Julian Assange, Wikileaks y la transparencia radical

Julian Assange, Editor de Wikileaks

Una reflexión sobre el caso del Diario de la Guerra en Afganistán publicado en Wikileaks y las ideas de Julian Assange, su editor en jefe.

Julian Assange, célebre activista de internet, es el vocero y editor de Wikileaks, el sitio responsable de la publicación en internet de cerca de 92 mil documentos secretos sobre la participación de Estados Unidos en la guerra contra el Talibán, y Al Qaeda, organización terrorista islámica a la que la primera le presta apoyo, en Afganistán. Wikileaks—que ha llamado a los documentos Afghan War Diary 2004-2010 (Diario de la Guerra Afgana 2004-2010)—ha declarado que aún posee 15 mil documentos que no ha publicado porque la fuente, cuya identidad Assange ignora, le ha pedido que difiera su publicación.

La publicación de estos documentos provee información sobre casos de muerte de civiles causados por soldados norteamericanos en Afaganistán y, según Assange, revelan crímenes de guerra. Tal como lo reseña una nota en diario El País, el Secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, dijo sobre ellos que “eran una mera colección de impresiones personales, todas antiguas” sin valor militar y sin efecto en el curso de la guerra. Sin embargo, lo que es algo contradictorio, Gates también declaró en una entrevista que le hiciera ABC News, que Wikileaks tenía una doble responsabilidad, judicial y moral. De la culpabilidad judicial—dice Gates—debería encargarse el Departamento de Justicia; de la moral, “ahí creo que el veredicto es la culpabilidad de Wikileaks.”

Me sorprende este lenguaje en el que un alto funcionario de Estados Unidos habla directamente de culpabilidad (que debe probarse en una corte más allá de toda sospecha razonable puesto que lo que se presume a priori es la inocencia) y no de responsabilidad. Por supuesto que me sorprende que haga esto (¿se confunde quizás?) un funcionario norteamericano porque los funcionarios venezolanos ya no me sorprenden, tales acusaciones a priori, incluso realizadas en vivo por el presidente, son pan de todos los días y usadas por lo general para atacar a la disidencia. Pero lo que más me sorprende en Gates es que un empleado y luego Director de la CIA; cuyas actuaciones o decisiones, por ser secretas no siempre han estado exentas de culpa moral, y que él mismo estuvo implicado en el caso Irán-Contras, hable con esta ligereza de la culpabilidad moral (“But there’s also a moral culpability. and that’s where I think the verdict is guilty on WikiLeaks”) de una organización que declara que lo que persigue es la transparencia radical.

Mientras los procesos a los que hace referencia Gates se inician, el analista de inteligencia Bradley Manning (nacido en 1987) es el principal sospechoso de esta rimplicado o ser el responsible de la fuga de los documentos sobre la Duerra en Afganistán. Manning fue detenido sin cargos por el Comando de Investigación Criminal del Ejército de Estados Unidos en mayo de 2010. Luego ha sido acusado de participar en la fuga y publicación de documentos secretos; específicamente del video titulado Collateral Murder, que mostraba “el asesinato de civiles iraquíes y dos periodistas de Reuters”, por parte de militares norteamericanos. Hasta el 31 de julio, Manning estaba recluido en solitario. Defensores civiles nombrados por Wikileaks no han podido contactarlo. De acuerdo con los cargos formulados, Manning puede ser sentenciado a una pena máxima de 52 años de cárcel. Para los militares que lo detuvieron, Manning es un soplón; para Assange un héroe. ¿Es Manning otro idealista, hipótesis que queda sugerida por su declaración de que “ él esperaba que la liberación de videos y documentos pudiera inducir debates, discusiones y reformas a nivel global”? ¿Es Manning un verdadero pacifista o un tonto útil que pudiera servirle a la agenda terrorista antinorteamericana de un bando más oscuro y extremista, cuyos actores están dispersos, actúan ocultos (a menudo detrás o al lado de civiles inocentes) son más difusos que un ejército, la CIA o la NSA, y carecen de reputación que dañar?

Assange, nacido en 1971 en Queensland, Australia, parece un personaje sacado de una novela de ciencia ficción de William Gibson. Aunque ha realizado estudios formales de física y matemáticas en la Universidad de Melbourne; es esencialmente un autodidacta que ha leído vorazmente sobre filosofía y neurociencias. A Assange le otorgaron fama temprana sus trabajos como hacker y, luego, cuando ya se había reformado cuando, trabajando como programador, desarrolló una aplicación que garantizaba la negación plausible, es decir, el borrado de las huellas de la participación de alguien en una investigación o actividad secretas. Assange pensaba que esta aplicación protegería contra posibles eventos futuros de lo que se ha llamado criptoanálisis de manguera, que se refiere a ejercer violencia (tortura) para averiguar un password u otros datos electrónicos. Como una estrategia de publicidad a la próxima publicación de los documentos sobre el Diario de Guerra Afgano, pocos días antes de que esto ocurriera, Assange concedió entrevistas a The New York Times, The Guardian, Der Spiegel. No obstante la masiva persecución mediática y moral a la que se ha visto expuesto recientemente, sorprende a la prensa que Assange no muestra mayores signos de stress (leer aquí entrevista telefónica de El País con Assange).

Transparencia radical

Assange es un aguerrido defensor de la transparencia radical. Éste es un concepto gerencial postulado por Daniel Goleman en su obra Ecological Inteligence, que propone que tanto el proceso de toma de decisiones en organizaciones, instituciones o gobiernos, como las decisiones finales puedan ser conocidos por el público y permanecer almacenadas en archivos públicos de libre acceso. En esto, la transparencia radical se distingue del principio de responsabilidad (accountability) que pide que los decisores de organizaciones públicas, privadas y no gubernamentales sean responsables de las consecuencias de las decisiones que tomaron. En otras palabras, una organización será responsable (accountable) siempre que sea posible asignar una cuota de responsabilidad precisa a todos y cada uno de los que participaron en un proceso de toma de decisiones que haya tenido implicaciones negativas o desencadenado un accidente o catástrofe (aquí artículo de Wired sobre casos concretos de transparencia corporativa extrema).

El principio de responsabilidad no pide que el proceso sea abierto desde el principio sino solamente que una vez que se han producido las decisiones se puedan asignar responsabilidades individuales. En la transparencia radical, en cambio, el proceso de toma de decisiones mismo debería ser transparente al público. Y sin embargo, como lo recuerda un artículo sobre este tema publicado en Wired (ver link arriba), “a menudo el secreto forma parte de la diversión. (…) No son los secretos los que están muriendo, (…) sino las mentiras”.

Para Assange, Wikileaks, y cualesquiera otros sitios de internet que lo emulen, recibiendo y publicando información secreta con los más estrictos códigos de ética y mecanismos de encriptación y protección del anonimato de la fuente (el mismo Assange ignora quién es su fuente, puesto que eficaces algoritmos de encriptación y borrado de huellas digitales de los documentos que recibe le permiten garantizar total confidencialidad a sus fuentes), configuran una estructura de incentivos que disuaden el secreto y las decisiones privadas, en organizaciones, instituciones y gobiernos, puesto que ellas alientan las fugas de información y éstas, muy a menudo, pueden tener peores consecuencias que si la información fugada hubiese sido publicada antes; que en muchos casos es equivalente a decir: antes de que se tomaran las decisiones. Assange esperaría que algún día en el futuro se llegue al punto de que ninguna organización o institución funcione con procesos de toma de decisiones secretos.

Sin embargo, Wikileaks puede no ser una solución al problema creado por las organizaciones que se amparan en el secreto y ocultan a los cuerpos controladores, fiscalizadores u observadores los criterios de acuerdo con los que se tomaron ciertas decisiones, así como las decisiones mismas o sus resultados.

Wikileaks y sitios afines pudiera ser usado por actores con capacidad para producir información falsa o apócrifa alegando que es verdadera. Assange sostiene que la lógica interna de Internet es el más poderoso mecanismo de verificación del carácter verdadero y no forjado de la información supuestamente fugada que recibe Wikileaks. Actualmente, un grupo de investigadores cuya identidad Wikileaks protege celosamente, revisan la información recibida a diario y, en casos extremadamente sensibles (como el de los 15 mil documentos aún no publicados sobre la Guerra en Afganistán) pueden decidir diferir su publicación o no publicarla.

Por otra parte, Wikileaks pudiera ser usado (y eventualmente controlado) por grupos con agendas específicas (radicales de izquierda o de derecha, antinorteamericanas, antidemocráticas, antisemitas, etc.). En este caso, Wikileaks y los sitios que lo emulan no estaría actuando de un modo neutral, por el logro de ese bien común intangible e idealista que es la transparencia radical.

Pienso por ejemplo en que muchos grupos que simpatizan con la mal llamada revolución bolivariana pudieran estar de acuerdo con que existan organizaciones como Wikileaks . De hecho me he encontrado en la red con sitios online de simpatizantes de este proceso que celebran la reciente hazaña de Assange en relación con los documentos del diario afgano. Pero este aplauso va a continuar mientras sus propias estructuras secretas (e.g. los procesos de toma de decisiones en las salas situacionales, y todos los demás, necesarios para reforzar y mantener la hegemonía gramsciana a la que aspiran y necesitan para no implosionar estrepitosamente) no comiencen a sufrir una marejada de fugas de información. Por ejemplo, sería terrible para el regimen que una organización espejo o filial de Wikileaks recogiera y publicara a nivel local (Venezuela) una avalancha incontenible de fugas de información sobre sitios en los que se encuentren nuevos lotes de comida podrida.

Regímenes antidemocráticos que por definición y principio de diseño combaten abiertamente el disenso, y hacen proliferar la censura, cuando celebran iniciativas como Wikileaks contribuyen a cavar sus futuras tumbas. Sobretodo porque, cuando se refinen las prácticas de fuga de información, los regímenes antidemocráticos serán incapaces de combatir o neutralizar esa información (verdadera con larga vida en internet) con desinformación (rápidamente perecedera en internet). Es posible tambien que sanciones a quienes se encuentren responsables de tales fugas no logren desincentivar a un número creciente de cruzados de la transparencia radical.

Actualmente, Assange ha declarado, con no poca paranoia, que duerme en hoteles, que viaja constantemente de un país a otro, que vive con el temor constante de ser asesinado por sicarios enviados por cualesquiera de los miles de organizaciones secretas de los que se fugaron documentos con mayor o menor pertinencia, que fueron publicados por wikileaks. Assange es sin duda un auténtico nómada postmoderno cuya paranoia me recuerda a Stieg Larsson, el autor (y no a su personaje, Michael Blomkvist) quien hasta el día que murió de un infarto vivió con paranoia por temor a que a él o a su novia los asesinaran alguno de los cientos de miembros de las organizaciones de extrema derecha que investigaban y cuyas prácticas denunciaban.

¿Es wikileaks una organización que podrá resistir los riesgos de la manipulación; los riesgos de ser usada por actores con agendas extremistas? ¿Es por otra parte, el ideal de la transparencia radical un ideal legítimo y necesario para la supervivencia en el largo plazo de la democracia liberal? ¿Es este objetivo de transparencia y responsabilidad extremos en la toma de decisiones consistente como lo alega Assange, con la lógica de internet, con la estructura de un mundo en el que la reputación se hace cada vez más inocultable, por el hecho de que se refinan a diario los dispositivos para conocer la historia digital de cada usuario de la red? ¿Peo acaso la reputación no es un concepto que afecta solamente el éxito en mercados legales, en los que quieres dedicarte al ejercicio de una práctica creativa y productiva legítima pero no afecta las posibilidades de éxito de los transgresores, aquellos que sólo quieren minar el sistema democrático con actos de violencia radical? ¿No cabría pensar más bien que actores individuales o institucionales que persiguen agendas violentas y extremas, y que son indiferentes a la reputación, pueden derivar el máximo provecho de principios y organizaciones idealistas del estilo Wikileaks? ?Es decir, estamos preparados en el mundo para este tipo de transparencia extrema sin pasar por ingenuos? ¿Es consistente, por otra parte, esta tendencia a la transparencia absoluta con la tendencia del mundo actual a hacerse cada vez más complejo, y la tendencia paralela de sus actores, a tomar decisiones que pueden tener implicaciones sobre miles o millones de seres humanos, en el mediano y largo plazos?

Creo que la respuesta a todas estas preguntas, y a otras más que no formulo, la evolución y discusión de casos como el que motiva esta nota nos ayudará a responder.

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