Riesgo nuclear en Japón

Planta Nuclear de Fukushima (foto: Google images)

Lo que está pasando en Japón es terrible y me conmueve pensar en lo difícil que debe ser, para cualquier residente de la zona afectada, experimentar esa mezcla de amenazas y riesgos producidas por un terremoto de proporciones forrmidables, un tsunami, y el accidente en la Planta Nuclear de Fukushima, que el gobierno japonés ha clasificado como de Nivel 4 (de acuerdo con la Escala Internacional de Eventos Nucleares) pero que el gobienro francés considera que se trata de un Evento Nuclear Nivel 6. Esta planta, que inició operaciones el 26 de marzo de 1971 tiene seis reactores termonucleares y generaba hasta antes del terremoto un total de 4.7 GW. Durante los cuatro días siguientes al terremoto, tres de los seis reactores explotaron y, al menos en uno de ellos, los cilindros con el combustible nuclear, quedaron expuestos. Las personas en un radio de 20 Km han sido evacuadas para prevenir su contaminación. Los dos productos radioactivos que pudieran ser emitidos en esta catástrofe (por ser los principales productos de la fisión atómica) serían los isótopos: Iodo-131 y Cesio-137. El primero tiene una vida media de poco más de ocho días, en cambio el Cesio 137 tiene una vida media de 30 años, lo que lo hace mucho más peligroso puesto que puede causar cáncer 10, 20 o 30 años luego de haber sido ingerido o ingresado en el organismo.

Hay quienes dicen que la cultura japonesa no se toma accidentes naturales como la catastrófica desgracia que ocurriera el pasado viernes (el terremoto de 8.9 grados en la escala de Richter con epicentro en Sendai que,luego de revisión exhaaustiva, se ha clasificado comi un terremoto 9.0), como un evento desafortunado y menos como un castigo decretado por algún dios, sino más bien como algo que forma parte de la lógica no siempre comprensible y predecible de la naturaleza, de la cual el ser humano forma parte íntima.

Es decir, para la cultura japonesa, nosotros en cuanto que Homo sapiens no estamos fuera de la naturaleza; ni siquiera considerando que encontramos en nosotros rasgos únicos que no vemos en ninguna otra especie. De modo que si ese monstruo ignoto que es la Naturaleza produce un evento catastrófico que leemos como una terrible desgracia, es posible que simplemente tengamos que asumirlo como guerreros y salir adelante enfrentando la adversidad con templanza.

Temor irracional a la radioactividad

Pero el accidente nuclear de la planta Fukushima no forma parte de esta visión. De hecho, la radioactividad es un riesgo de origen humano que crea un temor muy particular en los seres humanos por dos razones. Por un lado porque es invisible. Sin que lo sepan las potenciales víctimas de ésta, la radioactividad pudiera estar actuando sobre los ciudadanos sobretodo cuando se trata de bajas o muy bajas concentraciones. En ese carácter invisible, la radioactividad se parece a los virus, los microbios, y a otros enemigos invisibles o en extremo diminutos. Pero hay algo asociado con la radiación nuclear que crea más angustia que otras fuentes de riesgo a las que se exponen los seres humanos. Incluso vemos cómo a menudo un pacient eno pone reparos a una indicación de hacerse una tomografía axial computarizada, que produce una dosis importante de radiación, pero siente pavor de quedarse en Tokio, donde los niveles de radioactividad basal en el ambiente se han elevado (en días pasados, porque luego descendieron cuandoe cambio el sentido en que soplaba el viento), hasta niveles equivalentes a los que recibimos en una radiografía dental.

El profesor Jon Smith, de la Universidad de Portsmouth en Gran Bretaña, es un especialista en ciencias ambientales quien durante 20 años ha estudiado los efectos de la radiación en Chernobyl. El profesor Smith dice que el stress y el pánico producidos por eventos de exposición a la radiación pueden ser incluso peores que los efectos directos de la misma radiación. Un estudio de N.U. citado por Reuterssugiere que los expuestos a Chernobyl tuvieron niveles de ansiedad por los menos el doble que gente no expuesta. Otro estudio de N.U. mostró evidencia de que gente expuesta a Chernobyl era entre tres y cuatro veces más propensa a reportar múltiples síntomas físicos no explicados e imaginar que sufrían de mala salud, que grupos de control que no estuvieron expuestos a radiación. Smith afirma que el cigarrillo o una dieta poco balanceada son factores de riesgo más importantes que la exposición a niveles bajos o medios de radiaciones ionizantes. Todo esto no hace sino confirmar una hipótesis de miedo irracional a los efectos de la radioactividad.

Temor sociobiológico

Lo anterior me hace especular que la iracionalidad en el temor al riesgo de radioactividad pudiera tener una base sociobiológica. Me explico. Uno de los más célebres defensores de la sociobiología, Richard Dawkins (Nairobi, 1941), etólogo, zoólogo, biólogo y divulgador científico, autor del best seller científico The selfish gene (1976), podrían alegar que en este miedo irracional a la radioactividad hay un culpable: el ADN. Sería consistente con la sociobiología la idea de que pocas cosas nos crearían mayor temor que aquellas que sabemos con certeza que afectan negativamente, o alteran, las posibilidades de nuestro ADN de autoreplicarse de manera confiable y, por tanto, de transmitir a las generaciones venideras, nuestra carga genética de la manera más inalterada posible.

Temor a lo incierto

Otra razón para ese temor irracional a la radioactividad puede ser el hecho de que comprendemos muy pobremente su mecanismo de acción en el organismo; el modelo clínico de acción del que disponemos es aún poco preciso. No sabemos de qué modos, las radiaciones ionizantes en general, y la radioactividad en particular (que debemos recordar puede ser emitida como rayos alfa, rayos beta (electrones), o rayos gamma (semejantes a los rayos X) deteriora el organismo de los seres vivos auqnue muchos hemos escuchado que es teratogénica, mutagénica y cancerogénica. Es relativamente fácil predecir las consecuencias de alguien que haya estado expuesto a elevadas dosis de radiación. Es más difícil predecir con exactitud lo que puede pasar años después cuando alguien ha estado expuesto a bajas o muy bajas dosis de radiación puesto que las radiaciones ionizantes pueden tener secuelas graves (leucemia y otros tipos de cáncer), cuando los organismos son expuestos a bajas concentraciones luego de veinte o más años después de que el tejido vivo estuviera expuesto.

De modo que cuando los ciudadanos piensan o creen haber estado expuestos a una dosis de radiación tal que equivalga a haber firmado una sentencia de muerte futura (tal como lo sugieren los estudios de Jon Smith y los realizados por N.U. citados en la nota de Reuters. Esa mera creencia pudiera arruinar el resto de sus vidas, dado que es presumible que ellos vivan los años que les quedan con al temor (cada nuevo dia que viven) de encontrar en sus cuerpos, el dia menos pensado, una primera señal de que su cuerpo sufrió los efectos de esa exposición nociva y probablemente letal a la radiación años atrás.

Esquema del funcionamiento de un reactor de agua hirviente tal como el de la Planta Nuclear de Fukushima

Temor a lo ingobernable

Cabe especular también que una causa de que la radioatividad producida por la fisin nuclear (decaimiento del núcleo atómico) produzca un temor irracional sea la presunción de la gente de que todavía los seres humanos somos incapaces de controlarla a voluntad. Es posible que temamos que aún su poder sea demasiado grande en comparación con la escala u orden de magnitud de nuestra vida sobre la Tierra y lo que hacemos para transformar el ambiente que nos rodea y hacerlo más adecuado. Es decir, es posible que la fuente principal de irracionalidad asociada al riesgo de exposición a la radioactividad, medida por el pánico que desata el ser informados de que los niveles ambientales se han elevado, esté relacionado con la intuición de que la radioactividad es una de esas pocos caminos que ha incursionado el hombre aún muy poco conocidos, donde los riesgos y costos de caminar sobre éste pudieran ser mayores que los beneficios. Mitos como el del Aprendiz de Brujo, el de la Caja de Pandora y, en general mitos asociados con el riesgo de tomar una decisión que pueda tener consecuencias irreversibles para la Tierra o el género humano pudiera ser una de las razones que expliquen el temor supremo e irracional que despierta ésta en nosotros.

Temor a un Armageddon

Puede ser también que nuestra percepción mezcle cosas distintas. Es posible que cada vez que pensamos en un evento de radioactividad (causado por una reacción en cadena) que se ha salido de control, no pensemos solamente en los efectos de la radioactividad sobre nuestro cuerpo sino en lo mucho que ella nos recuerda a una conflagración atómica y sus muy temidos efectos apocalípticos. El concepto mismo de la reacción en cadena es algo que no terminamos de comprender y de tenerle confianza. Quizás nos han marcado más como especie, los explosiones atómicas de Hiroshima y Nagasaki que todos los casos de uso pacíficos que le hempos dado a la energía nuclear desde entonces.

Problematización futura de la tecnología nuclear

Hasta hace muy poco, uno encontraba blogs y periodicos en la web en los que se hablaba con bastante naturalidad de cómo la energía nuclear estaba haciendo un reingreso glorioso como protagonista rediseñado y modernizado de la provisión de energía limpia para el futuro. Un fundador de Greenpeace como Patrick Moore, se anotó junto con Billy Gates en la defensa de esta posición de que lo nuclear es limpio. Bueno para el calentamiento global aunque pueda ser malo para el hombre. Éstas son ironías del ambientalismo. Pienso que la crisis nuclear japonesa nos obliga a revisar cada proceso de toma de decisiones que haya resultado en la aprobación de una central nuclear. Que debemos repensar los escenarios en los tiene sentido aprobar un nuevo proyecto de energía atómica. Considerando que es ésta una tecnología que aún no controlamos del todo, y que tiene efectos poco conocidos sobre los seres vivos. En suma, debemos reproblematizar el tema nuclear. Y olvidarnos de la posibilidad de delegar en técnicos un debate sobre algo que nos concierne tan de cerca or la gravedad y carácter no local y duradero de sus implicaciones negativas en caso de accidente o malfuncionamiento.

¿Será posible que el dia de mañana, cuando los modernos reactores (algunos de los cuales tienen el tamaño de una nevera), menos complejos en su control, proliferen y perdamos ese miedo? ¿O nos acosarán todavía los otros temores, como por ejemplo, los de que un suicida o un terrorista, o cualesquiera otros de los desquiciados que le rinden culto a la muerte (quienes lamentablemente no son una especie en extinción en estos tiempos), utilicen estas suertes de neveras atómicas para perpetar actos de terrorismo secuestren una de esas centrales con los peores propósitos?

No tengo respuestas a esas preguntas. Pero me solidarizo en estos momentos profundamente con los nativos de esta nación acosada por una trama compleja de problemas y me parece insólito que al mismo tiempo que todo ese pueblo lucha por sobrevivir, los fundamentalistas suicidas asesinen a dos o tres docenas de personas en Pakistán. Asesinato a contracorriente.

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