Derrame en el Golfo (7), primeras lecciones

Petróleo en las costas de Louisiana, 27 de mayo de 2010

Petróleo en las costas de Louisiana, 27 de mayo de 2010 (Photo: Win McNamee/Getty Images)

Aun cuando por lo general no se debieran sacar lecciones de situaciones inconclusas porque el modo como se resuelvan podría modificar dramáticamente los resultados de la situación y arrojar lecciones contrarias, creo que sí se pueden sacar algunas lecciones preliminares del desastre ambiental producido en el Golfo de México como consecuencia de la explosión ocurrida el pasado 20 de abril pasado en una plataforma petrolera y la consecuente derrame de petróleo que desde ese día no ha podido contenerse ni detenerse. En realidad creo que la palabra crisis ambiental es un término más preciso para definir lo que ocurre en el Golfo de México. A estas alturas, el derrame ha dejado de ser un accidente o desastre y se ha convertido en una crisis ambiental. La incertidumbre sobre el modo como se va a resolver y el tiempo y recursos que tomará resolverlo y restaurar la calidad del ambiente al estado que tenía antes del evento convierte a este desastre en una crisis. Llamarlo de este modo puede ayudar a canalizar recursos y voluntades hacia su más pronta solución. Corrijo por tanto las consideraciones anteriores y sostengo que se pueden sacar algunas lecciones sobre esta crisis ambiental en desarrollo.

Excesivo peso de la lógica económica
Comprender que la lógica económica sigue teniendo un peso muy importante en la toma de decisiones corporativas que afectan proyectos con alto impacto ambiental y esto debe cambiar. Aun cuando una empresa declare firmemente su vocación de hacer negocios de manera responsable con el ambiente, como lo han hecho BP y las otras empresas involucradas en este accidente, es difícil que ponga el interés del ambiente y el del público delante de sus intereses económicos. Si éste no fuera el caso, no hubiéramos sido testigos nunca de esta fallida serie de intentos de contener el desastre que sólo podemos describir como piezas de una estrategia de ensayo y error. Es decir, como la más primitiva de todas las estrategias de abatimiento y lucha contra las contingencias ambientales.

Es esta lógica económica sin contrapeso (social o ambiental) lo que nos hace pensar a muchos que el problema de este derrame no se limita a la negligencia o mala práctica puntual de las empresas implicadas en el accidente (BP, Halliburton, Transocean) y sus socios, o a un inventario de fallas y puntos débiles en la estructura y conducta de los entes reguladores, sino a una lógica de negocios imperante en la industria, y quizás en el resto de la economía, que debemos luchar para que cambie drásticamente.

Esa misma lógica parece haber estado relacionada con las causas de la crisis financiera y económica global que se originó en el sector inmobiliario de Estado Unidos, viajó a otros países y tuvo consecuencias globales qque comenzamos a sentir durante el último trimestre de 2008. Analistas que miran con una óptica mas amplia este tipo de problemas, sostienen que la culpa de este derrame debemos buscarla en la lógica de un capitalismo que no nos sirve en un mundo que se ha hecho más interdependiente. Que debemos buscar y encontrar cómo fundar las bases de un nuevo capitalismo. Una de las pistas para hallar estas bases pudiera apuntar a definir de qué modo integrar rasgos que definen nuestra sociedad postmoderna y que nos diferencian de la premoderna.

Lógica económica en los afectados
Uno puede esperar que lo anterior ocurra. Me hubiera sorprendido que no ocurriese. Lo que me parec einexplicable es apreciar que la lógica económica también rige las decisiones de grupos que se encuentran en la primera línea de los afectados. Por ejemplo, en un periódico online de Louisiana, City Business, he leído una nota redactada por Jennifer Larino que me parece insólita. En ella se dice que directivos de la industria de gas y petróleo de Louisiana piensan que la extensión del moratorium decretado por el presidente Barack Obama, que afecta todos los proyectos de perforación profunda frente a las costas de Estados Unidos, constituye una sanción injustificada y desacertada que va a afectar negativamente la economía de Louisiana. Es sorprendente que aún sin haber encontrado una forma de contener el derrame, ni haber completado la limpieza de las aguas afectadas por éste, sólo se piense en la utilidad económica y no en los costos ambientales. No es posible que seamos incapaces de cerrar el ciclo lógico: un ambiente de baja calidad frente anuestra costas va a afectar negativamente nuestra caidad de vida. Pensamos que podemos darnos el lujo de contribuir al deterioro de la calidad ambiental cerca de nosotros porque creemos que siempre es posible comprar calidad de vida en otra parte (vivir en el extranjero, fuera de Estados Unidos; enviar a hijos y esposas lejos del Golfo de México, comprar pescados y mariscos importados, de otras regiones lejanas, durante un tiempo, etc.). Esto es falaz. No es sostenible creer que en un mundo crecientemente interconectado se puede lucrar indefinidamente con las asimetrías de información (arbitraje). Si los negocios en la vecindad del Golfo de México se rigiesen por otra lógica, lo que buscarían los afectados (y mostrarían una significativa voluntad de pago por ello) es la más pronta solución de la crisis ambiental que los afecta.

Nuevo perfil de riesgos
Diversos análisis de la sociedad contemporánea (Ulrich Beck, Anthony Giddens, Scott Lasch, entre otros) sostienen que ahora vivimos en una sociedad en la que los riesgos creados por la acción humana (e.g. derrames petroleros, accidentes nucleares, tala indiscriminada de bosques protectores de la calidad ambiental, contaminación, etc.) superan o al menos son tan importantes como los creados por la naturaleza (ciclones, terremotos, deslaves, etc.). En The consequences of modernity (1990), Anthony Giddens escribe: “Los riesgos ecológicos son el resultado de conocimiento socialmente organizado mediado por el impacto del industrialismo sobre el ambiente material. Son parte de lo que yo el llamo nuevo perfil de riesgo, introducido por el advenimiento de la modernidad. Por perfil de riesgo entiendo la constelación particular de amenazas y riesgos característicos de la vida social moderna” (p. 110)

Ese cambio en el perfil de riesgos, en el que tienen tanto peso los riesgos de origen humano como los de origen natural, es una de las características de la modernidad. A este nuevo perfil de riesgos se debe sumar el hecho de que muchos de los riesgos de origen humano (desde la guerra nuclear hasta el desastre ambiental) tienen una configuración semejante: de muy baja probabilidad y muy altas consecuencias. En algunos casos, si no son globales, estas consecuencias son espacialmente diseminadas. De modo que, como dice Giddens, una sensación de destino modula la vida y conducta del inviduo moderno en la sociedad; el destino, la sensación de que las cosas van a tomar su propio curso de todos modos, reaparece en el centro de un mundo que se esperaba tomaría el control racional de sus asuntos propios (p. 133). Es posible que en este mundo en el que los riesgos y el peligro se han hecho consustanciales con la vida del hombre, haya que repensar dos cosas: la relación de la tecnología con las contingencias, y el diseño del capitalismo en el futuro.

    Riesgos, limitaciones de la tecnología
    La gente tiende a ser optimista respecto a las posibilidades de la tecnología existente para resolver problemas. En un artículo sobre la fe en la tecnología, Elizabeth Rosenthal del NYT, escribe que William Jackson, Director General de la International Union for Conservation of Nature en Gland, Switzerland, piensa que nuestra devoción abstracta por la tecnología estaba mal encaminada: “At this time in history we have great faith in having the technological ability to solve problems, and that faith has proved incorrect in this place.” Cuando la tecnología no resuelve nuestros problemas, nuestras expectativas sobre nuestra capacidad para controlar el mundo o nuestra vida cambian y, por un momento, vemos el mundo con menos optimismo. Pero rápidamente lo olvidamos y, apenas nos enteramos de que en Ginebra se ha puesto en funcionamiento la máquina más grande jamás construida por el hombre, el Large Hadron Collider, que se espera ayude a descubrir los misterios sobre el origen del Universo; o cuando tenemos la oportunidad de experimentar la fascinación de jugar con un ipad, y exploramos las cosas nuevas que podemos hacer con sus múltiples aplicaciones, nos reponemos de ese shock y volvemos a nuestro optimismo original. Sin embargo, en casos como el de esta crisis ambiental, se ha vuelto a minar esa fe nuestra en la tecnología y su capacidad para resolver todos los problemas que enfrentamos. Stefan Mrozewski, Investigador Asociado al Lamont-Doherty Earth Observatory de la Universidad de Columbia, cuyos proyectos de investigación están relacionados con el estudio de los compuestos químicos en la profundidad del lecho submarino, piensa que los equipos y técnicas para hacer las cosas sin riesgo van a estar a la par de la actividad de perforación, aun si accidentes como el que nos preocupa hacen al proceso un poco más lento. Él piensa que este accidente fue algo totalmente inesperado que combinó fallas humanas y mecánicas con una probabilidad inimaginablemente baja. Sin embargo ocurrió y, es posible que, como afirma, nos ayude a desarrollar la tecnología necesaria para que en el futuro no ocurra y, si ocurre, que no tenga efectos duraderos. Pero también reconoce que la industria no posee en la actualidad una tecnología eficaz para resolver el problema. Rosenthal escribe lo siguiente sobre Mrozewski: Still, as he watched a live feed of drilling mud being pumped into the leaking well on the seabed, he acknowledged that the science of repair and cleanup seemed lacking. “My impression is that we were unprepared for this,” he said. “There were not a lot of good technologies and techniques ready.

    Una de las razones para que no hayamos tenido la tecnología necesaria para resolver este problema es que, desde que cobró auge la perforación submarina, las empresas han invertido mucho más en desarrollar tecnología para laprospección y la perforacion submarina que para evitar accidentes o luchar contra derrames en aguas profundas. Dennis Kelso, vice Presidente Ejecutivo de Ocean Conservancy, quien trabajó en el derrame del Exxon Valdez, dijo que: “La tecnología para extraer petróleo ha avanzado mucho más que la tecnología para limpiarlo derrames porque es en lo primero donde la industria pone el dinero. “ Una vez más, esta reflexión nos lleva a la idea de que el problema de fondo en que la lógica que mueve el desarrollo tecnológico en la industria del petróleo no es la de evitar daños ambientales sino la de tener ganancias con los menores costos.

    Desastres naturales
    Hace unas semanas fuimos testigos de otro evento con el que no pudimos lidiar exitosamente, es decir que tuvimos que limitarnos a sufrir pasivamente sus consecuencias negativas sobre la economía global porque la tecnología existente no era suficiente para permitirnos seguir nuestras rutinas diarias de siempre. Me refiero a la erupción de ceniza volcánica del volcán islandés que obligó a postergar el vuelo durante varios días de miles de aviones en muchas ciudades europeas. Lo que hace diferente a este evento es que su origen no era humano sino natural. Frente a la fiereza de muchos desastres naturales, aún somos víctimas pasivas y no agentes controladores activos. Las catástrofes naturales son eventos que nos hacen regresar a una condición premoderna al someternos al arbitrio de fuerzas naturales.

    Lo anterior nos hace pensar que debemos tratar de modificar la relación de la tecnología frente a los riesgos creados por la acción humana, y más específicamente, asociados a decisiones relacionadas con proyectos económicos. No queremos volver a ser testigos del patético espectáculo, que daña la credibilidad y mina la reputación de cualquier empresa, de ver cómo la empresa sigue una estrategia de ensayo y error para resolver una crisis ambiental. Mientras esto ocurra, la tecnología irá a la zaga de los problemas que crean los riesgos y los costos para la vida del hombre. Para que la vida sobre este planeta se haga sostenible debemos revertir esa relación. La tecnología debe llevar la delantera. La tecnología, diseñada de acuerdo con una ética incuestionable, y blindada debe anticipar las contingencias, cubrirnos contra los riesgos creados por la acción del hombre, así como contra los otros antiguos riesgos, los de origen natural.

    Riesgos y el futuro del capitalismo
    Es posible que los mercados no estén diseñados para funcionar eficientemente en una sociedad en la que los riesgos de origen humano proliferan y se hacen cada día más importantes. Quizás, como lo sugieren los estudios de Ronald Inglehart, sociedades en las que facciones significativas de ciudadanos rigen sus vidas de acuerdo con una lógica postcapitalista, que pudiera ser consistente con un hipotético diseño del capitalismo futuro, aún no han tenido la influencia para dirigir un rediseño de los valores, principios e instituciones del capitalismo. Pero esto no quiere decir que ello no pueda ocurrir en un futuro próximo.

Una sola Tierra
Finalmente, una última lección es la idea de que la responsabilidad para con el ambiente debe ser asumida por todos. Porque todos estamos en este mundo que para muchos efectos es un sistema cerrado, del que no podemos bajarnos porque (como si fuera un bus o un tren) está muy lleno o muy sucio. No hay en el ambiente global espacio (cada vez hay menos) para construir bunkers o guetos en los que disfrutemos de un ambiente seguro y recursos limpios y no contaminados) sin importar lo que ocurra afuera. Cada vez es más difícil construir jardines en los que la vida sea tan plácida como lo era para los Finzi-Contini en la Ferrara de la primera mitad del siglo veinte, hasta que las atrocidades del nazismo llegaron también para esa aristocrática familia.

Estoy conciente de que sin haber terminado de comenzar a resolver esta crisis ambiental es muy difícil formular más lecciones. O pensar siquiera en una lección. Lo que urgen ahora no son las lecciones sino las soluciones eficaces (BP plc ha recibido, desde que se produjo el derrame, cerca de 35 mil ideas sobre cómo solucionarlo, pero muchas de edstas ideas no tiene como concretarse o su eficacia no ha sido probada y hacerlo tomaría mucho tiempo y dinero). Por otra parte, pienso que el presidente Barack Obama no puede escuchar voces de decisores miopes sin antes tener una estrategia que haya probado que es eficaz para resolver el actual problema del derrame petrolero en el Golfo de México y los potenciales problemas ambientales que pudieran derivarse de accidentes semejantes.

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