Lengua y Poder (más sobre los intelectuales)

Antonio de Nebrija

Parto de la premisa de que el Poder, cuanto más hegemónico, total, abarcante y omnímodo es, menos interesado está en el diálogo y más en apropiarse de la lengua para sus propios fines, para defender a toda costa lo que hace, sea ocultando sus actos o deformando la realidad para que éstos no se vean, o para que los otros vean sólo lo que el Poder quiere que todos los que están sujetos por él vean, sientan, perciban.

Refiere el escritor Ivan Ilich que en una carta dirigida a la reina Isabel la Católica, el humanista y gramático Antonio Elio de Nebrija, autor de la célebre Gramática Castellana publicada en 1492, año del descubrimiento de América, escribía: «Siempre la lengua fue compañera del imperio (se refiere al romano y por extensión al que se vislumbra desde España): y de tal manera lo siguió: que justamente comenzaron, crecieron y florecieron. Y después junta fue la caída de entrambos». El texto sugiere que Nebrija estaba claro de la importancia que tendría el español para, junto con la espada del conquistador, garantizar el éxito del Imperio que quizá los reyes católicos apenas vislumbraban en ese momento. Desde que leí hace años ese artículo de Ilich, me quedé con la idea de lo importante que era y había sido siempre para el Poder (¿cuándo el Imperio no ha sido Poder?), para apoyar su ampliación y garantizar su duración, tener control y dominio de la lengua.(1)

Pasa un poco con la lengua como con la botánica. Cuando hace más de una década vivía en Londres, y visité el legendario jardín botánico de Kew Gardens, me quedé admirado de su belleza y de la diversidad de plantas que tenían. Pero lo que veía no era sino la punta del iceberg de la famosa colección de semillas que se cuenta entre las tres más grandes del mundo. Seguro que al principio, en esa colección abundaban semillas de las antiguas colonias y otras tierras exploradas por el Imperio Británico). Viendo eso, era fácil imaginar de qué modo los botánicos imperiales ocupaban su tiempo en recoger, clasificar y diseminar todas las plantas y semillas que ellos pensaran podían ser de potencial económico por su valor comestible o farmacológico. Es fácil representarse esas escenas de botánicos y científicos acompañando a los exploradores aventureros y sólo un poco detrás pisándoles los talones, los militares de avanzada del Imperio Británico que habían llegado hasta los más remotos continentes.

En fin, hago este paréntesis para volver a la relación entre lengua e Imperio y, por extensión, entre lengua y Poder, ahora que los imperios verdaderos menguan y aparecen esos imperios virtuales. Esos imperios que son y no son (porque su misma identidad es actualmente puesta en duda o criticada) y que como espejismos, se aparecen ante nuestra vista como sueños o espejismos. No importa que los imperios no estén de moda. La fiebre del Poder omnímodo no pasa de moda. Infecta e infectará las cabezas de líderes futuros por siglos, quienes recurrirán una y otra vez a sofismas cada vez más imaginativos y fantasiosos para justificar el vasallaje de los súbditos; de todos aquellos que han declinado su derecho a la ciudadanía en pro de su condición de súbditos.

Viviendo en Venezuela no tengo que buscar mucho para encontrar variantes de estos hombres y mujeres que viven con nostalgia de Imperio. Hipnotizados, alelados, fascinados, mareados, confundidos y, los más, quizás sólo ilusionados o alucinados, por el discurso continuo del Poder, ellos renuevan cada dia sus esperanzas en que lo que promete el líder carismático sea la verdadera realidad. No quieren ver lo que sus sentidos les muestran. Ven lo que les muestra ese discurso. No ven ellos cómo crece ese Poder cuando un nuevo feligrés se rinde a los pies de esa realidad ficticia. Renuncian a ver la realidad y permiten que les señalen cómo es. Ansían que por un acto de magia, sea real la realidad que narra el hegemón. Por eso la importancia de la lengua. Por eso el riesgo de que hable quien adversa el Poder. Por eso la necesidad de controlar hegemónicamente los medios de comunicación, sin que ruido alguno rompa la ilusión. El Poder hegemónico ama el silencio porque prefiere no escucharse al riesgo de tener que escuchar la voz discordante del disidente. En su defecto, este Poder imagina que su discurso iluminado (todo Poder hegemónico es egocéntrico) es realmente luz. En esas ocasiones, desearía hablar por horas en un cuarto de espejos en el que la luz saliendo de su boca se reflejase hasta el infinito en las superficies bruñidas de decenas de espejos. Tener como único público las infinitas imágenes especulares de sí mismo. Lo que lo configuraría como orador y oyente de su discurso eterno. De este modo, esa milagrosa y artificiosa realidad que construye con su voz, que en realidad es más frágil que el castillo de naipes que sí es real, se reflejaría hasta el infinito.

Porque no nos hagamos la ilusión. Un poder hegemónico no dialoga con los que que lo resisten. Con los opositores, los escépticos, los disidentes; con los que son inmunes a la seducción melosa y meliflua de caricias fisicas y metafísicas que les ofrece ese dicurso como si fuera una serpiente bíblica. El Poder no conoce el sentido de la palabra interlocutor. Sólo se puede aproximar a este rol desde una impostura. Disfrazado de interlocutor, el Poder toma las palabras de aquel con quien conversa, a quien llama disidente (porque los otros, los que sólo escuchan y obedecen, no hablan, solo reverberan su voz, reproducen su discurso con un timbre y unas palabras distintas) y las usa como armas para destruir la fuente del discurso que lo adversa. Para silenciar al disidente. El Poder hegemónico convierte el agonismo en antagonismo, el debate (que busca la deliberación) en confrontación cuyo objetivo final es el exterminio del contendor o su humillante vasallaje a la seducción del poder (porque es falaz que le importe la dignidad del paria, o la del Otro, sólo le importa el halago o, sino, la humillación de aquel que lo adversa, del que existe como ser autónomo, con voz y pensamiento propio)

No hay nunca un proceso de cambio real en las ideas y fines del Poder (cuyo objetivo único es perpetuarse). (Por eso carece de sentido pensar en la democracia deliberativa como alguna vez pensé, pudiera ser una alternativa a la democracia representativa). El poder subvierte, pervierte, pudre, corrompe y, sobretodo, metamorfosea el sentido del discurso del adversario para hacerle perder su coherencia o, lo que es peor, mucho peor, subvierte, deforma, corrompe, desvirtúa la esencia, y la naturaleza del adversario, o de quien ilusamente aspire a conversar con el Poder, para destruirlo moral, espiritual, social, e incluso físicamente. Aunque esto último, en un tiempo de supuesto respeto global de los derechoas humanos, se evita; para preservar la forma. La insinuación de que la familia del huelguista fallecido fue cómplice de un délito de instigación al suicidio es un señalamiento atroz e inverosímil que supone la estupidez del público o, lo que es más probable, la ilimitada extensión del cinismo de quien formula la acusacion. Conclusión que construye el silogismo: Todo cinismo es una prueba de Poder. Un experimento en el Poder. Una demostración, como lo verifica Winston en 1984, de que dos más dos no es cuatro; serán cinco unas veces y seis cuando el Poder lo decida.

Corrupción de la lengua por el Poder

Pienso que la corrupción diaria que hace el Poder de la lengua que hablamos y en la que el intelectual desarrolla sus ideas reduce la productividad del discurso. Porque estoy convencido de que el Poder no sólo corrompe el alma de aquellos que se perpetúan en él. Corrrompe, para legitimarse en su eternización ilegítima e ilegitimable, el espíritu y sentido de la lengua; de nuestra lengua (la que trajo Nebrija de ese otro Imperio junto con la espada del Conquistador y no aquella que hablaban los nativos). Dentro de esta línea de ideas, J.M. Coetzee, en el libro de ensayos Mecanismos internos, nos recuerda que el filósofo y escritor Theodor Adorno, en una conferencia pronunciada en 1951, dijo: “Escribir poesía después de Auschwitz es bárbaro”. Lo era, según sugiere Coetzee, por la perversión, lascivia y doble discurso al que había sometido el regimen nazi a la lengua alemana. El haber hecho decir a la lengua cosas indecibles tuvo un precio: la lengua perdió la capacidad de describir la realidad. La lengua se vació de significado con cada mentira que el regimen nazi perpetraba, con cada muerte que sus palabras enmascaraban o disfrazaban. Luego, esta lengua vacía y pecadora que estaba agonizante pudo redimirse, o al menos hacer que Adorno se desdijera en 1966, cuando revisó su opinión a la luz del poema compuesto por el poeta Paul Celan, nacido en 1920 en Czernovitz, en el territorio de Bucovina, que formaba parte del Imperio Austro-Húngaro y que después de 1918 pasó a formar parte de Rumania.

El poema de Celan,Todesfuge (Fuga de Muerte), fue compuesto entre 1944 y 1945 y es considerado por Coetzee uno de los poemas fundamentales del siglo XX. (ver página 136 de Mecanismos Internos una opinión crítica de este poema esencial). Coetzee nos recuerda que Alemania ha usado recurrentemente este poema como una herramienta para promover la reconciliación con, y superación del, pasado. Pero lo más importante es que Fuga de muerte realiza una operación de salvación de la lengua alemana al demostrar que: ” el lenguaje puede medirse con cualquier tema, sea cual sea: por más indescriptible que sea el Holocausto, hay una poesía que puede describirlo” (Coetzee, 137).

Con lo que quiero decir que nuestra lengua, la que hablamos en Venezuela, creo que ha sufrido profundamente. Estamos a la espera de esos textos fundamentales (poemas, cuentos, novelas, crónicas, ensayos) que recuperen nuestra lengua, la rediman, y sean capaces de describir lo que hemos pasado y lo que aún estamos pasando. Quizás es ésta una tarea colectiva. Debemos asumir todos esa tarea. No sólo la de reconstruir el país desde sus valores e instituciones, sino también, y sobretodo, desde su lengua. Desagraviarla, reinvindicar su legitimidad para describir una realidad de horror que en la actualidad solo puede ser sugerida, ya no con palabras sino con: imágenes terribles (e.g. la foto de la morgue publicada en El Nacional y luego censurada); o recurriendo al siempre agudo desliz metonímico que subyace al humor más inteligente y ágil (Laureano, Rayma, Weil, Zapata, entre otros). Esta perversión y putrefacción de la lengua; esta taumaturgia que troca los tropos que profiere el líder máximo en violencia ciega de balas frias y letales; esta patraña semántica que troca la dignidad de la muerte de Franklin Brito, quien prosiguió su protesta con una integridad de la que carecen los jerarcas del regimen, en vulgar y oscuro chantaje de un felón, o en gozo de la oposición, revela una corrupción profunda, una descomposición moral de todas las instituciones subordinadas al Poder. Es una perversión que no podemos pasar por alto la que han perpetrado los aparatos de propaganda de este regimen totalitario que se disfraza como postmoderno debajo de la democracia. Es semejante corrupción lingüística la que nos demanda asumir la responsabilidad de realizar uno o más actos de redención literarios, poéticos, cinematográficos, teatrales, plásticos, filosóficos, metafísicos. Espero leer más textos cada dia que el Poder no pueda corromper. Textos que sean, sin embargo, capaces de describir, como lo hizo en su tiempo Todesfuge de Celan, con esta misma lengua que es nuestro español, la tragedia que hemos vivido y, junto con ella, la que han vivido el país, la paz y la reconciliación que no tenemos todavía pero que intuimos que nos merecemos.

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Traducción de Fuga de Muerte de Paul Celan por Jose Luis Reina Palazón

Negra leche del alba la bebemos de tarde
la bebemos a mediodía de mañana la bebemos de noche
bebemos y bebemos
cavamos la fosa en los aires no se yace allí estrecho
Vive un hombre en la casa que juega con las serpientes que escribe
que escribe al oscurecer a Alemania tu pelo de oro Margarete
lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas silba a sus mastines
silba a sus judíos hace cavar una fosa en la tierra
nos ordena tocad a danzar

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana a mediodía te bebemos de tarde
bebemos y bebemos
Vive un hombre en la casa que juega con las serpientes que escribe
que escribe al oscurecer a Alemania tu pelo de oro Margarete
Tu pelo de ceniza Sulamit cavamos una fosa en los aires no se yace allí estrecho

Gritad hincad los unos más hondo en la tierra los otros cantad y tocad
agarra el hiero del cinto lo blande son sus ojos azules
hincad los unos más hondo las palas los otros seguid tocando a danzar

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana a mediodía te bebemos de tarde
bebemos y bebemos
Vive un hombre en la casa tu pelo de oro Margaret
tu pelo ceniza Sulamit juega con las serpientes

Grita que suene más dulce la muerte la muerte es un Maestro Alemán
grita más oscuro el tañido de los violines así subiréis como humo en el aire
así tendréis una fosa en las nubes no se yace allí estrecho

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos a mediodía la muerte es un Maestro Alemán
te bebemos de tarde y mañana bebemos y bebemos
la muerte es un Maestro Alemán su ojo es azul
él te alcanza con bala de plomo su blanco eres tú
vive un hombre en la casa tu pelo de oro Margarete
azuza sus mastines a nosotros nos regala una fosa en el aire
juega con las serpientes y sueña la muerte es un Maestro Alemán

tu pelo de oro Margarete
tu pelo de ceniza Sulamit

Notas

1. No trato en esta entrada sobre la reflexión que hace George Orwell de las relaciones entre totalitarismo y lengua en la novela sobre la distopía totalitaria1984, porque es un tema que amerita una entrada independiente. Pero quiero invitar al lector a que refresque los conceptos de neolengua, y de doublespeak. Veamos cómo define Orwell este concepto:

Winston sank his arms to his sides and slowly refilled his lungs with air. His mind slid away into the labyrinthine world of doublethink. To know and not to know, to be conscious of complete truthfulness while telling carefully constructed lies, to hold simultaneously two opinions which cancelled out, knowing them to be contradictory and believing in both of them…”.

Es esa yuxtaposición de los dos sentidos contradictorios e incompatibles entre sí (e.g. El Ministerio de la Paz hace la guerra, El Ministerio del Amor practica la tortura), lo que produce, en una primera instancia un sentido diferente del que pareciera o uno esperara que debiera tener. Pero en una segunda instancia, esta declaración ilógica y sobretodo cínica lo que produce es la vaciedad de significado. Porque lo que debemos recordar es que lo que el Poder necesita no es finalmente un discurso. No quiere otro discurso sino sólo la palabra vacía de sentido que se amolde a lo que en cada momento necesita. Palabras esclavas, palabras siervas, palabras-herramientas versátiles, que de usarlas de un modo tan toderil, por decirlo de alguna manera, pierden su función semántica original (se mellan, se desgastan, se ablandan, se agrietan, se craquelan, etc.) pero no para reinsertarse como términos imaginativos y polisémicos en un discurso poético sino como ruido blanco en un discurso absolutamente vacío de sentido. Que paradójicamente es el mejor sentido que puede sustentar un poder eterno. Es ese momento en que el discurso deviene en ruido cuando mejor sirve a los intereses del Poder. Es cuando, como un maestro zen, el discurso se anula a sí mismo (se muerde la cola como Ouroboros), y se calla. Es por eso que a menudo este tipo de Poder colapsa por implosión y no por explosión, por terrorismo o por un virulento o violento ataque externo. Porque a ese Poder sustentado en el vacío y el silencio, a ese Poder maestro que ha llegado a sus límites, hasta el batir de las alas de una mariposa puede derrumbarlo. Pero por lo general nadie sabe anticipadamente cuándo esto ocurrirá. Conclusión que nos hace pensar que el título de esta entraba bien pudo haber sido Poder y Vacío, Poder y Silencio. O Poder y el vacío de la lengua, para hacer un título más descriptivo.

Un comentario en “Lengua y Poder (más sobre los intelectuales)

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