The Soloist (2009)

De cómo un periodista encuentra la gracia en las calles de L.A.

Afiche de la película "El Solista"

En la vida real y en la película, el periodista del L.A Times Steve López (interpretado por Robert Downey Jr.)—que escribe una columna sobre crónicas urbanas—es un cazador de historias que, sin andarla buscando ni reconocerla al primer instante, se encuentra un día de frente con la gracia; esa expresión de lo divino que se manifiesta en las situaciones más insólitas e improbables, y que toca a algunas personas de un modo arbitrario, absoluto e incondicional. López conoce la gracia gracias a su relación con Nathaniel Anthony Ayers (Jamie Foxx), talentoso músico y homeless a quien encuentra un día en que éste tocaba en la calle un violín al que le quedaban sanas dos únicas cuerdas a la sombra de una estatua de Beethoven. En ese primer encuentro, López se sorprende cuando Ayers le dice que en algún momento de su vida había sido estudiante de Julliard School. Al periodista le parece que pudiera ser interesante para su columna escribir la historia de un estudiante de Julliard que ha terminado como homeles. De modo que luego de verificar lo que Ayers le ha dicho, comienza a escribir sobre él. Una de las primeras cosas que produce la primera entrega de la historia de Ayers al L.A Times es conmover a una anciana amante de la música, quien envía un cello a la redacción del periódico para que López se lo entregue como obsequio a Ayers. Acosado por un sentido de urgencia, y luego de hacer algunas diligencias necesarias, López sale en busca de Ayers para entregarle este obsequio. El encuentro entre Ayers y este cello será una las escenas más conmovedoras de la película. Joe Wright, director de la película (director también de la poética y trágica Atonement, basada en la novela homónima de Ian McEwan) tiene la habilidad de mostrarnos, con una puesta en escena conmovedora y masivamente urbana, la relación mágica que ha establecido Nathaniel con la gente, los carros, el ruido y, sobretodo, con la sensación de libertad (aunque sin duda riesgosa) que se puede tener cuando se vive y duerme en las calles de Los Angeles. Nathaniel interpreta la música de un modo sublime. Sin embargo, lo especial de su talento parece ser su capacidad para traducir el ritmo, sonidos, colores y formas de la ciudad en las piezas de música que decide interpretar. En ese talento nos recuerda un poco Nathaniel Ayers a Jean Michel Basquiat, aquel niño prodigio, outsider y artista neoyorquino que encontraba en la calle la mejor inspiración para su arte y que murió trágicamente a los 27 años de una sobredosis de heroína. Ninguno de los dos nacieron en la calle pero ambos huyeron de las comodidades de la vida y la eligieron como hábitat o fuente de inspiración. Es posible que la esquizofrenia con la que Ayers ha sido diagnosticado, que parece estar en la raíz de su deserción de Julliard y su caída en la condición de homeless, juegue un papel importante en esa glorificación de la calle (y junto con ella la ciudad) que hace Ayers a lo largo de la película así como su consistente desprecio de la vida en apartamentos, lejos de la gente, los carros y el ruido de la calle (más o menos las palabras con las que Nathaniel defiende en la película la aversión que siente a vivir en un apartamento que López le ha conseguido. Habrá conflictos, disputas suaves y fuertes, momentos de reconciliación, en esta relación peculiar que se establece entre un periodista separado de su mujer y su hijo pero que vive con pasión su oficio de cronista urbano, y este homeless con un prodigioso talento musical que ha elegido vivir en la calle, pero a la larga, lentamente, aparece entre estos dos hombres disímiles, una profunda amistad. Sin abandonar la búsqueda de un modo de vida digno para Nathaniel, López aprende que no obstante su condición de homeless y su patología mental, éste quiere decidir sobre su vida y que él debe respetar estas decisiones. La historia de esta amistad, y el modo en que gracias a ella López conoce la gracia, como una recompensa no buscada a su esfuerzo para ayudar a Nathaniel a recuperar su dignidad, es el tema fundamental de esta película.

La prensa y las historias

Nathaniel con el cello nuevo tocando en la calle para Steve

Un telón de fondo de esta película es la vida cotidiana del L.A. Times, periódico que fundado en 1881 que es el segundo diario con mayor circulación metropolitana en Estados Unidos. Como otros periódicos impresos de Estados Unidos y el mundo, la rentabilidad y existencia de éste están amenazadas por la internet y la tecnología digital. Hay cada día menos lectores y los anunciantes, que migran de los medios impresos a los digitales, están menos dispuestos a pagar por publicar susa visos en la prensa o las revistas. Esta película constituye una toma de posición, y un acto de solidaridad, de Hollywood con esta problemática. Desde el comienzo de la película, durante la presentación, se muestran las escenas del proceso de producción de la prensa: la cinta de papel impreso del periódico cuando sale de la rotativa, el proceso que convierte esa cinta en pilas de diarios, los camiones que cargan esos paquetes cada madrugada, los hombres que lanzan los periódicos casa por casa a los suscriptores, en fin, esa cadena que hace posible leer las noticias e historias locale so globales junto con un café humeante, tostadas, mermelada y mantequilla. Esta escenas nos recuerdan con ayuda de la cinematografía todo lo que está detrás de ese placer cotidiano de leer la prensa a diario. Nos evocan, la contemplación de las escenas de esa máquinaria en movimiento, todo un conjunto de oficios y prácticas que forman parte esencial de nuestro modo de vida.

La intención es bella. Sin embargo, soy pesimista (o muy realista) respecto a la posibilidad de que esta prensa que todos hemos leído por años, que llegó a estar insertada perfectamente como rutina esencial del desayuno apurado entre semana (en la casa o en la oficina), o de esos desayunos más pausados y más sabrosos de los sábados y domingos, sobreviva a la amenaza digital; se mantenga como un negocio rentable. Por tanto, creo que este tipo de esfuerzos promocionales, así vengan de la cinematografía o de cualquier otro medio de comunicación, son ineficaces.

Lo que no me impide recordar que el oficio de un periodista como Steve López, es romántico, apasionado e intenso. Aun cuando el acto de escribir es un acto solitario, y en todo escritor de oficio reside un solitario, gran parte del oficio de un cronista como Steve López depende de navegar entre la gente y aprender a encontrar dentro del mundo las mejores historias. El cronista urbano, que narra la vida diaria de la ciudad, debe tener el olfato para construir sus historias a partir de casi nada: conversaciones, accidentes, encuentros fortuitos, epifanías. Pero, sobretodo, de sus relaciones con la gente más diversa e insólita: policías, bomberos, enfermeros y paramédicos, carceleros y militares, jueces y abogados, funcionarios públicos, bibliotecarios, entre otros mucho más; todos ellos pueden ser personajes de sus historias o fuentes pirmarias principales. Una vez terminada la investigación, llega el acto de escribir, que casi siempre es un acto solitario; y finalmente, la publicación. Creo que uno de los aspectos mágicos de la escritura es la capacidad que poseen los textos escritos para cambiar el mundo, en algunos casos de manera fatídica, pero en otros, de modos mágicos e impredecibles. La película muestra esa conexión, a veces tenue para los lectores y más tenue aún para los que no leen ni escriben, entre las historias que escribe el periodista y las consecuencias que tiene su lectura en los lectores y el mundo: emociones, pasiones que se despiertan, recuerdos que se evocan, actos de solidaridad o empatía, simple conmoción o—lo que ocurre en la película—, una nueva y personal comprensión, por parte de un funcionario gubernamental importante (el Alcalde de la ciudad) de un dramático problema social: los que viven en la calle (homeless).

State of Play, Otra mirada contemporánea al mundo de la prensa
Otra película reciente que toca el tema de la prensa, que en realidad enfoca la historia desde el punto de vista de un periodista, es State of Play, dirigida por el escocés Kevin MacDonald (el de Last King of Scotland). En ésta, Cal McAffrey (Russell Crowe), un periodista que trabaja en un gran diario de la capital, desenreda con inteligencia los hilos de una intriga, a la que están asociados varios asesinatos, que luce como una gran conspiración corporativa que implica a: contratistas del Departamento de Defensa, ex militares, y miembros del Congreso y mujeres de dudosa reputación. La intriga presenta además hilos narrativos que vinculan de modos emocionales y profesionales a la mayoría de los actores. Sólo al final, en un inesperado twist, McAffrey se da cuenta de cuál es la verdad. La escena final, en la que McAffrey, en su escritorio en la redacción del diario, escribe las últimas líneas del reportaje sobre la intriga que ha estado investigando, rodeado de sus compañeros más cercanos. Una vez concluido el texto, sólo falta pulsar la tecla enviar. Cuando esto ocurre, él abandona la sala de redacción. Fin de la película. Pero el proceso inexorable de la rotativa se ha puesto en marcha. Y esta vez con los créditos finales, uno vé la misma cinta de diarios impresos en cuyo titular de primera página se hace referencia a cómo se resolvió la intriga. Esa metamorfosis mediada por la rotativa, de la hoja escrita en la pantalla del computador, en titular y cuerpo del reportaje de un periódico. es un hecho mágico que se extingue de a poco. No queremos que eso ocurra. Entre otras cosas, y al margen de mis simpatías con ese oficio, porque hay un modo particular de esa maquinaria tan profundamente humana que es un periódico, para abordar la crónica urbana, la intriga política, el crimen de cuello blanco, o los cientos de dramas sociales de las grandes ciudades. Es ese modo de hacer periodismo lo que no queremos que desaparezca.

Enfermedad mental y autonomía
Hay otro tópico interesante que trata El solista. Se trata de la autonomía que se presume tiene todo individuo de una sociedad democrática para tomar decisiones sobre su propia vida. La libertad que se le debe dar para responderse a sí mismo preguntas del tipo: qué hacer (en lo laboral pero también en lo personal), qué creencias adoptar, dónde vivir, con quien hacerlo o hacerlo solo si es el caso, e incluso cuándo morir. Si bien, en varias de estas preguntas, el Estado puede estar tentado a intervenir fuertemente para recomendar una respuesta, de un modo vinculante o no vinculante, a un ser humano que se presume está en su sano juicio, la línea de respeto a la autonomía individual se hace mucho más delgada o difusa cuando el individuo muestra un comportamiento que pudiera considerarse como fuera de la norma, o patológico. En otras palabras, ante la presencia de ciertas patologías mentales el Estado puede sentirse en el deber de asumir ciertas decisiones. El problema es que, sin llegar a un discurso radical como el de la antipsiquiatría (en el cual se cuestionaba el concepto de esquizofrenia y otras enfermedades mentales), no es fácil hacer diagnósticos finales de una persona que tiene conductas anómalas como es el caso de Nathaniel Anthony Ayers. Así, en la película se muestra lo difícil que puede ser sacar a alguien de la calle y devolverlo a la vida en un apartamento (es decir influirlo para que decida esto sin que en la decisión esté involucrada la fuerza), lo cual a menudo es un paso en la recuperación de la dignidad. En muchos casos, sólo relaciones de amistad largas y difíciles como la que en El solista inicia López con Ayers abren una posibilidad más real a lograr que el homeless se reintegre a la sociedad y deje de ser un excluido. Pareciera que es este camino—que no es otro que el camino de la empatía y el amor en relaciones cara a cara—, y no el de políticas de fuerza dictadas desde el Estado, el que, en el largo plazo, tiene la posibilidad de ayudar a que los miles de personas que deambulan y viven en las calles de las grandes metrópolis, sin hogar alguno, puedan de nuevo construir uno. Sin embargo, el hecho de que un homeless decida vivir en un apartamento, y salir de la calle, no le quita fuerza al argumento de que la calle puede ser un lugar mágico para alguien dotado conun extrema sensibilidad, como lo era Basquiat, quien amaba las calles de Nueva York, o como lo es el personaje de esta película.

La calle ayuda al hombre de la ciudad a encontrarse con el otro, a escapar de esa soledad a la que la ciudad moderna condena a muchos de sus habitantes que viven aislados en casas o apartamentos encerrados dentro de cada vez más rejas y sistemas de seguridad. La violencia que se encuentra en la calle es a veces un precio muy alto que algunos están dispuestos a pagar para no perder esa oportunidad de tener un encuentro cercano y directo con los otros; incluso el choque entre carros, como lo dice Graham, el personaje de Crash (2004)—dirigida y escrita por Paul Haggis— en la frase que inicia la película: It’s the sense of touch. In any real city, you walk, you know? You brush past people, people bump into you. In L.A., nobody touches you. We’re always behind this metal and glass. I think we miss that touch so much, that we crash into each other, just so we can feel something. O la enfermedad mental misma, como la señora que vive en Lamp Community, nombre real del hogar de ayuda a los homeless que aparece en la película que le dice al médico algo como: “No quiero tomar mucho litio porque pudiera dejar de escuchar estas voces que me susurran todo el día, que tengo dentro de la cabeza, y que en momentos de soledad son mi única compañía”. No deja de ser trágico que el habitante de la ciudad prefiera la locura, la violencia, o hasta chocar su vehículo con otro, para tener la oportunidad de mirar a la cara, y sentir al Otro en carne y hueso, y quizás así intuir cómo ese Otro se siente, y cómo él nos siente.

En suma, El solista es una película de múltiples capas, con una buena fotografía, buen guión, y excelente actuación que debe verse.

Agradecimiento
En la revista GP fuimos invitados a la premiere de esta película en Caracas por el programa Chivas 18 VIP Premiere en Cines Unidos de Galerías Los Naranjos. Este tipo de eventos recuperan el encanto de ver una película de lo que creo es un nuevo cine de crítica social de Hollywood, conversando antes y después de la función con amigos y conocidos. Agradecemos a Pernod Ricard esta gentileza.

2 comentarios en “The Soloist (2009)

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