Avatar, 1: Hiperrealismo digital con mensaje ambiental

La nueva película del director y mago de la ilusión James Cameron, producida con ayuda de tecnología de última generación, cuenta una historia fantástica de viajes al espacio exterior dirigidos a explorar otros mundos con fines de explotación de recursos. En la película se dice que en el año 2154, los seres humanos han agotado los recursos naturales en la Tierra. Desesperadamente necesitan un mineral llamado unobtainium (palabra que hace realmente alusión a un mineral imposible de obtener). Y han llegado a Pandora, luna de un planeta gigante en el sistema solar de Alfa Centauro con el propósito de explorar las posibilidades de extraer ese mineral de los yacimientos que tiene este planeta. Los nativos de Pandora (los Na´vi) son unos seres que parecen salidos de un cuadro del Greco. Con una altura de tres metros, miembros largos y magros, piel azul, ojos grandes, separados y almendrados que nos recuerdan a los de los indios, y mucha fuerza, estos humanoides inteligentes no se muestran muy dispuestos a compartir sus ideas, creencias y visión del mundo con los humanos recien llegados. Por esta razón, los humanos recurren a la acción por media de avatares, una sofisticada técnica de ingeniería genética que les permite controlar de manera remota y mental el cuerpo de los Na´vi. Como si tuvieran presencia real, desde un laboratorio, los humanos pueden conectarse mentalmente con el cuerpo de estos híbridos de humano y Na´vis modificados genéticamente, y experimentar de manera remota la vida desde dentro del cuerpo del Avatar, como si estuvieran realmente en el cuerpo del Na´vi. Algo semejante a lo que podría ocurrir en el futuro si los seres humanos construyen robots que vivan sus vidas en el mundo exterior mientras ellos permanecen en el interior de sus casas, como se muestra en la película Surrogates dirigida por Jonathan Mostow. Total que los Na´vi aceptan a los avatares y lo sintegran a la vida del clan. Lo que uno espera que ocurra en un híbrido humano-Na´vi termina por ocurrir. Jake Sully (Sam Worthington) se enamora de Neytiri (zoe Saldana) la Avatar que le enseña las costumbres de su clan y él y la doctora del laboratorio que lo acompaña en su misión comienzan a actuar a favor de los Na´vi y contra los humanos. En el desenlace de la película habrá escenas trágicas que recuerdan los hechos del 11-S pero un final feliz y una moraleja ecológica.

Al margen del esfuerzo de Cameron por utilizar el género cinematográfico para contar una historia fantástica con un abanico de posibilidades técnicas sin precedentes, dadas las innovaciones tecnológicas a las que la prensa y medios han hecho abundante referencia (técnicas de animación y visualización en tiempo real, filmación en 3D, etc), esta película tiene elementos muy hermosos en su historia. El brillo de los colores y la diversidad imaginativa de formas de la flora y la fauna nativa de Pandora, o la extraordinaria arquitectura natural que se desarrolla encima y alrededor del gran árbol adorado por los Na´vi. Pero sobretodo, impresiona ese archipiélago de montañas flotantes inspiradas en la topología fractal de los tepuyes amazónicos(*) que le ofrecen al espectador un contraste sublime por lo ilógico entre la masa grave de las montañas y su levedad; ese algo antigravitatorio que les permite flotar, las hace parecer silenciosos y gigantescos monjes tibetanos que han caído en un rapto extático y permanente que los hace levitar. Hermosa es también la idea de que Pandora es un mundo cuyos habitantes comprenden que la vida es una sola, y todos y cada uno de los seres que habitan ese mundo imaginario o cualquiera de los infinitos mundos de este o de otros universos poseen inteligencia, están conectados entre sí, y se comunican. Quizas es consistente con esa idea general, la idea de montañas que son ellas mismas seres contemplativos, que luego de milenios de contemplación extática, como si fueran santos o yoguis, un día comenzaron a levitar. Lianas gigantescas conectan unas con otras a esas montañas, como lazos de amor visibles y naturales que les impiden navegar a la deriva en el aire, e irse lejos unas de otras.

(*): Un amigo mío que leyó este texto me preguntó qué quería decir con eso de topología fractal de los tepuyes. Quiero acreditar por esta idea a mi amigo Fabian Michelangeli. En una ocasión, me contó que cuando observas ese paisaje amazónico, te impresiona ver cómo la forma del tepuy se repite recurrentemente, a diversas escalas (fractalidad es una suerte de recurrencia de un patrón a diversas escalas). A él le parecía que los tepuyes definían un paisaje fractal. Esto lo pude apreciar en varias de sus fotos en las que se veía como unos minitepuyes en la cima de algunos tepuyes, y sobre éstos, unas formaciones rocosas aún más pequeñas que repetían la forma de los tepuyes. Publicamos un portafolio de una selección de sus fotos, en las que se aprecia esto, en la edición 14 de GP.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s