Derrame en el Golfo (11), Lecciones finales

Foto del derrame en el Golfo de México, 24 de julio (foto: cortesía NASA)

Quizá no es cierto que estemos en el tiempo de derivar todas las lecciones posibles sobre el accidente sufrido por la plataforma Deepwater Horizon el pasado 22 de abril porque aún quedan múltiples enigmas por responder. La nueva campana que BP ha colocado sobre el pozo averiado casi ha solucionado el problema y se esperaa que en pocos días se complete la perforación de pozo de alivio, lo que debe constituir una solución final al problema.

Aún no se sabe cuál ha sido el destino de todo el petróleo que manó durante meses del pozo averiado, muy cerca del lecho marino, durante cerca de tres meses. Aun cuando hasta la fecha se han recuperado cerca de 35 millones de galones (cerca de 132 millones de litros) de una mezcla de petróleo y agua esa cantidad no representa sino una proporción menor al 10 por ciento del volumen total de petróleo que se estima manó libremente de ese pozo.

Hay hipótesis que sostienen que, no obstante su potencial contaminante, los dispersantes (e.g. corexit) utilizados ayudaron significativamente a la acción de bacterias capaces de degradar el petróleo y los diversos grupos de hidrocarburos que lo constituyen. Dado que el lecho del Golfo recubre un gigantesco yacimiento petrolífero, hay científicos que afirman que incluso antes de que se hubieran iniciado actividades de perforación submarina en el Golfo de México, se producían ocasionalmente fugas espontáneas de petróleo del lecho marino (probablemente como un mecanismo de alivio de incrementos repentinos en la presión del petróleo dentro del yacimiento). La hipótesis sostiene que este medio marino rico en petróleo y sus hidrocarburos habría sido un caldo de cultivo ideal para bacterias capaces de degradar el petróleo, las cuales crecerían exponencialmente cada vez que se producía una de tales fugas. Hay una variante de estas bacterias, la cepa NY3 de la común Pseudomonas aeruginosa (descubierta recientemente en un suelo contaminado con petróleo en Shaanxi, Provincia de China), que tiene la capacidad de degradar los hidrocarburos aromáticos policíclicos (o PAH´s por sus siglas en inglés), que se ha encontrado son tan peligrosos por los efectos carcinogénicos y mutagénicos de estos compuestos.

Pero tampoco es necesario postular fugas espontáneas de petróleo en el Golfo. Oleoductos, tanqueros y otros pozos tiene pérdidas ocaasionales que vierten regularmente al Golfo miles de litrros diarios de petróleo. Lo que convierte al Golfo en una suerte de botadero de petróleo y otros desechos sólidos, así como de efluentes plagados de contaminantes que también llegan al Golfo arrastrados por las aguas del Mississippi.

Todo este caldo de contaminantes y petróleo, sumados a las cálidas temperaturas promedio, haría que las aguas del Golfo de México tengan una concentración natural mas elevada que otros mares, por ejemplo que el agua helada de las costas de Alaska en las que se produjo el derrame del Exxon Valdez, de las diversas especies de bacterias que poseen la capacidad de degradar el petróleo y que en el caso del Deepwater Horizon habrían contribuido a acelerar la desaparición del petróleo derramado.

Sin embargo, aun no se tiene claridad sobre este punto y no sabe en qué medida estas hipótesis son el producto de un optimismo necesario y de mucho wishful thinking en aguas cuyos recursos naturales renovables sostenían la vida de miles de pescadores y piscicultores.

Por otra parte, el aspecto negativo de estas ideas optimistas es que si pensamos que los ambientes naturales poseen la capacidad de asumir y procesar la mayor parte de los contaminantes que vertimos en ella, la conclusión que pudiéramos sacar es que la próxima vez que ocurra un derrame en el golfo de México podemos hacer menos y preocuparnos menos porque la naturaleza, de todos modos, va a hacer la mayor parte del trabajao de limipieza y recuperación ambiental. Porque la naturaleza, más específicamente, algunos ecosistemas, tienen una capacidad impresionante de homeostasis, es decir de recuperar su equilibrio, y regresar al estado en que se encontraban antes del accidente.

Este tipo de argumentos pudiera no crear incentivos para que hagamos la inversión óptima en I&D que nos permita producir tecnologías de prevención de accidentes, o de combate de los derrames una vez que éstos se hanproducido, más eficaces. Porque sí es cierto que este accidente lo mmostró al hombre un límite a su capacidad de controlar la naturaleza.

El accidente le mostró a los actores implicados y afectados que, en ese aspecto, como en muchos otros, el hombre no posee la capacidad de controlar a su antojo una contingencia que él ha causado. Porque es importante no olvidar que, a diferencia de un huracán, donde la naturaleza tiene una cuota de responsabilidad casi total (a no ser que contabilicemos nuestra contribución al calentamiento global y la simplicaciones de éste enproducir eventos de clima extremo), al menos una parte del sistema que se había salido del control durante este accidente, fue construido por el hombre y su funcionamiento era controlado y dirigido por seres humanos.

Otro aspecto a considerar es que una parte importante de las consecuencias de un derrame de petróleo pudieran ser el producto de componentes como los PAH´s, que no son visibles y que para detectarlos se requiere realizar complicados análisis químicos. Estos componentes tienen el potencial de producir enfermedades que no se expresan ni detectan inmediatamente como el cáncer.

Responsabilidad corporativa

Pero lo más importante a considerar es que en el Golfo de México tiene lugar una masiva actividad petrolera que no ha menguado luego de este fatal accidente. Operan actualmente en el Golfo cerca de 4.000 plataformas de peetróleo y gas, y lo cruzan decenas de miles de kilómetros de oleoducto een las zonas central y occidental del Golfo, donde tiene lugar 90 por ciento de la actividad de explotación offshore de petróleo de Estados Unidos. Por tanto, todavía habrá que esperar para saber cuántas de las empresas petroleras que operan en el golfo han invertido (qué cantidad) para mejorar sus sistemas de prevención de accidentes, sus planes de contingencia, y para hacer más eficaces sus sistemas de saneamiento ambiental.

Sin embargo, si las empresas que operan en el Golfo invierten en estas mejoras no será gracias a incentivos más fuertes provenientes de la regulación porque los estados que colindan con el golfo, tradicionalmente, se han opuesto a que se sancione una legislación ambiental más estricta, una que pueda crear incentivos negativos a las decisiones de estas empresas de domiciliar sus oficinas y plantas industriales en suelo y aguas de ese estado.

Responsabilidad individual

Argumentos optimistas como los de que el Golfo de México es un lugar en el que los derrames de petróleo tienen menor impacto que en otras aguas, ayudan a que los ciudadanos de Estaos Unidos, y en general a los de cualesquiera otras naciones, a no cambiar nuestros patrones de consumo hacia uno que reduzca los factores que presionan al alza la demanda de energía proveniente de fuentes no renovables como el petróleo. Quizá en el fondo no queremos cambiar nuestro estilo de vida (seguramente asociado a una huella de carbono (carbon footprint) por encima de lo deseable), hacia uno con una huela de carbono menos elevada o consistente con un ambiente en homeostasis o, para decirlo de otro modo, en el que la calidad de sus ecosistemas, sea sostenible en el tiempo.

O quizás esperamos otro accidente, más fuerte, más difícil de solucionar, uno que la noble naturaleza no pueda resolver pronto por sí sola (como parece que ocurrió en este caso del Golfo con el derrame); un accidente que tenga mayores implicaciones negativas, visibles y de corto plazo, para tomar la decisión de elegir un estilo de vida menos contaminante. Uno cuya huella de carbono sea más consistente con la sostenibilidad de un ambiente sano y hermoso por muchos siglos en el futuro.

Nos decimos cosas tan terribles como ésa porque sabemos que no sabemos cómo detenernos a nosotros mismos en el momento preciso. No lo sabemos hacer en casos tan sencillos como el cigarrillo. “Quizás yo no formo parte de aquellos a los que les afecta esto”, nos decimos con optimismo. Y seguimos fumando un año más. Cada día más cerca de esa lotería letal.

Por esas razones, por esa resistencia nuestra a actuar en el momento actual y no postergar la decisión, es que en el futuro no debemos censurar moralmente o financieramente, como si fuese un chivo expiatorio para limpiar nuestra mala conciencia, la actuación de otra BP. No podemos arrojar la primera piedra contra la mala actuación de las instituciones mientras no cambiemos nosotros.

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