dulena pulgar

arte lúdico para tejer colores

Retrato de Dulena publicado en GP 12  (foto de Ricardo Gómez Pérez), su tapíz de estambre sobre sacos de naranjas aparece como telón de fondo.

Retrato de Dulena publicado en GP 12 (foto de Ricardo Gómez Pérez), su tapíz de estambre sobre sacos de naranjas aparece como telón de fondo.

Cuando nos recibe en su estudio-apartamento lo primero que se aprecia es el orden que impera. De todas las paredes cuelgan sus obras. Cuando recorremos los cuartos, seguimos sorprendidos de ver el orden con que archiva sus obras; todas dobladas cuidadosamente, apiladas una encima de la otra sobre los estantes, en las gavetas, dentro de los clósets. El orden es total; como si Dulena no quisiera que nada quede al azar y quisiera controlar ese espacio; o como si tuviera miedo del desorden y sus consecuencias en ese espacio perfecto para vivir una vida de artista disciplinado alejado del mundanal ruido. Allí conversamos.
Como debe suceder con todos los artistas, su mirada es lo primero que te llama la atención. Dulena tiene una mirada fresca e inquieta pero no vaga o imprecisa sino aguda. Y sin embargo, al verla con más detenimiento, uno puede descubrir en ella algo de infantil que aparece ubicuamente en sus obras. Como si fuera una niña que expresa con imágenes el modo como mira el mundo así como el dolor y la alegría que le producen. Quizás es así que produce ese arte infantil de trazos espontáneos por los que la mano del artista pasa una sola vez, ese arte de trazos dubitativos que la mirada del artista recorre sólo después de que su mano los ha ejecutado. Infantil es también porque obliga al espectador a construir la forma uniendo fragmentos (manchas de color) con líneas o hilos como si la percepción del artista aún no aprehendiese la complejidad de lo real y le dejara esta tarea al adulto-espectador de su obra. Decenas de fragmentos interconectados pintados en colores alegres y vivos que recuerdan a espacios domésticos, edificios, ciudades, mapas de ciudades, como vistas desde un satélite. Ocasionalmente, uno que otro polígono, fragmento, superficie de cromática sobre la obra, puede haber quedado desconectada. Como una isla solitaria o, más bien, como si el artista, actuando como un deus ex machina, colocara un niño ahí, en algún lugar de su obra para que el espectador lo conduzca a buen reguardo, lo conecte o reconecte con el resto tramado de la obra.

Dulena nació en Caracas y a los cuatro años ya dibujaba y pintaba. El modo de vida de su padre, Juvencio Pulgar, diputado y político, tuvo mucho que ver con el despertar de su vocación de artista. Cuando tenía cuatro años se fue con sus padres a vivir a Maracaibo. Los artistas visitaban su casa. Su madre, que era directora de la galería de arte Durbán era también un nexo cercano con el mundo del arte nacional. De este modo, Dulena conoció de cerca muchos artistas, los visitaba en sus talleres y los veía pintar, o escuchaba lo que conversaban cuando iban a su casa. Todo esto despertó en ella su vocación de artista. Su madre aún conserva sus primeros dibujos, de cuando era niña. No dibujaba casas ni barcos sino circos. Pero la paz de sus primeros años duró poco. De repente comenzó una vida de mudanzas súbitas que no le permitían hacer amistades duraderas. Apenas se comenzaba a adaptar a una escuela, se la llevaban a otra. Otro rasgo que marcó su infancia y adolescencia fue haber crecido rodeada de muchos adultos. Luego pasó esa época y se mudaron a Caracas donde terminó el bachillerato. En esa entonces, solía pasar mucho tiempo sola. Al graduarse de bachiller se puso a estudiar diseño gráfico pero no le gustó e ingresó en un programa de arte en el Instituto Universitario Armando Reverón que le pareció que era exactamente lo que buscaba: Esos fueron los años más
maravillosos de mi vida. En el año 2000 egresó de la escuela y se dedicó a dibujar, pintar, enviar obras a salones. Un día le compraron doce telas y con ese dinero se compró un pasaje a Barcelona, donde vive su hermana. Alquiló un apartamento y comenzó a pintar, y también a recorrer las calles de la ciudad, visitar sus museos y galerías, y hasta logró exponer en una galería de arte reciclado.

El dibujo como hilo conductor
En el mito de Teseo y el Minotauro, el hilo que le entrega Ariadna al primero para que no se pierda dentro del laberinto y pueda salir con vida de él una vez que haya matado a esa bestia mitad toro mitad hombre, actúa como indicador del camino de retorno. Pareciera que Dulena siente que cada vez que inicia una nueva obra en la tela en blanco se recrea un laberinto. Siempre existe el riesgo de que el artista se pierda en éste. Cada papel o tela en blanco es un laberinto perfecto; cuando se enfrenta a estos, el artista puede tomar cualquier dirección. En muchas, no hay salida posible y existe el riesgo de que luego de recorrer un tiempo sus caminos, el artista se dé cuenta de que se extravió. Para Dulena, el dibujo, y no el color, funciona como hilo liberador e iluminador. La sacan del laberinto. Esta función liberadora del dibujo no la tiene la pintura. La mancha de color le confiere belleza a la obra naciente pero conlleva el riesgo de extraviarse en ella, de no llegar a donde el artista quiere llegar (el color no viene en manchas sino en líneas, (…) si comienzo con las manchas me ahogo y vuelvo a la línea otra vez). Y sin embargo, aún protegida por esa función orientadora del dibujo, Dulena se ha perdido a menudo en la tela. En esas ocasiones, es cuando decide pintarla toda de blanco y empezar de cero. En otros casos, ve que se acerca a ese punto en que se le cierran todas las salidas, y deja la obra tal como está; lo que hace que algunas de sus obras luzcan inacabadas pero que, cuando se las ve mejor, se aprecia que no conservando plenamente su potencial. Con la certeza de que si un día se hace la luz, podrá llevar a la obra justo donde tiene que estar. Dulena le atribuye una segunda función al dibujo: lo utiliza para tejer. Para hacer esto, ella metamorfosea el hilo indicador en un hilo conector que recorre la trama y une los fragmentos de color o de líneas que va dejando esparcidos en su naciente obra con líneas, que es la unión de las cosas, es la costura, dice Dulena.

La malla de sacos de naranjas

Unos de sus experimentos más recientes es la malla sobre la que teje un tapiz de vivos y alegres colores primarios. Comenzó este tipo de trabajo en el año 2002, cuando se le
ocurrió recolectar sacos de naranjas desechados y amarrarlos formando una malla ideal para tejer un tapiz o una alfombra. Hizo varios pero no quedó satisfecha. El año pasado, en 2008, retomó este trabajo en el que tejió los mismos sacos con estambres de colores. Este trabajo forma parte de su exploración de formatos que le permiten sacar la pintura del marco tradicional del cuadro.

(los que quieran ver una muestra de sus obras pueden visitar su página web: http://www.dulenapulgar.com)

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