Apuntes sobre el vacío en A Moveable Feast

La lectura hace dos semanas de The Garden of Eden, novela póstuma de Ernest Hemingway que comenté en un post anterior, me condujo a buscar pistas sobre este autor y esa novela en otro texto suyo: A Moveable feast (París era una fiesta), memoria publicada póstumamente, en diciembre de 1964, por su editor Charles Scribner. El autor había escrito y reescrito varias veces este libro durante los últimos años de su vida. Ejerce en esta obra, con la maestría que lo caracterizó siempre, una aguda y nostálgica introspección sobre cómo veía su vida y la de sus amigos en París en esa época en la que era pobre pero muy feliz. Algunos críticos sostienen que Hemigway mintió deliberadamente sobre sus ingresos durante esa época (que en realidad recibía mucho más de lo que confiesa), así como sobre otros rasgos de su personalidad. En todo caso, aún si se trata de un personaje de ficción lo que nos presenta, que no se corresponde con el verdadero escritor, esta memoria ficcionalizada es un texto memorable (para incurrir ex profeso en la cacofonía conceptual). Me detengo particularmente en sus anotaciones sobre el vacío y la creación literaria.

1. En “A good café on the place St Michel”, Hemingway escribe que apenas terminaba un cuento lo atacaba una sensación de vacío:

After writing a story I was always empty and both sad and happy, as though I had made love, and I was sure this was a very good story…(p. 12).

Una de las cosas que hacía para llenar ese vacío era comer. En esa ocasión, apenas ordena para almorzar ostras con vino blanco se siente feliz, y puede reiniciar sus planes una vez más.

2. Más adelante, hablando sobre su afición a las apuestas a los caballos en el capítulo “The end of an avocation”, comenta que en una oportunidad, cuando dejó de hacerlas, lo acosó esa sensación (que uno siente familiar para él) de vacío:

When I stopped working on the races I was glad, but it left an emptiness. By then I knew that everything good and bad left an emptiness when it stopped. But if it was bad, the emptiness filled up by itself. It it was good you could only fill it by finding something better (p. 49).

Esta diferencia entre el vacío dejado por las cosas buenas y las cosas malas que emprendía puede ser desesperante. Sobretodo con las buenas, dado que él pensaba que para romper con el vacío que le dejaban cuando terminaba o las dejaba, tenía que encontrar una experiencia aún más intensa o más fuerte. Esta lógica, aplicada una y otra vez, al cabo de los años, puede hacer muy difícil encontrar experiencias más fuertes, más intensas que llenen el vacío dejado por las cada vez mejores y más buenas experiencias que se hayan abandonado. Es de hecho una lógica que podría predecir un suicidio.

3. Finalmente, está el capítulo sobre las bondades del hambre que, de algún modo refiere también a la importancia del vacío “Hunger was good discipline”. Este vacío en el interior de su cuerpo, en su estómago, en sus vísceras, sería importante para la creación literaria. Incluso necesario para sensibilizar al máximo esa tarea que precede a la creación, que es la observación del mundo que rodea al escritor y la observación o más bien análisis introspectivo de lo que él experimenta. Lo que siente al vivir su vida. El escritor japonés Haruki Murakami logra ese vacío corriendo a diario, entrenándose para maratones o triatlones. Hemingway, lo logra con el hambre. De un modo metafórico, le hubiera gustado lograrlo con su pobreza. Pero como dije antes, hay razones que hacen creer que su pobreza era una idealización. Algo que él necesitaba en su imaginación para sentirse más creativo. Una necesidad romántica para darle a su memoria ficcionalizada ese toque literario que él necesitaba.

There you could always go into the Luxembourg Museum and all the paintings were sharpened and clearer and more beautiful if you were bell-empty, hollow-hungry. I learned to understand Cézanne much better and to see truly how he made landscapes when I was hungry. I used to wonder if he were hungry too when he painted; but I thought possibly it was only that he had forgotten to eat. It was one of those unsound illuminating thoughts you have when you have been sleepless or hungry. Later, I thought Cezanne was probably hungry in a different way (p. 53).

Una vez más recuerdo a la escritora francesa Amelie Nothomb y su libro Biografía del hambre, en la que se declara una apasionada del hambre. Tendré que revisar ese libro para ver si su hambre la estimulaba a sentir con más intensidad. La otra tarea sería pensar las relaciones entre hambre y deseo.

Dos comentarios finales

a. Estas notas sobre el vacío esperan aún la oportunidad de ser tejidas con otras entradas que he subido a este blog. Juntas pudieran leerse como una colección de estrategias para convocar o usar el vacío para la creación. O como estrategias para evitarlo, llenarlo porque es fuente de angustia. Abrazarlo porque seduce. Flotar dentro de él, porque es un camino a la levedad (Yves Klein). Escritores y artistas plásticos parecen sentirlo con mayor fuerza que otros. O explotarlo más productivamente que el equilibrista que camina con su vara sobre la cuerda floja y que siente el vacío cada vez que recorre ese hilo con esa malla debajo. O sin malla. O esos obreros que almuerzan tranquilos en la viga de un rascacielos a cientos de metros sobre el suelo. Ahí hay vacío sin duda alguna.

b. Esta entrada no era para comentar esta memoria ficcionalizada y embellecida que a él y a nosotros nos produce tanta nostalgia por un tiempo pasado que no regresará ni a París ni a otras ciudades tan belleas. No era mi propósito recordarle a los lectores las apreciaciones de Hemingway sobre París, sus cafés, su gente, y sus amigos, sobretodo esa suerte de maestra tertuliaria que fue Gertrude Stein, o su relación con Ford Madox Ford, o su amistad con F. Scott Fitzgerald. O sobre cómo una conversación con el que mecánico que reparaba el carro de Mme. Stein derivó en su célebre epíteto sobre lo perdida que estaba esa generación (se entiende que moralmente, haciendo una referencia a cierta decadencia que ella observaba en todos los escritores expatriados norteamericanos): You are a lost generation (…). You have no respect for anything. You drink yourselves to death… (p. 28). Todo eso veré de hacerlo en una entrada futura.

Todas las citas se hacen de la edición de 1972 de Penguin Books, Harmondsworth, England.

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