Transparencia radical, consideraciones adicionales

Daniel Goleman

Reflexionaba hoy sobre el concepto de transparencia radical, defendido desde una posición ciertamente no académica, por Julian Assange. Pienso que es diferente su impacto en los mercados de su impacto en: las organizaciones; en las arenas en las que se debaten las políticas públicas; y en las que se debate la política real. A lo largo de esta serie de ámbitos institucionales, el concepto se hace cada vez más complicado de analizar en términos de su contribución a la eficiencia y eficacia de las decisiones. Por esta razón, no es fácil adoptar una posición ciega a favor de Assange (en el caso de Wikileaks y el diario de Guerra Afgano 2004-2010) o una posición ciega y rígida en contra de gente como el analista de inteligencia (que se encuentra ahora en medio de un proceso judicial no civil) Bradley Manning (ver entrada anterior).

En los mercados, la transparencia radical, tal como lo sugiere Daniel Goleman, permitiría eliminar la asimetría de información entre quienes demandan y quienes ofrecen productos.

Si todos los que compran los productos conocen, no solamente los ingredientes y las características organolépticas del producto (cuando se trata de alimentos o bebidas) sino también todos los detalles de su proceso de fabricación y distribución a lo largo del canal hasta llegar al proveedor final, el consumidor puede realizar una mejor evaluación a la hora de su decisión de compra que incorpore la ética del proceso de fabricación (si el fabricante o distribuidor respeta legislación sobre propiedad intelectual, legislación ambiental, derechos laborales, etc.).

Daniel Goleman, afirma en un artículo (publicado en Harvard Business Review de mayo de 2009) que: El movimiento hacia una mayor transparencia en los mercados financieros tiene un paralelo directo en el impacto ecológico de los bienes de consumo (Traducción del autor).

Se pregunta Goleman en el artículo, luego de hablar a favor de sitios como GoodGuide.com, si los consumidores tendrán el tiempo suficiente para revisar ése y otros sitios que ofrecen información pormenorizada sobre los productos (aspectos sociales, ambientales, laborales) para ayudar a los consumidores a compararlos entre sí y tomar una decisión de compra presuntamente más eficiente (idealmente óptima). La respuesta intuitiva que me animo a dar es que no. Que cada vez tendrán menos tiempo para procesar más información y que otros deberán hacelro por ellos.

Quizá en un futuro cercano será necesario que los mismos sitios que cargan la data sistemática sobre los productos posean algoritmos que sean capaces de construir un modelo de compra de cada consumidor y con base en éste, le provean las sugerencias de consumo que él pida cada vez que necesite tomar una decisión acerca de dos o más opciones (marcas) de un producto genérico.

Hay otro aspecto que interfiere o crea ruido en la hipótesis de la transparencia radical. Se trata de que no todos los consumidores pueden darse el lujo de obviar consideraciones de precio y comprar el producto que esté más alineado con otras consideraciones como calidad, ética, etc. En épocas de crisis, los consumidores es posible que se hagan míopes o flojos para incorporar esa información adicional en su decisión de compra. Pudiéramos pensar que ellos regresan a su antiguo modelo.

Creo que estas ideas dejan aún muchos lazos sueltos alrededor de este tema. Por ejemplo, deberá tratarse aún el papel que se esperaría que jueguen los medios, y en particular la prensa, en un mundo en el que este concepto se haga cada vez más importante.

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