Notas sobre redes sociales digitales, 3

Tecnología, empatía y pasión

Fiesta en la Plaza Tahrir, en Egipto, durante las recientes manifestaciones populares

Proemio

    Estás en la manifestación, a la que has llegado muy temprano. Estás parado desde hace horas cerca del centro de la plaza. Llevas muchas de esas horas gritando a toda voz las proclamas. Algunas emanan espontáneamente desde muy dentro de ti. Otras, muchas, son aquellas a las que sumas tu voz como en un coro tratando siempre de no desentonar. El hambre y el cansancio actúan en contra de tus intenciones de permanecer. Temprano, el sol y el calor fueron los peores enemigos de tu activismo. Más tarde, el hambre y el cansancio, se sumaron lentamente como barreras a tus intenciones. pero siempre hay barreras a lo que deseas hacer. Y tú sabes que es importante que permanezcas allí junto a los demás. Sabes que la presencia de cada uno cuenta para el logro de los objetivos. Y sin embargo, cómo quisieras aunque sea por un minuto ver a esa masa compacta desde arriba; verla como si fuera tu cuerpo mismo y estuvieras ahí frente a un espejo gigantesco. Ver esa masa compacta desde muy arriba, incluso cenitalmente, para sentir por unos segundos aunque sea, el orgullo de formar parte de algo grande, algo que seguramente tendrá implicaciones. Intuyes también que este anhelo merodea a muchos de los que te rodean. Pero si lo haces tú, si lo hace el resto, esa masa será menos compacta y menos impresionante. Si ello ocurriera, esa masa pudiera convertirse en otra cosa. Algo deshilachado, diluido, una imagen pálida de lo que es ahora. Pero además, eso no es necesario. Tu primo Abdullah que vive en Los Angeles te ha mandado un mensaje diciendo que acaba de ver esa manifestación. Te ha dicho que es más impresionante que aquel concierto que vieron juntos en MTV el último domingo de sus vacaciones, el verano pasado. Y eso es suficiente. Puedes esperar que a esa hora, más de cien videos habrán sido subidos a youtube sobre lo que pasa en la plaza. Estás ahí, en Cairo, pero tu novia Layla está ahora en París escribiendo un ensayo sobre el clásico de Donna Haraway del que tanto te ha hablado (Simians, Cyborgs and Women: The reinvention of nature, 1991) y piensas que ella se está acordando de tí, y quizás ha pasado su vista casualmente por encima tuyo (digo, mirando una foto de esa concentración subida a la web desde un celular) sin poder identificarte. Quizás Layla está mirando uno de esos videos, leyendo tweets que otros amigos le envían desde allí. Tu anhelo de mirar la concentración desde donde ella la miró puede esperar. Es fácil imaginar el tamaño de esta manifestación. Ya lo has visto en la foto que recibió Gamal, tu compañero de clase, que está parado a tu lado. Se la envió su abuela; quien con menos de 64 años ya maneja a la perfección el twitter, el facebook y su blog.

Globalización y tecnología
Lo anterior es un ejercicio de ficción que se inspira en una escena que le pudiera haber sido vivida por cualquiera de los miles de protagonistas de alguna de las decenas de manifestaciones que han ocurrido en días pasados en países árabes. He seguido con cierta atención este proceso y no deja de fascinarme ese efecto dominó de movilizaciones populares y movimientos de liberación que se han ido activando, como una reacción en cadena, en diversas naciones del Magreb y el Medio Oriente. Todos estos movimientos han nacido con el objetivo de derrocar o reformar profundamente gobiernos monárquicos o autoritarios en los que se han perpetuado dictadores o reyes durante décadas o siglos (como ha sido el caso de Bahrein).

Se habló que la globalización había jugado un papel en el desplome de los regímenes comunistas de Europa Oriental. No creo que la globalización no haya sido importante en esta ocasión. Pero ahora ha jugado con mucha más fuerza otro factor, la tecnología. La tecnología de información ha sido determinante en conectar a la gente de una manera íntima (entre otras cosas en eso que se llaman redes sociales digitales), y facilitar de este modo la organización y coordinación de las movilizaciones. Por otro lado, los medios de comunicación, que producen y publican las noticias, multiplicadas hasta la saciedad gracias a sus versiones digitales y las diseminaciones virales que de éstas hacen las redes sociales digitales, han actuado como disparadores de las movilizaciones o como elementos que han mantenido el nivel de activismo para que éste no desaparezca.

La idea de la convergencia de tecnologías
No se trata solamente de que quienes adversan a un gobierno autoritario tienen a la mano una tecnología que los ayuda a organizarse y coordinar sus tácticas, contribuyendo de esta manera con el éxito de estos movimientos, sino también de que durante estos procesos ha habido una convergencia, coincidencia y sinergia entre entre dos tecnologías: 1. Por un lado de la creciente diversidad de herramientas tecnológicas usadas para la interconexión, principalmente entre activistas (sms, llamadas al cel, redes de chat encriptadas como las del BB, correo electrónico, sitios para subir y publicar videos como youtube, o sitios para subir y publicar fotos como flickr, o tumblr, plataformas para microbloging como twitter, o plataformas para redes sociales como facebook, o el fax y el teléfono tradicionales); y 2. Por el otro, de las herramientas tecnológicas a las que recurre el periodismo contemporáneo para producir y hacer llegar al destinatario la noticia (por esquemas de señal abierta, cerrada o por internet).

Una arena de la convergencia tecnológica
Tal convergencia ocurre porque los destinatarios se han convertido ellos mismos en productores de noticias y por tanto se produce una especie de rizo (loop) en el que la información sobre lo que hacen y las opiniones (las propias y las lejanas, que pueden haber sido producidas en otra lengua, por familiares, amigos, colegas o desconocidos, en un país situado en los antípodas) sobre los efectos de las movilizaciones que realizan se mezclan y confunden, casi en tiempo real, y regresan a los mismos actores, es decir, al sitio de producción de las noticias. Este proceso cíclico produce una red de activismo cada vez más amplia y cada vez más compacta que se hace muy fuerte y que está cada vez más determinada a lograr sus objetivos. Quizá, entre otras cosas, porque quienes forman parte de esa red que crece dia a dia en cada uno de los países árabes en los que han tenido lugar estas manifestaciones populares, están concientes del poder creciente que tienen para lograr el cambio socio-político que anhelan.

Puede ser tremendamente seductora la idea de abandonar ese rol de ser espectadores pasivos de lo que ocurre en el mundo, o en la esquina de nuestras casas, para asumir este novedoso rol dual de espectadores que son a la vez protagonistas de su propio destino colectivo (y no solo de su destino en tanto que individuos).

Política y pasión
Esta decisión de asumir ese rol dual, es con frecuencia tomada con pasión. Así la tecnología conduce a esta nueva generación de activistas políticos, desde la otrora pasiva vida de contemplación que transcurría en sus poltronas o sofás en sus cálidos hogares a la pasión llena de adrenalina que les ofrece la calle. Esta convergencia convierte a la arena política moderna, que es la calle o la plaza (además de sus meandros más o menos oscuros y secretos), en una suerte de salón de espejos dentro del cual la noticia y sus efectos en los receptores: se produce, se pública, se difunde, se comenta y reverbera. Circula y recircula. Y cada vez que se cumple un nuevo ciclo, se encienden más los ánimos de los actores- espectadores, se incrementa la pasión, circula más adrenalina por sus vasos sanguíneos. Así el loop noticioso iterado actúa como feedback positivo del movimiento.

Quiero aclarar un poco más la idea de pasión que uso en este texto. la tomo de una estudiosa de la democracia, Chantal Mouffe, quien en 200 publicó un libro titulado Politics and passions. En una entrevista para un journal online, ella le explica a su entrevistador lo que entiende por el concepto de pasión en la política. Lo cito textual en inglés y luego lo traduzco:

    “What I understand by passion is not what you could call an individual passion, but everything that has to do with the affective dimension which is mobilised in the creation of collective identity. This is to stress that when people act politically,(…) there is also an affective dimension. What I criticise in the dominant model of political theory is rationalism. To believe that people are principally moved by rationality, either by some rationality of interest or the communicative rationality (as in Habermas or Rawls) and dismiss anything that has to do with affect: desire, forms of identification, everything affective. They think that they need to be taken away from politics because they believe that this is something that would interfere with the objective of consensus”

(ver la entrevista completa aquí).

Y aquí la versión en español: “Lo que entiendo por pasión no es lo que usted llamaría una pasión individual, sino todo lo que tiene que ver con la dimension afectiva que es movilizada en la creación de la identidad colectiva. Esto para enfatizar que cuando la gente actúa políticamente, puede existir también una dimensión afectiva. Lo que yo critico en el modelo dominante de la teoría política es el racionalismo. Creer que la gente está movida principalmente por una racionalidad, sea por alguna racionalidad de sus intereses o por una racionalidad comunicativa (como lo han postulado Habermas o Rawls) y desechar todo lo que tiene que ver con el afecto: deseo, formas de identificación, el universo de lo afectivo. Ellos creen que todo esto se tiene que sacar de la política porque piensan que las pasiones podrían interferir con el objetivo de construir consenso”.

Quisiera observar que lo que argumento aquí (que la tecnología, usada como herramienta de información y conexión en redes sociales, cataliza y fortalece el nacimiento de una ola de empatía) es consistente con la visión de Mouffe. La empatía es, antes que nada, un fenómeno afectivo que trasciende lo racional y lo cognitivo y que no se limita ni está interesada en la construcción de un consenso puesto que puede tolerar (y convivir con) la diferencia.

Por otra parte, para sumar individuos al consenso hay que convencerlos racionalmente a cada uno. El consenso es lento, implica deliberación, reflexión, análisis y síntesis. La empatía es automática, contagiosa y muy rápida. La empatía es viral. Es como la gasolina derramada que se enciende y corre hacia el tanque desde el cual se derrama; el consenso, como la llama de la vela consumiendo lento el cabo. Es la empatía uno de los motores que disemina estos movimientos por el el Medio Oriente y el Magreb. Empatía que deriva en emulación, inspiración, imitación, identificación, comunión, con aquellos que han logrado los otros pueblos. Empatía autopoiética.

Tecnología, civiles vs militares
Quiero insistir en la diferencia entre las manifestaciones de un pueblo cuyas pasiones se desatan de a poco con cada respuesta sorda del dictador a sus reclamos, y los actos del militar, donde el feedback al que hago referencia es poderosamente atenuado por medio de rígidas normas de acatamiento de órdenes de los superiores jerárquicos y mecanismos de censura de la información que reciben los oficiales y la tropa. Los militares, a causa de su rígida estructura jerárquica, son una clase de usuarios de estas nuevas tecnologías son menos propensos a tener las experiencias empáticas catalizadas por la tecnología.

La empatía como resultado de un “salón de espejos” tecnológico
Una de las consecuencias de adoptar como estilo de vida este rol dual de actores-espectadores, es el nacimiento, desarrollo y fortalecimiento de la empatía en una creciente fracción de los miembros del grupo. Si la empatía puede ser definida generalmente como la capacidad para reconocer y compartir lo que siente otro ser humano al que percibimos como cercano, pienso que la exposición de cada individuo de la red de activistas (a múltiples y heterogéneos registros de lo que siente, piensa, cree el otro (documentado en crónicas, frases, noticias, argumentos, videos, fotos, verbatim, etc,) que le llegan mediante una batería de herramientas tecnológicas, actúa como un catalizador de la empatía, quizás estimulando la actividad de las neuronas espejo (cierta evidencia sugiere que son las responsable de la empatía) y, a la vez, desestimulando el interés de prestarle atención a aspectos o temas no relacionados con la movilización y sus objetivos.

Se puede también decir que la tecnología, al llenar ese ámbito en el que actúan los activistas, con múltiples espejos digitales (que funcionan como superficies que reflejan, reverberan y ponen a circular dentro de la red, lo que dicen o hacen éstos introduciendo además en ello cierta variación), actúa como un amplificador de la empatía basal. Exacerba en cada miembro del grupo inmerso en la movilización la sensibilidad hacia lo que hace, siente, piensa, y cree el otro. Y en particular exacerba la identificación con el sufrimiento, carencias, necesidades del otro, las cuales en cierta medida, son también causas del sufrimiento, carencias, necesidades de todos y cada uno de los activistas.

La tecnología le confiere un nuevo sentido a esa frase de Terencio a la que se ha recurrido tantas veces para hablar de nuestros lazos como seres humanos: Soy hombre y nada de lo humano me es ajeno. Esa frase tiene más sentido para todos aquellos que están inmersos en la red y conectados de múltiples modos con una serie de personas con las que comparten una o muchas cosas. El dolor del hombre que toman preso injustamente, el hambre del otro que hace huelga de hambre por una causa justa, todas esas manifestaciones individuales se nos hacen más cercanas, las sentimos como actos más próximos a nosotros, gracias a la tecnología. Es ella la que nos sensibiliza y acerca al prójimo y, llegado el momento, puede determinar que salgamos con rabia o mucha determinación a manifestar, si una institución fue sorda a nuestros reclamos.

El cemento de las nuevas redes sociales
Lo que se definen entre los activistas son: lazos, relaciones, vínculos o conexiones casi siempre temporales y por tanto no susceptibles de configurarlos (a todos los activistas conectados entre sí por un poderoso sentimiento empático) como una clase nueva, una que en un futuro se pueda enfrentar a otro grupo y crear de este modo una fisura en la nueva sociedad que se esatá configurando. No tiene lugar un proceso de identificación grupal como el que opera en el que sería el proceso de formación de una clase. Lo que hace más interesante a estos grupos de ciudadanos movilizados contra el gobierno es su heterogeneidad: étnica, social, económica, etc. La empatía produce articulaciones temporales y perecederas entre los miembros del movimiento (los activistas). Sin embargo, hay una alineación en algunas cosas fundamentales por las que luchan: libertad, justicia, derechos humanos. Principalmente esto. Lucha laica. Dejando las creencias aparte, para la práctica privada. Lluis Bassets, en un blog asociado con El País, hablan de una desislamización del mundo árabe a la que estaría asociado un proceso de laicización de la población (esto implicaría también el abandono de viejas consignas como el antiimperialismo y el antisionismo que serían reemplazadas por consignas nuevas, más universales como: la libertad, la justicia y los derechos humanos). Es posible que algo de eso esté ocurriendo.

Estos movimientos pudieran representar una crisis en la cohesión de la sociedad de creyentes, aquella que creíamos era fuertemente renuente a la modernización y deseosa de abrazar una teocracia.

Envejecimiento del concepto de clases
Quiero contrastar la idea de red con la idea de sociedad de clases. La red invita a todos a sumarse a ella.Es un objeto universal, global e incluyente. Invita a pertenecer a ella. Pero no segrega a quienes no lo hacen. La red no implica, y no debe implicar, un componente ideológico. No hay lucha dialéctica dentro de la red y esta es una de las razones que hace improbable la aparición de enemigos en la red. La categoría analítica de la clase se debilita en la medida en que es reemplazada por nuevas categorias de análisis social y político.

Permanencia de la pasión
Pero hay pasión. La hay durante los picos de actividad, y la debe haber luego, cuando se han logrado los objetivos. Si la libertad, la justica y los derechos humanos se rescatan con pasión, ésta no puede ser dejada luego en un rincón cuando se hayan logrado las condiciones institucionales y los acuerdos mínimos para que existan. Este es uno de los mensajes más importante de una de las más grandes pensadoras de la democracia en el mundo actual, Chantal Mouffe (revisar su web site aqui).

La supervivencia en el largo plazo de todos los logros que sean consecuencia de estos movimientos depende de la capacidad de la sociedad unida en la red (o en las redes) para reactivar a voluntad la pasión, y con ella despertar cada vez que sea necesario toda la voluntad, la fuerza y perseverancia con la que combatieron originalmente en estas movilizaciones para minar y, eventualmente derrocar, las bases de los regímenes autoritarios que se habian perpetuado en el poder u olvidado de las necesidades del pueblo.

La ausencia de líderes políticos visibles e importantes en estos movimientos crea un problema de gobernabilidad en las naciones que hayan cambios de regimen gradual o violentamente. El vacío de poder que pudiera crear esta falta de líderes visibles puede incrementar el riesgo de que estos movimientos populares (o sus logros) sean secuestrados luego por grupos alineados con el fundamentalismo islámico. Este es un riesgo del cual estos movimientos populares deberán protegerse, apelando a la ayuda de toda la sociedad.

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