La lengua absuelta (1), El amor por las palabras y la masa

Peter Brueghel el Viejo, Dulle Griet (1562)

Movimiento libre de las lenguas

Apenas he leído poco más de un tercio de este primer tomo de la autobiografía de Elías Canetti, autor búlgaro que escribió casi toda su obra en alemán, la lengua que hablaban sus padres en la intimidad, cuando querían sentirse cómplices o recordar los tiempos en que disfrutaban juntos del teatro. No escribió Canetti en ladino, lengua que era una especie de español antiguo influida por el hebreo, el arameo y el árabe y que la hablaban los sefarditas de varias naciones europeas. Pero como suele suceder en esas naciones cuya lengua es hablada solo por unos pocos miles en el mundo, su familia y amigos de ella solían hablar diversas lenguas y había un prestigio asociado con aquellos que hablaban o conocían varias lenguas. Crecer en ese ambiente en donde dominar lenguas era tan prestigioso como ser propietario de caballos en otro tiempo y lugar, debió crear una fascinación especial hacia el lenguaje y las palabras en personas como Canetti. La lengua absuelta es sobretodo ese ambiente en la nativa ciudad de Ruse que actuaba como un crisol estimulando a sus habitantes a que jugaran libremente con las lenguas. Canetti creció en ese ambiente en el que fluían las palabras como en una Babel licenciosa; en la que no había noción de pecado ni de culpa por la diversidad idiomática, sino más bien simpatía por las posibilidades lúdicas que ésta creaba. Un ambiente de lenguas libres que servían para comunicarse práctica y poéticamente a la vez, sin temor a cometer errores sino más bien a sabiendas de que los errores de sintaxis o pronunciación podían crear involuntariamente poemas, metáforas, poesía viva no reconocida como tal por sus autores. Sociedad de poetas prosaicos que usaban de modo cotidiano esa combinatoria recurrente de lenguas sueltas, absueltas y disueltas para hacer mejores negocios con los socios de una infinidad de otras culturas.

La memoria
Me impresiona en esta opinión preliminar y temprana que quiero hacer sobre este libro la memoria prodigiosa de su autor, Elías Canetti, quien hace un meticuloso registro de las conversaciones que sostuvo a edades tan tempranas como los cuatro o cinco años, con su madre, hermano, primos, maestros, etc. Es posible, pienso, que Canetti, haya hecho un trabajo de investigación y documentación detallado de su vida en esas primeras ciudades en que vivió: Ruse, la ciudad de Bulgaria donde nació; Londres, donde vivió unos años y donde murió su padre; y la majestuosa y refinada Viena, la que su madre amaba. Es posible que para escribir estas memorias Canetti haya conversado con su madre, sus hermanos y otros parientes y amigos para cotejar sus recuerdos; pulirlos corregirlos, hasta que se parezcan lo más posible a lo que creía que en verdad ocurrió y lo que en verdad dijo cada uno de los personajes que aparecen en cada una de las escenas. Parece apoyar esta hipótesis las diversas versiones de la muerte de su padre que hace en este volumen y que las revela al lector a lo largo de un capítulo, como pelando las capas de una cebolla, hasta que descubre en el centro, la verdad. Más bien una versión final que él cree que es la más cercana a la verdad (1).

Amor obsesivo por las palabras
Otro aspecto de este libro que me impresiona es el modo en que se gesta (en realidad en que Canetti dice que se gesta) su amor por las palabras. Aparte del peso que debe haber tenido el ambiente cultural de la ciudad de Ruse, al que hice referencia al comienzo, jugaron un papel importante en alimentar ese amor: su padre y su madre. Ambos comenzaron, desde muy temprano en su vida, a regalarle libros. Canetti escribe al respecto: “Algunos meses después de haber empezado a ir a la escuela ocurrió algo sumamente estimulante que determinó el resto de mi vida. Mi padre trajo a casa un libro para mi”. (p. 56). Luego de la muerte de su padre, su madre continuaría abonando y regando ese amor de Canetti por las palabras. Ella comenzó un día a leer libros junto con él por las noches. Su madre y él se reunían a leer juntos, a dramatizar lo que leían, y comentar sobre lo leído.

Otra expresión de este amor por las palabras era su amor por las lenguas. Despertaba una enorme curiosidad en el niño Canetti conocer la lengua secreta que hablaban entre ellos sus padres cuando querían sentirse cómplices. “…uno de los deseos más intensos que recuerdo de aquella época era el de llegar a entender su lengua secreta” (p. 38), que más tarde se da cuenta que era el alemán. O la multiplicidad de lenguas que hablaban los que rodeaban a los parientes y amigos de la familia Canetti en esa ciudad de Ruse (“Se hablaba a menudo de las lenguas; sólo en nuestra ciudad se hablaban siete u ocho lenguas diferentes y todos entendían un poco de cada una” (p. 42). Pero no todo ese amor por la palabra escrita fue apacible. La historia de su prima Laurica es evidencia de esto. Un día en que ella se rehusó a darle un cuaderno con palabras escritas, el niño Canetti decide tranquilamente buscar el hacha y cortarle la cabeza. Afortunadamente antes de que ocurriera una desgracia, los gritos de la niña alertaron a la familia y no ocurrió nada. Pero Canetti no cesaba de suplicar por el cuaderno. “Creo que comprendieron lo que para mi significaba la escritura, eran judíos y para ellos la Escritura tenía gran importancia;”(p. 44).

La masa, el fuego

La otra idea cuyo origen o gestación Canetti rastrea desde su más temprana concepción en su vida es la de masa, concepto que lo obsesiona y al que le dedica veinte años de su vida mientras redacta, luego de una muy larga investigación, su obra más importante: Masa y Poder. La idea aparece por primera vez en su vida como una imagen. La imagen es la del incendio de una casa en el barrio donde vive. “Pero lo que más me impresionaba no era la casa ardiendo sino las personas que se movían a su alrededor. Desde aquella distancia se las veía pequeñas y negras, eran muchísimas y corrían atropelladamente.(…) las figuritas negras eran infatigablees, se movían completamente encorvadas en todas direcciones” (p. 39). Este espectáculo que años más tarde reconoce como si se tratara de una imagen especular o una variante en los cuadros de Peter Brueghel que pudo contemplar en Viena, se le quedó grabada en la memoria. Se le confundieron con el paso de los años su recuerdo y las imágenes de los cuadros de este pintor. Este espectáculo recuerda la escena final de Auto de Fé, en la que Peter Kien ríe a carcajadas mientras los miles de libros de su bilioteca se incineran ante sus ojos. Uno puede pensar que, aunque no está escrito en la novela citada, afuera de la biblioteca de Kien, los hombrecitos (la masa temida) se deben haber movido una vez más del mismo modo (sin orden ni concierto) que se movían las figuritas negras alrededor de la casa que se quemaba en el barrio en que vivía Canetti cuando era niño y el modo como él imaginaba se debían haber movido las figuritas en los cuadros de Brueghel. Esas figuritas eran elementos de la masa. Rodeando o danzando como en un ritual primitivo alrededor del fuego. Muy lejos de la razón. Como si esta imagen definiera un contexto perfecto para representar lo opuesto de la razón, aquello que la combate. Lo que llevó casi a su extinción o locura a ese raro individuo, heredero de la Ilustración, que actúa (o pretende actuar) bajo los dictados de la razón.

Notas

(1) Esa idea de aproximación a la verdad biográfica o personal de cada uno, que recuerda el modo en que uno pudiera descubrir sucesiva y concéntricamente las diversas y delgadas capas de una cebolla, no es de Canetti pero es una idea que me obsesiona y encuentro útil para describir lo que creo es una operación de acercamiento asintótico a la verdadera historia personal de cada uno de nosotros.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s