Documentos secretos de la Guerra de Iraq en Wikileaks

Una vez más, Julian Assange, ese genio de rostro juvenil, personalidad narcisista y con razones crecientes para ser paranoide o, al menos, para llevar la vida de nómada fugitivo que lleva; este enfant terrible que dirige el sitio wikileaksha cumplido su promesa y publicado ayer cerca de 400 mil documentos secretos sobre la Guerra de Iraq. No es necesario decir que al ser clasificado como el evento de filtrado de información clasificada más importante de la historia de Estados Unidos, Assange y su sitio web se han convertido en un gran dolor de cabeza para el Departamento de Defensa de Estados Unidos. No cabe duda de que, por ser responsable de esta publicación, así como de la publicación de decenas de otros documentos, Assange se ha convertido en uno de los más buscados por la inteligencia de Estados Unidos, probablemente también la británica, además de muchos otros grupos extremistas que lo buscan para detenerlo o asesinarlo.

Assange espera, eso es lo que presumimos los ciudadanos de buena fe si creemos en su prédica sobre la transparencia radical, que estos documentos salidos a la luz pública le ofrezcan al ciudadano común de Estados Unidos, en primer lugar, y a los del resto del mundo, en tanto que ellos también han sido y son afectados por esa guerra, la posibildad de complementar y contrastar la información que sobre ese hecho (la Guerra de Iraq) pudieran leer en esos documentos con la que les han ofrecido desde hace varios años los medios independientes de los países en los que se respeta la libertad de expresión (y que, por tanto, lo que publican merece nuestra credibilidad).

Sin duda que estos documentos nos ayudarán a construir una nueva narrativa de la Guerra de Iraq, y por extensión de las guerras modernas, los factores que las determinan, los errores que se pueden cometer en el momento en que son decididas, los que se pueden seguir cometiendo una vez que la guera ha comenzado (como por ejemplo lo muestra la película The Green Zone). Sin embargo, la diversidad del material publicado en Wikileaks y lo crudo de su naturaleza no nos ayuda a formarnos una nueva visión inmediatamente y habrá que esperar que este material sea revisado y estudiado minuciosamente por periodistas de investigación que cubren la fuente, así como por historiadores, diplomáticos, militares y expertos en relaciones internacionales y en el Medio Oriente, por decir lo menos, para que podamos comenzar a tener una nueva perspectiva sobre algunos incidentes que fueron claves para entender la decisión de entrar en la Guerra, asi como sobre decisiones y estrategias que se tomaron para combatir el terrorismo que no siempre fueron bien comprendidas. Tales documentos fortalecen también las posibilidades de la ciudadanía de ejercer control sobre las decisiones tomadas por aquellos que deciden cuándo y cómo usar la fuerza para lograr determinados objetivos que contribuyen con el Bien Común.

Límites del juicio de los ciudadanos en las democracias

No puedo dejar de comentar la declaración del General Stanley A. McChrystal, quien estaba a cargo de las operaciones especiales en Iraq y ha lamentado que Wikileaks haya publicado estos documentos. Creo que es triste, dijo el general. La decisión de filtrar información secreta es algo ilegal y los individuos están haciendo juicios sobre amenazas e información para los cuales no están calificados. Hay un nivel de responsabilidad hacia nuestra gente (el general se refiere a los militares) que debe ser balanceado con un derecho o necesidad de conocer (de los ciudadanos). Es probable que este filtrado de información pueda causar la muerte de nuestra propia gente o de nuestros aliados.

Me pregunto en qué medida es cierta la afirmación de que los ciudadanos no están capacitados para formarse juicios calificados sobre aspectos complejos de una política de defensa o una estrategia militar. Si eso es cierto, ¿qué tipo de información puede o debe darse a los ciudadanos para que estén calificados para formarse esos juicios? ¿Es suficiente con que el Congreso en representación de los ciudadanos sea informado o consultado acerca de decisiones clave, determinantes? ¿Cómo se concilian los objetivos aparentemente opuestos de defensa nacional ante un enemigo difuso como es el terrorismo internacional (que no cree en los códigos éticos de la guerra ni en la diplomacia) y el derecho a la información de la ciudadanía?. O, si se trata de un medio de comunicación, ¿cómo se concilian esos mismos objetivos con el derecho a que el medio de comunicación ejerza la libertad de expresión? Debe el bloque de sociedades/naciones democráticas y libres formar (educar) un grupo de ciudadanos que pudiéramos llamar cosmopolitanos (en tanto que son miembros de una democracia cosmopolitana) que tengan la capacidad de formarse juicios sobre asuntos tan complejos, y sobretodo sensibles, como los que son tratados en los documentos recien filtrados y publicados por wikileaks? Ninguna de estas preguntas tiene una respuesta fácil, sencilla o inmediata. Deberé pensarlas y trataré de responder algunas.

Protección de agentes identificados en los documentos

Este nuevo evento de publicación de documentos secretos obliga una vez más a pensar en ese tema sensible y humanitario que es el riesgo en que se ponen con un hecho como éste la vida e integridad de civiles (nombrados en los documentos) que hayan sido identificados con nombre y apellido, y que pudieran haber tenido algún rol en pasar información (actuando circunstancialmente como espías) que ayudó a lograr objetivos de la coalición que combatía en Irak.

Reporteros Sin Fronteras cree que este tipo de eventos ayuda a controlar la violencia que se puede ejercer durante la guerra. Le pidió no obstante a Wikileaks, en ocasión de la publicación hace 12 semanas de los documentos conocidos como El Diario de Guerra Afagano, censurar todos aquellos documentos que mencionaran con nombre y apellido a colaboradores pakistaníes o afganos que ayudaron a la coalición.

Resumen preliminar de los documentos

Los casi 400 mil documentos publicados por Wikileaks revelan varias cosas que ya se sospechaban pero también ayudan a que el público general se entere de hechos que eran ampliamente conocidos por la inteligencia de Estados Unidos y sus aliados y desconocidos por ese público. Quiero hacer énfasis en que muchos de los documentos eran crudos reportes de campo redactados por quienes luchaban cada dia en el frente de esa guerra.

Fine tuning del estimado de muertes totales en la guerra

Los documentos han permitido que una agencia no gubernamental como Body Count, que trabaja con base en información publicada en prensa, y que había contabilizado 100 mil muertes de iraquíes entre 2004 y 2009, haya declarado, luego de revisar preliminarmente este archivo, que la cifra original se debe incrementar en 15 mil muertes adicionales. Lo que significa que la cifra revisada de muertes totales de iraquíes entre 2004 y 2009 estaría alrededor de los 115 mil muertos.

No sorprende, cuando se analiza estadísticamente, las denuncias de masacres de civiles iraquíes por parte de militares norteamericanos. La proporción entre el número de muertes de civiles y de militares en una guerra no ha variado demasiado desde hace casi 100 años. En la Primera Guerra Mundial, la proporción era de nueve civiles por cada militar, en la Guerra de Irak, esta proporción creció a 10 civiles por cada militar muerto. Lo importante es que la información filtrada ayudará a identificar a los responsables de estos daños colaterales y saancionarlos de acuerdo con lo previsto en la ley. Una cosa es la estadística, otra cosa la responsabilidad judicial y otra la moral.

Omisión de atrocidades cometidas en prisión de Abu Ghraib

Los documentos filtrados no hacen alusiones a la cantidad de atrocidades cometidas en la prisión de Abu Ghraib, específicamente a las torturas, violaciones, actos de sodomía, y asesinato de prisioneros por parte de personal militar del Ejército de Estados Unidos en ocasiones junto con funcionarios de otras agencias gubernamentales. Es curioso que los soldados y personal de inteligencia que puede haber colaborado en la filtración de estos documentos, haya censurado esta información. Esto sugiere la tesis de que la supuesta nueva narrativa sobre la Guerra de Irak que pudiera construirse con la ayuda de estos documentos de primera fuente fue deliberadamente sesgada por quienes fueron responsables de esa filtración y decidieron qué filtrar y qué no filtrar.

Torturas de ciudadanos iraquíes por fuerzas de la coalición

Los documentos filtrados aportan evidencia de que hubo torturas de ciudadanos iraquíes por parte de fuerzas de la coalición. Según la agencia Reuters, Manfred Nowak, Relator Especial sobre la Tortura de Naciones Unidas, le pidió al presidente Barack Obama que ordene una investigación sobre este tema sosteniendo que habían “credible allegations that torture has happened and those allegations are more than credible“. Por su parte, Phil Shiner, un abogado que representa a civiles iraquíes que alegan haber sido torturados o maltratados dijo que los documentos reforzaban su petición de una investigacion judicial sobre la responsabilidad del Reino Unido en muertes de civiles iraquíes.

Muertes de iraquíes por iraquíes

Los documentos confirman la hipotesis de que los iraquíes fueron los principales asesinos de sus compatriotas. Los documentos publicados confirman que se debe atribuir a la violencia étnica perpetrada por milicias shiítas la principal cuota de las muertes de civiles iraquíes (ver aquí nota de NYT, the War Logs).

Orden de no investigar torturas y otras violaciones de DDHH de iraquíes

Todo indica que este hecho era conocido por las fuerzas de la coalición. Incluso es posible que haya sido previsto o anticipado. Un indicio que podría sostener esta hipótesis es lo que un artículo del periódico británico The Guardian llama Frago 242. Este término designa una orden fragmentaria (fragmentary order) que resume una petición completa. Esta en particular fue emitida en junio de 2004, cerca de un año antes de la invasión de Irak (lo que nos habla de un plan y de premeditación). En el documento se ordena a las tropas de la coalición no investigar hecho alguno que pudiera representar una violación de las leyes de un conflicto armado, tales como el abuso de los detenidos, a menos que involucre directamente a miembros de la coalición. Donde el abuso alegado sea cometido por iraquíes contra iraquíes, “only an initial report will be made … No further investigation will be required unless directed by HQ” (sólo un informe preliminar será realizado…No se requerirán investigaciones posteriores a menos que sean solicitadas por el Cuartel General.). Hay quines piensan que esta orden respondía a la idea de delegar el manejo de la seguridad en manos de iraquíes. Lo que significaría-comenta un periodista de The Guardian en el artículo citado- “que el regimen se habría visto forzado a cambiar su constitución política pero se le habría permitido conservar el uso de la tortura y, por tanto, la violación de los derechos humanos”.

Cuando un ciudadano de una nación democrática occidental se entera de que existían documentos como éste (frago 242), se le complica justificar moralmente esa guerra. Veamos. La causa principal para justificar la guerra de Irak, (y construirla como una guerra justa), era un argumento precautelativo: Se tenía que evitar que el regimen de Saddam Hussein concluyera una secreto y peligroso programa de desarrollo de armas dedestrcción masiva. Pero ese argumento, al no encontrarse evidencia que lo sostuviera, se fue debilitando gradualmente. Un segundo argumento, tácito, que podía ayudar a sostener moralmente esa guerra era de orden ético y geopolítico: Occidente tenía asumir una vez más su responsabilidad como garante de la paz y los derechos humanos, y para esto tenía que deponer al dictador y contribuir a que se instituyera un regimen democrático. Pero entonces, uno se pregunta, ¿cómo se pueden sentar bases honestas para construir tal regimen si nos hacemos la vista gorda ante viles asesinatos, que tenemos la orden de no denunciar y, en caso de ser testigos de ellos, no investigar? No se puede ser neutro ante la visión de estas horribles violaciones a los derechos humanos que alegamos defender y predicar, al mismo tiempo, que el objetivo de esa guerra es instituirlos porque antes de que nosotros llegáramos, éstos se violaban. Por otra parte, tampoco es verosímil un argumento de que me preocupo por los derechos humanos, si hago distinciones entre los civilizados occidentales, quienes deberían respetarlos en todos los casos, y los salvajes nativos de la nación cuyos derechos voy a luchar para restituir, cuyos reiterados irrespetos a los derechos humanos de sus compatriotas no cuestiono aun cuando sea testigo de primeer fuente de este hecho. Esta contradicción moral, que revela una sana integridad moral en los soldados que escribieron miles de esas entradas en sus diarios de guerra, no fue tolerada por ellos. No toleraron, pienso yo, sentir que tenían que callar ante la visión de atrocidades. La idea de una base de soldados honestos y una jerarquía con agendas ocultas, contradictorias, o no del todo comprendidas, sale a relucir cuando se realiza este tipo de análisis muy preliminares. Pero tampoco hay que leer esos documentos con ojos ingenuos. Sólo como información cruda que ayuda a tener una visión más aterrizada de lo que pasaba en el frente de batalla.

Y esto es pensando de buena fe, porque también se puede pensar de mala fe y suponer que, documentos como frago 242 creaban incentivos para que los iraquíes asesinaran impunemente individuos que eran considerados como obstáculos para el logro de cualesquiera otros objetivos, distintos a los formales, oficiales y declarados por las fuerzas de la coalición.

Apoyo sistemático de Irán a la insurgencia iraquí

Los documentos revelan que los iraquíes, y en particular la Guardia Revolucionaria Islámica, y su aliado libanés, el Hezbollah, fueron los grandes financistas y maestros en el adiestramiento de las milicias shiítas, cuerpo al que este archivo atribuye el mayor número de bajas en los civiles iraquíes. Todo parece indicar que la agenda de Irán era mantener débil el regimen iraquí, mediante el control que pudieran lograr de las milicias shiítas iraquíes. Los archivos son bastante específicos sobre el papel de Irán en el fortalecimiento de las milicias iraquíes. Por ejemplo, se sabe que les vendieron material bélico tal como: 1. Cohetes; bombas magnéticas que se pueden fijar a la parte inferior del chasis de vehículos; “explosively formed penetrators”, o EFP´s, que son el tipo más letal de bombas de camino en Irak, y otras armas, entre las que se cuentan rifles calibre .50, y el Misagh-1, una réplica iraní de un misil portátil chino del tipo superficie-aire que, de acuerdo con reportes, derribó helicópteros norteamericanos en Baghdad en julio de 2007 (para más info ver aquí nota de NYT sobre este tema).

Violencia y caos adicionales atribuibles a contratistas privados en Irak

El masivo uso de contratistas privados incrementó el caos, la violencia y los abusos en esta guerra. Una tendencia reciente del Departamento de Defensa de Estados Unidos ha sido el apoyarse en contrastistas privados para sus operaciones en Iraq y afaganistán. Se estima que la fuerza contratada es 19 por ciento mayor que el personal uniformado y loss contratistas representan el 54 por ciento de la fuerza laboral contratada en Iraq y Afganistán. El personal contratado es más propenso que el uniformado a cometer abusos de poder, extralimitarse en sus funciones, principalmente porque ignora (o al menos no conoce del mismo modo que el personal uniformado, la estrategia y objetivos militares de la Fuerza Armada de Estados Unidos y otros países de la coalición.

Hay muchos otros puntos de esta cruel e injustificada guerra sobre los cuales estos documentos secretos arrojan una luz nueva o refuerzan hipótesis que habían sido defendidas por grupos adversos a la guerra de Iraq. Pero puede haber implicaciones negativas, y de todas la más importante es la que amenaza la vida y mina los derechos civiles de los identificados en esos documentos.

Apuntes sobre los límites de la libertad de expresión

Motiva la presente entrada, tanto la reciente publicación de casi 400 mil documentos sobre la Guerra de Irak, como la publicación de unos 92 mil documentos que conforman lo que el sitio web Wikileaks dirigido por Julian Assange ha titulado como el Diario de Guerra Afgano, 2004-1010. Ambos grupos de documentos fueron publicados por el sitio web wikileaks.

Quizás uno de los argumentos más fuertes para limitar la libertad de expresión es la necesidad de prevención de un daño directo que pueda ser ocasionado la publicación de cierta información sensible que compromete directamente a personas cuyos nombres y apellidos aparecen en los documentos publicados.

Tal sería el caso de la publicación en Wikileaks de los documentos sobre la Guerra en Afaganistán, en los que se hizo pública la identidad de los colaboradores afganos de la coalición internacional, lo que creó el riesgo de que la información fuese usada para construir una lista de objetivos militares (a ser secuestrados, apresados, torturados o asesinados) por parte de los grupos terroristas contra los cuales se libra la guerra en ese país.

Tal como lo declaró hace unos meses Jean-François Julliard, Secretario General de RSF, en una carta abierta dirigida a Julian Assange: “los talibanes y otros grupos armados pueden establecer a partir de dichos documentos una lista negra de personas a las que matar”. Esto refuerza nuestra presunción de que con la información publicada se podría construir una lista de objetivos que sean asesinados por el Talibán. Que sea posible construir tal lista es una desgracia. Que en efecto uno de los miembros de esa lista sea asesinado es algo aún peor.

Una pregunta que suscita la publicación de estos documentos es si ellos eran secretos sólo porque protegían a aquellos cuyos nombres aparecían o por otras razones. Los documentos pudieran ser secretos porque ocultan hechos reprobables, ilegales, inmorales, censurables cuya publicación les puede crear costos políticos, económicos y de otro tipo a quienes tuvieron la responsabilidad intelectual y moral de tales hechos.

Pueden también ser secretos porque permiten inferir cantidad y calidad de los equipos militares así como de:1 prácticas y modos de análisis de la estrategia enemiga; y 2. formulación de estrategias militares de ataque y de defensa por parte de los ejércitos de la coalición. Y al hacerlo entregar información valiosa para que la use en contra de este actor el terrorismo.

Pienso en el argumento de la película de Roman Polanski The Ghost Writer. En esta película un ex Primer Ministro del Reino Unido, Adam Lang (Pierce Brosnan), cuya personalidad hace alusiones a Tony Blair, le pide a un escritor que lo ayude a escribir su autobiografía. Pero hay terceros que no están interesados en que se escriba ese libro. Porque la investigación de la vida del PM podría sacar a la luz información que comprometería seriamente al gobierno británico y a la CIA. Pero no porque revelara nombres de personas sino porque ocultaba hechos políticamente inaceptables; como por ejemplo, que una nación (Reino Unido) tomará decisiones de acuerdo con sugerencias o lineamientos dictados por un organismo estatal secreto de otra nación (EEUU) a su Primer Ministro.

Parece posible argüir que no se debería hacer pública ningún tipo de información que pueda ser usada para construir listas de personas cuyos derechos fundamentales a la vida y otros derechos políticos y civiles puedan ser seriamente lesionados.

Tampoco se debería publicar información que revele aspectoos esenciales de la capacidad de fuerza de una o las dos partes que actúan como contendores en una guerra.

Debiera prohibirse la publicación de información que permita inferir la identidad de las fuentes, los testigos o cualesquiera otras clases de actores relacionados con un hecho noticioso cuando existe la posibilidad de que una de las partes involucradas con este hecho (afectada por la información publicada) pueda usar canales no judiciales en general, o ejercer la violencia, en particular, para lesionar los derechos morales, civiles, políticos y a la vida de esas personas. Es decir, cuanto mayor sea la seguridad jurídica y más poderoso sea el Imperio de la Ley, más sentido tiene el derecho a la libertad de expresión. Lo contrario es cierto también: cuanto más debil es el Imperio de la Ley, más razones tienen los medios para limitar su libertad de expresión si al ejercer a plenitud ese derecho se pone en iresgo la vida de ciertas personas.

Por supuesto que esta hipótesis está sujeta a múltiples restricciones y condiciones de verdad.

Por ejemplo, habrá situaciones en los que los editores deberán ponderar cuidadosamente los pros y los contras de la publicación de cierta información. En ciertos casos, el que cierta información no se publique puede ayudar a que un hecho vicioso, que vulnera principios éticos y judiciales, se perpetue en el tiempo.

Si determinada información secreta es publicada sin datos específicos se puede minar su verosimilitud y hacer creer que es forjada y que no es un documento original. En estos casos se pudiera hacer una edición selectiva del material, pero tampoco podemos estar seguros de que esta edición no mine la verosimilitud de un documento.

Estoy claro de que todo esto son sólo apuntes tomados al vuelo y que necesitan organización y sistematización. Sin embargo me parecía oportuno compatirlos. En lo posible trataré de hacer mejores notas o más completas de este tema en un futuro próximo.

Un comentario en “Documentos secretos de la Guerra de Iraq en Wikileaks

  1. Pingback: Hechos, narrativas, palabras, Límites de la transparencia radical | caracas 10N, 67W

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s