Derrame en el Golfo (3), Habla la Tierra

Petróleo proveniente del derrame del Deepwater Horizon, en el Golfo de México.6 de mayo de 2010 (AP photo/Dave Martin)

Como una herida profunda hecha por descuido con un picahielos que se ha hundido en lo profundo, rasgando la panza llena de ventosidades de un elefante marino, mana sin cesar desde la corteza perforada en el lecho marino, este petróleo del que no es tan difícil prescindir o reducir nuestra dependencia en el mundo actual. Emerge con una energía en la que uno reconoce: a ratos la rabia y la ira de ese animal, que ha sido perforado indolentemente en tantas ocasiones en el pasado reciente. Otros ratos, solo llega a nosotros el dolor de Gaia, un ser que no sabe ni puede expresar lo que siente. Espíritu oscuro de la Tierra al que hemos perdido el respeto. ¿No es acaso toda herida reciente de la que mana la sangre, también, una forma de llorar? Y uno piensa en todo esto al contemplar cómo ascienden a la superficie, desde ese profundo lecho marino, lentamente, todas esas toneladas de lava negra, fria, elástica, viscosa como plástico fundido, que formando masas inermes derivan lentamente (dicen los expertos que tales nubes negras, esos frentes oscuros de masa viscosa, llegan a tener kilómetros de ancho por kilómetros de largo), como ejército sin generales, se dirigien a un encuentro frontal, una y otra vez, con otras no menos masivas corrientes de agua clara rica en oxígeno, pero también rica en biodiversidad: en algas, fitoplancton y zooplancton; en camarones, cangrejos, langostas y otros crustáceos; en errantes y transparentes carabelas y medusas, tímidos hipocampos, masivos cardúmenes de peces; en antagonistas tiburones y delfines. Rica en cientos de especies que, tal vez en cuestión de horas, se fundan inexorablemente con esa masa ahora oscura —que quienes saben dicen que alguna vez, hace cientos de millones de años, fue agregado no masa, vivo y efervescente, radiante e iridiscente al mediodia, compuesto por millones de diminutos seres vivos en los que se reflejaba la luz y de los que manaba oxígeno. Todo ocurre con una emoción que va más allá de la crueldad. Como si operara una oculta y (curiosamente) oscura justicia en el universo. Según se mire, venganza tardía o amor eterno (envidia ancestral) y finalmente correspondido de la oscuridad por la luz. Oscuridad que repite sin saberlo una historia bíblica en la que somos mudos espectadores.

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