Notas sobre redes sociales digitales, 1

Mark Zuckerberg, fundador de Facebook

The social network, Mark Zuckerberg, facebook y el nuevo sueño americano

Apenas comencé a ver The social network, la película de David Fincher que relata la historia del desarrollo de la plataforma para redes sociales Facebook, me sorprendí de que Mark Zuckerberg (caracterizado por Jesse Eisenberg, nominado al Oscar 2011 como Mejor Actor), su fundador más importante, hablara como si le arrojara a su novia (Rooney Mara) ráfagas punzantes de palabras a toda velocidad. Al escucharlo se tenía la impresión de que este chico, que a la sazón aún cursaba el segundo año de su carrera en la Universidad de Harvard (era un sophomore), pensaba y vivía a una velocidad muy superior a la quelo hacían sus pares, y que de algún modo eso lo definía como un desadaptado. O al menos como alguien diferente. A esa velocidad, o quizás a una velocidad superior, el Zuckerberg de la realidad gestó facebook luego de darse cuenta de cuáles eran las necesidades de socialización de miles de estudiantes de Harvard y otras ivy-leaguers (Brown, Columbia, Princeton, Yale, etc) y de prever de qué modo una plataforma como facebook podría satisfacer algunas de esas necesidades. Zuckerberg desarrolló y lanzó facebook el 4 de febrero de 2004, junto con sus socios Eduardo Saverin (Andrew Garfield, el inquisitivo estudiante de Lions for Lambs), Dustin Moskowitz (Joseph Mazzello), y Chris Hughes (Patrick Mapel), todos ellos estudiantes de ciencias de la computación de Harvard, en la cual este grupo había comenzado a trabajar menos de un año antes.

El guión de The Social Network, escrito por Aaron Sorkin (nominado a Mejor Guión Adaptado por la Academia para la ceremonia de 2011), se basa en el libro de Ben Mezrich, The Accidental Billionaires: The Founding of Facebook, A Tale of Sex, Money, Genius, and Betrayal, obra que tuvo como fuente principal los testimonios de Eduardo Saverin, ex-socio y fundador de facebook. Luego de ver la película pienso que Saverin pudo haber introducido un sesgo negativo en su descripción de la personalidad de Zuckerberg. Y sin embargo, al final de la película, aun con este guión que tiene el riesgo de ofrecer una idea sesgada del protagonista, aún si no comprendemos por qué Zuckerberg hizo o dijo todo lo cuestionable, censurable y reprochable que aparentemente hizo o dijo, algunos lo quisieran emular y millones de personas alrededor del mundo le agradecen su invento. Y eso es interesante de esta historia; que nos cuenta cómo se puede tener éxito abrazando una ética distinta que es impopular y que no va con el sentido común. Y cómo, dentro del más clásico espíritu del capitalismo, puedes tener un impacto altruísta al emprender un proyecto en el que buscas tu propio interés.

Al cabo de un rato, el espectador se da cuenta de que no es la velocidad a la que habla o piensa este Zuckerberg lo único que lo distingue de otros destacados estudiantes. Lo hace también su particular ética de los negocios, que se basa en su idea acerca de cómo debería estar organizado el mundo. Es ésta una ética que lo hace diferente de la idea que nos hemos formado sobre lo que son los estudiantes de Harvard. Sin llegar a mostrarlo como un empresario amoral⎯cosa que sí lo era por ejemplo Gordon Gekko, el personaje de ficción protagonista de Wall Street (1987), la película de Oliver Stone⎯este Zuckerberg parece tener una idea particular sobre la amistad, la lealtad, y en general, acerca de los valores sobre los que han sido fundadas instituciones como Harvard. En cambio, los hermanos Tyler y Cameron Winklevoss (Armie Hammer), quienes provienen de una familia rica y poderosa, son estrellas del remo, y son miembros de exclusivos clubs finales (cuyos miembros deben cursar el último año) como el legendario Porcellian Club o el Hasty Pudding Club, forman parte de la clase de jóvenes estudiantes, ambiciosos pero correctos, que uno espera encontrarse en una universidad de la Ivy League. Por ejemplo, Tyler el gemelo de Cameron se opone a demandar a Mark, aún albergando fuertes sospechas de que su actuación no ha sido clara y de que sería posible afirmar y demostrar en una corte que Mark ha actuado de un modo poco ético. Tyler alega en la película que una demanda no es algo propio de caballeros y menos aún de la ética de un estudiante de Harvard. Y uno entiende lo improbable que sería ver que dos miembros de un club como el Porcellian se demandasen el uno al otro.

Es distinto con Zuckerberg y sus amigos. Ellos no pertenecen a ese grupo de gente económica o socialmente privilegiada. Su privilegio es distinto. Quizás son en efecto unos desadaptados geniales o muy talentosos a quienes les cuesta pertenecer a las redes de la gente cool o exclusiva; beben mucha cerveza, dominan la tecnología, no la tienen fácil con las chicas, a las que no pueden invitar a las sedes de esos clubs exclusivos donde tienen lugar fabulosas fiestas. Aunque quizás anhelan en secreto ser invitados a pertenecer algunos de los clubs finales (pero Zuckerberg ha negado que alguna vez tuviera interés en pertenecer a uno). En todo caso, la película destaca el hecho de que los inventores de facebook, esa plataforma que te sirve para (entre otras cosas) diseñar clubes virtuales no eran los más probables candidatos a ser miembros de exclusivas cofradías. Y quizá ahí está el secreto. Ellos deben haber pensado que en el futuro, gracias a facebook, ellos y los que fueran como ellos en cualquier lugar del mundo, podrían diseñar un club virtual a su medida y prescindir así de la tarea de adular a los Wincklevoss del mundo universitario o (más tarde) a los poderosos que manejan el mundo de los negocios y el poder. Gracias a facebook, bastará con que lo desees y podrás pertenecer a ese fragmento de universo virtual en el que tú y tus amigos suben y comparten imágenes, textos, videos, etc y construyen así una complicidad y fraternidad que rebasa las fronteras de la escuela, la universidad, la empresa en la que trabajas.

Las dos éticas

Insisto en que uno de los aspectos que usa la película de Fincher para crear y mantener la tensión dramática es el contraste entre la ética tradicional de los Wincklevoss (grupo que no renovó sus valores, prácticas y creencias) y la de los jóvenes genios desadaptados encarnados por Zuckerberg y sus amigos, que se han pasado la vida escribiendo interminables filas de código, desarrollando algoritmos, y que parecen ignorar las estrategias para lograr el éxito social o el más elusivo éxito sentimental. De Zuckerberg y algunos otros de ellos se podría decir que reeditan aquella ética ascética que el economista y filósofo alemán Max Weber le atribuía a los fundadores del capitalismo en su célebre obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo.

Zuckerberg se convierte, con el tiempo, en uno de los primeros billonarios menores de treinta años. Pero no le interes gastarlo. La película y lo que se conoce de su vida sugieren que él es alguien a quien no le interesa el dinero; por lo menos no para gastarlo en drogas, alcohol y lujos inalcanzables. Cosa que sí hace el Sean Parker de la película (Justin Timberlake), quien había fundado Napster junto con un par de amigos. De hecho los espectadores pudiéramos pensar que el estilo de vida de excesos, mujeres, fiestas y alcohol que lleva Parker es el que anhela tener la nueva generación de precoces millonarios. El brillo que emana de Parker parece deslumbrar a Zuckerberg. Pero quizás podemos alegar (for the seek of the argument), que él no está pensando en identificarse con Parker si no en usarlo como frente corporativo, como líder visible de facebook. Era de esperarlo que apenas lo conociera mejor, saldría de esta corporación como en efecto ocurrió.

Altruísmo

Más allá de los actos de desadaptación social (Zuckerberg molesta a su ex novia, traiciona a su amigo y socio Eduardo Saverin, viola normas de privacidad y códigos de honor, y defrauda a quienes lo han contratado, los Winclevoss), su aparente desinterés en el dinero y lo que éste puede comprar lo configuran como un personaje paradójicamente altruísta. Una reedición como dije de aquel estilo de vida austero que practicaron los primeros capitalistas (protestantes) y que hizo posible el proceso de acumulación de capital más importante de la historia.

Leo como altruísmo el hecho de que Zuckerberg haya inventado una herramienta hiperinclusiva como facebook, una de cuyas consecuencias puede ser que, en el futuro, en ningún lugar del mundo pueda nadie ser excluido de un club que él diseñe. Mirándolo de otra forma, con el fin de restarle valor a clubes exclusivos como ésos que en Harvard le cerraron sus puertas, Zuckerberg diseñó un espacio virtual en el que todos podrían tener cabida. Al realizar este acto de altruismo no exento de implicaciones redentoras Zuckerberg se hizo tan rico que pasó (sin quererlo?) a formar parte de ese otro muy exclusivo club de los billonarios menores de treinta años.

¿Será que esta conducta poco explicable es la consecuencia de que Zuckeberg refleja una ética nueva cuyos valores los espectadores sólo divisamos entre brumas? Por ejemplo, podría ser consistente con la actuación de Zuckerberg la creencia (y eso explicaría lo que les hace a los Winclevoss) en que lo que verdaderamente tiene valor en el mundo no son tanto las ideas sino el modo único que tienen genios como él para ejecutarlas a la perfección y derivar de ellas, no sólo las rentas comerciales inimaginables que le ha producido facebook sino también, y sobretodo, la satisfacción de haber producido un cambio radical en la sociedad contemporánea, un cambio que se derramó hace rato más allá de las fronteras de la red de estudiantes de las universidades miembros de la Ivy League, y que se estima asocia en la actualidad a más de 600 millones de miembros?

Como dije arriba, durante las primeras fases del proceso de desarrollo de facebook, Zuckerberg violó códigos y normas de la universidad de Harvard sobre el manejo confidencial y la privacidad que se le debe dar a la información personal sobre los estudiantes. Zuckeberg fue acusado por esto aunque luego se retiraron las acusaciones. Pero Zuckerberg se defendió de ellas alegando (según lo que aparece en el libro The Facebook Effect de David Kirkpatrick) que su objetivo era promover la creación de un mundo más transparente. En este sentido, Zuckerberg declara tener un objetivo similar al de Julian Assange, el acosado y ahora detenido fundador de Wikileaks: la transparencia radical.

Cabe preguntarse si no sería que la idea dela transparencia había alcanzado cierta madurez y, simultáneamente (y dentro de un espíritu platónico y borgiano), dos emprendedores la persiguen de modos distintos. Zuckerberg inventó una herramienta más masiva, eficaz y segura de lograr este objetivo. Es posible que aún tengamos que esperar cierto tiempo para ver qué nos trae el futuro en este sentido pero sin duda el camino que recorre este joven empresario reedita el tan perseguido sueño americano.

Un comentario en “Notas sobre redes sociales digitales, 1

  1. Excelente análisis.
    Pienso que Facebook forma parte de la teoría que habla de la apertura de las nuevas vías neuronales que se abre camino la humanidad en la formación de una conciencia colectiva.

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