500 days of Summer (2009), otra forma de narrar

Zooey Deschanel en la premiere de la película en Sundance

500 days of summer (2009)
Comedia / Drama / Romance
Director: Marc Webb
Guión: Scott Neustadter, Michael H. Weber
Reparto: Joseph Gordon-Levitt, Zooey Deschanel, Clark Gregg, Geofrey Arend

Para mi hay dos clases de películas. Por un lado los thrillers y otras películas de suspenso, que nos amarran a las butacas y que, con un cada vez más inteligente manejo del suspenso, introducen twists insospechados al hilo de la historia que cambian nuestras expectativas sobre lo que creeemos que va a ser el final. De modo que éste es siempre totalmente distinto de lo que pensamos. El asesino es aquel de quien menos sospechamos; y las amenazas o los cadáveres aparecen en los lugares y momentos menos esperados. De modo que en ese juego de construcción de sospechas y de su deliberada frustración por parte del director, reside el arte de mantener al espectador con el corazon en vilo, amarrado a su butaca. En general, en todas estas historias importa mucho lo que se cuenta. El ritmo al que el director revela cada nueva pieza de evidencia, avanza en la historia, se acerca al final. Pero hay otra clase de películas en las que no importa nada de esto. En éstas, el director le hace al principio al espectador una sinopsis brevísima de lo que va a pasar e incluso, como ocurre en Memento (2000), de Christopher Nolan, comienza la película por el final y, avanzando en orden reverso, la termina justo en el comienzo. Este recurso de edición también lo usa de un modo parecido Gaspar Noé, el director de Irreversible (2002).

500 days of Summer, también se distingue por su peculiar estilo de edición cinematográfica. Al comienzo una voz en off nos cuenta durante los primeros cinco minutos que el tema de la película es una historia de amor entre un chico llamado Tom Hansen y una chica llamada Summer Finn (pesquemos que en inglés el nombre de ella significa verano). El director nos dirá también que esta historia no va a terminar bien. No afirma nada sin embargo sobre cómo va a terminar la película. En todo caso, la película tiene varias características que la hacen fresca, cautivante y especial.

En primer lugar, se destaca en esta película la innovativa agilidad de la edición, que además de acelerar la narración cuando ésta procede en el orden cronológico convencional, rompe a capricho el hilo de la historia para mostrarle al espectador una suerte de ventanas del futuro de la historia. Me refiero con ello a fragmentos, minutos u horas, de escenas que suceden semanas o meses después de los hechos que se están narrando ordenada y cronológicamente. Pensaba cuando vi la película por segunda vez con mi hija, que quizás este modo de edición trata de ser un espejo de la mente humana que, aun cuando alguien está viviendo una experiencia intensa de amor, aventura, creación, o de entrega total a un proyecto, es muy difícil que quien vive esa experiencia se quede en el presente. Su impaciencia en unos casos, su curiosidad en otros, lo estimularán a imaginar qué pasará con aquello que está viviendo, semanas, meses o años más tarde. En algunos casos, logramos avizorar (palabra donde la imagen es más difusa que en visualizar) algo de lo que nos depara el futuro. En unos casos desastre, en otros felicidad, en otros culpa, riqueza, dolor, arrepentimiento, etc. Son estos avizoramientos los que como semillas engendran nuestras expectativas sobre el desarrollo futuro de lo que estamos viviendo en el presente. Desafortunadamente, como en general nuestra capacidad predictiva es bastante poco exacta, estos instantes de avizoramiento del futuro, estos ejercicios proféticos son ilusorios y las expectativas que se crean sobre las ilusiones que inspiran suelen chocar con fuerza estridencial contra la sorda y parsimoniosa realidad. Sin embargo, como el cine es el imperio de la ilusión, este complaciente director, Mar Webb, nos ofrece esta posibilidad de mirar, con exactitud en esas ventanas de futuro. Gracias a este recurso, el espectador de esta película no construirá expectativas contrarias a la realidad. El director no se lo permite, no le da oportunidades. O más bien lo ayuda una y otra vez a que visualice profética y exactamente piezas del futuro de la historia para que las expectativas que se construye mientras mira la película sean congruentes con la realidad.

Para probar lo duro que es ese choque de la realidad con las expectativas, que el director no desea para sus espectadores y que por tanto, deliberadamente, les evita, Mar Webb rueda toda una escena en la que muestra a Tom cuando se dirige a la fiesta a la que lo ha invitado Summer. A un lado de la pantalla están las expectativas, al otro la realidad. El espectador aprecia cómo esas dos películas (que se pueden ver como dos narraciones alternas de una misma escena), poco a poco convergen en una. Es decir, vemos cómo se produce eso que experimentamos como frustración de nuestra expectativas; experiencias que nos produce desde la tristeza hasta el total abatimiento.

También le confieren frescura y rapidez a esta película la banda sonora, que le imprime toques de video clip a la película, y los numerosos recursos de animación que podemos ver y que el director utiliza para dramatizar alguna situación. Como cuando sale solo de la fiesta en la noche, y la cámara lo enfoca desde atrás, caminando solitario entre los edificios, iluminado solamente por las luminarias de la calle. Y por último, pero no menos importante, Summer, la femme fatale, la niña mala; ella sola hace que la película valga la pena verla. Fascina la plasticidad expresiva de sus ojos azules, los que utiliza para enamorar automáticamente a quienes cruzan con ella unas cuantas palabras. Con una economía de palabras y eficacia de miradas, la encantadora Summer puede seducir con solo girar lentamente, 270 grados o menos, sus maravillosos ojos azules.

Un comentario en “500 days of Summer (2009), otra forma de narrar

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