Ética, laberintos e imaginación en Haruki Murakami

Por una ética de la imaginación

Nacido en Kyoto en 1949, el escritor japonés Haruki Murakami es a la literatura lo que Prada a la moda actual: un escritor trendy cuyos héroes japoneses se parecen demasiado a los occidentales. Hijo de un sacerdote budista y de la hija de un comerciante de Osaka, Murakami comenzó a escribir mediante una de esas epifanías joyceanas: estaba en un juego de beisbol, el 1 de abril de 1978, y de repente se le ocurrió que podía escribir. Su primera novela, Escucha cantar el viento, fue todo un éxito. Trata sobre la vida de un cínico Dj que conoce una muchacha cuya historia lo conmueve profundamente. Esta primera novela anticipa lo que será el tema recurrente de Murakami: que a pesar de nuestra soledad, los seres humanos habitamos un mundo interconectado que nos relaciona de formas misteriosas y complejas con nuestro prójimo, los extraños y los conocidos.

Por su tercera novela, La caza de la oveja salvaje, fue galardonado con el Premio Noma para Nuevos Escritores. Fue entonces cuando dejó su carrera como administrador de un bar de jazz. La siguiente novela que publicó, Hard Boiled Wonderland and the end of the World, le hizo merecedor del prestigioso Premio Tanizaki. Finalmente, en 1996, Murakami recibió el Premio Yomiuri, otorgado previamente a maestros de la talla de Yukio Mishima y Kobo Abe, por lo que hasta ahora constituye su obra de mayor aliento, La Crónica del pajaro que le da la cuerda al mundo.

Murakami irrita a cierta crítica japonesa porque en lugar de inspirarse en la tradición milenaria de esta nación, que es una cultura en sí misma, se inspira en los íconos del pop. Uno busca en vano en sus obras los platos de sushi, los bonsai, la placidez de los jardines zen, los códigos de ética de los guerreros samurai, las plegarias budistas. Con sorpresa o, más bien de acuerdo con nuestras expectativas, los héroes de Murakami comen pizza y beben Heineken o Budweiser; escuchan a Haydyn, a Beethoven o a Charlie Parker; visten con la misma naturalidad raídos jeans Calvin Klein, franelas blancas, zapatos Converse de lona azul y gorra de los Yankees que impecables trajes de Prada negros de la última colección; y son dueños de gatos que se escapan de noche y a veces no regresan. En lo que no se parecen a nosotros es en las extraordinarias cosas que les ocurren. Así, en Kafka on the shore, personajes tan improbables como el Coronel Sanders o el ícono de la Casa Johnnie Walker hacen fugaces apariciones, junto a una prostituta que comenta la Etica de Hegel, un par de soldados que no envejecen desde la Segunda Guerra Mundial, o un hombre que conversa con los gatos y hace llover pescados y sanguijuelas, en lo que podría haber sido una escena de una película como Magnolia (1999).

Murakami domina el inglés como para haber traducido al japonés a Francis Scott Fitzgerald, J.D. Salinger, Raymond Carver, John Irving, Paul Theroux entre otros representantes de la literatura norteamericana actual. Murakami ha reconocido en su obra la influencia de esos maestros. La crítica lo ha comparado con el Paul Auster de Trilogía de Nueva York, quien utiliza como él el suspense y en general el formato de la novela policial para atrapar al lector dentro de la trama. Esta utilización del suspense es patente en La caza de la oveja salvaje, La crónica del pájaro que le da la cuerda al día; o en Kafka en la orilla. Murakami también nos recuerda al Salinger del Guardián en el centeno, por su capacidad para establecer esa formidable conexión con los jóvenes mediante personajes jóvenes o adolescentes que viven con intensidad e inteligencia los avatares de su generación sin que ello menoscabe su pasión o interés por el amor y más frecuentemente por el sexo; tema este último que es una constante en sus obras y que suele ser tratado con un lenguaje explícito, crudo y absolutamente natural que opera como una fuente de energía de sus personajes y en general de la acción de la novela. Pero este tratamiento del sexo no impide que los mismos personajes compartan, con las mismas o distintas personas, momentos en los que la comunicación logra prescindir del sexo y de las palabras: Como si la contemplación de un atardecer a la orilla de la playa (Kafka en la orilla), o el escuchar una pieza de Los Beatles (Norwegian Wood), pudiese formar puentes indestructibles y duraderos entre los que comparten esa experiencia.

Es también importante mencionar la obsesión de Murakami por introducir lo fantástico, lo sobrenatural, lo onírico con una absoluta irreverencia y en un acto franco de toma de riesgo literario. Sea que un personaje tenga el poder para hacer que lluevan pescados o sanguijuelas, o que todos los jóvenes alumnos de un salón de clase se desvanezcan durante un dia de actividades de campo por culpa de algún fenómeno celeste, Murakami no perderá tiempo en ofrecer una explicación verosímil de esto y deja más bien abierto el campo para que el lector formule las hipótesis más insólitas. A Murakami no le interesa tanto explicar un fenómeno como utilizar un suceso extraordinario, real o imaginario, fantástico u onírico como elemento para construir una historia consistente, interesante, robusta, original, que una vez comenzada no se pueda abandonar y que sea capaz de remover el sedimento sosegado de los recuerdos, placeres y temores más profundos de sus lectores.


Laberintos e historias dentro de nosotros

Oshima, un personaje de Kafka en la orilla, dice: Hay un mundo paralelo al nuestro, y en cierta medida, uno es capaz de entrar en ese mundo y regresar a salvo. Siempre y cuando se sea prudente. Pero si uno va más allá de cierto punto, se puede perder. Es un laberinto. (…) El prototipo de los laberintos son los intestinos. Esto significa que el principio del laberinto está dentro de nosotros. Y eso se correlaciona con el laberinto que está afuera. (…) las cosas afuera son una proyección de lo que está adentro de uno, y lo que está adentro de uno es una proyección de lo que está fuera de uno. Por tanto, cuando te adentras en el laberinto que está fuera, te internas al mismo tiempo en el laberinto que está adentro.

Antes que nada, nos recuerda esta cita la idea de origen neoplatónico según la cual el macrocosmos estaba contenido en el microcosmos, que era también un modelo del hombre. Si quisiéramos buscar una referencia más moderna podríamos decir que esta idea de que lo que está afuera es lo mismo que lo que está adentro, recuerda el principio de autosimilitud o recursividad que es un rasgo que define a los fractales. Y si nos enfocamos específicamente en la idea auxiliar de que todos viajamos a lo largo de nuestra vida (a lo largo de ciertas etapas de ella), por los caminos de un laberinto que de algún modo reproduce a ese otro laberinto que tenemos en nuestro interior (una de cuyas representaciones o metáforas son los intestinos) y que es el inconsciente, matriz de todos los laberintos internos, esta idea nos remite al mito del Minotauro. Y, exendiendo la metáfora anterior, no es difícil concebir a éste como un monstruo que vive encerrado dentro de nuestro inconsciente, y que periódicamente reclama lo más puro y frágil de nuestra naturaleza: las catorce vírgenes sacrificiales (siete jóvenes y siete doncellas) que reclamaba el Minotauro mitológico. Hasta que la luz de la conciencia (que es una de las formas como podemos interpretar a Teseo) osa entrar dentro del laberinto sin temor a perderse (gracias a que Ariadna le entrega el hilo), para matar al Minotauro y de este modo hacer lúcido y consciente el inconsciente. Sólo así es posible iluminar las entrañas oscuras del laberinto, y al hacerlo exterminar los peligros de nuestros laberintos más profundos.

Hay otra metáfora del laberinto que aparece con cierta recurrencia en la literatura contemporánea. Me refiero a la del rio que se interna serpenteante en el corazón de la selva, concepto éste que es una de las mejores representaciones del inconsciente individual. Una de las narraciones que describen de modo formidable este acto de internarse en la selva, que en paralelo representa el proceso de internarse en el inconsciente, es la novela del escritor polaco Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas. En esta novela se establece claramente una correspondencia entre lo que ocurre afuera, en el espacio geográfico, y lo que ocurre dentro, en la mente del protagonista de la experiencia.

En el libro de Conrad, la civilización es como una capa que se va perdiendo de poco a poco. Uno siente que se desgastó casi del todo cuando Kurtz se internó en lo profundo de la selva. Uno como lector imagina que éste viaje debe haber sido semejante a un viaje hacia dentro de uno mismo. Es tan poderoso el influjo de la selva, reproduce ésta de un modo tan perfecto la estructura del inconsciente, que Charles Marlow, narrador de la novela, cuando siguiendo los pasos de Kurtz, realice el mismo viaje, tampoco será capaz de salir de ese laberinto sin consecuencias. Es por eso que Marlow se hace gradualmente semejante en todo a Kurtz; se metamorfosea en Kurtz. Pero no por influencia de éste, sino por influencia de la selva, que es un espejo de su propio inconsciente, y también del inconsciente de Kurtz, y del de todos nosotros.

Una moraleja de la historia de Conrad es que todo viaje hacia las profundidades de los laberintos, de aquellos con los que nos topamos en nuestro mundo interno, así como de aquellos con los que nos topamos en el mundo externo (que son espejo y metáfora de los primeros), nos presentan un riesgo y nos prometen un premio. Y Murakami nos dice que una de las formas de ese premio o tesoro son las grandes historias, nuestras grandes historias. Dentro de esos laberintos internos yacen ocultas numerosas historias, todas formidables. Pero tenemos que internarnos en ellos y ese viaje no está exento de riesgos, que son los mínimos que todo escritor deberá enfrentar. Como si éstos fueran el peaje que debe pagar el escritor para estimular su creatividad y originalidad. Mediante un proceso autoreflexivo, todo escritor puede lograrlo y encontrar sus propias buenas historias. Como le confiesa Murakami a un periodista: Estoy buscando mi propia historia dentro de mi. Por eso me gusta Joseph Campbell cuando afirma que: La gente busca sus historias dentro de ellos mismos. Sin historias, la gente no puede vivir sus vidas.

Las historias de otros

De lo anterior parece derivarse que, aun cuando el acto de internarse en el laberinto propio en busca de historias personales no carece de riesgos, las consecuencias son menores que las de buscar historias en laberintos de terceros. Este es el caso de la secta Aum, cuyos miembros fueron responsables del ataque terrorista con gas Sarin al Metro de Tokio. En Underground, una crónica sobre este ataque, Murakami encuentra que muchos de sus miembros eran jóvenes desorientados ávidos de ideas embebidas en historias atractivas y originales que les pudieran dar sentido a sus vidas. El radical culto Aum les ofreció una historia como la que buscaban y ellos se la apropiaron con lamentables consecuencias para los afectados. Esta reflexión le permite a Murakami hacer un alegato para que los escritores de ficción inventen buenas historias, robustas y originales. La buena ficción ayuda a resistir las ideas nefastas con consecuencias tan negativas cuando se empeñan en alterar la realidad. La ficción es inocua aun cuando albergue el potencial de darle sentido a la vida (o ayudar a que se lo demos cada uno de nosotros). Por eso no le importa que la crítica señale que sus personajes lucen como actores de un juego de video; como si fueran frivolos. Sobretodo si vivimos en un mundo calcado del formato del video-clip. La frivolidad, a fin de cuentas, pocas veces concluye en ataques terroristas.

Kafka en la orilla

Portada de la edición en inglés de "Kafka en la orilla"

Kafka Tamura tiene 15 años y vive en Tokio, solo con su padre, con quien apenas se dirige la palabra. El día de su cumpleaños, Kafka se escapa de su casa y emprende un viaje circular para explorar un destino profetizado por su padre al que teme profundamente. Nakata, es el otro protagonista de la novela. Nakata es un hombre entrado en sus sesenta, que cuando era niño fue afectado por un misterioso fenómeno natural que le hizo perder gran parte de sus facultades mentales. Ha vivido desde entonces como un hombre simple e ingenuo que no se da cuenta de la complejidad del mundo que lo rodea. Nakata tiene sin embargo algunos poderes; puede hablar con los gatos (utiliza esta facultad para encontrar gatos perdidos y ganarse así algo de dinero) y hacer que lluevan pescados, sanguijuelas y cualquier otra cosa. Un buen día, Nakata también emprende un viaje en busca de su destino. La novela narra en capítulos alternos las peripecias de Kafka y de Nakata. Dos historias que no se tocan con personajes, lugares y hechos no relacionados. Y de repente, hacia el final de la novela, comienzan a aparecer conexiones y complementariedades entre las dos narraciones.

Mirada desde un nivel general, la novela está estructurada a lo largo de dos mitos. Por un lado, está el mito sobre el origen del amor contado por Aristófanes en El Banquete de Platón, que trata sobre una poderosa raza anterior a la humana compuesta de seres siameses: hombre-hombre, mujer-mujer, hombre-mujer cuya arrogancia hizo que fueran separados por Zeus y condenados a encontrar sus mitades por el resto de sus vidas. El amor es la consecuencia de esta maldición divina. Dos personajes de la novela se reunirán hacia los capítulos finales en un encuentro que recuerda directamente este mito. El otro mito que estructura la trama es el de Edipo. El padre de Kafka ha profetizado que a semejanza de la tragedia clásica, Kafka asesinará a su padre y dormirá con su madre. El temor a que se cumpla esta profecía actúa como motor principal del viaje que emprende el joven Kafka y es fuente de sus peores pesadillas.

La variedad de eventos improbables y fantásticos que ocurren a lo largo del libro, la confusión (e incluso fusión) entre lo real, lo fantástico y lo onírico, aquella otra entre el pasado y el presente, pudieran hacer desistir de éste a lectores escepticos. Sin embargo, Murakami utiliza esto sólo para enriquecer las historias. Lo fantástico es menos un fin en sí mismo que un recurso narrativo para enriquecer la ficción y ejercitar la imaginación. El libro parece repetirle al lector, una y otra vez, que no se le debe tener miedo a la imaginación. Sin embargo, esto no exime al autor de asumir una responsabilidad moral para con los seres y eventos que son producto de su imaginación. Así, Kafka Tamura, está leyendo un libro sobre el proceso al criminal nazi Adolf Eichmann. Al concluir el libro se encuentra con un texto escrito por el amigo que le ha prestado el libro: todo es una cuestión de imaginación. Nuestra responsabilidad comienza con la capacidad de imaginar. Es como dijo Yeats: En los sueños comienzan las responsabilidades. Si se revierte esta frase se puede afirmar que donde no hay poder para imaginar no puede surgir ninguna responsabilidad. Murakami pide entonces una ética para la imaginación y una responsabilidad profunda para con las consecuencias de lo imaginado, sea esto una historia de ficción, una teoría filosófica, un modelo político o social.

After the quake
Vintage International
147 pp

Compila una serie de seis cuentos en los que los personajes principales han sobrevivido o fallecido durante el terremoto que afectara la ciudad de Kobe en 1995. Estas historias muestra de qué manera las catástrofes masivas estremecen la percepción de seguridad y la ilusión de predecibilidad del mañana sugerido por las rutinas diarias; la idea de que el día de mañana las cosas serán del mismo modo que fueron hoy (creencia en la que se basa la aplicación del principio de inducción a la vida cotidiana: si el sol salió ayer por el Este, lo hizo también hoy, supongo que lo hará mañana y también después de mil años. pero de repente, un día las cosas dejan de ser como han sido siempre. “Nadie sabe lo que pasará mañana”-dice un personaje de UFO in Kushiro, uno de los cuentos de este libro-“Puede haber un terremoto, puedes ser secuestrado por un extraterrestre, o comido por un oso”. Lo más insólito, absurdo o improbable puede ocurrir mañana y trastocar totalmente el orden y patrones con los que vives tu vida. Por tanto (se derivaría de la filosofía de la vida de un personaje que haya sufrido una tragedia como la del terremoto de Kobe), hay que vivir la vida con pasión, intensidad, tratando de no arrepentirnos luego de lo que no hicimos (arrepentimiento que suele ser mucho más frecuente que aquel que se origina en lo que hicimos). Lo dramático es que las catástrofes no enseñan a vivir la vida. La contemplación de la devastación masiva que produce la catástrofe, puede sumir en una profunda depresión e incluso hacer que se anhele la muerte. Sólo desean vivir, pareciera decirnos el autor, aquellos que, antes de que una catástrofe externa o interna haya estremecido su sensación de seguridad, hayan sido capaces de encontrar cosas por las que vale la pena vivir, o quizás (por muy paradójico que suene), aquellos que hayan encontrado cosas por cuya defensa piensan que vale la pena morir.

Underground
The tokyo gas attack and the japanese psyche
(2000)
Vintage International
366 pp

El 20 de marzo de 1995, miembros de la secta Aum Shirinkyo perpetraron un terrible ataque con el gas neurotóxico Sarin en el metro de Tokio. Este libro es la crónica basada en entrevistas en profundidad realizadas por Murakami, a sobrevivientes de este ataque. Murakami, tambièn entrevista en este libro a miembros y líderes de la secta Aum para averiguar qué motivó a los participantes a perpetrar tal atrocidad, Otro objetivo que tenía Murakami al escribir este libro era explorar la psique japonesa, la cual, parecía querer cerrar ese capítulo y olvidar la existencia de esa nueva amenaza que había cubierto con un velo de opacidad el aire de Tokio, y que no los dejaba vivir en paz a sus habitantes. Murakami declaró en una entrevista que la investigación produjo evidencia que sugería que los jóvenes que se habían enrolado en esa secta eran personas desorientadas y desmotivadas que habían encontrado en la secta una narrativa apasionante (pero por supuesto negativa) de dolor, odio y venganza, elementos que forman parte de los clichés del fundamentalismo. Con base en esta hipótesis, Murakami reclama que la literatura fuerce cada vez que puede los límites que le impone la realidad o los códigos de valores de su época, siempre que la una o los otros constituyan barreras a la fuerza e intensidad de las historias que pueden y deben producir los escritores y que a menudo olvidan darle a sus lectores.

El innegable talento que posee Murakami es uno de los factores que le permite lograr lo que se propone. Pero además Murakami ha contado que para escribir se encierra en un cuarto de su casa en el que es aislamiento del resto del mundo es casi total. Es dentro de este recinto silencioso y solitario en donde se borran las fronteras entre realidad y ficción, entre lo real y lo ilusorio, que este escritor puede engendrar los personajes y tramas fantásticas y fantasiosas que forman parte esencial de su genial literatura. Y sin embargo, no deja de impresionarnos que seamos capaces de encontrar, detrás o por encima de ese mundo fantástico lleno de seres insólitos que toman decisiones improbables, una infatigable responsabilidad del autor para con sus lectores: ayudarlos a encontrar eso por los que ellos piensen que vale la pena vivir.

3 comentarios en “Ética, laberintos e imaginación en Haruki Murakami

  1. Pingback: Hechos, narrativas, palabras, Límites de la transparencia radical | caracas 10N, 67W

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s