Revuelta popular en Libia, entre el genocidio y la utopía

Tricolor libio (foto: Yuri Kozyrev de Noor para Time Magazine)

1. Sigo pensando en forma fragmentaria. Quizás elijo este formato porque siento que la realidad, cuando te pones a tratar de interpretar este tipo de procesos complejos como las revueltas popualres en Libia y otrosa países árabes, desde tan lejos, se te hace difusa, la verdad más elusiva que nunca, los hechos se te desdibujan, y todo el panorama parece un palimpsesto, con costuras que distingues a leguas. Pero sientes que el resto del mundo, los gobernantes u otros que pudieran tener una capacidad de veto, moderación, censura moral, acciones dirigidas a detener lo que parece algo terrible, incivilizado, que atenta contra los principios que sustentan nuestra civilización, no la ejercen o, lo que hacen es ineficaz.

2. Pensemos que Gaddafi triunfa sobre su pueblo. Que finalmente arrasa con todo su poderío militar la revuelta. ¿Puede gobernar de ese modo sosteniblemente este dictador otros diez, quince, veinte o treinta años más y luego, anciano, transferir el poder a su hijo construyendo así una abominable dinastía que descansará sobre la sangre de miles de libios? ¿Podrán Estados Unidos y la Union Europea continuar haciendo negocios con este asesino en el futuro si resulta el vencedor de esta contienda la cual, no creo que sea una guerra civil sino una lucha por la liberación de los libios de la garra férrea de un dictador que ha reafirmado su condición de asesino? ¿Cuántos ciudadanos libios deben morir asesinados por Gaddafi antes de que el mundo civilizado al que le importan los derechos humanos tome decisiones? Aunque a última hora leo en la prensa internacional que la Unión Europea ha reconocido a la oposición Libia como gobierno. Lo que significa una total pérdida de legitimidad de Gaddafi para ser gobernante legítimo de esa nación. Celebro esta decisión, valiente que pareciera haber sido liderada por Nicolas Sarkozy.

3. Pienso en la red de causas y efectos de cada decisión en un mundo globalizado e hiperconectado como el actual. En particular en las consecuencias de las decisiones de los macro-actores. Si hay revueltas en los países petroleros se crea incertidumbre. Si hay incertidumbre suben los precios del petróleo. La subida de estos precios mejora la rentabilidad de las empresas petroleras. Pero la subida de los precios del petróleo desmejora la calidad de vida de países desarrollados no petroleros. Ésta dificulta además las posibilidades de recuperación económica de países desarrollados que todavía sienten los efectos más tardíos de la crisis de 2008. Pero las revueltas producen crisis humanitarias que se traducen, entre otras cosas, en masivas migraciones. Una parte de estas corrientes migratorias puede tener como destino los países desarrollados, en particular Europa. Fondos de estabilización tales como el Fondo Soberano de Libia, que tiene más de 70.000 millones de US dólares, realizaron inversiones en las principales instituciones financieras europeas, especialmente ayudando a países de este continente a recuperarse de la crisis de 2008. Un petróleo caro crea incentivos a usar menos vehículos, a comprar vehículos más pequeños, y en general a realizar una serie de reacomodos que resultan en menores emisiones que contribuyen con el efecto invernadero y, por tanto, tiene un efecto positivo en el ambiente. Por otra parte, cuando los países desarrollados y democráticos evalúan intervenir en un país petrolero como Libia (mas o menos equivalente a Irak), hacen consideraciones sobre lo que pueden decir de sus razones para intervenir líderes de opinión o países poderosos, porque es fácil alegar que la intervención obedecía, no a razones morales sino a interes económicos. Lo que significa que el mundo civilizado y desarrollado ha perdido credibilidad. Ya los líderes no son creídos automáticamente cuando dicen que en cierto países se violan derechos humanos o se perpetra un genocidio. Esa es una de la srazones para que los líderes esperen. Quieren acumular evidencia que demuestre de manera irrefutable la culpabilidad del presunto genocida. Y que esta evidencia sea compartida por una proporción importante del mundo civilizado incluyendo la ciudadanía. Y mientras tanto, los ciudadanos sufren el horror. Una pesadilla. Por eso queremos un mundo con credibilidad. Un mundo de líderes honestos, éticos, íntegros. O un mundo tan transparente que, aún si no lo fueran, deben parecerlo, actuar públicamente de esa manera, so pena de ser defenestrados, desvinculados de inmediato de sus cargos y su poder. Un mundo en el que no tengamos que dudar de los motivos reales de sus decisiones cuando se trata de detener por todos los medios la violación de derechos humanos, o el genocidio. Un mundo en el que las acciones para cortar la impunidad de cualquier violación mayor de los derechos humanos, de lo que es ético y civilizado, se produzcan sin demora. Como si se tratara de acciones en la bolsa. Y no que deban sufrir durante décadas los vejámenes de un líder autoritario o morir en cuestión de días centenares de quellos que lo adversan. Quisiera tiempos de reacción más cortos. Que se comparezcan con la velocidad a la que fluye la información confiable.

4. Las nuevas tecnologías de información crean un mundo de gente que puede verificar y conocer mejor y más rápido cuándo y cómo los dictadores, los gobernantes, autoritarios o no, que declaran trabajar a favor de sus pueblos, en realidad no lo hacen, por incapaces o porque malversan recursos que no les pertenecen disfrutando de una calidad de vida a la que no tienen acceso los gobernados. Es decir, pueden darse cuenta de que lo que les dicen sus gobernantes es mentira y que éstos son realmente corruptos. Esta posibilidad de verificación, ergo de transparencia, produce una desilusión más rápida y produce ira. Dificulta la gobernabilidad. Pero no le confiere a los gobernados la fuerza. Todavía el monopolio de la violencia está en el centro del poder. Todavía es sostenible el gobierno de lso más fuertes y todo poderosos.

5. Veo a los que promueven las nuevas tecnologías, a los grupos de jóvenes empresarios o a los investigadores en los centros de R&D que desarrollan tecnología de información de punta como los creadores de una nueva utopía. La densidad de individuos de este tipo en empresas como Google, Facebook, Twitter, Amazon, Microsoft, Apple, y cientos de otras más, en Silicon Valley, Palo Alto y otros sitios vecinos, convierte a la costa Oeste de Estados Unidos como un centro de poder en el que se cocina una suerte de política exterior norteamericana más honesta, más idealista. Uno siente luego de leer sobre los objetivos de todos estos líderes que hubiera una visión compartida de lo que debiera ser el mundo, y el modo como la tecnología de información puede contribuir a lograr más rápido y con los menores costos ese mundo. Me refiero a un mundo justo, democrático, libre y horizontal. Es posible que en un futuro próximo escriba con más detalles sobre lo que visualizo como una nueva utopía global apalancada en la tecnología. Sus promotores son, ya no los Fourier, Owen, Proudhon de este siglo sino los Zuckerberg, Assange, Jobs, los ejecutivos de Google, Amazon, Twitter y otros. Nuevos soñadores que ayudan a miles de otros hombres de ciencia a construir un mundo distinto. Pero no necesariamente dependiente de ésta. Manuel Castells en su artículo sobre La Gran Desconexión, en Egipto sugiere que a estas alturas ya no es la tecnología sino que una nueva manera de la gente de relacionarse con sus pares, amigos, ergo gobernados.

3 comentarios en “Revuelta popular en Libia, entre el genocidio y la utopía

  1. ¿Quién te dijo a ti que los libios no quieren a Gaddafi?
    ¿Quién carajo armó hasta los dientes a la oposición libia?
    ¿Qué cosa es esa oposición? ¿Le has visto las caras? Da terror.
    Las revueltas en Libia no fueron espontáneas.
    ¿Será que porque estoy más cerca de Libia que tú lo veo todo más claro?
    Gaddafi hasta hace nada era un aliado de Occidente. Un aliado en la lucha antiterrorista contra Al Qaeda. Bush jamás hubiese enviado esos portaviones y buques de guerra a rodear Libia. Occidente trata mal a sus amigos y eso es muy malo. Cualquier aliado de Occidente es mi aliado también. Obama es el producto bastardo de los votos de los delincuentes latinos que viven en USA -gracias a la generosidad de ese gran país. Sal de la poltrona, Lorenzo. Europa se sigue suicidando. Y eso no me gusta. Porque si hay una defensora de Europa y una defensora de Occidente, esa soy yo. ¿Será porque no tengo sangre indígena americana? Mejor malo conocido que bueno por conocer. Hace mucho dejé de ser pacifista. E imparcial. Soy europea, blanca, occidental; y defiendo lo mío. Soy parcial -por supuesto. Voilá.
    Madrid; 11.03.11; 21:11

    • Compras el argumento de Gaddafi, jefe de una tribu beduina que disfrazado de señora opulenta, y que se actuando durante cuatro décadas como amo y señor de los pozos petroleros, chantajeaba a Occidente. Piensas que todas las revueltas en el mundo árabe fueron armadas por el fundamentalismo islámico. No es cierto. Abundante evidencia sugiere que los manifestante no pedían teocracia sino laicismo. Creer lo contrario es dejarse manipular por la basura propagandística producida por una pobre sala situacional al servicio de la supuesta revolución islámica. No defiendes a Occidente al defender a Gaddafi, defiendes la barbarie. Crees hacerlo pero terminas manipulada por esos argumentos. Te enganchan ellos y terminas apoyando la barbarie. No a Europa ni a la cuna de la civilización. Que terminaria en tumba si se anota al lado de los bárbaros. Celebro la iniciativa europa de tomar distancia de Gaddafi. Pierde la miopía. Veamos en unos meses qué pasa.

  2. Gaddafi y sus opositores, ambos, me dan igual -quise decir.
    Las excentricidades de Gaddafi (vestido de señora opulenta) me son indiferentes. Los libios (tribales, todos) seguramente se merecen a Gaddafi al igual que los venezolanos se merecen no a Chávez, sino algo mucho peor.

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