Hambre de información y “dopaminergia”

“…Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remaches
ves llorar la Biblia
contra un calefón…”

Enrique Santos Discépolo, Cambalache

Cuando alguien tiene una colección de discos como la que vemos en la fotografía, en la que éstos están ordenados de acuerdo con categorías y subcategorías lógicas, clasificados de acuerdo con una taxonomía que quizá sólo entiende el coleccionista y que le sirve (pensamos nosotros que ese orden le sirve, principalmente, para esos momentos en que va a escuchar su música de acuerdo con cierto orden y preferencias. Porque, por ejemplo, si es un sábado, y está reunido con unos amigos, decide escuchar boleros y rancheras, o tangos antiguos y contemporáneos, o baladas, o música pop, o sólo rock, etc. Sin embargo, esas ideas de clasificaciones y preferencias por géneros o tipos de música para ciertos momentos, es cosa del pasado. Como en “Cambalache”, el tango de Enrique Santos Discépolo, los tiempos actuales, como en una vidriera irrespetuosa, han mezclado todo; todo lo han hecho heterogéneo; han hecho que las clasificaciones pasen de moda. Porque en el ipod, que es el cuarto virtual en el que el coleccionista almacena sus joyas musicales, no es necesario guardar la música con orden porque igual, con mucha frecuencia se la escucha sin orden alguno. Porque cuando se selecciona la opción de shuffle, se permite que el azar o la lógica del programa que maneja la múusica en el ipod decida lo que vamos a escuchar luego de escuchar “Cambalache”, “Let it be” o “The Windmills of your mind”. Lo mismo con el zapping, que es una metáfora del shuffling pero practicada por quien maneja el control remoto cuando mira televisión. Aquí tampoco hay orden porque, además, quienes asignan canales a números los reunen con un criterio cada vez más errático en el que a canales de deportes siguen canales de música, de cine europeo, de noticias o canales en los que se escuchan a gente rezando las 24 horas del día. En todo caso, el shuffling, o el zapping no son sino dos mecanismos consistentes con una actitud nuestra que no tolera la lentitud, la monotonía temática, o algo que recuerde a una actitud contemplativa en las prácticas de mirar televisión o escuchar música. Quizás porque la tecnología que va más al ritmo de los tiempos, es la tecnología de internet, que hace posible que recibamos a diario un caudal creciente y cada vez más heterogéneo de información digital desde sitios web y plataformas de redes sociales que revisamos cambiando minuto a minuto de una fuente de información a la otra.

Según Matt Richtel, reportero de tecnología del New York Times, la saturación de información a la que estamos expuestos no es algo para lo cual hayamos sido diseñados genéticamente o para lo cual la evolución nos haya preparado como especie, y esto hace que ese exceso de información tenga consecuencias. Además, no sabemos si la humanidad aún existirá sobre la Tierra cuando nos hayamos adaptado completamente a esta condición de vivir como hiperreceptores y procesadores de crecientes cantidades de información.

Richtel recuerda que el consumo de medios de comunicación ha crecido de un modo avasallante en los últimos años. En el 2008, la gente consumía tres veces más información de lo que lo hacía en 1960. Pero esto no es todo. Marca de un modo más radical la forma en que se consume la información en la actualidad la velocidad a la que cual cambiamos nuestra atención. Los usuarios de computadora, en promedio, cambian ventanas, o revisan sus cuentas de correo electrónico u otros programas unas 37 veces por hora. Es esta actividad ininterrumpida lo que , para Adam Gazzaley, neurocientífico de la Universidad de California en San Francisco, define uno de los más cambios culturales más significativos para el entorno de los seres humanos. “Estamos exponiendo a nuestros cerebros a un ambiente de saturación de información para el cual no fuimos preparados evolutivamente (…), sabemos que esto tiene consecuencias”. Una de ellas es que pudiéramos perder nuestra capacidad para concentrarnos. Sobretodo porque la sobreestimulación del cerebro incrementa los niveles de dopamina (que es a la vez una hormona y un neurotransmisor. Pertenece a la famlia de las catecolaminas y su función está relacionada con el área del cerebro responsable del sistema del placer y de la motivación. Los niveles elevado sde dopamina en el cerebro crean adicción. Si buscamos mantener elevados niveles de dopamina entonces desecharemos actividades poco variadas y contemplativas que no generan dopamina y preferiremos las hiper-variadas que nos crean la sensación de vivir como si estuviéramos en una montaña rusa.

Según el investigador Fred H. Previc, profesor de ciencias en la Eleanor Kolitz Academy en San Antonio, y autor de The dopaminergic mind in human evolution and history (2009), los niveles de dopamina en el cerebro, codificados genéticamente, pueden haber jugado un papel en la aparición del Homo sapiens y su evolución hasta configurarlo como una especie cuyos individuos tenían una preocupación por la religión y el cosmos, una obsesión por las conquistas y el logro de objetivos, un desapego emocional que en algunos casos estuvo asociado con brutalidad, y una capacidad para tomar decisiones bajo incertidumbre que implicaran toma de riesgos. Pero Previc no se queda en la explicación del rol de la dopamina en la evolución- Previc piensa que elevados niveles de dopamina serían la causa de diversos desórdenes psicológicos en sociedades industrializadas. Esto lo lleva a definir la sociedad dopaminérgica, que es aquella donde el logro de objetivos cambiantes a una velocidad creciente se convertiría en una obsesión “dado que la dopamina incrementa nuestros niveles de actividad, acelera nuestros relojes internos y crea una preferencia por lo nuevo”. En la sociedad industrializada e hipertecnologizada, en la que los individuos reciben y procesan una cantidad creciente de información, la dopamina jugaría un papel aun más importante que por ser adictiva se reforzarían en un ciclo de feedback positivo.

La tecnología está recableando nuestro cerebros, dice Nora Volkow, directora del National Institute of Drug Abuse, y una de las científicos del cerebro más importantes del mundo. Ella y su equipo comparan el estímulo producido por la hiper-información digital con la comida y el sexo, que son esenciales pero contraproducentes si están en exceso. Este exceso de información, por otra parte, hace que se incremente el número de personas que trabajan en múltiples tareas, por las razones arriba mencionadas. El problema con los multitaskers es que no tienen la capacidad (cada vez la tiene en menor grado) para dejar ese estilo de trabajo o de conciencia de su entorno para, por ejemplo, cuando juegan con uno de sus hijos pequeños, concentrar toda su atención en ese juego. Es decir, los multitaskers, cuanto más persisten en este modo de trabajo, más difícil les resulta dejar de serlo.

Fuentes
Para los interesados en leer el artículo de Matt Richtel en el NYT cliquear aquí
Para los interesados en leer un sumario y tabla de contenido del libro de Fred H. Previc cliquear aquí.

Un comentario en “Hambre de información y “dopaminergia”

  1. Pingback: Convivencia como yuxtaposición (varias fotos) | caracas 10N, 67W

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