Derrame en el Golfo (8), Política versus Ambiente

David Cameron, Primer Ministro del Reino Unido

Siempre, velada o abiertamente, habrá tensiones entre estos dos puntos de vista. Entre los grupos de poder que, por un lado, prefieren un mundo más limpio y más saludable, en el que se busque intervenir con la menor disrupción posible el, a veces delicado, equilibrio en el que conviven los ecosistemas; y por otro lado, los grupos que por ignorancia, por haber decidido que les importan otros objetivos, que sus prioridades son otras, o que sencillamente no les afectan la calidad del ambiente en determinados lugares o el equilibrio de determinados ecosistemas porque se encuentran muy lejos de zonas intervenidas o afectadas por sus decisiones, actúan de un modo irresponsable con el ambiente.

Por otra parte, siempre habrá grupos con perfiles de intereses que los llevan a seguir a los partidos verdes en Europa, que votan por, o apoyan a, líderes que se preocupan por el ambiente; y aquéllos que votan por líderes políticos que prefieren darle apoyo a políticas públicas que desregulan la economía y permiten que los empresarios desarrollen sus negocios con la menor interferencia estatal posible. En suma, los que siguen a los líderes pro ambiente y los que siguen a los líderes indiferentes con el ambiente o para los cuales su calidad no es prioridad.

Ahora podemos ser testigos de una delicada controversia en la que esta confrontación teórica tiene lugar en una arena real y dentro de un contexto muy real, de características extraordinarias, y consecuencias inciertas. Me refiero a la punta de lanza de lo que pudiera ser una próxima, diplomática aún, pero seguramente fuerte confrontación entre el gobierno del Reino Unido, que parece haber decidido apoyar a inversionistas británicos en general, y a BP en particular, cuando se percata de lo mucho que ha caído la capitalización de mercado de BP, y el gobierno de Estados Unidos cuyo presidente, Barack Obama ha declarado que se revisarán las regulaciones ambientales vigentes con el fin de que los ciudadanos afectados por el actual derrame petrolero en el Golfo de México, el peor en la historia de Estados Unidos, sean plenamente compensados.

David Cameron, Primer Ministro Británico, quien se encontraba de visita sorpresa en Kabul, Afaganistán, declaró que durante el fin de semana iba a tener una conversación telefónica con Barack Obama para ayudar a BP a lidiar con el derrame petrolero que le ha hecho perder, hasta el momento, aproximadamente 43 por ciento de su valor.

Vale la pena observar que Cameron no había intervenido hasta el momento en este asunto. Todo lo contrario, en día pasados declaró que comprendía la frustración del gobierno norteamericano ante el desastre en el Golfo de México. Sobre esa declaración, Lord Jones, ex ministro de comercio y embajador comercial del gobierno británico, acusó a Cameron por esa declaración de que con esas palabras no estaba demostrando un apoyo muy necesario a BP, y a los miles cuyos fondos de pensiones se verían en peligro si este empresa fuera a la bancarrota, dado que éstos son uno de los mayores accionistas institucionales de BP. Lord Jones le dijo a The Guardian que Cameron debería haber defendido más directamente los intereses británicos, dado que el dividendo que paga BP a los accionistas, principalmente fondos de pensiones británicos, constituye más de un diez por ciento de los pagos hechos por compañias británicas.

Además de esa razon de peso y las presiones que sentía Cameron desde varios grupos, es posible que haya motivado su rreciente intervención a favor de BP, el hecho de que ésta sea la tercera compañía petrolera más grande del mundo (detrás de ExxonMobil y Royal Dutch Shell); que hasta diciembre pasado, su nómina global fuera de 80 mil personas; y que su valor de mercado, incluso después de la caída, supere los cien mil millones de US $. Puede sumarse a todo esto el hecho de que a una Gran Bretaña hambrienta de ingresos, no le es indiferente una empresa que paga anualmente unos 1.400 millones de US$ por concepto de impuesto sobre la renta. Datos que no definen a BP como un activo de valor exclusivamente para inversionistas norteamericanos, o para el gobierno británico dado que, luego de su fusión con Amoco en 1998, hasta 40 por ciento de sus acciones son tenidas por inversionistas norteamericanos.

Aun cuando el Departamento de Estado declaró poco después que la tensión señalada por algunos medios entre Estados Unidos y el Reino Unido no era tal, y que sus conversaciones serían amigables como siempre, sabemos que el electorado norteamericano espera de Obama una actuación contundente contra BP, y que esta expectativa se hace más fuerte luego de que nueva evidencia provista por cientificos del USGS) ha sugerido que la tasa a la que mana el petróleo del pozo Donde estaba la plataforma Deepwater Horizon es casi el doble de los estimados anteriores de BP. Esto significa que los 15 mil barriles diarios que BP está actualmente redirigiendo a tanqueros, no representan una fracción tan importante del total como nosotros creíamos antes. A la luz de estas nuevas cifras, esa fracción pudiera estar alrededor de 45 por ciento si la tasa de fuga real está cerca de los 40 mil barriles diarios.

Está claro que de un modo semejante a como se espera que Obama responda a los intereses y preocupaciones de los grupos ambientalistas de Estados Unidos, así como a los de grupos de pescadores y empresarios del turismo de las ciudades que tienen costas hacia el Golfo de México, cuyas economías se han visto dramáticamente afectadas por el derrame, se espera que Cameron responda a los intereses de los accionistas británicos de BP, y en general, a los de inversionistas británicos que posean acciones de empresas petroleras que tengan operaciones en el Golfo de México. Es curioso ser testigos de cómo una sociedad como la británica, que se ha caracterizado historicamente por apoyar políticas ambientalistas, pudiera llegar a apoyar una política de regulación laxa o ineficaz de empresas petroleras en el Golfo de México y actuar de este modo contra la calidad del ambiente al decidir defender un tema de nacionalismo y de intereses nacionales.

Estas declaraciones forman parte sólo de una fase de precalentamiento dentro de un ambiente geopolítico en el que la tensión es y no es visible. Todavía veremos un largo intercambio de declaraciones, más y menos específicas y fuertes, entre cada uno de estos dos líderes o de sus representantes, en este desastre ambiental. Queremos, por el bien del ambiente, que esta confrontación se mantenga en la linea de la objetividad, la justicia y la preservación de la calidad del ambiente.

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