The Green Zone, Intriga sobre las razones de la guerra con Irak

Esta excelente película, dirigida por Paul Greengrass, cineasta británico que dirigió dos de las tres películas de la Trilogía Bourne (The Bourne Supremacy, estrenada en 2004, y The Bourne Ultimatum, estrenada en 2007), no nos cuenta solamente una historia sobre la guerra de Estados Unidos, Gran Bretaña y sus aliados contra Irak sino que escala a otro nivel y desarrolla una narrativa sobre las ideas, valores y motivos que tuvieron quienes decidieron comenzar esa guerra. Está basada al menos parcialmente en hechos reales y nos recuerda que nunca se halló evidencia que sustentara la afirmación, hecha por los líderes políticos y militares de Estados Unidos y sus aliados, que Saddam Hussein estaba fabricando armas de destrucción masiva (atómicas, químicas y biológicas). Como esta afirmación era el argumento más importante para iniciar esa guerra, esta razón quedó huérfana de pruebas.

El guión de The Green Zone fue adaptado por Brian Helgeland (también guionista de Mystic River, Robin Hood o The Taking of Pelham 1 2 3) de la novela Imperial Life in the Emerald City, Inside Iraq´s Green Zone, escrita por Rajiv Chandrasekaran, editor nacional de The Washington Post. La película no se queda en narrar con más o menos detalles o mirada critica la vida cotidiana de los soldados en Irak, a los que pudimos ver hace apenas unos meses en la premiada película The Hurt Locker, dirigida por Kathryn Bigelow. En ésta, el sargento William James, quien estaba a cargo de un escuadrón de desarme de explosivos, era un pacifista precisamente porque, con una perseverancia incomprensible, arriesgaba su vida desarmando bombas para que civiles inocentes y soldados no murieran con ataques de explosivos, lo que es el día a día de la guerra en Irak. Pero James no conocía sobre las causas que habían originado esa guerra. No era parte de su esfera de control, de su área de acción o interés. James no cuestionaba el hecho de que Estados Unidos hubiese entrado en la guerra junto con los aliados. Ésa era una decisión que se consideraba como un dato en aquella película que mostraba que dentro del clima de intensidad emocional extrema que es toda guerra, se puede ser sensible a la vida y actuar de un modo paradójicamente pacifista siendo un soldado.

Es muy diferente en The Green Zone, la actitud de Roy Miller (Matt Damon), Chief Warrant Officer a quien (junto con su escuadrón) se le ha asignado la tarea de encontrar los sitios en los que los informes de inteligencia establecen que están almacenadas las armas de destrucción masiva (WMD por sus siglas en inglés) químicas, biológicas o nucleares. Al no encontrar nada en los sitios que visita, Miller comienza a sospechar de la calidad de esos informes. Y junto con sus sospechas comienzan los conflictos con Clark Poundstone (Greg Kinnear), oficial de inteligencia adscrito al Pentágono. Pero esa misma sospecha le hace ganarse un aliado, Martin Brown (Brendan Gleeson), quien es Jefe de las Operaciones de la CIA en Baghdad. Brown, un experto en Medio Oriente, comparte las dudas de Miller sobre la calidad de esos reportes así como sobra la estrategia de Estados Unidos para implanta runa democracia estable. Ambos juntan sus esfuerzos para investigar lo que parecen aspectos turbios asociados con los informes de inteligencia. Como debemos esperar, Miller llegará hasta las últimas consecuencias para confirmar sus sospechas.

En esta película, cuyo género es el thriller más que la guerra, se arma una historia que sale de las rutinas en el campo de batalla diario de esa guerra que es, principalmente, la ciudad de Baghdad, y cuestiona algunas de las razones alegadas por los líderes para iniciarla recordando que no se encontraron armas de destrucción masiva en Irak. La película va más allá al sugerir que las pruebas presentadas por el gobierno del presidente Bush fueron forjadas para convencer a los decisores y al pueblo norteamericano de que la guerra estaba plenamente justificada. Se sugiere también que una periodista (ficticia) Lawrie Dayne de The Wall Street Journal (Amy Ryan) fue víctima inocente de militares que operaba como intermediarios de una fuente secreta aunque realmente forjaban la información que ella recibía de sus manos. Esta periodista les recuerda a muchos a Judith Miller quien a la sazón trabajaba en el New York Times, y cuyos artículos sobre las armas de destrucción masiva en Irak (que fueron luego seriamente cuestionados) ayudaron a construir el argumento y convencer a los norteamericanos de lo razonable y justificado que era ir a la guerra con esa nación.

Aun si gran parte de lo que vemos en esta película fuese ficción. Aún si las fricciones entre la CIA (que parece estar a favor de una investigación con pruebas más sólidas) y el Departamento de Defensa de Estados Unidos (señalado como presunto forjador de pruebas o al menos ocultador de información) formasen parte de la fantasía del novelista que inspira la película, o de la del guionista, las dudas que han rodeado siempre estas pruebas, nos llevan una vez más a pensar que se debió esperar a que hubieran más pruebas. O más bien, a reforzar la idea intuitiva de que antes de iniciar cualquier guerra, tenemos la tarea de sospechar de toda evidencia que promete ofrecer razones que hacen esa decisión ineludible. Sospechar una y otra vez. Cuanto más pasa el tiempo, cuanto más naciones poseen armas de destrucción masiva, más razonable es insistir en la aparentemente irrazonable prescripción de sospechar de las razones para iniciar una guerra, cuyas consecuencias nunca podemos preveer antes de empezarla y menos, como lo sugiere la guerra de Irak, luego de más de siete años, tampoco podemos predecir luego de haberla iniciado.

Por supuesto que siempre cabe la posibilidad de que haya actores en un nivel superior (este es el tipo de razonamiento que aman los obsesionados por las teorías de conspiración) que poseían información más compleja o distinta, que uno puede presumir no podía ser fácilmente asimilada, digerida, aceptada o comprendida a cabalidad por el electorado u otros decisores no militares. Pero que tales razones llevaban a concluir que Saddam Hussein debía ser sacado del juego.

Lo trágico es que, una vez que se derrocó al dictador Saddam Hussein, los norteamericanos tampoco fueron exitosos en la construcción de una democracia en Irak, una nación desgarrada históricamente por conflictos entre etnias que Hussein sabía cómo mantener unida (un poco como ocurrió con los Balcanes cuando se murió el Mariscal Josip Broz Tito).

En The Green Zone también trabaja como director de fotografía el británico Barry Ackroyd. En el pasado, Ackroyd logró para Greengrass ese estilo documental de corte neo-realista que pudimos ver en United 93 . Se dice que cuando Bigelow vio esta película, ella pensó que se ajustaba a lo que quería lograr en The Hurt Locker y decidió contratar a Ackroyd. Dado que éste ha vuelto a trabajar con Greengrass, no es raro que a algunos espectadores se les superpongan en su memoria escenas de estas dos películas sobre la guerra de Irak y puedan llegar a confundirse. Pero estoy seguro que los que miran con más detenimiento, se percatarán rápido de que esa semejanza se queda en la cinematografía y en aspectos del género.

En suma, creo que The Green Zone es memorable por su capacidad para mostrarnos lo que a menudo hay afuera del campo de batalla, más allá o mas acá. Lo es también por recordarnos que la mejor forma de ser pacifista es: 1. hacer todo lo posible para que no comience una guerra lo que, a la vez, nos recuerda el valor de la prudencia; la que nos dicta sospechar siempre de las razones que creemos tener para iniciar la guerra; o, 2. Si ésta ha comenzado ya, hacer todo lo posible para que concluya lo antes posible. Pero además, la película tiene una producción realista que no olvida los encuadres cinematográficos y no abandona la estética del thriller, cosa que la aleja del formato del documental y por tanto de The Hurt Locker. Finalmente, me gustó esta película porque se siente que hubo un buen entendimiento entre actor estelar y director (Matt Damon y Paul Greengrass) que me recuerda el que pudimos ver que existe entre Russell Crowe y Ridley Scott, en Gladiator o Robin Hood.

Ficha técnica
Género: Guerra/ thriller
Director : Paul Greengrass
Guión: Brian Helgeland, Rajiv Chandrasekaran
Reparto: Matt Damon, Yigal Naor, Gregg Kinear, Amy Ryan, Brendan Gleeson

Notas

La Oficina de Planes Especiales

The Green Zone hace una referencia tácita a la cuestionada Oficina de Planes Especiales (OSP). Esta fue una organización creada por Paul Wolfowitz y Duglas Feith, en septiembre de 2002 que operó hasta junio de 2003. Estaba afiliada al Pentágono y tenía la responsabilidad de producir para el Secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, informes de inteligencia sobre Irak. Sobre esta oficina, el oficial de la CIA, Larry Johnson dijo que su trabajo era peligroso para la seguridad nacional y que amenazaba la paz mundial. Que la OSP mintió y manipuló inteligencia para favorecer una agenda que tenía como único objetivo el derrocamiento de Saddam Hussein. La CIA sospechaba de la información que recogía esa unidad. Investigaciones posteriores realizadas por el Congreso de Estados Unidos arrojan evidencia de que hubo una confrontación importante entre la CIA y la OSP acerca de la calidad y veracidad de la inteligencia producida por cada una de estas organizaciones sobre la conexión Hussein y Al Qaeda, o Hussein y el terrorismo. En febrero de 2007, el Inspector General del Pentágono publicó un informe en el que se concluía que la OSP había “desarrollado, producido y luego diseminado inteligencia alternativa sobre evaluaciones de la relación Irak y Al Qaeda, que incluyeron algunas conclusiones que fueron manipuladas por oficiales de alto rango e el Departamento de Defensa para apoyar la decisión de la administración de Invadir Irak. (fuente de esta nota: cliquee aquí).

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