After Dark, una historia de la oscuridad

Narrada por un voyeur

Ya desde la primera página uno siente algo en la narración, una cierta extrañeza en el ambiente narrado y en el modo en que se desarrollan los hechos, que nos recuerda ese estilo único del escritor japonés Haruki Murakami, quien posee una capacidad única para mezclar en sus historias, con completa naturalidad, lo humano y lo mágico, lo real y lo surreal.

After Dark, presentación

After Dark, presentación

Muy cerca de la media noche, exactamente a las 11 y 56 minutos, una chica está sentada en Denny´s, un restaurante de Tokio, donde toma una taza de café y lee muy concentrada un libro que el narrador nunca nos dice cuál es cuando, repentinamente, un chico que pasa la reconoce de cuando una vez tiempo atrás habían salido juntos con la hermana de ella y un amigo en una cita doble. Luego de pedirle permiso para sentarse en su mesa, Takahashi, que así se llama el chico, comienza a conversar con ella. La chica se llama Mari y es hermana de Eri. Takahashi le busca conversación a Mari, cuya parquedad es estricta, aunque sabe escuchar. Luego de conversar un rato se para y se va pero quedan en verse más tarde en ese mismo lugar.

No pasará mucho tiempo antes de que alguien entre a Denny´s buscando a Mari para pedirle un favor. Se trata de Kaoru, una prostituta amiga de Takahashi. Aunque sorprendida al principio por la petición que le formula, Kaoru convence a Mari de que su presencia puede ser de mucha ayuda en Alphaville, un motel en el que ha ocurrido algo grave a una chica que sólo habla chino, lengua en la que Mari se defiende. Éste será el primero de una serie de incidentes diversos e inesperados que le ocurren a Mari y que interconectan su vida con la de Takahashi y otros personajes. Todo ellos aparecen relacionados a curiosas historias, típicas de la noche.

Mientras tanto, en la habitación de Eri, quien duerme plácida y demasiado profundamente, las cosas pasan de un modo muy raro y la ficción y la realidad se confunden, trocan de lugar y lo que debía estar en un lugar aparece en el otro. Como en La Rosa Púpura del Cairo de Woody Allen, donde el personaje sale de la pantalla de un cine, en la habitación de Eri ocurre algo similar pero al revés. La oscuridad de la noche crea la oportunidad para que ocurran cosas de este tipo. O quizás más bien para que el observador, que es el narrador, crea que ocurren cosas de este tipo. Éste sugiere algo por el estilo cuando afirma: “Todo, finalmente, se desarrolló en un lugar que asemejaba una fisura profunda e inaccesible. Tales lugares abren accesos secretos en la oscuridad en el intervalo entre la medianoche y la hora en que el cielo se ilumina de nuevo. Ninguno de nuestros principios tienen efecto ahí. Nadie puede predecir cuándo o dónde tales abismos van a tragar a la gente o escupirla” (p. 215).

Esta afirmación de un vale todo para las leyes del Universo en el cuarto de Eri, en medio de la oscuridad, nos recuerda el Corazón de las Tinieblas, de Conrad. También hay un vale todo en el corazón de la selva, donde reina Kurtz, ahí dónde se llega cuando se ha remontado el río y se han olvidado las leyes que fundan la civilización. Como si fuese la luz de cada día la que protege a la conciencia de los monstruos de las tinieblas, que no son otros que los monstruos del inconciente, que habitan dentro del corazón del hombre.

After Dark, Introducción de capítulo

After Dark, Introducción de capítulo

Ests libro me recuerda también la trama de After Hours (1985), aquella película de Martin Scorsesse en la que un neoyorquino, Paul Hackett se encuentra en un café con una chica, Marcy Franklin (Rosanna Arquette), y luego de conversar un rato descubren que ambos admiran a Henry Miller. Desde ese instante, a Paul le sucederán múltiples accidentes e incidentes, y tendrá encuentros y desencuentros con diversos personajes, que entre todos contribuyen a impedirle regresar a su casa rápidamente y sin desvíos como tenía previsto. Al amanecer, Paul se da cuenta de que esa secuencia improbable del azarosos sucesos lo condujo directamente a las puertas de su trabajo sin haber podido regresar nunca a su casa durante la noche.

Quizás lo más interesante de After Dark es el recurso técnico del autor, de construir un narrador que no está autorizado para intervenir en las acciones que tienen lugar en la novela. De hecho, el narrador sólo puede mirar. Es voyeur e intérprete de las historias de la noche que comparte sus conclusiones con el lector. Democráticamente, se pone a la altura del lector en su ignorancia sobre: el futuro de los acontecimientos, las explicaciones de ciertos fenómenos que observa, o los motivos de las acciones que narra. After Dark parece narrada desde una cámara de video que hubiese sido montada sobre un diminuto helicóptero silencioso e invisible, manejado a control remoto. Los ángulos de observación cambian a lo largo de una escena, la imagen se acerca en zoom o se aleja. Pasa de una toma cenital a una toma en picado en cuestión de líneas dentro de un párrafo. Pero nunca el observador interviene en la trama de la novela.

After Dark, página 225

After Dark, página 225

Asépticamente, como un dios literario que todo lo ve y lo juzga pero sin impedir ni propiciar acción alguna, el narrador nos cuenta una historia. Al final, uno queda con la duda de si el autor no habrá querido, también, presentarnos una parábola sobre la relación de Dios con el hombre. Como si Murakami nos dijera que Dios parece por momentos actuar sólo como observador, y narrador otras veces, de un universo cuyos habitantes (como si fueran los personajes de esta novela) no lo logran ver. Un universo cuyas leyes pueden quebrarse durante los breves instantes en que se abren fisuras profundas e inaccesibles en el tejido luminoso de la realidad.

Afortunadamente, tambien se pueden abrir fisuras, quiebres en el espacio–tiempo, en la textura uniforme de lo real por las que escape el resplandor de una luz encandilante. Esto equilibra el caos producido por esas otras grietas por donde mana la más sombría oscuridad.

After Dark
Haruki Murakami (2007)
Vintage International, New York
pp 244

2 comentarios en “After Dark, una historia de la oscuridad

    • Hola. La historia de Murakami no dice que quienes aman la oscuridad sean malos. Esa historia solo conduce a un grupo de personajes a lo largo de toda una noche. Es cierto que algunos personajes son malos y otros buenos. Pero la maldad de ellos no tiene que ver con la noche. Podrían hacer cosas malas también a la luz del día. En la ficcion y en la realidad hay muchos personajes y personas malos que hacen cosas muy crueles a plena luz del día. Lo que pasa con la noche, según Murakami, es que la oscuridad permite que ocurran cosas insospechadas e improbables. La oscuridad borra fronteras y confunde la ficción con la realidad. Quizás por eso la oscuridad alimenta la imaginación, despierta las fantasías. Del mismo modo que un exceso de luz y de definición exacta de cada frontera y silueta de cada cosa o persona mata la imaginación, anestesia la fantasía.

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