Derrame en el Golfo (10), BP en el banquillo de los acusados

Vehículos especializados limpiando de petróleo las playas de Louisiana (foto: cortesía Deepwater Horizon Response, Oficial de Primera Clase del Servicio de Guardacostas Luke Pinneo)

No setrata solamente de que el Presidente Barack Obama dijera, durante su primera alocución a la nación sobre el estado del derrame petrolero en el Golfo de México que BP había actuado de una manera imprudente (reckless), y que debería pagar hasta el último céntimo atribuible a ese derrame (lo que, entre otras cosas, hizo descender en 9 por ciento adicional el precio de las acciones de este compañía), sino que durante la mañana de ayer, durante la interpelaci´ón en el Congreso a los más altos ejecutivos de las cinco mayores empresas petroleras con operaciones en el Golfo de México (Chevron, ConocoPhillips, ExxonMobil, Shell y BP), fuimos testigos de cómo se rompió el silencio y BP quedó como chivo expiatorio en lo que se configura como un juicio político a su actuación, un juicio que traspasa los ámbitos judiciales y que serán una causa para que crezca la tensión política entre el Reino Unido y Estados Unidos.

Las empresas petroleras con operaciones en el Golfo, que hasta el lunes14 de junio habían mantenido silencio acerca del desastre ambiental ocasionado por el hudimiento de la plataforma Deepwater Horizon de BP, aun cuando los precios de sus acciones también hubieran bajado y se hubiese declarado un moratorio prohibiendo la perforación de pozos de exploración en aguas profundas del Golfo de México durante seis meses, finalmente rompieron su silencio y criticaron dura y abiertamente los procedimientos de perforación; así como los planes y protocolos de contingencia de BP. En términos de teoría de juegos, dejaron de jugar la opción cooperativa y eligieron en bloque la opción que mejoraba su utilidad individual.

Pero para que esto no las afectara, sus respuestas trataron de convencer a los miembros del Congreso de que el evento que produjo el desastre pertenecía a un conjunto con un único elemento. Es decir, no había nada que aprender de ese evento que ahora podemos llamar catastrófico porque éste era irrepetible, una aberración que no pudiera haberle ocurrido a ninguna otra empresa sino a BP, cuyos procedimientos operativos y protocolos de seguridad y ambiente son subóptimos y poco eficaces. En otras palabras, todas repitieron que a ellas no les hubiera ocurrido algo así. Por su parte, los congresistas no fueron más delicados con BP. Joseph Cao, un representante republicano de Louisiana le dijo a Lamar McKay, presidente de BP America, “En tiempos de los samurais, nos hubiéramos limitado a darle un cuchillo y pedirle que cometa hara-kiri.”

De lo anterior se siguen dos cosas. Por un lado que ese discurso desmonta la apreciación de que BP pueda haber sido (también) la víctima y no sólo el perpetrador de un accidente ambiental, presuntamente ocasionado por una improbable coincidencia de múltiples factores, no todos atribuibles a BP solamente:

1. Activo interés en desarrollar la industria petrolera costas afuera en las aguas profundas del Golfo de México por parte de la Administración del presidente George W. Bush;

2. Legislación ambiental inadecuada e ineficaz para impedir una actividad económica que pusiera en riesgo el ambiente;

3. Debilidad institucional en las agencias del gobierno responsables de ejecutar la regulación (principalmente la Minerals Management Service y Environmental Protection Agency;

4. Es consecuencia de lo anterior, un hecho que se ha denunciado y habrá que investigarlo en profundidad. Que BP y otras empresas petroleras en el Golfo de México pagaron viáticos (alojamiento y comida) de funcionarios de EPA, The Department of the Interior, y el Homeland Security Department. Se sabe que también en algunso casos les pagaron para asistir a congresos y seminarios. Principalmente, los viajes implicados ocurrieron durante la Administración del Presidente George W. Bush.

5. Coincidencia de fallas humanas y técnicas en la plataforma petrolera Deepwater Horizon, que resultaron en el accidente; y

6. Subestimación (juicios y apreciaciones erróneas, antes y despues del accidente) del nivel tecnológico que se necesitaba para impedir el accidente o para resolver eficazmente un accidente ambiental en aguas profundas.

Las declaraciones de los ejecutivos interpelados sugieren que la serie de fallas en sus procedimientos harían a BP inadecuada para ejecutar operaciones del tipo que estaba realizando. Pero, como ellos sí poseen mejores prácticas, un accidente con esas características no les hubiera podido ocurrir.

Incurrir en ese condicional contrafáctico es falaz. Ni yo ni nadie queremos que alguien (un aciago azar o Dios solamente podrían hacerlo) verifique que lo que dijeron las otras empresas petroleras es falso. Pero no se puede hacer ese tipo de afirmaciones porque el accidente le ocurrió a BP y no a otros. Como persona interesada en la calidad del ambiente, debemos pensar que otras clases de accidentes ambientales les pueden ocurrir a las otras empresas con actividad en aguas profundas en el Golfo.

Lo segundo que se deriva de las declaraciones, muy alineadas en su espíritu y objetivo, de los ejecutivos petroleros, es el alegato de que el moratorio declarado por el presidente Barack Obama, que supendeió la actividad de perforación en 33 nuevos pozos prospectivos de Shell, Chevron y Hess y otras, durante seis meses en aguas profundas 8más de 500 pies) del Golfo no tiene sentido. Que va a producir mayores costos que beneficios.En este argumento, las empresas patroleras tiene el apoyo de congresistas como la senadora demócrata Mary Landrieu, de Louisiana, quien le ha pedido a Ken Salazar, Secretario del Interior, que restablezca las actividades en los pozos afectados por el moratorio.Esta solicitud nos hace también pensar que las empresas se resistirían (mediante actividad de lobby) a ser sujetos de mayor regulación. Lo cual es imprescindible dado que, aparte de los incentivos negativos que crea el recuerdo de los costos que le ha ocasionado este accidente a BP, las empresas no tienen incentivos para autoregularse y usar prácticas y tecnología que reduzcan los costos ambientales de sus operaciones al mínimo posible. Por tanto, el moratorio debiera extenderse hasta que exista la tecnología que permita resolver eficazmente contingencias ambientales. Porque lo que ha sido peculiar del presente accidente ambiental es que nos ha mostrado los límites de nuestro nivel tecnológico. No dudo que seamos capaces de empujar ese nivel tecnológico luego de este desastre. Pero aprender a este costo (económico y ambiental) es terrible y mucho mejor sería que no tengamos que volver a aprender de ese modo en el futuro.

El Gobierno deberá tratar este accidente como un evento que sí pudiera repetirse y la regulación debe estar orientada a prescribir procedimientos y técnicas que lo impidan de un modo que raye en lo absoluto. Y la regulación debiera permitir las operaciones en aguas profundas sólo cuando las empresas demuestren que cuentan con la tecnología que permitirá, en el caso muy improbable de que otro accidente de semejante magnitud ocurra, resolverlo con un costo ambiental perfectamente previsto y despreciable. Todo esto es por supuesto estrategias parra el corto y mediano plazo, porque en el largo plazo deberá comenzar a tener lugar una transición hacia formas de energía que creen menos riesgos para el ambiente.

Notas

1. En las variantes del Dilema del Prisionero, la opción no cooperativa no es la única posible en un ambiente de libre mercado o de agentes que maximizan su utilidad esperada. En juegos repetidos, crece la probabilidad de que los agentes implicados en el juego elijan la opción cooperativa. Uno pudiera sentir que esta actitud de quiebre del silencio va acompañada de una apreciación de que BP será pronto sujeto de un take over o, lo que es peor, de una declaratoria de bancarrota. Es decir, uno puede atribuirles a los ejecutivos de las otras empresas petroleras también interpelados la hipótesis de que ellos apuestan a que el actor al que se ha maltratado (BP) no tendrá en el futuro la oportunidad de actuar retaliativamente.

2. Hay varias decisiones que pueden tener efectos perversos en esta crisis. Una de ellas es que un exceso de presión por parte del Gobierno lleve a la quiebra a BP. Si esto ocurre una de las empresas más grandes puede hacer un take over de BP. Esto produciría una mayor concentración de la industria del petróleo y la energía que con gran probabilidad resultaría en un fortalecimiento de la posición de dominio y por tanto poder de negoiciación de la (o las) empresa (s) que haya (n) sido exitosa (s) en el take over. Por otra parte, si BP va a la bancarrota, no habrá fuentes de donde provengan los recursos para cubrir los costos de abatimiento ambiental y compensación económica de los afectados. Los pasivos ambientales no están en orden de prioridad antes que otros pasivos. De dónde saldrían entonces los recursos?

Una solución de mediano plazo a la diversidad de problemas que plantea esta crisis hace pensar en que se podría evaluar la constitución de un fondo sectorial que, ante la eventualidad de una crsis ambiental semejante, garantice, tanto los recursos para el abatimiento de los costos ambientales, como los recursos para compensar a los afectados por el desastre. Se propone entonces un Fondo Ambiental Sectorial (FAS) que funcione como lo hace el Federal Deposits Insurance Corporation (FDIC). Este tipo de fondos podrían implementarse en el futuro para todas aquellas industrias o actividades cuyas actividades sean una fuente importante de riesgos y costos ambientales cuya cobertura exceden las capacidades de una empresa.

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