A propósito de los hechos de Londres

Notas sobre movimientos sociales y tecnología

MUjer salta de edificio en llamas en Surrey, Reino Unido, durante los disturbios recientes (foto: Wenn)

Durante los últimos meses, hemos visto decenas de veces por los canales de noticias globales la narración de nuevos hechos de calle. Llámense manifestaciones pacíficas con consecuencias revolucionarias (como las que vimos a comienzos de año en Túnez y Egipto); movimientos revolucionarios que se tornan violentos y armados como el de Libia, o como pudiera ocurrir con el de Siria, donde creemos que el gobierno autoritario del presidente Bashar al Assad ha asesinado durante los últimos meses a miles de rebeldes civiles. O manifestaciones civiles y pacíficas en las que cientos o miles de personas, la mayoría jóvenes reclaman mayores libertades, o mejor gobierno, mientras marchan u ocupan calles y plazas de países árabes como Bahrein, Irán, Yemen. Ya es un hecho que los grupos religiosos fundamentalistas no lideraron estas manifestaciones ni han logrado secuestrarlas todavía. Fueron todos movimientos laicos y civiles.

Otro escenario más cercano de manifestaciones populares que recientemente han recibido cierta cobertura por los canales de noticias es Chile, nación donde miles de estudiantes han salido a las calles para pedir una reforma de la educación pública y han tenido el apoyo de la sociedad civil con cacerolazos y batucadas. Estas manifestaciones han sido reprimidas con creciente fuerza por el Gobierno chileno, sin que esta represión logre suprimirlas o inhibirlas.

Hemos sido también testigos de recientes movimientos civiles muy pacíficos cuya función principal pareciera ser la de actuar como mecanismos de control o regulación de sistemas democráticos cuyos gobiernos han perdido el rumbo, como en el caso de los Indignados españoles o los Indignados israelíes que salieron en Tel Aviv a pedir mejoras en las políticas de vivienda y empleo. En naciones con una cultura democrática como España, se ha respetado dentro de límites bastante amplios el derecho de la gente a la manifestación pacífica.

Londres A-2011

Un caso que pone una nota aparentemente disonante dentro del grupo amplio de manifestaciones pacíficas que hemos señalado es el de los recientes disturbios y saqueos violentos que han tenido lugar en Londres y otras ciudades británicas. Estos han sido altamente disruptivos del orden social, y han tenido efectos negativos sobre la propiedad privada y pública así como sobre la seguridad de las personas. Esta ola de disturbios parece haber sido disparada por el asesinato, presuntamente por parte de la policía de Londres, del joven Mark Duggan, de 29 años, durante el curso de una investigación sobre el tráfico de armas en una comunidad negra de Londres. A lo largo de los tres días siguientes, luego de que el descontento por este hecho contagiara a decenas de manifestantes, la que debió ser una manifestación pacífica se tornó violenta y produjo saqueos, incendios de edificios y locales comerciales, quema de vehículos y destrozos de lo que las turbas encontraban a su paso.

Cuando he podido ver videos de las actuaciones de la gente que participaba en los disturbios me he sorprendido de la facilidad con la que muchos de ellos pudieron cruzar tan repentina y fácilmente la línea que separa el orden del desorden; con qué facilidad se violaron derechos de propiedad en una sociedad en la que se han gestado el capitalismo y su código moral. Siento que estos manifestantes, o no saben cómo manifestar civíca y pacíficamente, o sencillamente no los mueven los motivos que declaran y son más bien oportunistas que buscan pescar en rio revuelto y han encontrado el asesinato de Duggan como una excusa para generar caos y lograr sus fines. O tienen una mezcla de rabia, desconcierto y frustración que la canalizan del peor modo posible. O, lo que es probable también, que ocurran todas estas cosas al mismo tiempo, todas mezcladas.

Hay quiene shan alegado que un factor clave en la diseminación de los disturbios fue la falta de respuesta de la policía. Cuando los saqueadores se percataron de que la policía no actuaría agresivamente o corcitivamente aun cuando era testigo de cómo frente a sus narices ésto se llevaban los bienes de las tiendas que saqueaban, se creó una impresión de impunidad que alimentó la emulación de los saqueos. “Hay siempre gente que desea convertirse en criminal por un día, dice el periodista de un diario conservador británico, si ellos calculan que la probabildiad de ser arrestado es muy baja”. Lo dramático es pensar en la cantidad de gente de cualquier comunidad que podría ser clasificada como esa: “gente que desea convertirse en criminal por un día”.

Algunos han escuchado consignas de que eso es una lucha revolucionaria. Pero esto es poco creíble cuando vemos a los saqueadores salir de las tiendas con cajas de reproductores de DVD, o con las manos llenas de celulares recien saqueados. Como dice una activista social y bloguera egipcia que participó en las manifestaciones que tuvieron como resultado la salida de Hosni Mubarak: “I am sorry but you do not loot to object the murder of a young man , you are using his murder” (Lo siento, pero tú no saqueas para cuestionar el asesinato de un joven, tú estás usando ese asesinato).

No sorprende que la tecnología de información, la telefonía celular, las redes sociales, el internet, los canales de noticias globales y, como los han señalado varias fuentes, la red de mensajería de Black Berry Messenger, hayan jugado un papel importante en facilitar la organziación y movilización de los manifestantes. Pareciera como si la tecnología de información hubiera contagiado a las poblaciones de cada teatro de sucesos. Los hubiera convertido en testigos ( pueden verse a sí mismos, a sus amigos y el resultado de lo que han hecho) y a la vez en protagonistas aventajados (les da una serie de herramientas) para desempeñar el papel de revolucionarios de calle. Tecnología que además ha contribuido a conferirles una renovada identidad, la que quizás les había sido secuestrada por años de silencio político, por años de exclusión y promesas incumplidas por parte de sus gobernantes o representantes en el Parlamento. Ahora esas bandas de jóvenes que han hecho de la calle su hogar, se reconocen como miembros de un grupo, y quizás han identificado sentimientos y frustraciones comunes, si no objetivos. Lo que pudiera ser fuente de problemas uturos si no se estudian y atienden los problemas de adaptación e integración productiva a la sociedad de toda esta gente.

A la luz de todos esos sucesos aventuro algunas hipótesis sobre las relaciones entre tecnología de información y sociedad

1. Desgobierno, ingobernabilidad crecientes

La idea de que con las nuevas tecnologías, se va a hacer muy difícil gobernar a la gente, al menos en ambientes de libertad y democracia. La idea de que las nuevas tecnologías contribuyen a complicar la gobernabilidad. Hacen difícil lograr un orden social estable, y facilitan la aparición de procesos de turbulencia social que introducen caos y que están mediados, amplificados, multiplicados por la tecnología. La idea es pesimista. Podemos esperar que el crecimiento y diseminación de la tecnología de información y telecomunicaciones (los manifestantes en Londres dominaban el uso del Black Berry Messenger, dicen algunas fuentes) compliquen la gobernabilidad a nivel global. Es hasta posible que en algunos países con larga tradición democrática los gobiernos migren hacia un sistema más coercitivo y autocrático que evite o minimice este tipo de manifestaciones con el fin de garantizar la gobernabilidad.

1.1. Tecnología, wikileaks, hackers

La idea anterior me lleva a pensar de qué manera se relacionan estos eventos de masas con otros factores generadores de caos o al menos, que pudierann ser definidos como actos de subversión o transgresión del statu quo o del orden social. Pienso en el fecto de sitios web como wikileaks y la declaración de su fndador, Julian Assange, de que aspira a un mundo transparente en el que no haya espacio para las conspiraciones. Pienso también en los ataques de grupos organizados de hackers como Anonymous (quienes acaban de amenazar a Facebook de que van a acabarlo o al menos impedir que se quede con la información (y la use) que han subido a sus cuentas más de 500 millones de usuarios. Lo novedoso de estos hackers es que han dejado de actuar individualmente y han comenzado a reconocerse como grupo, a construir una conciencia de grupo. Han identificado objetivos comunes, agendas de acción comunes y coordinación de planes. Todo esto forma parte de la construcción colectiva de una identidad. “[Anonymous is] the first Internet-based superconsciousness. Anonymous is a group, in the sense that a flock of birds is a group. How do you know they’re a group? Because they’re traveling in the same direction. At any given moment, more birds could join, leave, peel off in another direction entirely.”, esto lo dice Chris Landers en el baltimore City Paper (2008).

Y todo esto ha sido facilitado, mediado y amplificado por la tecnología de información e internet. Sin embargo, es improtante ver con la mayor objetividad posible estas fuentes de disrupción del orden o de los objetivos como un elemento que ha aparecido en el entramado social y que ha llegado para quedarse. Son factores que deberán ser tomados en cuenta en todo diseño futuro.

2. Factores disuasivos, forman parte del diseño

Todos estos movimientos de calle y virtuales mediados y facilitados por la tecnología forman parte del sistema y existirán de ahora en adelante como factores de disuasión. De modo análogo a cómo cada uno de los dos grandes arsenales de ojivas nucleares disuadían durante la Guerra Fría a cualquiera de los líderes de los dos bandos en confrontación (Occidente y Pacto de Varsovia), de atacar al otro, es posible que en el futuro muy cercano estos grupos y movimientos populares de organización inmediata, que actúan igualmente en el espacio urbano y real como en el espacio virtual, jueguen un papel cada vez más importante en mantener a raya: La corrupción, las conspiraciones, la opacidad u obscuridad administrativa, los violaciones a los derechos humanos y, en general, las diversas clases de desviaciones de lo prometido o lo estatutario, o de violaciones a los acuerdos o contratos explícitos o tácitos suscritos entre los diversos actores que conforman los órdenes social, político y económico.

Los diversos tipos de eventos de turbulencia social serían un elemento con el que deberá aprender a convivir el orden social futuro. Deberán ser tomados como datos de toda empresa futura de construcción colectiva (diseño grupal) de un orden social, político, económico, simbólico; en general, de cualquier ámbito o clase de realidad.

3.Mejorar las tecnologías de represión, Gran Hermano recargado, tecnopanopticon

Es siempre una posibilidad sacar malas lecturas de las manifestaciones de turbulencia social. Se puede pensar que el nivel de capacidad coercitiva y represiva en la sociedad es insuficiente, que éste debe incrementarse y sus herramientas modernizarse. Que para evitar las “malas o más violentas” expresiones de los movimientos sociales es suficiente con fortalecer con tecnología de punta la vigilancia y el castigo.
Se puede pensar que algunos hackers se pueden comprar y luego contratarlos para diseñar mejores sistemas de seguridad o de rastreo de los transgresores. Se puede soñar con capturar a los Asssange y sus emuladores. Sería difícil hacer todo esto sin vulnerar diversas libertades civiles y otros derechos humanos. Y sin embargo es posible que ni siquiera eliminando por completo una o más de las libertades civiles y otros derechos humanos, se logre reducir a cero la probabildiad de que aparezcan nuevas versiones más eficaces o con mayores efectos disruptivos de factores com los descritos (turbulencia social, turbulencia virtual). No podemos pensar por ejemplo que todas las recientes manifestaciones sociales y políticas que han producido disrupción social hayan sido el resultado del éxito logrado por el anciano Gene Sharp, en la diseminación de su texto From Dictatorship to Democracy, así como de otros textos sobre la resistencia no violenta que han sido traducidos a sesenta lenguas (http://www.aeinstein.org/). Se puede alegar por ejemplo que los recientes disturbios en Londres y otras ciudades de Gran Bretaña fueron inaceptables en su violencia. Pero eso no los borra. En el salón de clases se puede aplazar a los que no aprendieron la lección. Pero no se puede meter en la cárcel o encerrar en instituciones foucaultianas de vigilancia y castigo a decenas de miles de jóvenes que han tenido un pobre acceso a la educación, que no han logrado o sido capaces de ser inspirados por ella, o que no han tenido hogares felices en los que hayan podido ser motivados a tener ocupaciones productivas en lugar de una vida en la calle que no les termina de conferir sentido a sus vidas. La respuesta represiva, violenta, la idea de responder con la fuerza es mala. Pintaría el futuro con un tinte más oscuro.

Un comentario en “A propósito de los hechos de Londres

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