La elegancia del erizo, El amor y el velo de la ignorancia

La señora Michel tiene la elegancia del erizo: por fuera está cubierta de púas, una verdadera fortaleza, pero intuyo que, por dentro, tiene el mismo refinamiento sencillo de los erizos, que son animalillos falsamente indolentes, tremendamente solitarios y terriblemente elegantes, escribe un día, como parte de su tarea de registrar sus ideas profundas, la pequeña Paloma.

Y yo me pregunto: ¿Cuánta gente hay a nuestro alrededor a la que no amamos (más bien en el sentido fraternal de ágape, y no en el sentido pasional de eros) porque esas personas no han dejado que se caiga de sus rostros el velo con el que lo han cubierto, un velo que no solo oculta sus rostros sino también su verdadera esencia, aquella que de conocerla quizá nos haría amarlos?. Pero no hay en este libro una crítica a la impostura sino todo lo contrario, una apología. Constituye un alegato a favor de cierta clase de impostura. Renée y Paloma son dos personajes de esta novela hermanados, sin estar conscientes de ello al comienzo, en esa decisión de parecer lo que no son. Pero no como lo hacen muchos, para parecer algo más de un ser que es menos. Sino por otra razón, para parecer menos de lo que son: menos inteligentes, menos cultos, menos sensibles de lo que saben que son.

Esa impostura lleva a Paloma, una niña de 12 años que posee una inteligencia muy superior a la ordinaria (que para colmo se ha tomado la molestia de cultivar leyendo todo tipo de literatura seria, incuyendo clásicos de filosofía y literatura, a parecer medio tonta, a copiar minuciosamente las idioteces que repite la primera de la clase para que ni sus padres ni su maestra o condiscípulos se den cuenta del talento que tiene. Para que todos crean que Paloma es una corriente niña de doce años. Justo la niña que se esperaría que tenga una pareja de talentosos y ricos padres, él diputado de izquierdas, y ella, una doctora en letras y amante de la literatura que distribuye el tiempo de su vida entre regar amorosamente sus plantas y asistir puntualmente a las citas con su psicoanalista desde hace diez años (uff!).

Sucede que Paloma vive junto con sus padres en un piso de 400 metros cuadrados en el número 7 de la calle Grenelle, un edificio burgués de Paris donde Renée es una viuda poco agraciada físicamente, de 54 años de edad que ha trabajado durante 27 años como portera de ese inmueble. Pero si Paloma se disfraza bien, el disfraz de Renée es muy superior. Pocos pueden sospechar que esta portera de pocas palabras pudiera haberle argumentado al hijo del señor Pallieres, otro residente de ese edificio, que en Marx no es El Capital lo que hay que leer sino La ideología alemana, “base antropológica a partir de la cual se construirán todas las exhortaciones a un mundo nuevo, y sobre la que reposa una certeza esencial: los hombres a quienes pierde el deseo, harÍan bien en limitarse a sus necesidades. En un mundo en el que se amordace la hibris del deseo podrá nacer una organización social nueva, despojada de luchas, opresiones y jerarquías deletéreas” (p. 12). Es ésta la clase de ideas que circula (más bien debería decir fluye) por la cabeza de esa humilde y parca portera.

Afortunadamente para los lectores de esta novela, y para la felicidad de la afable portera de elusivo talento, un día hace su aparición en esta ostentosa residencia, el misterioso señor Kakuro Ozu. Caracteriza a este nuevo propietario una sensibilidad extrema para reconocer la inocente impostura debajo de la máscara, un talento único para reconocer lo esencial debajo de lo falso; y lo que era más importante, una capacidad improbable para imaginar delicadamente las razones que pudieran haber llevado a Renée y a Paloma, cada cual por separado, pero en un suceso de insólita sincronicidad, a vivir ocultando sus verdaderas identidades. De modo que la llegada de este señor japonés al lujoso edificio es el evento que detona el encuentro fortuito pero luminoso y numinoso de esas dos almas gemelas: Paloma y Renée. Después de ese encuentro, nada será igual en las vidas de esos tres dispares pero empáticos personajes que habitan un mundo en el que la mayor parte del tiempo están rodeados de gente que ve en los demás, no lo que los otros verdaderamente son y quizás ocultan sino lo que son ellos mismos. Como escribe Paloma en su registro de ideas profundas: “Nunca vemos más allá de nuestras certezas y, lo que es mas grave todavía, hemos renunciado a conocer a la gente, nos limitamos a conocernos a nosotros mismos sin reconocernos en esos espejos permanentes.” (p. 159).

Esta novela, la segunda luego de que apareciera en el año 2000 Rapsodia gourmet, es una nueva entrega literaria de Muriel Barbery (nacida en Casablanca, en 1969). La elegancia del erizo, todo un éxito editorial, ha tenido en Francia más de 30 ediciones y más de un millón de ejemplares vendidos. Encuentro semejanzas estilísticas entre las novelas de Barbery y las de Amelie Nothomb, otra niña prodigio de la literatura francesa actual según lo que ella narra en su novela autobiográfica Biografía del hambre. Niñas (o al menos mujeres no tan mayores) cuyo éxito hace pensar que tienen algo que decirle(contarle) a millones de jóvenes y otros no tan jóvenes que buscan una literatura diferente, unas historias diferentes.

A pesar de que me gusta cómo escribe Nothomb, en ocasiones la he sentido prepotente. Esto no me sucede con Barbery. En esta novela no aprecio menos despliegue de cultura que el que hace Nothomb, pero su posición es más humilde y sencilla. Con absoluta naturalidad, Barbery, que es profesora de filosofía, se nos revela como una maestra en el arte de arrojar, por así decirlo, la cultura en el texto (las más complejas ideas de filósofos como Husserl, Marx, Occam, el inventor de la célebre la navaja) y modelarla como si se tratara de plastilina. Lo que revela que no le tiene un respeto solemne a la cultura (la Alta cultura) sino que intuye, y lo grita a voz en cuello, que la cultura (la alta y la baja) son precisamente para eso, para popularizarlas, para bajarlas de sus pedestales, para integrarlas lúdicamente en la literatura y si es posible en la vida. Para hacerle un shiatsu ocasional, quizás con la esperanza de que su columna vertebral, aquella que se espera la configuren los grandes clásicos del canon de libros e ideas de Occidente, no se rigidice demasiado. Como para que ese canon se ablande y le haga espacio a otros libros, otras ideas, igual de brillantes e imaginativas de poetas, filósofos, escritores, productores de cultura venidos del margen de las ciudades o naciones de Occidente.

De modo que con la levedad del rocío cuando tiembla sobre el musgo del alba, o con la casualidad de la camelia que cae sobre el césped, Barbery nos muestra en esta novela cómo el amor puede encontrar caminos insospechados para revelar la semejanza en las almas gemelas. Cosa que ocurre como una epifanía: de manera repentina y estremecedora. Y luego de que esto sucede, nada en la vida del que experimenta tal cosa será igual que antes.

La elegancia del erizo es un libro fresco, sin pretensiones de ser gran literatura, pero escrito con un ritmo narrativo perfecto y original, cuya trama ayuda a ver el mundo con alegría; a no extraviar la alegría.

Y para terrminar, esta cita final a propósito de la definición de wabi: “En japonés, el término wabi significa “una forma desdibujada de lo bello, una clase de refinamiento disfrazado de rusticidad” (p. 181). En este término podría residir una clave para entender la idea del libro.

La elegancia del erizo (2009)
Muriel Barbery
Barcelona, Editorial Seix Barral
368 pp

2 comentarios en “La elegancia del erizo, El amor y el velo de la ignorancia

  1. Tienes toda la razón al señalar que las almas gemelas pueden encontrarse en los caminos más insospechados. Vivimos en un mundo tan predecible y tan marcado por la televisión y los grandes medios de comunicación que cualquier cosa que se salga de esos estereotipos nos parece extraña. Con cuántas personas nos cruzamos a lo largo del día y solo vemos la fachada sin saber que alberga su interior??

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