La razón suspendida, de Alirio Rodríguez

La razón suspendida (2008), acrílico sobre papel Fabriano, 13,2 x 13,2 cm

Reflexión narrativa sobre el vacío

Sólo la imaginación plástica de un aerófobo (miedo a volar en aviones) como el maestro Alirio Rodríguez—quien cada vez que tenía que viajar en avión luchaba cada minuto de su viaje contra ese miedo de no tener nada firme debajo de sus pies—pintor venezolano nacido en El Callao en 1934, podía haber realizado ese ejercicio meticuloso de pintar una gama tan completa de las posibles actitudes y conductas del hombre frente al vacío. Esta serie de cuadros en formato pequeño, realizados en acrílico sobre papel Fabriano, se muestran en la exposición titulada La Razón Suspendida, que se inauguró en la galería D´Museo, en Caracas el pasado domingo 14 de marzo. Esta serie, como gran parte de su pintura reciente, se enmarca en lo que los críticos han llamado pintura del vértigo o de las emociones que siente el hombre frente al abismo o el vacío. En la sobras de esta serie uno puede apreciar una tradición figurativa que se expresa en dibujos de rostros y cuerpos humanos cuyas expresiones de vértigo, horror, miedo o angustia no dejan lugar a dudas. En todos los casos, estos seres están situados, piensan, actúan o deliberan dentro de espacios construidos con trazos y manchas de color que, con impresionante economía, sugieren los (generalmente pocos) elementos del ambiente que necesita el artista para situar su obra, elementos que nos recuerdan la escenografía de una obra de teatro contemporáneo. Escenografía para que esos seres representen en funciones privadas a cada espectador el drama del hombre postmoderno en el que él siente que todo, gradual pero vertiginosamente, se diluye a su alrededor, se desmaterializa, hasta quedar rodeado de un vacío, que alcanza en sus delirios las infinitas dimensiones de la nada.

Quiero leer esa serie de cuadros, es un modo posible de mirar esta exposición, como si me contaran una historia. O más bien como si narraran escenas alternas del final de una historia cuyos hechos, anteriores al tiempo retratado en los cuadros, ignoramos. Y sin embargo, podemos hacer algunas inferencias acerca de cómo ese hombre ha llegado al borde de ese vacío. Y digo vacío y no abismo porque Rodríguez ya realizó en el pasado una serie (iniciada en 1969), titulada Frente al abismo que constituye un antecedente directo de la presente serie.

Vacío versus abismo
Dentro del abismo el hombre cae y la caída es inexorable una vez que ha tomado la decisión de arrojarse. El peso de nuestro cuerpo no puede ser sostenido por ese espacio oscuro, insondable y enrarecido que es el abismo. En cambio, frente al vacío hay más grados de libertad. El abismo está delimitado por superficies de materia densa y dura que constriñen sus bordes. Puede ser concebido como una oquedad. Una grieta profunda podría crear un abismo pero nunca un vacío. Cuando las paredes del pozo o grieta que delimitan el abismo se ensanchan hasta el infinito, cuando la superficie sobre la que caminamos se reduce, ya no se puede hablar de abismo. Cuando el espacio sin materia nos rodea por todas partes hablamos de vacío. Mirado de esta forma, frente al vacío todo hombre está como en una isla.

En el vacío pudiera ser posible flotar. En esencia, porque nos topamos con el vacío (entendido como ese espacio rarificado del cual se ha extraído hasta la última molécula de aire) en lugares en los que no hay gravedad como en el espacio exterior; en los sueños, donde somos tan leves como lo desee aquella parte de nosotros que elabora el sueño o donde la gravedad puede tener la fuerza que esa parte de nosotros defina; o cuando experimentamos el vacío mediante avatares dentro de un espacio virtual, donde puede no haber gravedad o, de nuevo, la que queramos. Como era el caso de Neo (Keanu Reeves) el personaje de Matrix en la primera película de la trilogía, en la escena en la que éste se encuentra frente a una larga fila de estantes que almacenan el más impresionante arsenal. Todo lo que rodeaba esa estantería, era de un blanco semejante al vacío de los cuadros de Alirio. Pero Neo no caía en ese vacío; estaba parado y admiraba las armas, elegía las que luego aprendería a utilizar en cuestión de segundos.


Al borde del vacío

Aunque ignoramos los hechos que han llevado al hombre a ese borde que delimita el suelo que pisa del vacío, podemos intentar algunas hipótesis. Pensar por ejemplo que el hombre que ese hombre estuvo antes, durante quien sabe cuánto tiempo, rodando cuesta abajo y que ese vacío es el final de una ladera. O que el hombre primero había caído y luego intentaba caminar hacia arriba por una ladera cuya pendiente es tan grande que se le hacía imposible remontarla y avanzar. Es decir, suponer que al principio el hombre había tratado de emular a Sisifo remontando la cuesta sin roca alguna, llevando sólo su propio cuerpo hacia la cima. Pero no al no tener éxito en esta empresa, consideró la opción de avanzar en la dirección hacia el vacío. O también pudiera ser que el hombre lleva días parado sobre la tabla pequeña de un andamio, tal como se muestra en algunos de los cuadros (quizás la tabla pende de guayas larguísimas cuyos extremos no se divisan porque se pierden arriba entre nubes), que se le asemeja a una isla aérea que lo aisla de alimento, albergue o de un semejante con el que pueda comunicarse. Y cansado, hambriento y sediento al extremo, o aburrido de su soledad, el hombre comienza a considerar el vacío como opción. Y toma la decisión de arrojarse e inmediatamente lo hace. O aun no ha tomado esa decisión pero igual durante sus cavilaciones resbala y cae. O quizás en ese instante en que cree que va a caer, se da cuenta de que se ha hecho leve de tanto pensar. Tan leve que el vacío ha dejado de ser una amenaza y vuela como lo hace Yves Klein cuando se lanza sobre el vacío (Le saut dans le vide ) en la foto de Harry Shunk. Pero también pudiera ocurrir, que ese hombre sea una suerte de Titán que por haberle enseñado al hombre a volar (pecado que nos recuerda la transgresión de Prometeo que le entrega al hombre el fuego robado a los dioses), haya sido castigado por los dioses durante una eternidad con esa suspensión de su razón mediante cadenas, guayas o cuerdas. Suspensión física que no suspende, ni congela, ni detiene el proceso de razonamiento de ese hombre. Sino que por el contrario, lo anima a pensar con más velocidad, porque esa suspensión, y lo que contempla desde esa peculiar situación, le hace apreciar la última libertad que le queda: la posibilidad de pensar. Lo que nos recuerda a una serpiente que se muerde la cola.

Por ser rara, esa experiencia del hombre en el vacío, la experiencia tan inusual y placentera de flotar en el vacío, como lo hace el astronauta cuando sale a dar un paseo por el espacio exterior, crea aprehensiones. Dudamos de si arrojarnos o no al vacío. Tememos ser incapaces de perder nuestra gravedad y caer durante siglos (porque el vacío no tiene fondo) hasta perder la conciencia u olvidarnos de nosotros mismos. Porque la caída en el abismo es cosa de un instante. En cambio, la experiencia de flotar en el vacío es distinta, es un tránsito hacia otro ámbito, la mayoría de las veces desconocido. Por eso la duda y el temor que asalta a quienes pierden el equilibrio sobre una superficie pequeña delimitada en sus bordes por el más puro vacío. Por eso las deliberaciones de quienes están parados tan cerca del borde, al final de lo que es sólido.

El maestro zen no delibera ante el vacío. Ni filosofa sobre su esencia antes o después de haberse arrojado a sus entrañas. Calla porque sabe que el que habla no sabe y el que sabe no habla. Lo sabe sin tener que pensarlo pero no lo dice. Si lo deseara, podría trazar una letra “O” y uno vería el vacío. Pero el maestro zen no desea porque el deseo es la causa del sufrimiento y él ha cesado de desear. Cesar en el desear.

La serie, una historia
La razón suspendida capta al hombre en tanto que ente racional en el proceso de pensar el vacío. Pero esta serie no se limita al pensar. Si la razon queda suspendida (en el sentido de congelada en el tiempo), al hombre le queda la posibilidad de sentir el vacío, de descubrir y describir sus emociones y temores; el vértigo o la atracción que éste le produce. De identificar las ansias que le produce, las cromáticas y la no cromáticas, e ir en pos de ellas. Porque el vacío puede engendrar en el hombre la necesidad del blanco, del amarillo o del azul. Le queda finalmente al hombre la posibildiad de experimentar plenamente el vacñio. En pleno silencio. Trascendiendo la expresión y la representación. Como de algun modo lo intentó hacer (y en gran medida lo logró), el artista Yves Klein con la obra citada. En lo que sigue construyo una posible narrativa. Una historieta poniendo una detrás de otra una selección de las obras. Como en Rayuela de Cortázar, hay decenas, centenas, miles de posibles narrativas del vacío que se pueden armar con estas obras de Alirio Rodríguez según el orden en que se dispongan y luego lean las obras.

La razón suspendida
Se muestra a un hombre—de quien se distingue su rostro y sus manos—que pende sobre el vacío colgado de una suerte de guaya o cable de acero. Un escenario que nos sugiere una obra en construcción es lo único que lo rodea. Sólo se distinguen en este esceario lo que parecen ser estructuras de metal que nos recuerdan a los brazos de una grúa y tablas de madera con las que se hacen los andamios. Quizás el hombre cavila, suspendido, sobre lo que ahí se construye y aguarda a que algo ocurra. Quizás su presencia ahí es fortuita y nada tiene que ver con lo que sucede en la obra. Pudiera ser que haya sido suspendido por equivocación y en algún momento se corrija el error. O quizás no lo es. Pudiera ocurrir que, por el contrario, es un hombre muy poderoso que es propietario de las grúas, los andamios, y todos los materiales con los que se construye la obra. Lo que lo convierte en dueño de la obra. O pudiera ser poderoso pero discapacitado y necesitar de las grúas para supervisar el progreso diario de la obra con una mirada panorámica o cenital. O quizás es una suerte de reo que ha sido condenado a la enigmática pena de ser dejado solo durante un tiempo específico en lo más alto de una de esas tablas de andamio para que mire lo que ocurre en la obra y reflexione. Quizás se espera de él una decisión. Pero él simula pensar para postergar su decisión. Procrastinación. Porque el hombre teme la acción que forzosamente sucede a su decisión.

Lo imaginado (2009), acrílico sobre papel Fabriano, 13,5 x 13.5 cm


Lo imaginado (y temido anticipadamente)

Aquí el hombre está parado en el extremo de la tabla de un andamio, mirando hacia abajo la profundidad del vacío blanco (sugerido por el papel Fabriano sobre el que está pintado). A diferencia del vacío negro más convencional, en este vacío blanco (que me recuerda la ceguera blanca de la novela de Saramago, Ensayo sobre la ceguera. que inspiró una película) el hombre puede imaginar de un modo más eficaz la amplitud y profundidad del vacío. Lo que es muy distinto de, por ejemplo, lo que pasa con el pozo. La profundidad de ese vacío oscuro sólo puede ser estimada lanzando un objeto que choque contra el suelo y que nos devuelva el sonido que produce este impacto. En ese vacío blanco como el que llena todos los intersticios de los cuadros de esta serie, el hombre tiene una angustia más aguda porque puede anticipar más eficazmente lo profundo de su caída. Teme que sea infinita o demasiado larga comparada con su breve vida. En algunos cuadros se aprecian proyectos de búsqueda monocromática. En ciertos instante el hombre persigue el blanco; en otros sale en pos del amarillo, o del azul. Presumimos que son necesidades corporales distintas que lo asaltan.

Como sondeando la profundidad de la caída (2008), acrílico sobre papel Fabriano, 12,4 x 12,4 cm

El hombre calcula su futuro
Este parece ser el mismo hombre de La razón suspendida, pero mirado desde otro ángulo. Es un hombre de espíritu cartesiano que quizás tuvo la fortuna de no caer. Digo quizás porque no pudo vencer el temor a saltar y, quizás, planear como si fuera un ave sobre el vacío. Y ahora como último recurso, el hombre se ha logrado aferrar a este cable de acero. Pero es probable que penda por corto tiempo. Salta a la vista que ya no pende cómodamente. Diera l aimpresión de que está agotado; se aferra al cable de acero con fuerza y angustia. Parece que teme caer. Mira hacia abajo, a lo profundo del vacío que se extiende a su alrededor. Sabe que no puede aguantar mucho tiempo de este modo. Serán solo pocos minutos más pero los valora como si fueran oro. Observa, analiza, reflexiona. Difícil que recuerde su pasado. Lo más probable es que piense en su futuro inmediato. Son minutos angustiantes y de suspenso, en el más literal de los sentidos.

La duda II (2009), acrílico sobre papel Fabriano, 14 x 14 cm

La duda
En esta obra el hombre ha puesto un pie en el borde mismo del vacío. Lo separan de éste apena smilímetros. La decisión está prácticamente tomada: Está listo para el salto sobre el vacío. Es como un boceto de la foto que precedería a la foto célebre del artista Yves Klein lanzándose al vacío. Sin embargo, su esencia cartesiana, lo hace dudar a última hora. Quiere demostrarse a sí mismo que su razón domina su conducta. Que no hace lo que no decide. Que no pierde el control ni cede a la atracción y fascinación que ejerce sobre él el vacío. Y por eso agita los brazos como para balancear su cuerpo y dejarlo sobre la tabla frágil y diminuta sobre la que está parado. Pero sabemos que todo eso es una impostura. Que él ya está cayendo. Y es que cae porque su duda es grave y no le permite alcanzar la levedad suficiente como para flotar libre en el vacío.

El salto (2008), acrílico sobre papel Fabriano, 13,4 x 13,4 cm

El salto
Como si saltara de un trampolín sobre una piscina, este hombre ha decidido arrojarse dentro del vacío. No puedo evitar pensar en su semejanza y sus diferencias con el salto tan impregando de verosimilitud que acomete el artista Yves Klein. Este salto al vacío pintado por Alirio está impregnado de decisión. El otro salto al vacío está impregnado de inocente impostura: el artista nos hace creer que él cree ser un pájaro capaz de planear sobre el vacío por una eternidad. Quizás él mismo es el primer y único engañado. Quiere ser engañado. Su razón ya no está más suspendida. Su proceso reflexivo terminó y pasó a la acción. Claro que nada es definitivo. A última hora, la nefasta duda podría atacarlo y el salto se convertiría en un salto fallido. Es fallido no porque no salta sino porque, lo que es peor, no puede ya echarse para atrás. Ya pasó el tiempo de aferrarse a los aros. Ya no podrá agarrarlos y seguramente caerá.

A la nada (2009), acrílico sobre papel Fabriano, 13,6 x 13,6 cm

A la nada
El hombre cuya razón había estado suspendida tanto tiempo pero que al final se arrojó a las entrañas inabarcables del vacío contempla lo que tiene abajo de sí. Que es posible que sea idéntico a lo que tiene en frente. En algun momento se da cuenta el hombre de que ha ingresado en esa clase superior de vacío que es la nada. Que solamente se puede descubrir (y tener acceso a ella) desde las entrañas del vacío. Hay algunos que piensan que de esa nada venimos y que a ella todos regresaremos.

Notas
1. A menos de una semana después de inaugurad ala exposición, GP le hizo una entrevista a Alirio Rodríguez. Ësta se publicará en la edición 20 de la revista. En esta reflexión no se hacen referencia a las preguntas que se le hicieron o a sus respuestas. Una versión de esa entrevista se subirá a este blog en menos de un mes.

2. Invito a los lectores a encontrar diferencias y semejanzas en esas dos exploraciones estéticas y filosóficas del vacío. La que hace Alirio Rodríguez y la que hace Yves Klein en su obra Saut dans le vide, sobre la que se escribió una entrada en este blog. Pensándolo mejor, Alirio es más un pintor del vacío que del vértigo. Este último es sólo una consecuencia de la aproximación física o mental al vacío.

3. En La razón suspendida yace oculta, debajo de la reflexión sobre el vacío, una narrativa sobre la Caída que espera ser descubierta.

3 comentarios en “La razón suspendida, de Alirio Rodríguez

  1. Maravilloso!!!!!!!
    El que ha estado a la puerta de la muerte siente exactamente so, mismo. Despues de mi operacion de cancer he tenido un sueno al despertar que me coloco ante el abismo. Pero mi deseo de vivir ha sido tan grande que no salte. Regrese a la vida. Pero recuerdo este negro abismo, el mismo que ha captado Alirio.
    Angelika Dombrowski desde Alemania

  2. Excelente artículo. Facilita al máximo la observación de la obra de Alirio Rodríguez. Esa aerofobia fundamenta esas imágenes esbozadas en sus creaciones. Gracias por su información.

  3. La lectura del texto sobre Las creaciones de Alirio Rodríguez, ponen de manifiesto que su aerofobia, cualidad personal según la caracterización que hace Lorenzo Dávalos, crítico de arte en su blog, tiene una significativa influencia en las imágenes que esboza en sus creaciones pictóricas.

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