Un artista a la caza del zeitgeist

Grape Candy, 68 cm x 35 cm x 18 cm, acero inoxidable, 2008

Conversación con Rafael Rangel

Así como hay artistas que persiguen registrar y expresar las emociones que producen en su alma los hombres y el universo que los rodea; otros que aspiran a hacer algo semejante con las formas que produce la naturaleza, la viva y la inanimada, dentro y fuera de este mundo: y otros que, se alejan de la forma y se concentran en las vibraciones de la luz, el color y las sombras; hay otros que se han planteado programas artísticos más personales, abstractos y simbólicos. Es el caso de Rafael Rangel, artista venezolano nacido en Nueva York. De mirada serena pero firme, habla lento, como sopesando las palabras con las que arma la narrativa de su oficio. Posee una sorprendente madurez acerca de lo que quiere encontrar en el arte y quizás, también, en la vida. Pudiera ser catalogado como un detective del arte, que busca atrapar la línea producida por el gesto pictórico (“Me seduce la línea, quizás porque toda mi vida he dibujado y me gusta mucho el dibujo“), no en el plano bidimensional de la tela o papel, sino en ese ámbito más complejo que es el espacio tridimensional.

Desde muy joven Rafael tuvo claridad sobre cuál quería que fuera su relación con el arte. A los 16 años, su pasión por el arte lo llevó a buscar trabajo como asistente en el taller del artista Rafael Barrios; ahí trabajó durante dos años. Luego se fue a Nueva York con la idea de ingresar en Parsons (The New School for Design) o en The School of Visual Arts pero terminó ingresando en Pratt Institute de donde egresó con honores. De inmediato después de graduarse trabajó durante un par de años con el artista Mathew Barney, a quién ayudó en la producción de la última entrega del Ciclo Cremaster (Cremaster 3). Después trabajó en una fundición (que me dio la oportunidad de usar la infraestructura para hacer mis obras e hice mucha amistad) con el escultor William Tucker, nacido en el Reino Unido (1935) pero nacionalizado norteamericano que enseñaba en Columbia y que es un maestro de la New Sculpture). Al cabo de siete años de vivir en New York regresó a Venezuela, país donde reside desde entonces.

Rafael debe a su formación en Estados Unidos la influencia (en su trabajo artístico), de corrientes como: el Expresionismo Abstracto y el action painting, y dentro de ésta última declara que la obra de Jackson Pollock ha ejercido una influencia particular. Pero como venezolano, Rafael reconoce la influencia (que él considera ineludible para todo artista venezolano, aunque sea para combatirla o trocarla en su opuesto) de la Abstracción Geométrica y en particular de la obra de Gego. Entre esos dos grupos de influencias, Rafael se ha planteado un programa de investigación artística en el que desarrolla su obsesión por la línea. Lo hace por ejemplo, cuando explora las posibilidades de registrar en tres dimensiones esa línea gestual que caracterizara a Pollock quien, al arrojar con fuerza, certeza y pasión la pintura sobre las telas que colocaba en el suelo producía un registro bidimensional del cual resultaba un entramado caótico de líneas, que habían quedado como congeladas en ese plano bidimensional que era la tela. Hay un gesto detrás de una línea de esa naturaleza que emerge del alma del artista, directamente desde su inconciente. La línea se convierte de este modo en un hilo de Ariadna que une la oscuridad sabia del inconciente con la luz a menudo menos sabia (pero curiosa y ávida de conocimiento) del conciente. La línea puede ser así concebida como un faro que ilumina el recorrido desde esa sabiduria caótica llena de energía primigenia, hacia la expresión plácida o inquieta que pudiera mostrar una vez que emerge y queda registrada en la tela.

Rafael quiere ir un paso más allá. Le interesa la posibilidad de producir un registro en tres dimensiones de la línea. Uno que sea capaz de captar, no sólo con total fidelidad la instantaneidad y espontaneidad de la línea tal y como ésta se gesta y desarrolla en el espacio tridimensional, sino también de aprehender la totalidad de la fuerza expresiva (con la mínima disipación) que el creador le imprime a su gesto pictórico. Pienso acá en la Polaroid, quizás su magia residía⎯no obstante el ruido e imprecisión que ésta podría tener⎯en la capacidad que tenía esa máquina de captar el instante, registrarlo en un plano bidimensional, y presentarlo a nuestros ojos a los pocos minutos de haber realizado el registro.

Descubrí un plástico, un poliuretano, que en el momento en que le echabas el catalizador se congelaba, y esto ocurria en uno o dos segundos. Pensé entonces en ese gesto que se podía atrapar. Podía reproducir aquel trabajo completamente gestual de Jackson Pollock, cuando lanzaba al suelo la pintura. Tenía que resolver el problema de cómo traducir eso tridimensionalmente. Porque a lo que se enfrentaba Pollock era a congelar su gesto pictórico en una superficie bidimensional. Pero entonces con esa resina líquida que se congelaba en el aire, podía hacer un gesto y éste tomaba las tres dimensiones en todo su esplendor.

Una vez realizada la mezcla de la resina y el catalizador, Rafael disponía de segundos para dibujar en el aire con esa resina. Y producir formas que quedaban congeladas en el espacio como si hubieran sido inmovilizadas por la mirada de la Medusa, o como esas formas terribles que hemos visto en los documentales sobre Pompeya (según estudios recientes la nube piroclástica cocinó a los habitantes de esta ciudad con tal rapidez que produjo una muerte súbita de modo que 73 por ciento quedó en un gesto de acción suspendida, como si estuvieran con vida). Pero no se trata de decir que hay algo de sombrío en tratar de captar en tres dimensiones algo que puede venir con tremenda fuerza expresiva y rapidez desde lo más profundo del alma del artista. Sino que ese registro es complejo.

Otra de las cosas que me seducía era que ese plástico tenía un brillo muy particular, y descubrí que lo que yo estaba haciendo con esos gestos eran líneas en el espacio. Si hablamos de referencias en el pasado, podemos remitirnos a los dibujos sin papel de Gego, o a obras de la abstracción geométrica que hace dibujos de líneas en el espacio. El elemento del caos, de la parte orgánica ha estado siempre presente en todo. Lo que he estado buscando es esa línea, esa geometría orgánica y ese patrón aleatorio.

Rafael quiere rescatar algo que define como zeitgeist. Este término significa espíritu del tiempo y fue acuñado por Herder a propósito de una crítica que hizo a una obra de C. A. Klotz titulada Genius Seculi (del latín, genio del siglo). Desde la filosofía, zeitgeist habría pasado a ser usado por el Romanticismo alemán para describir un carácter particular en cada época). Aquí pienso en el modelo que parece operar en el arte de Rafael. Un modelo de inconciente colectivo y no individual: La sensibilidad del artista funcionaría como intérprete del sentido o significado que ese inconciente produce al ser estimulado por la sociedad urbana, globalizada e industrial y el universo de objetos en que vive el artista y quienes lo rodean. Este sentido sería el zeitgeist.

Uno se siente como una especie de detective porque la línea, es un elemento formal, pero uno no se puede desligar del contexto donde uno vive, todo lo que a uno lo rodea, y los patrones que hay en ese contexto. Todo ello suscita el problema de preguntarme cuál es esa línea que existe en la actualidad, en lo que han llamado el zeitgeist. Me interesa sacar esa línea de su contexto y, como lo haría un científico, observarla fuera de todo contexto, como para que éste no contamine aquello que la línea comunica por sí misma.

Lo que Rafael piensa que es uno de los recursos para producir esa descontextualización es la repetición. Habla de la capacidad que tiene el collage para revelar esa línea que capta o lleva impresa en ella el espíritu del tiempo.

Me interesa un collage que haya sido construido haciendo énfasis sólo en la parte que me interesa. Trato de lograr una repetición que no manipule ni modifique los elementos que se repiten. Porque sino los estaría destruyendo, interviviendo y lo que hay que hacer es dejarlos lo más inalterados posible. De otro modo se pierde esa línea. Lo que significa que lo que me interesa es un poco una variación de aquel ready-made de inspiración duchampniana pero llevado a que no puede ser cualquier objeto. Eso obliga al artista que comparte mis obsesiones a volverse un cazador de esas líneas o patrones a su alrededor. (…) Pero ademas hay elementos que se agotan, que dejaron de llevar en su corazón ese zeitgeist que ando cazando. Y ello me obliga a caminar, por así decirlo, por los pasillos de la sociedad industrial. Y apenas consigo uno, lo que hago es descontextualizarlo, sacarlo de su dia a dia y presentarlo de una manera abstracta. (…) Si pones uno al lado del otro cientos de mouses de computadoras, vas a poder descubrir una línea.

Y aquí concluimos esta conversación con un artista que se reconoce como detective, y que quizás se sueña también como: antropólogo, documentalista, cazador furtivo del zeitgeist que anda de safari (no con rifles sino con sus herramientas de escultor contemporáneo) por los pasillos de la sociedad industrial. Perseverando en la tarea de producir (recuperar para el espectador el sentido oculto más bien) mediante la descontextualización, agregación, yuxtaposición, repetición o simple iteración que produce una serie de múltiples elementos iguales, para que luego, una vez integrados en la obra, ese agregado abstracto nos revele el elusivo zeitgeist.

Jackson Pollock
Este influyente pintor norteamericano (1912-1956), fue precursor del expresionismo abstracto, corriente iniciada en los años cuarenta del siglo XX, usaba técnicas no convencionales para realizar su obra desde su propio subconsciente para despertar emociones en una época llena de sentimientos radicales y desconocidos. Se le considera el padre del action painting. Colocaba el lienzo sobre el piso y se movía alrededor de él con libertad y dinamismo, mientras dejaba caer gotas de pintura sobre la tela con violencia y sin dirección preestablecida (dripping) para generar caos dentro de cierto orden mental.

Expresionismo abstracto
Nacido después de la II Guerra Mundial, es una corriente artística de pintura no figurativa en la que el artista, sin ninguna atadura ni formalismos, se mueve libremente dentro de su obra, en la que generalmente deja plasmados los sentimientos de angustia y desesperación típicos de la postguerra. A este movimiento pictórico también se le conoció como Escuela de Nueva York, no porque fuera una institución, sino más bien un grupo de pintores como Jackson Pollock, Franz Klein, Willem de Kooning, que compartían las mismas técnicas, criterios artísticos y necesidad de expresarse desde su subconsciente.

Un comentario en “Un artista a la caza del zeitgeist

  1. Hola, Me parece super interesante las esculturas de Rafael Rangel me podría dar un email o teléfono para comunicarme con el artista. Me encantaría tener una obra de el.
    Muchisimas Gracias!!!!!

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