Crónica de la sequía (1), Resistencia

El final de un fin de semana en Caracas de un día seco de febrero. Con sus cielos azules de calina y nubes tenues como organza que no traen agua sino pinceladas blanquecinas. No hacen sino recordarnos esta larga sequía que produce la sed de plantas y que uno teme que acarree la sed de animales y hombres, si no llegan pronto las lluvias. Para las plantas son días de resistencia. Cuando se desplaza por la ciudad, a dondequiera que uno mire ve setos amarillentos, árboles sin hojas, huellas de la sequía. Es también tiempo de resistencia para ese grupo de cinco árboles que crecen solitarios en la colina, a medio camino entre la base y la cima de la senda que lleva hacia El Volcán, cerca de donde están las repetidoras. Me los encuentro una o dos veces por semana cada vez que subo para mirar desde lejos una vez más este valle y El Avila que cada día muestra áreas más grandes de color amarillo pajizo, producto de esta sequía. Son árboles retorcidos, marcados en su corteza por incendios de años anteriores, estremecidos por la inclemencia del viento, la lluvia y quien sabe si los rayos. Aún se yerguen dignos y ofrecen su sombra a todos los que descansan bajo ellos. Alguien talló cerca del pie de uno de ellos el relieve de una virgen que no se quemó con el último incendio de la colina, hace poco más de un año. Y esa montaña al frente. Avila que resiste la sequía y quizás envía a sus pájaros, al alba antes de salir el sol, y al atardecer, a otear el horizonte para que le avisen si divisan a lo lejos nubes oscuras cargadas de agua. Como para olisquear la llegava de las lluvias.

La sequía, la resistencia

Resistimos nosotros y aprendemos de a poco el sentido de la escasez. Resistimos mirando el cielo azul con sus escasas nubes. Los superticiosos anticipan tiempos peores antes de que lleguen las lluvias. Otean el horizonte gobernantes y gobernados en todo el territorio. O quizás ahora, gracias a la tecnología, no se hace necesario mirar el horizonte. Es suficiente con mirar mapas satelitales que muestran un territorio límpido desde el espacio y comprender el drama con antelación e insomnio. La ironía de una persistente transparencia cenital (relativa porque la calina enturbia el aire), en un país en el que escasea la transparencia de las instituciones públicas. Cielos límpidos para que el ojo de Dios nos vea mejor desde el espacio y conozca mejor nuestras obras buenas y las malas. O para que lo hagan mejor exploradores de otros mundos. Inútil perspectiva cenital de nuestro territorio. Como si fuéramos escenario para un ser superior que como espectador con billete privilegiado, mira nuestro drama cotidiano con una simultaneidad que nos apabullaría. Lo que es cada segundo para 28 millones de almas, y cuerpos. Tiempos de sequía que uno aprende a vivir como tiempos de resistencia.

Santa Teresa de Jesús, 1674

Pensé casualmente hace una semana en la resistencia cuando hojeaba la edición de 1674 de las Obras de la Gloriosa Madre Santa Teresa de Jesús, el libro más antiguo que guardo en la biblioteca. Miro este libro y lo pienso como objeto que resiste el paso del tiempo. Ha resistido a la voracidad del comején, que no obstante sus intentos de devorarlo en su totalidad, o al menos algunas de sus líneas más iluminadas, se ha tenido que conformar con tragar la desnudez de las márgenes de escasas páginas. Se ha salvado este libro con cubiertas de cuero de siglos de conatos de ataques de hongos, moho, humedad y, las que pudieran haber sido la peor amenaza, aquella a las que más temía el sinólogo y bibliófilo Peter Kien, personaje de Auto de fe, de Elías Canetti: las voraces lenguas del fuego. Quizás ahora no resista al amenaza digital, la digitalización de la totalidad de la letra impresa por parte de google, y futuros competidores, que luego harán inecesario conservar estos libros. Cuando versiones futuras del iPad, el kindle, y otros más mejoren sustancialmente la lectura de formatos digitales en e-paper. Pero éstos libros no tendrán comejenes, olores, desgaste. Serán siempre blancos, o amarillos. Siempre los mismos. Pienso aquí en ese concepto ajeno a nuestra realidad actual que es el de realidad aumentada (augmented reality). Quiero una pared nueva que muestre el jardín. Pues ahí la tienes, basta con modificar el software responsable del color de todas las paredes de la casa. El que establece dónde está cada ventana, sus tamaños, y el color y textura de cada pared. la realidad aumentada permite paredes que pudieran estar durante años del mismo color sin descascararse, ni desteñirse.

Vivo sin vivir en mi/ Y tan alta vida espero /Que muero porque no muero, escribe la mística en la página fotografiada aquí arriba. Al leer este poema uno siente como si arrojara esta santa su paciencia y, como cansada ya de resistir la distancia del amado incorpóreo que es Dios, con el que no se puede fusionar del todo mientras tenga un cuerpo físico, le rogase porque la muerte la venga rápido a recoger. Nada de postergar la muerte con palabras o actos. Nada de esa voluntd de vivir que nos muestra Sherezade, que posterga la muerte a la que la condena el sultán Shahriar con ese interminable rio de palabras.

Asimetría, Bartleby, Pereira, la excepción

Pienso la resistencia como un concepto que difiere de la reacción. La ley de acción y reacción extrapolada a la vida necesita un frente rigido contra el que chocar. La reacción es freno de una acción y devolución de otra con sentido contrario. La reacción es contra evolutiva porque puede devolver el statu quo al pasado; pudiera hacer que las cosas se asemejen a como eran antes. La resistencia en cambio no se define por su rigidez, puesto que lo que resiste puede ser flexible, y de hecho estos árboles solitarios que resisten el viento sobre la colina son flexibles, como lo son, casi por antonomasia, los bambués, metáforas de la flexibilidad y por tanto paradigmas de la capacidad de resistir. Porque lo que resiste se define por su relación con aquello que busca ejercer alguna clase de dominio. Por otra parte, yace en el corazón de la resistencia una relación esencial de asimetría—del tipo David versus Goliat—entre un poder de gran magnitud que aspira a ejercer el control o el dominio y aquello que es sujeto de ese poder, o al menos se espera que lo sea, pero que sin duda posee mucho menor fuerza. Cualquier escena de los indios dirigidos por Gandhi frente al inmenso poderío británico. Una escena posible de rosas blancas que impiden el paso de tanques o de un ejército de soldados fuertemente armados. La asimetría entre aquello o aquellos que resisten y el poder, existe aún si este poder es casi invisible, tan suave y delicado como se quiera. Aún si el poder llega al extremo de parecerse a una manipulación y al hacerlo confunde al sujeto al que aspira subyugar hasta hacerlo olvidar cuál es su voluntad, qué es lo que realmente desea, quién o qué es lo que realmente ama, características éstas que son comunes en el discurso amoroso y casi congruentes con la más sabia seducción, en tanto que utiliza para lograr sus fines, la sabiduría de las palabras, los aromas, los sabores, la estimulación de nuestra piel en las áreas más sensibles al tacto o al contacto. Pero no olvidemos que lo esencial no es la naturaleza del poder que se resiste sino su magnitud. Es la diferencia entre magnitudes lo que define la asimetría. El poder, sea visible o invisible, sutil o brutal, supera de modo formidable las fuerzas de aquel que se aspira a controlar. Pero éste, tercamente, en lugar de ceder, resiste. La resistencia es siempre una decisión del tipo preferiría no hacerlo. Al estilo de Bartleby, héroe pequeño, casi anónimo y triste de la resistencia imaginado por Herman Melville quien decide no dejarse convencer de hacer lo contrario de lo que ha decidido hasta que al final muere. O el también casi anónimo Pereira, aquel personaje de Antonio Tabucchi en la novella Sostiene Pereira, periodista de la columna cultural de un periódico de Lisboa durante la dictadura fascista de Salazar. El modo casi invisible en que Pereira resiste; casi como si no resistiera. La resistencia como un acto de identidad frente a la presión para que el individuo se conforme a los dictados de lo que lo rodea. Del entorno social, la moda, las tendencias. La resistencia como un acto de desobediencia. Pero también la resistencia como una excepción a una regla tácita de conducta obediente, tal como está planteado en la novela del escritor danés Christian Jurgensen, La Excepción. Pero en todos los casos, la resistencia como un acto dentro de un ambiente de asimetría. De otro modo no hay resistencia sino antagonismo. O si se trata de una confrontación más completa, un enfrentamiento agonístico entre pares.

La resistencia como camino ascético

Lo otro, es que no tiene sentido pensar que aquello que resiste—digamos un estado pequeño frente a la codicia avasallante de un estado imperialista, expansionista, colonialista o hegemónico—a su vez trata de imponer un control total sobre sujetos que detentan un poder mucho menor. Pensemos por ejemplo en un pequeño Estado que imponga una dictadura totalitaria a sus ciudadanos. No puede hablarse de resistencia del Estado pequeño frente al poderoso si al mismo tiempo se define una condición de opresión, represión, control o dominio de ese mismo estado pequeño sobre sus ciudadanos. El acto de resistir, unge moralmente y espiritualmente a aquel o aquello que resiste, sea individuo, grupo, Estado, lo imprega de un aura de absoluto. Es esto lo que le impide admitir transacciones, relativismos, transitividades; esto lo que lo hace inconsistente con tropos lógicos, tácticos o estratégicos. La resistencia es, a semejanza del ayuno o la oración, un acto ascético que eleva al sujeto que resiste por encima de lo material y por encima de su beneficio directo. la resistencia es, como el arte o el amor, un acto incondicional, gratuito y absoluto no consistente con ninguna doble moral. Es totalmente inconcebible una doble moral en Bartleby, paradigma literario de la resistencia y la obediencia a sí mismo. En Bartleby su resistencia es su integridad moral y él prefirió la muerte a ceder.

Resistencia versus persistencia, Ada o el ardor

Difiere también la resistencia de la persistencia. Esta última es activa, se ejerce a lo largo del tiempo y acompaña a la acción. Persiste el maratonista en su correr hasta llegar a la meta. Persiste el fugitivo en su fuga hasta que se escapa de la vista de su cercelero o perseguidor. Persiste el deseo (y el amor), como en el caso del personaje de Ada o el ardor, de Nabokov. Ada a es amada por su hermano el doctor Van Veen (quien erróneamente piensa que Ada es su prima), a lo largo de su vida. Aunque algunos podrían sostener que tal deseo, para perdurar a lo largo de tantos años, debe haber tenido una enorme capacidad para resistir los ataques inclementes del olvido lo que prevalece es su persistencia que en el extremo deriva en obsesión. Le resistencia es en cambio pasiva. Es siempre una respuesta a un intento de control o dominio con el que no se está de acuerdo.

Sherezade, el sultán, Aixa La Horra

Para mi, la verdadera narración de la resistencia es la historia de Sherezade y el sultán Shahriar. Cuando se lee por primera vez esa colección extraordinaria de historias
que son Las Mil Noches y Una Noches, uno cree que el autor (autores) nos quería contar una historia de resistencia y postergación de la muerte (alargamiento de la vida) con ayuda de la ficción. Pensamos entonces que el débil personaje femenino se vale de la estrategia típicamente femenina de tejer un tapiz de palabras para impedir que el hombre de poder, brutal, parco, y cuya vida la dicta y dirige la acción, ejecute con fiereza y determinación el acto prometido. Sin embargo, la resistencia de Sherezade es ilusoria. El sultán Shahriar, desde el primer instante que Sherezade comienza a contar el primer cuento, queda irremediablemente bajo el hechizo de sus palabras. Es este rio de palabras abrumador, este caudal inagotable de historias que contiene historias (que contiene incluso la historia de ella y el sultán) lo que define la magnitud formidable del poder retórico de Sherezade y por tanto configura la asimetría esencial que convierte a Las Mil Noches y Una Noche en un historia de la resistencia del sultán, frente al poder sutil, evanescente e invisible (aun cuando audible), que posee Sherezade, que crece a medida que se desarrolla la historia. Resisten al principio fuertes sus propósitos, permanece incólume su crueldad. Pero con el tiempo se diluyen; se disuelven dentro de la poderosa ilusión que construyen las historias de Sherezade, y el sultán olvida su voluntad, y sucumbe a la seducción. El sultán capitula hacia el final, deja de resistir y se deja arrastar por el amor. La lección menos manifiesta de esta colección de historias es precisamente ésa: que la resistencia sólo se puede abandonar por amor. No por cobardía, y menos aún por debilidad. Por eso la dureza de las palabras con las que Aixa la Horra (Aïsha bin Muhammad ibn al-Ahmar), última reina de Granada, le reclama a su hijo Boadbil el Chico—cuando éste vuelva la cabeza para contemplar por última vez Granada, luego de que ha rendido la ciudad sitiada a los Reyes Católicos—: “Llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre”.

Minar el poder

La recurrencia de la resistencia, su duración, su insistencia, el éxito de quienes resisten en impedir que el poder logre sus objetivos, cualesquiera que éstos sean, terminan por debilitar la ilusión que sustenta el poder (porque en toda clase de poder hay un tipo de ilusión, incluso en el más primitivo y brutal hay ilusión y no sólo fuerza física); hay una revelación para los otros, sometidos o fuera del alcance de ese sometimiento, del tipo el emperador está desnudo. La resistencia entonces desconstruye el poder y de este modo lo mina, lo carcome como el comején al libro y al hacerlo quiebra la hegemonía. El poder del Imperio Británico se debilitaba cada vez que moría un inidio en un acto de resistencia pacífica. Pero incluso al comienzo, antes de empezar a minarlo, la resistencia muestra las grietas, pone una lupa en los puntos débiles de esa suerte de muro monolítico que pretende siempre ser el poder ante aquellos sobre los que se ejerce.

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