podría inferir que un fin predecible de este proceso es que pierda momentum lenta pero inexorablemente hasta que desaparezca por cansancio, por una sensación de que luego de haber hecho mucho logró poco (protesta poco eficaz), por falta de recursos (económicos, gerenciales), por falta de liderazgo, por culpa del invierno que se acerca y que va a complicar agudamente la decisión de ocupar las calles, las plazas y otros espacios públicos. Y sin embargo, los manifestantes dicen, y esto es algo que han repetido con muy poca variación, que ellos constituyen y representan al 99 por ciento de la población y que combaten contra la conducta del 1 por ciento de la población (los muy ricos, los corruptos).

Contra el argumento de quienes dicen representar al 99 por ciento, ha aparecido más recientemente un grupo que dice representar al 53 por ciento de los norteamericanos que pagan impuestos y que, ellos alegan, sostiene con sus contribuciones, la vida y actividades de protesta del 47 que no paga impuestos. Este grupo se opone a las actividades de los que siguen el formato de OWS. Dicen los del 53% que la responsabilidad individual es un concepto que no aparece en el discurso de quienes dicen representar el 99 por ciento.

Se podría alegar que los manifestantes de los movimientos OWS son principalmente personas con locus de control externo que reclaman mayor apoyo del Estado. Pero esto es una contradicción en términos dado que el mismo hecho de participar en protestas y movimientos para mejorar la democracia los define como agentes que hacen lo posible para controlar su vida.

Por otra parte, un hecho que parece contradecir la predicción de que OWS es una burbuja que va a terminar por desinflarse fueron la manifestaciones que tuvieron lugar en aproximadamente un millar de ciudades de más de 80 naciones el pasado 15 de octubre. Eso demostraba que el fenómeno OWS se había hecho viral y global como si fuera uno de esos videos en youtube que de repente atrapan a millones de espectadores, el movimiento había contagiado a grupos de ciudadanos descontentos en muchos otros países. Pero no los ha reunido todavía en un único grupo. No se han articulado todavía las voces de descontento alrededor de un único discurso. Sobretodo porque el movimiento parece tener como principio su rechazo a los líderes personalistas, quizás con el fin de mantener la ilusión fresca y deseable de que el movimiento lo animan todos, de que es un movimiento anónimo, para buscar un término que está de moda.

Luego de esta breve introducción, hago algunos comentarios, algunos de tipo especulativo, sobre este interesante y sin duda sorprendente proceso de turbulencia social que pudiera o no concluir en un cambio social.

1. Acceso a nuevas tecnologías de información y comunicación

Muchos de los análisis realizados sobre las protestas agrupadas dentro de lo que se conoce como Primavera Árabe, señalaron a las tecnologías de información y telecomunicación como un factor clave en catalizarlas y contribuir con el logro de los objetivos que inspiraron esas protestas. Se debería considerar si estos análisis no han sobreestimado el papel de la tecnología y descuidado el análisis de las percepciones, expectativas y objetivos de corto, mediano y largo plazos de los líderes o ciudadanos que participaron en esas protestas.

2.Líderes carismáticos

Uno de mis temores con este movimiento es que sea secuestrado por un líder carismático. Esta falta de coherencia en sus reclamos, este carácter como de ola marina o marea que parece tener este movimiento (cosa que refuerza ante los outsiders la presunción de que es un movimiento fesco, orgánico y espontáneo), la aparente desorientación o vaguedad ideológica de los que protestan, de la que quizás,por cierto, podría hablar la diversidad de sus íconos o símbolos: el hecho de que puedan llevar, indistintamente, franelas rojas con la cara del Che Guevara; máscaras de Guy Fawkes (como la que usa Hugo Weaving en V for Vendetta), o máscaras o franelas con la cara de Ghostface (Scary Movie), dice mucho sobre cómo conviven en quienes suscriben el movimiento OWS una diversidad de sentimientos y pasiones de las que no están ausentes: la frustración, la rebeldía, la desorientación, la rabia, el anticapitalismo, entre otros.

3. Inconsistencias de OWS

Quienes suscriben las protestas del movimiento OWS, en Estados Unidos o en otros paises, no tratan de reducir las inconsistencias de sus prácticas y proclamas. No reparan en aspectos tan triviales como el hecho de que necesitan que los locales aledaños a los lugares de ocupación de espacios públicos les permitan usar los baños o, en caso de que esto no sea algo fácil o posible, regresar por la noche a sus hogares a comer, asearse, y dormir, tal como la policía dice que han hecho varios de los que ocupan todavía los terrenos aledaños a St Paul, cerca del corazón de la City, en Londres. La policía llegó a esta conclusión luego de utilizar cámaras con termosensores que les permitieron saber cuándo había gente dentro de las tiendas de campaña.

Por otra parte, pudiera ser injusto pedirle demasiada consistencia lógica, ideológica u operacional a los manifestantes cuando los más serios y solemnes defensores de las instituciones del capitalismo no actuaron durante la crisis del 2008 de acuerdo con la más estricta lógica capitalista, al impedir que las grandes corporaciones financieras quebraran, en lugar de dejar que asumieran (sufrieranlas consecuencias inevitables) ellas solas, de las posiciones de riesgo que habían tomado.

No hay intento de consistencia en el lado institucional, en el de los defensores del statu quo. No le pidamos entonces consistencia lógica o identitaria a quienes protestan contra el capitalismo comiendo pizza, fumando cigarrillos Marlboro, y twiteando con un iphone, creado éste por un líder carimsático y genial cuya biografía sugiere que fue poco consistente a lo largo de su vida. Quizás sea estos unos tiempos todavía postmodernos en los que triunfan los inconsistentes. Una era que premia la inconsistencia, porque solo así se puede actuar. O porque la búsqueda a ultranza de la consistencia te condenaría al quietismo, a la inacción.

4. Juventud, pérdida de sentido, Murakami, necesidad de buenas historias

Pero no dejemos de estar alertas. Porque la desorientación unida a la inconsistencia pueden ser mezclas peligrosas. Y esto que digo me recuerda a los jóvenes descontentos que el escritor japonés Haruki Murakami entrevistó cuando escribía el ensayo Underground, que era un extenso reportaje sobre el ataque terrorista al Metro de Tokio perpetrado por la secta Aum (ver aquí la nota sobre esto en este blog). Murakami sugiere en una entrevista en la que habla sobre este reportaje, que estos jóvenes descontentos y desorientados, carecían de una narrativa que los ayudara a ubicarse en el crecientemente complejo, caótico y no por eso menos laberíntico ámbito urbano que habitan. Palabras de Murakami que también querían significar que muchos de los jóvenes reclutados por los radicales eran rebeldes, frustrados, desorientados, etc. Y por tanto fáciles de reclutar si se les prometía un mundo seguro, homogéneo, con sentido, etc.

Murakami recuerda en la entrevista referida que el escritor de ficción tiene una responsabilidad moral. Dice que éste debe reconocer que tiene el deber de suplir la falta de símbolos y mitos de este mundo desencantado con buenas historias, aquellas capaces de captar la atención e interés de lectores jóvenes, historias que tengan moraleja y los ayuden a encontrarle sentido al mundo, o a que se inserten exitosamente en el mercado de trabajo, que es tambíén el mercado de oportunidades pàra mostrarle a los demás (y demostrarte a tí mismo) quién eres (lo que lo convierte en un espacio para construir nuestra identidad).

5. Revolución o restauración

El discurso de quienes protestan a veces nos hace pensar unas cosas y otras veces otras. Por ejemplo, no está claro si se trata de un proyecto de restauración que trata de regresar el estado de cosas al pasado, como por ejemplo, a las ideas y diseño institucional del Gobierno y del Estado tal como fueron concebidos por los Padres Fundadores o si, por el contrario, se trata de un movimiento revolucionario, que quiere arrasar con el pasado, desmarcarse de la historia, e instituir las bases de un sistema social, político y económico totalmente nuevo. En todo caso, el tema recurrente de la corrupción de ciertos funcionarios públicos, así como el tema concomitante de avidez exagerada por la riqueza de parte de grupos profesionales como los banqueros nos hace pensar que hay un intento de restauración. Que comienza por señalar cuáles son las piezas del sistema original que se echaron a perder y cuáles las causas de que esto ocurriera. Es fácil ver la corrupción como el resultado final de un proceso (más o menos lento) de descomposición (moral, institucional, social, económico). Como un proceso que surge de algo que en el presente ya no funciona del mismo modo a como funcionaba en el pasado y no como un proceso que tenía fallas de diseño que permitieron que la misma descomposición moral o institucional tuviera lugar. Lo más probable es el que movimiento sea a la vez de restauración y de revolución (definida ésta como un cambio radical en el statu quo).

6. De los intereses a las pasiones, la polarización

Cómo van a evolucionar en el futuro cercano estos movimientos de protesta que vemos gestarse en las scoiedades de diversas naciones del Primer Mundo? ¿Cómo van a lograr cambios sociales que les garanticen la sociedad en la que ellos pueden sentirse bien si no han sido capaces de comunicar lo que buscan d emanera contundente y consistente para que su mensaje se eleve como un clamor inconfundible y se disemine por los medios de comunicación globales? ¿Qué puede pasar si los líderes políticos y las élites económicas desatienden estas malestar? ¿De qué manera podrán todas esas sociedades postmodernas (o de la modernidad tardía) planificar sus futuros de modo sostenible si no se escuchan y atienden las demandas (aún) pobremente estructuradas de esas masas de jóvenes confundidos y perplejos ante la velocidad y vértigo de los entornos urbanos que habitan? Todo esto configura un problema de política pública al cual se le debe dar, en cada nación, una respuesta específica. Y pronto. De otro modo, el malestar de esos jóvenes puede metamorfosearse en otras cosas, pasiones que no ayudan a la cohesión y convivencia pacífica.

Lo anterior nos lleva a la pregunta sobre el momento en que se fractura una sociedad y dejan de conversar entre sí algunos grupos (la tragedia del momento en que se rompe la comunicación). ¿Cuál es el momento en el que los juegos de lenguaje (wittgeinstenianamente hablando) de uno o más de los grupos de una sociedad pluralista y multicultural como la norteamericana o la europa actuales dejan de ser inteligibles, interesantes y agregarle valor a cualquiera de los otros grupos? ¿En qué momento la serie de puentes que se habían tendido para que los diversos grupos de esa sociedad pluralista se comunicaran, intercambiaran sus visiones del mundo, conversaran entre sí con el fin de facilitar la convivencia pacífica de un modo sostenible, y al hacerlo propiciar el Buen Gobierno (gobernabilidad) comenzaron a explotar, a venirse abajo, a desmoronarse? Esta suerte de caída global de los puentes intergrupales que actuaban como el sustrato más profundo del tejido social, en las sociedades de la modernidad tardía no fue específica a Estados Unidos, como tampoco parece haberlo sido a España o a las sociedades de varias naciones árabes.

Pienso en una referencia reciente que describe el proceso inverso al descrito arriba. El proceso de tendido inicial y consolidación de los puentes interétnicos, intergrupales, que produjeron en Estados Unidos una sociedadd más cohesiva. En la genial película The Help (2011), cuyo guión está basado en la novela homónima de Kathryn Stockett. En ella, la protagonista, Eugenia “Sketter” Phelan, es una incipiente escritora de piel blanca que decide documentar el drama que sufrían durante los años sesenta del siglo veinte las niñeras de piel oscura que trabajaban en hogares de gente blanca en la ciudad de Jackson, Mississippi. La novela documenta las emociones y sufrimiento de esas niñeras y muestra cómo éste era producido por un diseño social consistente con la absurda presunción de superioridad de un grupo étnico sobre otro. La película muestra de qué manera las historias contadas por el grupo que sufría las consecuencias de ese fallido diseño social, que luego fueron publicadas en el libro que escribe la protagonista, podían actuar como puente: acercar dos mundos que habían estado separados, producir la convergencia de dos mundos con visiones que parecían inconmensurables, y propiciar empatías. Todo lo cual sentaba las bases para los cambios sociales y políticos que se produjeron en las décadas siguientes y que alcanzaron una fase superior cuando en 2009 fue elegido Barack Obama como Presidente de Estados Unidos. Otra narrativa de la construcción de un puente social interétnico es la película Invictus, en la que se muestra de qué modo la constitución de un equipo de rugby pudo catalizar el acercamiento entre doos grupos étnicos segregados en la Suráfrica del apartheid. Si los puentes, los hilos, los cables, que permitieron que grupos de diferentes segmentos sociales y económicos convivan pacíficamente durante siglos en la sociedad norteamericana, se comenzaran a quebrar, podemos predecir que las protestas de OWS crecerán viralmente en Estados Unidos y que éstas tendrán consecuencias que no puedo prever.

7. La conversación o el odio

Uno desearía que las protestas se queden en el terreno de las palabras, de los discursos, de las narrativas. Que se apueste a una contaminación de la democracia liberal y sus narrativas con las narrativas, discursos, visiones y puntos de vista que enfatizan la necesidad de introducir mecanismos que protejan a los más débiles y restituyan y preserven en el tiempo la equidad económica. Y es ciertamente posible que durante los últimos años se hubiera calmado o adormilado esa conversación entre los diversos grupos que viven y sufren estos tiempos de cambio social y técnico acelerado con consecuencias complejas. Y que por tanto la cohesión social se haya debilitado y la polarización incrementado. De hecho, en Estados Unidos existe la mayor polarización desde tiempos de la Guerra Civil. Y una sociedad con una extrema polarización es peligrosa y su estabilidad precaria. Los Estados Unidos y otras naciones delPrimer Mundo deberán imaginar y gestar prácticas y políticas que, en materia de oportunidades y bienestar, acerquen e integren a los diversos grupos de la sociedad pluralista y democrática sin menoscabo de la libertad. Y si este esfuerzo no ocurriera por falta de voluntad, de imaginación o por alguna otra razón, los puentes e hilos que mantienen la cohesión social se pudieran romper o quebrar y aparecer discursos en los que prevalezcan, ya no los intereses sino las pasiones. Y con ellas, es siempre posible que se engendre la violencia. Lo que significa una disolución de las posibilidades de deliberación o debate agonístico empático entre los diversos grupos socio económicos. Y una concomitante aparición y gradual fortalecimiento de un odio que, aunque gestado sobre bases ilusorias, puede llegar a ser muy nocivo.

8. Democracia radical y el antiesencialismo

Los académicos Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, en su libro Hegemony and Socialist Strategy, Towards a Radical Democratic Politics (1985), definieron el concepto de democracia radical y sus condiciones de posibilidad. Estos autores sostenían que vendría una nueva ola democrática que iba a profundizar la democracia. Y que un aspecto que distingue a la democracia radical es su capacidad para incorporar la diferencia, el disenso y los antagonismos. Laclau y Mouffe hicieron el énfasis en que no era antagonismo, y por tanto lucha de clases, lo que resulta o subyace a los procesos de profundización de la democracia, es decir de gestación de la democracia radical sino procesos de agonismo, que se refiere a la contienda entre dos o más actores con valores y visión política compartida.

Porque la articulación de los manifestantes que participan en las protestas sociales se produce con base en una alineación discursiva, como por ejemplo, un reclamo de mayor justicia o de fin a la impunidad. Y no de la clase de alineaciones esencialistas típicas del concepto marxista de clase- Entre éstas puede haber contiendas de tipo antagonista, consistentes con una arena política como la que describía Carl Schmitt, quien decía que la politica solo es consistente con el concepto de amigo-enemigo. Entre las alineaciones discursivas postmodernas, las contiendas se pueden reordenar una y otra vez, de acuerdo con los cambios en el patrón de problemas sociales que percibe la ciudadanía.

9. Locus de control

Pienso en el alegato de algunos críticos del movimiento OWS que señalan que el tema de la responsabilidad individual está ausente de esa discusión. Pudiera ser interesante rescatar para esta discusión el tema del locus de control. Los estudios realziados sobre esto, dividen a la gente en dos categorías: 1. los que tienen locus de control interno, que perciben que lo que les sucede en la vida depende de lo que sean capaces de lograr gracias a una mezcla de talento, perseverancia, destrezas y suerte; y 2. los que tienen locus de control externo, que creen que lo que les sucede en la vida depende de factores que no controlan, como por ejemplo el destino, la suerte, y cualesquiera otras circunstancias favorables o no a todo lo que emprenden. Se podría alegar que en una sociedad crecientemente compleja, donde los mercados se hacen más volátiles, las catástrofes ambientales más frecuentes y de mayor magnitud (clima extremo), por culpa del calentamiento global, más gente va a sentir que no controla su vida.

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