The hurt locker (2008), Un neorrealismo pacifista

Los que han estado en la guerra dicen que en la vida hay pocas experiencias en las que tus sentidos sean estimulados y activados con una intensidad y densidad tan vasta, que tocan desde tu piel hasta tus entrañas y emociones más ocultas. Los que sobreviven, cuando abandonan el campo de batalla y regresan a sus hogares, sienten que sus vidas han perdido brillo y emoción. Hay quienes luego de una guerra pasaron decenas de años como muertos en vida. Porque el dolor, el miedo a morir; la náusea que te produce contemplar las vísceras de tus compañeros, sus miembros volando por el aire por culpa de la explosión de una granada o una mina; la visión del cadáver de aquel con quien segundos antes era un ser humano con el que habías compartido tragos y conversado sobre tus amores; la incondicional empatía que sientes ante el dolor del otro, o la acción dirigida desde el inexplicable coraje; todo eso te enseña a vivir la vida con el corazón en la boca. Quizás esa saturación de experiencias y emociones que produce la guerra sea la causa de la adicción que crea. Esto nos lo recuerda el epígrafe de The hurt locker, que fue tomado de una frase del libro de Chris Hedges, War is a force that gives us meaning (2002): The rush of battle is a potent and often lethal addiction, for war is a drug.

Es por todo lo anterior que resulta tan fácil (y paradójicamente difícil) hacer un drama sobre la guerra. No importa dónde pongas el ojo del narrador, sobre qué amplitud de campo lo enfoques, ahí habrá una historia, y en esa historia un drama. La guerra es como una tremenda lupa que convierte en interesantes y dramáticas las vidas de todos los que la hacen y la sufren. Un microscopio que amplifica cientos de veces la grandeza y la miseria humanas. Es estando dentro de ella que logras ver el coraje y el heroísmo cotidiano. Pero es también ahí dónde ves lo común que puede ser la envidia y otras emociones mezquinas, y las terribles consecuencias que pueden engendrar.

The hurt locker muestra la adicción e intensidad extremas que produce la guerra con una perspectiva que se cierra sobre unas cuantas escenas de la vida y drama de los tres integrantes de un Esquadrón de Desarme de Explosivos (Explosives Ordnance Disposal) del ejército norteamericano durante la guerra de Irak en el 2004. Integran ese escuadrón el sargento de primera clase William James (James Fenner), el sargento JT Sanborn (Anthony Mackie), y el especialista Owen Eldridge (Brian Geraghty). Otros actores, como Ralph Fiennes en el papel de líder de un equipo contratista, y Guy Pearce, hacen papeles breves en la película. Pienso que lo que produce una conmoción tan fuerte en muchos de sus espectadores, es la verosimilitud de esta película cuyo estilo emula a ratos el del documental por su realismo y naturalidad. La puesta en escena te hace creer que lo que ves es lo que realmente sucede. Hace que el espectador se olvide de que hay un drama o una actuación y una cámara de cine que lo registra. Crees a ratos que eres un pequeño Big Brother en ese reality show que es la guerra de Irak.

Dirigida por Kathryn Bigelow, ex esposa de James Cameron, por una de esas curiosas ironías de la vida, ha hecho una película que, a semejanza de Avatar, pero con un presupuesto muchísimo menor (de 11 millones de US dólares) ha obtenido nueve nominaciones en la edición 82 de la entrega del Oscar de la Academia, incluyendo Mejor Película, Mejor Director y Mejor Actor. A diferencia de la realidad soñada, fantástica y generada por computador de Avatar, creada con un presupuesto de cientos de millones de US dólares, The hurt locker te arroja de cara dentro de la arena demasiado caliente de la realidad de la guerra de Irak, y te la muestra desde cientos de ángulos que no vemos en la pantalla de TV cuando sintonizamos CNN.

Esta película lleva un paso más allá este nuevo formato de la cinematografía contemporánea norteamericana, que construye la ficción con un desempeño dramático que se mezcla con el drama cotidiano de lo real y lo actual. El cine independiente, en el caso de The Hurt Locker, y Hollywood, en otras películas recientes, parece como si hubieran descubierto el valor dramático de la realidad y hubiesen aprendido a fusionarla con el drama cinematográfico. Aprenden a jugar, como lo hicieran de un modo semejante pero con otras herramientas, los directores del neorrealismo italiano, Roberto Rosellini, Michelangelo Antonioni, Luchino Visconti o Vittorio De Sicca, con la compleja, pero inexorable e ineludible realidad cotidiana. Rasgos del neorrealismo se aprecian en el hecho de que Bigelow decide el guión de la película a lo largo de un intercambio de correos electrónicos que sostiene con Mark Boal, el periodista frelance que escribió el guión, quien convivió en Irak con los miembros de un verdadero escuadrón de desarme de explosivos durante varias semanas. Boal cuenta que salía entre 10 y 15 veces diarias con ellos, los acompañaba para mirar de muy cerca su oficio. Hay también huellas de neorrealismo en la decisión de Bigelow de rodar la película en Jordania, a sólo cinco kilómetros de la frontera con Irak en lugar de hacerlo en Marruecos, donde podría haber sido más seguro; o en su decisión de hacer un casting entre los miembros de un campo de refugiados iraquíes con experiencia en teatro, para seleccionar los intépretes de algunos papeles secundarios y de otros no tan secundarios, o de quitarles comodades a los actores, para que se les haga más fácil sentir (y luego expresar dramáticamente durante la interpretación) lo que sienten los soldados durante su vida diaria en Irak. No hubo durante el rodaje trailers con aire acondicionado o baños privados para las papeles estelares. Así logra este nuevo cine norteamericano crear una ilusión cinematográfica que busca ser capaz de reproducir un nivel e intensidad dramáticos que impregnan la vida actual, y sobretodo la guerra, que es una de las cámaras de espejos que la refleja del modo más tenebroso pero también más fiel.

Y sin embargo, no obstante recalcar que la guerra es una droga adictiva, no se hace una apología de la guerra en la película. Su mensaje me recuerda al que el escritor italiano Alessandro Baricco nos dió en unos ensayos que publicó junto con su versión de La Ilíada. Baricco muestra que La Ilíada la apreciamos porque canta la espléndida belleza de la guerra con una fuerza y una pasión memorables. Si esta belleza de la guerra ha sido reconocida por la humanidad durante siglos, entonces la tarea que el hombre moderno tiene por delante es la de contruir un discurso pacifista que, en lugar de demonizar la guerra y negar al hacerlo una verdad hemos intuido como si fuese un axioma, opongamos a la belleza de la guerra otra belleza, que nos permita prescindir de aquélla que la guerra nos ofrece con seguridad.

El sargento William James no se cansa de su trabajo luego de haber logrado la desactivación de más de 800 bombas. No piensa que ese logro sea suficiente. Como en un acto propio de un Sísifo pacifista, retornará una y otra vez al campo de baatalla, a pesar de lo mucho que extraña su hogar y familia, para continuar deasactivando bombas. Quizás piensa que sólo se puede ser eficaz desactivando la violencia letal y asesina de una guerra existente estando ahí, muy cerca; evitando que las armas lanzadas contra su objetivo, tengan el efecto mortífero que esperaban de ellas quienes las arrojaron o activaron. A esa distancia, todas esas emociones y miserias que la guerra saca a flote, son muy poca cosa. Las perdonas. Son nada frente al valor de salvar, aunque sea una vida, evitando una explosión.

2 comentarios en “The hurt locker (2008), Un neorrealismo pacifista

  1. Quizás lo impresionante de la premiación de esta noche, cuando esta película se ha hecho ganadora de los dos oscares más importantes de la 82 edición de la Academia, el Oscar a Mejor Película y el Oscar al Mejor Director, es que se premia a una película que, contrario a la idea intuitiva de que el cine crea la ilusión para sacar al espectador de la cruda y a veces chata realidad, en este caso, la ficción cinematográfica, te hace creer que lo que ves es un reality show, o un documental. En todo caso, nada muy distinto de la más pura realidad. The hurt locker (Zona de Miedo según su título en español) gana, entre muchas cosas, por su impresionante realismo. Gana también porque constituye un homenaje de este arte a los 4355 soldados norteamericanos que han fallecido en la Guerra de Iraq segun el sitio web (http://militarytimes.com). Pero además creo que The hurt lockerrecibe esos dos premios por su poderoso alegato pacifista. Al final, el líder en desactivación de explosivos se hace adicto, no a la guerra y la muerte que ésta causa, sino a la desactivación de la muerte que la guerra y las armas producen. Lo cual es la mejor forma de hacer resistencia, desde muy cerca, a esta forma brutalde dirimir conflictos. Por todo eso, The hurt locker constituye un original amor a, y predicamento por, la paz.

  2. Pingback: The Green Zone, Intriga sobre las razones de la guerra con Irak « caracas 10N, 67W

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