Una enciclopedia del futuro

De la Enciclopedia a Google Earth

En la actualidad, somos testigos complacientes e inermes de cómo la Enciclopedia, que sin duda es una tecnología que hemos inventado para relacionarnos con el conocimiento empaquetándolo en un solo cuerpo de volúmenes impresos, se está perdiendo a la misma velocidad con que se pierden el hábito y práctica de leer, y con ello, se desliza trágicamente de nuestras manos toda la Era Gutenberg. Somos tambien testigos de la aparición de ese nuevo sucédaneo de la Enciclopedia impresa, antigua y gutenbergiana que es la enciclopedia virtual, que circula y se alimenta a diario en la web. Se especula en el presente texto sobre algunas implicaciones de este proceso.

La idea que subyace a la enciclopedia es persistente. Cuando la humanidad pensaba que la suma total del conocimiento humano no era aún tan grande, los más osados (visionarios, filósofos, poetas, santos) se aventuraban, a altas horas de la noche, a soñar libros absolutos cuyos contenidos fueran congruentes con la Tierra o el mismo Universo.

Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

La idea de ese libro, emparentada con la Biblioteca de Babel y sin duda con los laberintos, es ella misma un objeto borgiano. Quizás el libro que aparece en “El jardín de los senderos que se bifurcan”, esa novela infinita que escribe Ts´ui Pen que contiene todos los universos posibles es una versión del libro absoluto. Porque contiene tanto el universo en que el célebre gato de Schrödinger muere como aquel en el que no muere; aquel en el que a Sofía, quien me regaló ese gato que heredó de Schrödinger, nunca la conozco, como aquel en el que conozco a Sofía, me enamoro de ella perdidamente, pero ella nunca me regala gato alguno e ignora mi amor. Contiene incluso aquel en el que Sofía me ama en silencio y yo mismo lo ignoro. Este libro superior que es un laberinto fue creado por Ts´ui Pen. Para hacerlo renunció a los placeres del mundo y se enclaustró, cuenta Borges, en el Pabellón de la Límpida Soledad durante trece años. Aspiraba T s´ui Pen a que el libro fuese un modelo del universo, o más bien, del multiverso, pero no lo fue. En el cuento, que no voy a contarlo Borgen explica porqué no lo es. La Enciclopedia, tal como la conocimos de niños, es un proyecto que nació de la mano de Gutenberg. La tecnologia de información actual ha ayudado a que este proyecto evolucione y derive a otras cosas. Es difícil saber lo que puede ocurrir con éste en el futuro. Aquí se explora un escenario posible.

objeto borgiano
Es inevitable no evocar, cuando uno piensa en la dupla enciclopedias-Borges, aquella referencia que hace este escritor en su ensayo sobre el “Idioma analítico de John Wilkins”: Esas ambigüedades, redundancias y deficiencias recuerdan las que el doctor Franz Kuhn atribuye a cierta enciclopedia china que se titula Emporio celestial de conocimientos benévolos. En sus remotas páginas está escrito que los animales se dividen en (a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (l) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas. Esta cita nos hace pensar en que toda enciclopedia puede, bajo la pretensión de condensar la totalidad del conocimiento humano, organizar la totalidad de lo real de una manera caótica, no jerárquica, absurda, que pudiera no carecer de poesía o incluso de un poder para convocar los dioses o, al menos, las alas de los ángeles.

La persistencia de Diderot

En el año 1772, el filósofo, escritor y poeta francés Denis Diderot le envió a los suscriptores, después de superar obstáculos de todo tipo, el último de los 27 volúmenes en folio que constituían la primera edición de La Enciclopedia, obra en la que había trabajado desde 1750. Esta contenía 71.818 artículos y 3.129 ilustraciones y prometía, en palabras de Diderot, director del proyecto y el más persistente de sus editores, “cubrir, no sólo los campos temáticos tratados por las academias, sino todas y cada una de las ramas del conocimiento humano”. En el Discurso Preliminar a la Enciclopedia, Jean Le Rond d´Alembert, matemático, físico, filósofo y coeditor de la obra, escribiría que el objetivo principal de ese proyecto era, no sólo organizar y verter en ella toda la información conocida hasta la fecha, sino también establecer un método coherente de recolección de hechos y principios, incluso de aquellos que aún no hubiesen sido descubiertos.
Si la Enciclopedia lograba con éxito esos dos propósitos, los lectores—pensaba Diderot—adquirirían el poder para cambiar su modo de pensar. Es difícil apreciar el sentido revolucionario de esta idea; que explica el temor que despertó ese proyecto en los diversos ámbitos y esferas del poder. Diderot quería poner la totalidad del conocimiento humano, tanto del abstracto, conceptual y académico, como del práctico y cotidiano, al alcance de cualquiera que lo buscase. Era esto lo que hacía el proyecto tan amenazante para el clero o la aristocracia francesa, quienes hicieron todo lo posible para impedir que llegara a feliz término. Pero, Diderot era perseverante. Aun cuando la mayoría de los que se involucraron con el proyecto lo abandonaron, él continuó. Esta responsabilidad lo obligó a trabajar mucho más de lo que había planeado, redactando centenares de artículos, y realizando—con perjuicio de su vista—interminables trabajos de edición y corrección de textos de colaboradores menos competentes. Paralelamente a sus trabajos de escritorio, como el proyecto también cubría procesos prácticos, Diderot pasó cientos de horas visitando talleres, donde observaba y tomaba notas que luego, durante las noches, usaba para describir las técnicas y procesos de fabricación vigentes en los distintos sectores industriales. Quizás lo más interesante de la Enciclopedia no era lo que contenía sino esa suerte de mapa de clasificación del conocimiento, que permitía incorporar en futuras ediciones, de forma organizada y sistemática, toda pieza de conocimiento nuevo que se produjese. No cabe duda de que la Enciclopedia, constituyó uno de los ejes sobre los que se articuló el programa de la Ilustración, dado su impacto potencial en la construcción del hombre moderno.

Ilustración
Alcanzó su apogeo en la Inglaterra y Francia de los siglos XVII y XVIII y constituyó uno de los más ambiciosos proyectos de educación de la historia moderna. Sus promotores más importantes, los filósofos Diderot, d´Alembert, Montesquieu, Rousseau y Voltaire, estaban motivados por la idea de liderar al mundo hacia el progreso, sacándolo de ese oscuro periodo de tradiciones, superstición, irracionalidad y tiranía. Era además un proyecto de democratización y liberación de la opresión que habia supuesto, para la gran mayoria de los habitantes de Francia, vivir como súbditos de una monarquía en lugar de hacerlo como ciudadanos de una república. La Ilustración, amante de la Razón, tuvo como respuesta, el siglo siguiente, un movimiento de retorno a la irracionalidad que fue el Romaticismo.

Con los años, cuando la velocidad de la génesis de nuevo conocimiento comenzó a acelerarse, La Enciclopedia fue perdiendo ese impacto transformador. Y así, ésta y el enciclopedismo dejaron de tener sentido cuando se constató que, aparte de las formidables dificultades técnicas para incorporar en una nueva edición todo el conocimiento nuevo que se hubiera registrado desde la fecha en que se había impreso la precedente, ningún hombre podría vivir el tiempo suficiente como para aprehender ese conocimiento. Lo que no impide pensar que quizás el enciclopedismo represente un antiguo sueño de la Humanidad difícil de abandonar: aquel de poseer un objeto (y que mejor objeto que un libro absoluto) que atesore en su interior toda la sabiduría del Universo.

Libro absoluto

Portada de la edición de Siruela de Seis propuestas para el próximo milenio de Italo Calvino

Portada de la edición de Siruela de Seis propuestas para el próximo milenio de Italo Calvino

En el ensayo “Multiplicidad”, contenido en Seis propuestas para el Próximo Milenio, Italo Calvino, hace un breve inventario de ideas de libros enciclopédicos totales. Entre ellos destaca aquel sólo concebido por Mallarmé cuando escribe que quería dedicar los últimos años de su vida al proyecto de escribir “un libro absoluto como fin último del universo, misterioso trabajo cuyas huellas destruyó enteramente”.

El presente, la Enciclopedia y la internet
Desde que a mediados de los ochenta comenzara a difundirse la internet, comenzaron a gestarse en su seno sistemas de búsqueda, almacenamiento y recuperación de información de naturaleza enciclopédica. Se destacan, por su crecimiento vertiginoso, proyectos editados con la ayuda de colaboraciones de voluntarios alrededor del mundo, como la Internet Movie Data Base (IMDB) que tiene información completa sobre más de un millón de largometrajes, cortos, documentales, series, etc; o enciclopedias como Wikipedia, proyecto que actualmente contiene poco más de 12 millones de artículos. Este tipo de proyectos han derivado ventajas de las posibilidades que tiene la internet y diversos software de edición colaborativa de contenidos editoriales, para producir esos inmensos clusters de información y conocimiento. Hay otra clase de proyectos, de la cual el representante más conspicuo es Google Earth— programa que es a la vez un mapamundi virtual y un sistema de información geográfico (creado por Keyhole, Inc., que ahora pertenece a Google)—que presenta un mapa de la Tierra construido a partir del hilvanado de imágenes satelitales superpuestas, y aplicaciones posteriores como Google Ocean, que empujan el concepto de enciclopedia un pasó más allá al combinar, fusionar más bien, los conceptos de mapa (o de sistema de información geográfica) y enciclopedia. Lo que define a Google Earth como algo único es su exhaustividad: que el programa está basado en esa colección de mapas (representaciones bidimensionales de relieve del Mundo) a diversas escalas que cubren toda la Tierra. Lo sorprendente de este proyecto, cuando uno se percata de la ruta de desarrollo seguida por Google Ocean, es que en un futuro próximo, quienes desarrollan este tipo de aplicaciones pudieran reemplazar los mapas por algún otro sistema más eficaz de representación espacial en tres dimensiones (latitud, longitud, y altitud); algo así como mapas 3D.
En una era de mercados globales, nomadismo e interconectividad global (simbolizado por aquello de la mariposa cuyas alas que se baten en un hemisferio producen un tifón en otro hemisferio), el objetivo original, que peligrosa y revolucionariamente aspiraba democratizar la Enciclopedia estaba resumido en la igualdad conocimiento es poder. La era de la internet ha reformulado ese objetivo en términos de conocimiento más lugar es poder. Esta síntesis del mapa y sus derivados y los algoritmos de búsqueda, con el apoyo de la internet, como ocurre en Google Earth o Google Ocean, aún constituye un desarrollo tecnológico con un enorme potencial de cambio del ser humano. Visualicemos lo que pudiera ser un desarrollo futuro de esta clase de programas.

El futuro: una enciclopedia total en 3D
Cabe imaginar una versión avanzada de una enciclopedia con localización geográfica (¿un gps enciclopédico?) construida sobre un mapa tridimensional cargado con información muy completa sobre cada punto del mundo. Podría hacernos una idea de cuán completa sería esa enciclopedia sim basados en el concepto de resolución, le preguntásemos al programa cuál es el diámetro de los puntos espaciales (esferas virtuales) mínimos que se pueden identificar en ese mapa y sobre los que el programa posee información. Si en tal mapa uno señala un punto del Océano Indico, por ejemplo, ¿sería éste capaz de informar sobre qué tipo de fauna y flora habita ese lugar?, o sobre ¿cuáles son los valores de las variables físicas y químicas de ese volumen de agua marina en ese instante de tiempo?; ¿o informarnos que en ese preciso instante ese volumen de agua está ocupado por dos especímenes de siete y tres meses de peces león rojo (Pterois volitans), además de por tantos millones de organismos del fito- y zoo plancton marino?. Supongamos que el programa pudiese efectivamente darnos toda esa información. ¿Podría tambien especificar que quedan en todo el Océano Índico, en ese instante del tiempo, tantos miles de especímenes de P. volitans?; o ¿escribir la fórmula química del veneno que se encuentra en las espinas de ese pez?, o ¿señalar si ésta especie se encuentra o no en peligro de extinción?. Si todas esas preguntas pudiesen ser respondidas por el programa, uno piensa que un programa más avanzado pudiera llegar a incorporar la variable temporal y ofrecer información diacrónica sobre el tránsito, durante la última hora, día, semana, o mes, o año, a través de ese espacio lleno de agua marina, de animales, fitoplancton o seres humanos; o las historias del cambio de todas y cada una de las variables físicas, químicas o biológicas relacionadas con determinadas coordenadas espacio-temporales.
Con el paso del tiempo, y el avance de la tecnología, uno esperaría que el diámetro de esa esfera virtual acerca de la cual el programa de enciclopedismo geográfico/espacial nos provee toda la información que se nos ocurra preguntar decrecerá. En otras palabras, el programa tendrá cada vez mayor resolución, el mapa bajará en su escala hasta hacerse, igual al de la realidad (el radio de la esfera virtual decrecera hasta hacerse casi igual a cero). En el límite teórico, una enciclopedia geográfica total (de la Tierra) debería almacenar una cantidad de conocimiento congruente con el que poseía aquel demonio postulado por el matemático y astrónomo francés Pierre Simon Laplace: “que en un instante determinado tenga la capacidad de conocer todas las fuerzas que mueven cada partícula (de la Tierra) y sus posiciones”.
Es obvio que, muchísimo antes de alcanzar ese límite teórico, la posibilidad de un futuro programa de enciclopedismo espacial o geográfico tal como el esbozado arriba es inocuo siempre y cuando los puntos sobre los que se informa correspondan a volúmenes de agua marina a decenas de metros debajo de la superficie del océano Pacífico, o a vastas superficies de las tierras polares, pero pudiera hacerse peligroso si los puntos de un programa semejante proveen información de todo tipo (patrones de consumo, datos demográficos, económicos, financieros, sociales, culturales, biométricos, relaciones familiares, personales, comerciales, etc) sobre seres humanos. En este caso, una enciclopedia geográfica total pudiera convertirse en una metáfora futurista de aquel panopticon concebido por Bentham (diseño de prisión en el que los prisioneros no pueden saber cuándo el vigilante los está mirando) y, de este modo, de haber nacido como objeto liberador y transformador se convertiría, si cayera en las manos equivocadas, en una versión del siglo XXI del Gran Hermano orwelliano, es decir, en un nefasto instrumento para constreñir la libertad del hombre.
El riesgo señalado nos obliga moralmente a resistir cualquier desarrollo de un programa avanzado de enciclopedismo geográfico, y apoyar más bien el desarrollo de programas enciclopédicos de otro tipo. De aquellos basados en mapas conceptuales del conocimiento humano como el que concibió d´Alembert, o mapas poéticos, fantásticos o imaginarios de mundos virtuales, mundos que carezcan de conexion con esa realidad en la que comen y beben, sufren y aman, nacen y mueren los seres humanos. Para que podamos seguir haciendo todas esas cosas con un mínimo de registro, vigilancia, o simple curiosidad o análisis por parte de quien sea.

Nota: El presente es una versión de uno de los textos publicados en el dossier sobre Tecnologías perdidas, de GP 15.

Un comentario en “Una enciclopedia del futuro

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