“Sobre la nada”, mirando el alma de la ciudad

El arte de Esperanza Mayobre

Esto es una lectura preliminar que uno puede hacer al mirar la exposición que hizo esta joven artista venezolana, que reside en Nueva York, en la Galería de Fernado Zubillaga, ubicada en el Periférico Caracas, y que tituló Sobre la nada.

Uno mira ese esqueleto tenue, esas retículas tridimensionales, volumétricas, con forma de prismas rectangulares. Volúmenes de los que Esperanza ha borrado el color y las texturas; ha borrado los frisos, el cemento y el acero. Ha borrado los números y palabras que identificaban a cada casa o edificio y lo distinguían de los otros. Ha borrado las paredes y los pisos. Y ha dejado solamente la estructura. Más bien una idea de estructura. Un concepto que luego de todo esea especie de acto de cabaret ha despojado el hogar u oficina de lo que era esencial para funcionar, pero también de sus adornos, y lo ha dejado con el alma desnuda. Porque ya no hay piel en estos edificios. No son para tocarlos, para olerlos o saborearlos. No son más para vivir dentro de ellos. Estas estructuras tenues, transparentes, que parece que se difuminaran en el aire, no son para los sentidos sino para que nuestros ojos puedan llegar a mirar el alma de la ciudad.

Proyecto de penetrar la idea última de las cosas. Y mostrarnos que esa idea, incluso derruida, desmembrada, desarticulada; amontonada en forma de piezas sutiles, muy delgadas y frágiles, que descansan caóticas, sin orden ni concierto, sobre el piso de la galería o sobre el del cuadro, son todavía el alma de aquella retícula volumétrica en la que hemos aprendido a habitar; vivir y convivir. Que a menudo sentimos que nos acorralaba, nos cercaba, nos constreñía. O nos daba calor, abrigo, protección. Pero es que en este mundo platónico en el que suponemos uno se topa con estas ideas-objeto, no es necesario escondernos más. Ya no tenemos que protegernos del Otro, porque las almas no pueden hacerse daño las unas a las otras. Ni que lo quieran. Nosotros también hemos dejado atrás nuestras pieles, y todo lo demás (lo que era accesorio y lo que pensamos era esencial) para quedar sólo como ideas, como conceptos. O quizás como algo distinto, como arquetipos, como formas junguianas.

Al llegar a la sala de exposiciones el día de la clausura, vimos como unos niños, y algunos adultos, se esforzaban por borrar lo que quedaba de las huellas de esas ciudades dibujadas a lapiz sobre las paredes blancas de la galería. Pensamos que la artista quería que pensáramos que ya no eran necesarias ni siquiera esas formas sintéticas, tenues, leves como la harina o la nieve. El saber que habían estado allí era suficiente para que las hubiera registrado nuestra memoria. Aunque sea como fragmentos, los pedazos que no olvidó.

Notas

1. Una salida posible a la violencia y acorralamiento que uno siente en las grandes metrópolis, la convencional, es el reforzamiento, haccer crecer la gravedad de la ciudad. Su engrosamiento. Cubrirla de rejas que se superponen a paredes. Erigir muros cada vez más altos que ya no dejan ver las rejas que han sido colocadas sobre ventanas o puertas. Los más paranoicos pudiera erigir otros muros, muros mas fuertes y altos construidos como refuerzo de muros más débiles susceptibles de ser quebrados, violados en su integridad por la violencia de la ciudad. Los recatados tratan de disimular, a la vez la fuerza y gravidez junto con su temor con una falsa cubierta de madera como lo hemos visto en ciertas puertas de seguridad.

2. La de Esperanza es la salida opuesta para combatir la violencia urbana. Desmaterializar la ciudad, llevarla a ese mundo de las ideas, para que se desmaterialicen también las armas. Para que se callen, quedenmudos, los gritos e insultos vociferados por los peatones atolondrados o por conductores violentos. Para que se desmaterialice la sensación de encierro y podamos todos, ella como artista y nosotros como espectadores, alcanzar la libertad. Esperanza sacrifica las pasiones, los sentidos, la piel, por esa libertad pacífica. O simplemente, desmaterializa la ciudad y sus habitantes para recordarnos que, debajo de todo ese horror, está la paz.

3. Pienso en la serie Residente Pulido de Alexander Apóstol, artista venezolano quien con técnicas digitales ha borrado las puertas y ventanas de una serie de edificios modernistas que fotografió. Aquí hay una afinidad en el camino inicial. Pero creo que a Alexander no le interesa llegar a esa cosa tenue que he llamado el alma de la ciudad. Se queda con esos prismas a los que no se puede acceder y de los que no se puede salir (en caso terrible de quee hayas quedado atrapado ahí dentro). Esas fotos representan más a cabalidad la idea de cárcel de la ciudad postmoderna. En el trabajo de Esperanza, la cárcel se esfuma y el edificio, de tanto que se ha borrado, ha quedado en el hueso. E incluso en algo que es menos que hueso.

Niños borrando dibujos de Esperanza Mayobre pintados en la pared de la sala, Galería Fernando Zubillaga, Caracas, 14 de junio de 2010.

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