Apuntes al margen del genocidio Libio

Entre el crimen y la locura

1. Debo comenzar por la definición de genocidio. En la página http://www.preventgenocide.org dice que genocidio es: ” el crimen de destruir grupoa nacionales, raciales o religiosos“. La palabra fue acuñada por Raphael Lemkin, jurista polaco de ascendencia judía. Su primer trabajo sobre este concepto lo presentó a un Congreso de la Liga de Naciones en 1933 y estaba motivado por las impresiones que le causaron el genocidio armenio (Los interesados pueden leer el artículo de Michael Ignatieff, sobre Lemkin y la imaginación moral del siglo veinte).

2. Me acuerdo de una de las ideas de la antipsiquiatría, aquella corriente de la psiquiatría cuyos principios eran descritos en uno de los libros del psiquiatra escocés Ronald Laing (quien junto con el psiquiatra sudafricano David Cooper fueron los líderes de este movimiento), The divided self. La idea era más o menos que se debía redefinir el concepto de locura porque no tenía sentido definir como locura una clase de conducta que se separara de la norma si esta norma había sido definida de acuerdo con parámetros de normalidad de una sociedad cuya cordura no podíamos defender más allá de toda duda razonable. Ergo, lo que creíamos que era cordura podría muy bien ser locura. Pero no se trata de criticar ese relativismo viviendo en un mundo en el que tantas cosas se han relativizado, incluyendo la moral, sino de provocar de nuevo la reflexión sobre las relaciones entre locura y sociedad.

3. No obstante lo subjetiva que podría ser la afirmación de que un líder político está loco o es un psicópata (tomo la definición más simple: incapacitado para conectarse con las emociones de otro ser humano y por tanto para sentir culpa), a diario somos testigos de dichos y hechos de líderes políticos cuya racionalidad, desde el punto de vista de ciudadanos comunes, no podemos explicar.

4. Motiva esta reflexión la conducta actual, pero también la anterior, de Muammar al-Gadaffi, quien desde el 1 de septiembre de 1969 rige el destino de Libia y se hace llamar Hermano Líder y Guía de la Revolución.

5. La comunidad internacional, los analistas internacionales, los líderes políticos de las naciones más desarrolladas. Me sorprendo de las pocas cosas que todos ellos parecen ser capaces de predecir en materia de relaciones internacionales. No vieron venir la actual e insólita movilización a favor de la democracia de la que hemos sidos testigos en estos días en naciones del norte de África y el Medio Oriente. Pero tampoco predijeron que un líder como Gadafi pudiese actuar, llegado el momento, de la forma como ha actuado, ordenando a milicianos y mercenarios dispararles desde tierra o bobardearlos desde el aire, a manifestantes desarmados.

6. Me pregunto qué explica mejor la conducta asesina de Gadafi. ¿Son estos asesinatos el producto de su locura, de la cual es evidencia, entre otras cosas, su análisis desquiciado y delirante de lo que pasa actualmente en Libia, que está condimentado con sus alegatos de que Osama Bin Laden y el terrorismo internacional instigaron a los manifestantes, principalmente jóvenes, regalándoles drogas (¿porque sólo así se explicaría que alguien pueda estar en desacuerdo con su magnífica revolución?)?; ¿O ha sido Gadafi siempre un asesino, una persona que ha encontrado razones o motivos morales, políticos o cualesquiera otros para ordenar el asesinato de otros seres humanos? El 21 de diciembre de 1988, explotó el vuelo 103 de Pan Am sobre el pueblo de Lockerbie en Escocia. En este atentado terrorista murieron 259 personas que viajaban en el avión y 11 habitantes de Lockerbie. ¿No sugiere acaso fuertemente que Gadaffi es un asesino el hecho de que el ex ministro de Justicia de Libia, Mustafa Abdel Jalil, haya declarado que fue Gadaffi quien ordenó el atentado de Lockerbie ? Y si esto fue así, ¿cómo es que luego de que el FBI, Scotland Yard, en conjunto con la policía de Dumfries y Galloway, realizaran más de 150.000 entrevistas, en lo que se considera una de las investigaciones policiales más extensas de la historia, no hayan colectado suficiente evidencia para implicar a Gadaffi como actor intelectual de ese crimen?, ¿O será que la indemnización de 10 millones de US dólares que Gadaffi prometió, y finalmente otorgó, a cada una de las víctimas, junto con el reconocimiento de su responsabilidad civil en el atentado, sirvió para comprar su inocencia frente a los líderes de las naciones desarrolladas como Tony Blair, José María Aznar o William Burns, Secretario de Estado Adjunto de Estados Unidos, quienes lo visitaron en Libia para negociar la reanudación o inicio de interesantes acuerdos económicos y políticos? ¿O fueron estas visitas una estrategia planeada por las naciones desarrolladas para convencer a Gadaffi de abandonar proyectos de desarrollo de armas de destrucción masiva (nucleares, químicas, biológicas) y financiar el terrorismo internacional? Si esto último fue el caso, esto abre la discusión sobre cuánta inocencia puede un negociador tener, y cuánta buena fe debe y pueden éstos atribuirle a líderes que muestran una conducta al borde la razón y, lo que peor aún, al borde de la ética.

7. Un argumento que puede explicar la conducta de los líderes mencionados arriba, y de otros líderes de naciones desarrolladas que aparentemente hicieron las paces con Gadaffi en el pasado reciente y lo visitaron en Libia, es suponer que ellos predijeron lo que está ocurriendo actualmente. Es decir, que anticiparon que Gadaffi era un hombre que, llegado el momento, sería capaz de ordenar a sus fuerzas aliadas (milicias, soldados, amazonas, mercenarios, etc), con determinación y sin que le temblara el pulso, disparar contra manifestantes de la nación que gobierna hace 40 años. Y pensaron también que un hombre así, con mucha mayor probabilidad, podría usar armas de destrucción masiva contra enemigos externos reales, o imaginarios, en el caso hipotético de un incidente internacional. De modo que quizás ponderaron esos dos riesgos a la hora de decidir una estrategia de relación con Gadaffi: el riesgo de tenerlo como enemigo internacional versus el riesgo (menor) de conducirse como aliados comerciales y (menos) políticos. Aún si ello implicaba que que los libios continuaran bajo su regimen autoritario poco teñido de democracia a sabiendas de que, de algún modo, el mundo en general y Occidente en particular, estaba momentáneamente libre de una amenaza muy seria. Ese argumento explicaría cómo se puede llegar a hacer negocios con un loco que además tiene el potencial para asesinar. No explica en cambio cómo un pueblo (realmente conformado por la reunión de unas 130 tribus beduinas), esperó 40 años para sublevarse contra un líder autocrático y asesino. O capaz de asesinar por razones ideológicas. Que es lo mismo pues ningún argumento vale para quitarle la vida a un ser humano.

6.1. Hay otro argumento más simple. Pensar que los líderes internacionales se mueven principalmente por intereses económicos. Y que sencillamente la probabilidad de conductas desquiciadaas asociadas con la peor violencia, como la que hemos visto en días pasados, estaba predicha y formaba parte de los riesgos calculados e integrados como costos en los diversos negocios que hicieron con él. No obstante, me niego a ver las cosas con tanta simpleza.

8. Si en efecto, tal como presumimos, la locura de Gadaffi estaba contundentemente diagnosticada (o se descubrieron razones fuertes para sospecharla), debemos empezar a darnos cuenta de que este caso sugiere que los factores que explican las relaciones internacionales, con frecuencia distan mucho de responder (tal como lo quisiéramos) de una manera clara a criterios consistentes con los valores de libertad, democracia, derechos humanos y más a una mezcla de factores que integra y pondera: temores, intereses económicos y beneficios esperados, riesgos, fortalezas y debilidades, entre otros.

9. Otra conclusión del caso Libia-Gadaffi es que por lo general, la actuación de organismos internacionales como Naciones Unidas o la Unión Europea, es muy lenta. No es algo trivial la declaración formal de que en determinado lugar se perpetra un genocidio. Al margen del problema de recolectar información objetiva sobre los crímenes cometidos sobre los que se puedan fundar los acuerdos para sancionar, múltiples acuerdos y contratos económicos y diplomáticos, y el temor razonable a que ocurran retaliaciones con los nativos de los países cuyas instituciones lideran la moción para la aprobación de sanciones o la toma de posiciones adversas al regimen gobernante moderan la severidas y frena la velocidad en los procesos de toma de decisión de los organismos internacionales y multilaterales. Por tanto, lo que éstos decidan dista mucho aún de ser ágil y eficaz como medida de protección de los bienes y la vida de los ciudadanos de una nación como Libia en la que su gobernante ha decidido atacar a un grupo de ellos porque lo adversan pacíficamente. Sólo los ciudadanos organizados y movilizados de un país que sufre los embates de un regimen autoritario (donde se vulneran algunas o muchas de las libertades y derechos humanos, se secuestran las instituciones, se adecúa la justicia para que quede al servicio de los intereses de la coalición gobernante, y se quiebran las posibilidades de convencia armónica interna incitando la polarización y haciendo de este modo al país más sensible a escenarios que pudieran encender una Guerra Civil) pueden decidir cambiar su statu quo por uno nuevo. Estos cambios serán duros, complejos y costosos pero de ellos aprenderán sobretodo, los manifestantes y la comunidad internacional derivando lecciones, reflexiones o simples apuntes casuales como los presentes. Por otra parte, las sanciones económicas has mostrado ser muy poco eficaces para debilitar a un regimen. El caso cubano lo demuestra contundentemente (aquí se pueve revisar un borrador de sanciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas así como una lista de nombres de los aliados de Gadaffi sancionados).

9.1. Creo que en los movimientos populares interconectados como los que hemos visto en los países árabes recientemente, hay una curva de aprendizaje muy rápida. Los egipcios aprendieron de los tunecinos, los libios de los egipcios. Los libios aprenden ahora de sus primeras manifestaciónes. Los movimientos prodemocracia en otras naciones, si siguen el mismo patrón, serán cada vez más eficaces en el logro de reformas radicales o marginales que produzcan gobiernos más democráticos y más sensibles a las demandas de toda la población, no sólo a las de una parte de ella.

10. O quizás podemos reivindicar la antipsiquiatría y suponer que nuestra idea de cordura es relativa. Cuestionable. Y sospechar que quizá estamos locos y que quizá Gadaffi tiene razón. Que pudiera ser sensato perseguir y eliminar como ratas a los rebeldes porque son unos traidores a la patria que actúan contra ella porque han sido alucinados y drogados por enemigos de la paz internacional. Y en el futuro, mediante una política de eugenesia, eliminar antes de cumplir cinco años a todo niño que, luego de administrarle una batería de pruebas psiquiátricas, biológicas y médicas, se pueda sospechar con fundamento que mostrará con alta probabilidad que tendrá una futura conducta rebelde. Al estilo distópico y despótico de Never Let Me Go.

11. Las imágenes, las que veo en televisión y las que imagino (con ayuda de lo que cuentan los reporteros), de lo que está pasando en Libia son una pesadilla. Ni siquiera el horror de lo que pasa en las terribles cárceles y morgues venezolanas (imágenes que sólo he contemplado en toda su crudeza en fotos, desde un tiempo censuradas por el gobierno) nos preparan a mirarlas con los ojos bien abiertos. Son la versión contemporánea de los horrores que producen el colonialismo y el imperialismo, aquellos que Joseph Conrad documenta y denuncia implacablemente en su novela El corazón de las Tinieblas.

12. El hijo de Gadaffi, Saif el Islam, llama a la negociación con los rebeldes. Pero no veo que tengan, ni él ni su padre probabilidades de reinstaurarse en el poder. Las manifestaciones populares masivas que tienen actualmente agitado al mundo árabe hacen pensar que el poder (en especial aquel que se perpetúa) es siempre (casi siempre) el resultado de una ilusión. Es posible que el poder de Gadaffi se haya erosionado hasta casi desaparecer hace años. Creo que hasta hace unos meses, aún quedaba la ilusión. Pero ésta se ha quebrado y no hay modo de restaurarla. Es la ilusión y no el temor lo que sostienen la mayor parte del poder. Por el contrario, creo que el poder muy joven y fresco está hecho de esperanza. Una esperanza que sostiene la ilusión. Es la fase del medio (ni la muy joven ni la muy anciana), la de la ilusión fortalecida por el terror, así como por el temor que éste engendra en los gobernados, la peor fase del poder.

13. Mi breve lista de los mejores productos de la globalización: el ipod y la música digital, el twitter y el facebook, los celulares inteligentes, el fútbol, la ética ambiental, los premios oscar y el cine, el ipad, el vino y la comida para la conversación y la camaradería, y, last but not least, a democracia y la libertad y los DDHH.

14. Así como 2010 fue un año intenso en fenómenos naturales y catástrofes (el volcán de Islandia, los terremotos de Haití y Chile, los deslaves, los ciclones y huracanes, las inundaciones, etc), o en el que hubieron importantes accidentes en los que el hombre midió sus fuerzas y capacidad de resolver problemas con la naturaleza (el derrame en el Golfo, los mineros de Chile), el 2011 pinta como un año que será intenso en fenómenos de cambio social radical.

15. Pareciera que el mundo complejo de nuestros tiempos se olvida lentamente de la gradualidad, de los cambios incrementales y se dirige como caballo desbocado a experimentar una concentración cada vez mayor de cambios radicales, o revolucionarios. ¿Será que vivimos tiempos de aceleración y que ésta afecta, no sólo el ámbito de la computación y tecnología? Dopaminergia, dopaminergia /ver la nota sobre este concepto en este blog). (Nota para mi: Tendré que revisar las ideas de Thomas Kuhn (principalmente las desarrolladas en La estructura de las revoluciones científicas (ver resumen aquí)) sobre cómo los tiempos de ciencia /cambio/ normal se articulan con tiempos de ciencia /cambio/ revolucionario, y las del fallecido biólogo evolutivo Stephen Jay Gould sobre la Teoría de los Equilibrios Puntuados, que es como si Khun fuese usado para explicar la evolución de las especies). En cualquier caso, pareciera como que en estos tiempos, las fases de cambio normal e incremental tiendem a encogerse y las de cambio reolucionario (radical) a prolongarse. Hya implicaciones interesantes de esto que debería explorar más adelante.

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