Reflexiones tardías sobre “Caracas ciudad de despedidas”

En los últimos días, he sido espectador de una suerte de juicio sumario virtual al que sometieron a los autores de un documental subido a Youtube y a los jóvenes que dieron su testimonio para ese documental. Tuve la oportunidad de ver completo ese video antes de que fuera retirado de esa plataforma. Sería absurdo no opinar, en un blog que lleva la palabra Caracas en su nombre, sobre este fenómeno de las redes sociales digitales que nos ha mostrado una cara aborrecible de nosotros: una inaceptable conducta de intolerancia, furia, violencia y resentimiento.No opino sobre el video. Considero que no tiene sentido abordar una crítica del material audiovisual que se sube a Youtube. No hay manera de que se pueda hacer crítica alguna a un material que es producido a una tasa de 60 horas de video por minuto (según estadísticas de 2012 para youtube). La calidad de una parte muy significativa de este material debe ser mucho menor que la del video que nos concierne. De modo que la crítica al video (s contenido, su calidad técnica, etc) es un aspecto que concierne a otros. Lo que sí me concierne y sobre lo que me interesa opinar, son las dinámicas que este video ha disparado en los mundos real y virtual. Ese video como caso de diseminación viral de un contenido. ¿Cómo predecir cuando algo de esto va a suceder? ¿Qué hace a un contenido viral? Ycómo llega este proceso de viralización a convertirse en el vehículo de un proceso masivo de señalamiento, de linchamiento virtual de los autores y protagonistas de ese video?

De modo que opino: para defender el derecho de esos chicos, y de todos nosotros, a expresarnos libremente, y a equivocarnos al hacerlo; por el derecho a enmendar los errores que cometemos; por el derecho a ser creativos so pena de hacer el ridículo; por el derecho a ser irreverentes y osados no obstante las consecuencias de nuestros actos o creaciones; por el derecho a asumir las riendas de nuestra educación haciendo lo que creemos que tenemos que hacer; por el derecho que tiene toda generación a exigirle a las generaciones precedentes (en la que me incluyo) ideas, proyectos, inspiración y sueños que ellos puedan compartir o proseguir; y por el derecho a no ser hostigados ni discriminados ni agredidos por decir lo que pensamos. Y por supuesto, por el derecho a que el Estado defienda todos esos derechos.

En ese video de 17 minutos (justo la duración de una charla TED), titulado Caracas ciudad de despedidas, un grupo de jóvenes que residen en Caracas, con edades que oscilan entre los 23 y los 25 años, pertenecientes a un grupo social bastante homogéneo, opinaron sobre lo que ha sido su experiencia de vivir en Caracas en estos tiempos violentos, inciertos, turbulentos y de permanente diáspora.

Aparte de las consideraciones técnicas sobre si ese video alcanza a ser un documental; al margen de consideraciones de su calidad técnica, o de lo banales, incompletas o irreflexivas que pueden ser las ideas que la obra comunica,  considero al video como un testimonio, inocente, sincero y espontáneo, de lo que opina un grupo de jóvenes de esta ciudad. Considero además que ese video constituye un documento con valor antropológico y sociológico que registra aspectos tales como: el habla de ese grupo  (su léxico, modulaciones, inflexiones y usos del español); su modo de vestir, los lugares donde viven o se reunen y, si se pone un ojo más acucioso, seguro que otros elementos más.

Algunos de esos aspectos irritaron a los espectadores. Pero entre todos ellos, fue el modo como hablaban y lo que dijeron los chicos que aparecen en el video uno de los puntos que más les irritó. Leí opiniones en las que los espectadores del video se preguntaban con rabia que ¿por qué hablaban de este modo poco articulado?, ¿por qué usaban este tipo de palabras y giros inventados del castellano, que es un idioma tan rico para expresarse? (el ahora célebre “me iría demasiado”) y decenas de cosas por el estilo.  Me parece que esa crítica refleja prejuicios, inflexibilidad e intolerancia. La lengua está viva y todo grupo social tiene el derecho a inventar neologismos, giros, inflexiones específicas que los diferencien de otros grupos. Esa lógica de la distinción ha sido objeto de estudio extenso por la sociología contemporánea (Bourdieu). No hablan de ese modo para despreciar al que no lo hace. Tampoco hablan así para que no los comprendan. Lo hacen, quizás, porque eso les crea un sentido de pertenencia abstracto a todos ellos en una ciudad y en unos tiempos en los que el pertenecer es algo cada vez más difícil y, cuando ocurre, es virtual. Si poseer un habla propia y reconocible es un denominador común que los identifica como miembros de una cofradía o grupo, pienso, eso está bien. Esa habla común les otorga la seguridad de la pertenencia, un recurso que ayuda a los miembros de ese grupo a sobrevivir en ese laberinto de terror e incertidumbre en que se puede convertir algunas veces esta hermosa ciudad.

No son una clase

Algunos de los que atacaron el video, esgrimieron el argumento de que los autores y quienes opinan representan a los herederos de una clase decadente que ha perdido el poder y no tiene ni tendrá oportunidades para rescatarlo. Tal argumento es una tremenda ridiculez. La idea de clase implica la existencia de intereses comunes defendidos activamente. En este grupo de muchachos no hay intereses comunes o al menos no los hay como para salir a defenderlos activamente y, mucho menos con armas y furia. Algo así como para ser una clase que sale a la lucha contra otra. Nada que se le parezca. Nada que complazca a esencialistas que encuentran una lucha de clases donde lo que hay es grupos que habitan en guettos.

Lo que es común

Hay en esos chicos una cierta dosis de: individualismo, egocentrismo, narcisismo. Pero, ¿en cuáles de las redes sociales no hay algo de eso? ¿No se trata acaso de que la promesa de autonomía a la que está asociado el desarrollo de muchas de las redes sociales de la web está acompañada, también, de un componente de desarrollo y caricia de nuestro ego,  en tanto que éstas son un camino al logro de rápidísima fama, éxito, reconocimiento, influencia? ¿Es que acaso no nos hemos convertido los que participamos en las redes sociales, aun si no nos hemos calificado profesional o técnicamente para ello, en fotógrafos, escritores, reporteros, cineastas, editores, y más? Y si todos hemos caído, unos mas otros menos, en esa trampa del protagonismo, ¿por qué solo a estos chicos vamos a crucificar? ¿Por qué son ellos a los únicos a los que, para participar, les exigimos credeciales, responsabilidad, inteligencia, calificaciones técnicas, léxicos preciso o sofisticado, ideas brillantes, y más? ¿Quiénes somos nosotros para lanzar la primera, segunda o tercera piedra o bala? ¿Por qué no criticamos a la vedette que cuelga twitpics de ella desnuda en posiciones vulgares pero sí lo hacemos con lo que dicen estos chicos? No digo que lo que haga la primera sea malo, cualquiera de ellas son libres de hacer lo que prefieran con las fotos de su cuerpo y nosotros de verlas, y formarnos una opinión al respecto. Digo que el exceso de crítica contra los segundos es inaceptable.

Lo que distingue a estos chicos de los miembros de la generación precedente son cosas que no salen a relucir en esa primera lectura apurada  y superficial de este video que muchos espectadores han considerado superficial. Lo que estos chicos tienen en común son cosas como: el miedo (a la creciente violencia urbana, el desánimo, la desorientación (¿qué caminos tomar y en qué países y para perseguir cuáles objetivos?), la tristeza (entre cuyas razones ellos deciden destacar la que les producen las partidas de los allegados, amigos, familiares, parejas), preguntas sobre la vida y su futuro a las que no hallan respuestas y, sobretodo, comparten un clamor por ser escuchados, una esperanza de que sus padres, maestros y profesores, y los líderes religiosos, políticos, económicos, les den respuestas a cientos de las preguntas que pudiera ser que les ha dado miedo formular por creerlas ridículas, una necesidad clarísima de ser educados, dirigidos. Lo bueno de todo es que al final, fueron osados, no tuvieron miedo al ridículo que podían hacer al dar algunas de sus opiniones, inmaduras, poco reflexivas o poco pensadas.

Es posible que hayan sido unos incautos “gatillos alegres” con las palabras. Pero si sus bocas y lengua fueron sus armas,  su poder para vulnerar nuestra felicidad, torcer nuestros destinos,  fue mucho menor que la que tiene la violencia, ejercida por aquellos gatillos alegres literales y que son responsables de la violencia que sucede a diario en la ciudad. Defiendo el derecho de ellos a expresarse, y el que tenemos todos a expresarnos.

De modo que es esa serie de males comunes aquello que los saca de su individualismo y hace pensar en que algo anda mal en nuestra ciudad. Es esta serie de males lo que se oculta como denominador común debajo o detrás del discurso de estos chicos. Y este video está hecho desde esa emoción, desde ese dolor, desde ese malestar. Dolor que está oculto y que no lo revelan. Dolor y malestar sobre cuya existencia ellos pudieran no tener ni siquiera conciencia. Dolor oculto debajo de mecanismos de defensa; para no mostrarse débiles y sensibles, porque eso no es cool.

Esto es lo trágico, que es lo negativo y no lo positivo lo que los une. Y esa tragedia define el comienzo de una tarea para las élites (que pocas veces han cumplido el papel que les tocaba durante las últimas décadas, tal como lo repitiera en tantas ocasiones Ramón Piñango), para los padres, para los maestros y profesores.

Ciudad de ghuettos y hablas

Sí, Caracas es un archipiélago, una red de guettos. Una red neural de esferas, unas translúcidas, otras opacas, otras cristalinas, dentro de las que viven y se mueven sus habitantes. Para sobrevivir en esta ciudad violenta, en la que crecen cada año las muertes violentas, los secuestros, los crímenes, los maltratos, los hostigamientos a compañeros de clase, y todo esa violencia más difusa y menos estructurada que no se denuncia y que no forma parte de las estadísticas, la gente, pero sobretodo los chicos,  aprenden a moverse por un sistema de delgados vasos comunicantes que los conducen de una esfera a otra, muy cercanas entre sí, dentro de una región muy específica de la ciudad. El este, el este del este, el sureste, etc. Intuyen que si se salen de los límites de la esfera que les ha tocado vivir, puede sufrir una mala experiencia o morir. O simplemente extraviarse, desorientarse. Los más aventureros se internan en otras esferas. Pero saben que pueden salir mal parados.

Sin porvenir, nuestra responsabilidad

Debajo de la banalidad e inmadurez del discurso que impregna ese video hay tragedia. Nos hemos convertido en un país, ya no una ciudad, que no les puede ofrecer a sus jóvenes un futuro promisorio y eso es trágico. Porque no son ellos los que tienen el deber de quedarse y solidarizarse con  los que no pueden abandonar este barco que sienten que se hunde. Somos los adultos, los miembros vivos de las generaciones precedentes quienes no supimos cómo cumplir con ellos. Somos los mayores los que no fuimos capaces de seducirlos y enamorarlos para que se queden en esta ciudad o este país; ni de inventar razones y proyectos que abracen junto con nosotros o que prosigan luego de que nosotros se los pasemos; de compartir sueños que los inspiren, de transmitirles desde niños las historias que nos hicieron como nación, los mitos que subyacen a ellas, los héroes reales o imaginarios que las protagonizaron. Y sin embargo, aún hay tiempo para hacer todo esto. No es nunca demasiado tarde cuenado se trata de una nación. No debiera ser demasiado tarde con esta generación. Para que sus padres, maestros, mentores, intelectuales, escritores de ficción y toda suerte de contadores de historias, comiencen a compartir sueños, mitos, proyectos, objetivos de vida, valores, creencias. No es demasiado tarde para evitar que nos abandonen y se procuren sus propios sueños. El video pone el dedo en la llaga. Son todos los que no aparecen en el video aquellos a los que se debe recriminar su falta en inventar un futuro, su falta de consecuencia, su irresponsabilidad.

Valor heurístico

Decían mis profesores de biología en la USB, que una teoría tenía valor heurístico cuando era capaz de generar una gran actividad investigativa y un apasionado debate en el seno de la comunidad científica, y abrir al hacerlo nuevos programas de investigación, nuevas ideas, modelos y teorías. No deja de impresionarme el valor heurístico de este video. La complejidad del proceso que ha desatado. la multiplicidad de ideas y debates que ha generado. Su contribución a la construcción de una agenda de política pública que comience por pensar estrategias para revertir ese proceso inexorable de caída del capital humano en Venezuela.

No son las ideas banales o poco reflexivas lo que hay que destacar de este video. Sino las centenares de ideas de quienes  han comentado en las diversas categorías de redes sociales. Un caso ejemplar en este sentido, digno de estudio en cualquier facultad de Comunicación Social, es el post y los varios cientos de comentarios que se subieron al blog de Rafael Osío Cabrices, https://mejorciudad.wordpress.com. Pude leer el post de Rafael y una veintena de los comentarios y me han sorprendido muy positivamente. Invito a que lo visiten y vean allí algunos de los antecedentes de este tema, los que he obviado por economía de los lectores. Demás está decir que coincido plenamente con lo que escribió Rafael.

Por último, no quiero concluir sin decir que si miro dentro de mi, no encuentro modo de que me duela u ofenda el hecho de que alguien bautice a Caracas como ciudad de despedidas. ¿Por qué ha de ser aquel epíteto arcaico de Ciudad de los techos rojos, más apropiado que el de Ciudad de despedidas. ¿Por qué uno ha de ser más poético que el otro? Este segundo nombre es melancólico y le va bien con mañanas grises y lluviosas como la de este domingo que está a punto de pasar. Porque en esta ciudad hermosa que el solemne Ávila cobija y con cuyo clima perfecto contribuye, no hay escasez de árboles hermosos desde los que se pueda difundir a los cuatro puntos cardinales el canto de decenas de aves. Pero esa belleza de Caracas no impide que nos aturdan las cornetas de motos, carros y camiones; o que nos irrite este tráfico que ahora dura casi 12 horas ininterrumpidas. O que nos aterren su furia y violencia; o que nos desconcierten su caos y desorden. No obstante, lo anterior no le resta belleza, imaginación o interés a las personas con las que nos podemos topar en las calles, plazas y avenidas de esta ciudad. O arriba, en las laderas o cimas de sus montañas y colinas. Y por todo eso y otras cosas, me quedo en esta ciudad en la que me he despedido de tantos amigos y amigas a los que he querido y quiero.

Nota subida el 12 de mayo de 2012

El dia de hoy a medio dia tuve una breve conversación con un amigo sobre este video. En algún momento, mi interlocutor señaló el: “potencial estigmatizador del video”. Le pedí que explicara que quería decir con esto y me señaló que el contenido del video, específicamente algunas de las ideas que había sido expresadas en éste, le habían servido al oficialismo para minar a la oposición. Que en canales y programas de radio y TV donde se había comentado sobre el video, se había puesto al grupo de chicos que había participado allí como ejemplo de lo que somos. Como si nosotros todos fuéramos como ellos, pensáramos como ellos. Como diciendo que al ver ese video s epodía ver cómo pensábamos. Escuché lo que decía y pensé que la sociedad que deseamos es una en la que, ni el Poder ni actor social alguno tenga la capacidad para sembrar el odio, el resentimiento; o para minar la cohesión social; o para reducir nuestras oportunidades para la empatía sin importar cuál sea el color de su piel, su poder adquisitivo, su nivel cultural o socioeconómico, etc Y pensé, y le dije. que lo que anhelo cuando soy testigo de este tipo de procesos es que pueda convivir la diferencia. Que pueda expresarse cualquiera y que al hacerlo, aún si sus ideas son necias y superficiales, no se lo ataque a él sino a sus ideas. Siempre a sus ideas al tiempo que sea posible convivir con él. Porque es ese mundo utópico en el que sea posible la convivencia pacífica de la diversidad el mundo que deseamos.

Pero además, no se trata solo de que deseo que todos podamos expresarnos. Deseo que lo puedan hacer también los más vulnerables sin riesgo alguno. Y para mi, sin duda, que los más vulnerables son los jóvenes y los ancianos. Unos y otros necesitan la paz de espíritu. Los primeros para crecer con optimismo y realizar perseguir sus sueños con entusiasmo, los segundos, para recordar lo que lograron y soñaron en la paz y el silencio.

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4 comentarios en “Reflexiones tardías sobre “Caracas ciudad de despedidas”

  1. No he visto elaudiovisual pero ya he leido al respecto.Con baseen tu texto, en el artículo que salió hoy en el nacional y en mi experincia con jóvenes barquisimetanos que han salido del país en busca de un nuevo y mejor destino, considero que estos muchachos se llenaron de sinceridad y expresaron sus inquietudes ante un futuro incierto, cargado de dificultades y pocas opciones en su propio país. Respecto al lenguaje quiero decir que esa irritabilidad se manifestaba en mi cada vez que nuestro presidente hablabacada domingo y que probablemente muchos de los que se han quejado de estos jóvene s han oido también los desastres de la elocuencia presidencial. Por supuesto que preferiría más apego al lenguaje formal y sencillo pues soy de las que se queja del uso de expresiones tales como: bueno, nada, o ….como que…., puesto que se debe ser más preciso. Te felicito por el análisis que has escrito.

  2. Lorenzo,
    Comparto muchas de tus opiniones, me parece que las reacciones extremas a este video reflejan el intenso nivel de polarizacion de nuestro pais. Sin embargo, es dificil extraer este video del contexto en el que esta siendo producido, las realidades de extrema pobreza que sufren la mayoria de los venezolanos y el proceso de deshumanizacion que la extrema probreza facilita. Algunas partes de este video van mucho mas alla de un comentario superficial e infantil, algunos de los comentarios reflejan el cierto narcisismo que mencionas pero tambien una gran apatia, una gran falta de sensibilidad hacia el resto de una poblacion que ha sufrido y sufre con su inabilidad de mantener una existencia digna. Estos jovenes tiene derecho a expresar su opinion y no deberian ser victimas de abuso ni violencia, con eso dicho, un cierto nivel de critica es sin duda justificado.

    • Estimado Juan,

      Estoy de acuerdo contigo. Creo que a ese vídeo le falta mucho y espero que en medio de la furia de muchas críticas, los autores y quienes dieron su testimonio le hayan prestado atención a las críticas constructivas. Duro aprendizaje ciertamente. Pero aún celebro lo que hicieron. Este vídeo contribuye a hacer de youtube un espacio para la expresión de los miembros de su generación: una expresión que pueda suscitar debates sin importar lo polémicos que puddan ser. Tengo esperanza en que aprederemos a debatir en la web.

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